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TERCERA HIPÓSTASIS: EL ALMA DEL MUNDO

In document 42. Ponsati-Muria, O. - Plotino (página 82-86)

Para Píotino, el Uno es el principio primordial Per­ fecto, simple, homogéneo y a la vez infinito, lo es

TERCERA HIPÓSTASIS: EL ALMA DEL MUNDO

De la misma manera que el Uno rebosa productividad y se vierte en la hipóstasis de lo Inteligible, este no puede sino dar lugar a una tercera hipóstasis: el Alma del mundo. L o In­ teligible y el Alma del mundo comparten una característica que Plotino llama deseo (oreksis). Naturalmente, no se trata de deseo material y mucho menos camal, sino de aquello de lo que, finalmente, están constituidos, pero que no compar­ ten plenamente con su «progenitor». E s decir, lo Inteligible desea el Uno y encuentra su plenitud en la contemplación de este Uno, que en el fondo es una autocontemplación, pues nada hay en lo Inteligible que no proceda del Uno. El Alma del mundo, igualmente, desea vivamente la contemplación que es propia de lo Inteligible y, de esta forma, actúa como un principio que impera sobre la multiplicidad, pero siem­ pre anhelante de (re)unificación con lo Inteligible que tan cerca del Uno se encuentra.

El papel que desempeña el Alma del mundo en la con­ cepción plotiniana es más complejo que el de las dos hipós­ tasis que la preceden porque su naturaleza la obliga a vivir dividida entre el mundo superior (el de lo Inteligible) y el inferior (el de la materia sensible). En este sentido, el Alma del mundo desarrolla un papel fundamental para vincular las realidades estrictamente inmateriales (el Uno y lo Inteli­ gible) con la esfera de la naturaleza física. De forma estricta, Plotino invita a pensar en dos Almas (una superior y otra

inferior) o, por lo menos, en un Alma dividida claramente en dos partes. El nexo entre intelección y realidad física es, desde el primer momento, el eslabón más sensible de toda la tradición platónica. Su delicada misión es la de explicar de qué manera todo ser «anim ado» (y esto incluye a los seres humanos, naturalmente, pero también al resto de animales y vegetales) tiende a trascenderse desde su realidad material, a escapar a esta su prisión física para dirigir la mirada hacia una realidad superior. No es tarea fácil, puesto que supone conciliar en un mismo ser, que vive en la realidad física y de­ pendiendo enteramente de esta realidad física, su dimensión a la vez inmanente (atada al mundo material) y trascendente (vinculada a una realidad superior).

La degradación de la materia

Se hace necesario aquí aclarar qué estatuto debe concederse a la materia sensible. ¿Puede ser considerada una emanación del Alma del mundo, una cuarta hipóstasis del Uno? Plotino caracteriza negativamente la materia: a diferencia de las tres hipóstasis del Uno, la materia es pura in-inteligibilidad; es decir, nada hay en ella de inteligible, y si lo hay de intelec­ tivo es solo en la medida en que es depositaría de un alma individual. O lo que es lo mismo, solo en aquellos casos en que la materia sea animada. Por otro lado, si la materia no es buena, ¿puede proceder del Uno, que es identificado con el Bien? Es decir, ¿el mal puede proceder del bien? En cierta forma, y aunque parezca contradictorio, sí.

El mundo material aparece en Plotino como la concreción física, como una imagen, o reflejo, de las formas inteligibles e ideales. Está en estas formas — que emanan del Uno— la posibilidad de producir tales imágenes, o tibios reflejos de

realidad, de tal lorma que no producirlos equivaldría a limi­ tar, de alguna forma, la capacidad de emanación del Uno. I in realidad, con la materia sucede

algo muy similar a lo que sucedía Las almas son Como

ya con la primera de las emanacio- «anfibios». Viven, en parte, nes del Uno, cuando se hacía ne- la vida de ahí arriba y, en cesario explicar por qué motivo el parte, la vida de aquí abajo.

Uno prefería trascenderse y dar lu- Enéadas

gar a la hipóstasis de lo Inteligible

— que no deja de representar una degradación en el orden del ser respecto a su perfecta unidad autárquica— en lugar de permanecer eternamente igual a sí mismo, sin llegar nun­ ca a abrir la puerta de la multiplicidad. La materia es conse­ cuencia de un despliegue de posibilidades que, a la vez, son degradaciones (y la materia es la mayor degradación), pero que a la vez constituyen una expresión de capacidad creado­ ra por parte del Uno.

A partir de aquí, la materia sensible puede ser compren­ dida más bien como un límite del Uno que como una ema­ nación suya o, menos aún, como una hipóstasis. L a materia representa aquella frontera a partir de la cual el Uno entraría (o saldría) del ámbito del ser. L a materia es mala simplemen­ te porque se sitúa en el extremo más alejado del Uno, como la línea del círculo, que delimita la figura y se encuentra en el punto más periférico respecto al centro. Representa en definitiva el punto más bajo de la degradación ontológica, si bien no puede ser considerada el mal absoluto, que se­ ría el no-ser (Uno) absolutamente. Es decir, el no ser nada. De hecho, la concepción del ser en Plotino excluye, pro­ piamente, la existencia del mal. O, por lo menos, la del mal en su versión absoluta: nada que sea absolutamente malo puede llegar a ser, porque entonces sería algo. Y ser algo es ser — aunque sea en una versión degradada y lejana de

la perfección— , de alguna forma, Uno. Ahora bien, que no exista el mal en estado puro no significa que no exista la im­ perfección, que también puede ser comprendida como mal relativo. En realidad, desde la misma primera emanación del Uno, lo Inteligible, surge la imperfección, porque perfecto solo es el Uno.

El problema del mal absoluto

En el contexto filosófico del siglo m d.C., la consideración acerca del mal de Plotino reviste una importancia capital porque constituye una posición polémica respecto a toda una red de escuelas de pensamiento con mucho predica­ mento en su tiempo: las gnósticas. Especialmente entre los siglos II y n i d.C., el gnosticismo tuvo la virtud de convertirse en objetivo tanto de las escuelas filosóficas paganas (el pro­ pio neoplatonismo en primer lugar) como del cristianismo. Aunque existen muchos tipos de gnosticismo, sus adeptos compartían el convencimiento de estar en posesión de un conocimiento (gnosis) al que solo unos pocos iniciados po­ dían tener acceso, así como una concepción dualista de la realidad, que veían como un enfrentamiento permanente entre dos fuerzas opuestas: el bien y el mal. La misión de los iniciados era luchar a favor de las fuerzas del bien para aniquilar el mal.

Para Plotino, el problema principal del gnosticismo es que representa una visión del mundo extremamente simplista, aunque se base en gran medida en la lectura e interpretación de textos filosóficos griegos, principalmente los de Platón. El gnosticismo concebía el mundo sensible, y también el hombre, como la creación de un dios malvado, a menudo llamado precisamente con el mismo nombre que Platón atri-

Un o (Integración total) In t e l i g i b l e (noús) Alma superior Al m a d e l m u n d o Alma interior Cu e r p o

í

Hacia una mayor Integración Hacia una mayor desintegración Primera hlpóstasis Segunda hlpóstasis Tercera hipóstasis Materia Ma l (d e s in t e g r a c ió n t o t a l) Desde la perfecta simplicidad del Uno, la realidad desciende gradualmente en una progresiva degradación del carácter compacto del Uno hasta llegar al Impensable no-ser: el mal absoluto.

buye al divino artesano que crea la realidad física partiendo

In document 42. Ponsati-Muria, O. - Plotino (página 82-86)