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2.5 ESPACIOS DE REUNIÓN Y OCIO DENTRO DE LAS CIUDADES.

2.5.7 Las Termas

Estos centros termales obtuvieron una gran popularidad a partir del siglo II a. C. y llegaron a su esplendor en época imperial después de una serie de iniciativas impulsadas por Augusto que generaron una tendencia ascendente por el cuidado del cuerpo y en concreto la higiene de este. Por ello los baños se fueron extendiendo por todo el imperio convirtiéndose no únicamente en un lugar donde poder ir a darse unos baños, sino también en sitios donde el ciudadano romano se reunía con sus amigos y entablaba nuevas amistades. Las termas eran utilizadas por hombres y mujeres, por ello en muchas ocasiones se duplicaban las estancias y los baños. Durante siglos el tema de si debían compartir los baños hombres y mujeres fue debatido por los diferentes emperadores pero finalmente se acabo imponiendo una horario de acceso a estos edificios. Primero acudían las mujeres hasta el mediodía y a partir de ahí hasta la caída del sol, era el turno de los hombres.

Estos edificios pronto se convirtieron en lugares de culto al cuerpo donde el ciudadano acudía a tomar unos baños pero también a hacer deporte, tomar un masaje o relajarse en las saunas. Esto condujo a decorar las estancias principales con todo tipos de lujos: mármoles traídos de tierras lejanas, empedrados de cerámica…

Su arquitectura, sobre todo en las grandes ciudades, estaba a la altura de las grandes construcciones romanas. Un aspecto muy cuidado era la orientación de las termas y en este aspecto Vitruvio recomendaba lo siguiente:

“Ha de elegirse ante todo el lugar más caliente que se pueda, esto es, al abrigo del Septrion y del Aquilón; y muy especialmente las estufas para el agua caliente y para la templada han de tener las dos al Poniente invernal.”

De esta forma se procuraba orientar siempre los baños y piscinas de forma que aprovecharan el sol para garantizar un ambiente cálido y saludable. Por ello todas las estancias tenían grandes claraboyas (figura 2.32) que permitían la entrada del sol pero

Ramon Francesc Font Arnedo (ETSECCPB)

siempre buscando que el juego de luces y sombras no entorpeciese a los bañistas. Los pasillos de acceso se solían proyectar anchos para que en momentos de gran afluencia no hubiese problemas de paso (figura 2.33). Toda esta arquitectura evidentemente se sustentaba, como la gran mayoría de de obras romanos, en la técnica del arco que tan bien supieron desarrollar y llevar a la practica en múltiples situaciones.

Figuras 2.32 y 2.33: Detalles de las termas de Caracalla (Roma)

Con esta serie de premisas establecidas para su diseño, la mayoría de termas más o menos importantes del Imperio tenían principalmente las siguientes estancias:

Vestibulum: eran las estancias donde se dejaban los objetos personales y estaban contiguas a los vestidores.

Apodyterium: vestidores donde se cambiaban los bañistas. Solía haber vestíbulo de hombres y mujeres.

Frigidarium: estancias cubiertas donde habían baños de agua fría con diferentes surtidores de agua.

Tepidarium y caldarium: eran dos estancias donde estaban los baños de agua templada y caliente. Estos solían estar duplicados para hombres y mujeres, y se solían colocar en la misma zona para aprovechar el sistema de calefacción que se disponía debajo de estas estancias.

Natatio: era una piscina descubierta más encarada a practicar la natación y que tenía muy buena acogida en épocas veraniegas.

Laconicum: estancias equivalentes a las actuales saunas que solían estar cerca del caldarium y tepidarium para aprovechar el sistema de calefacción.

Palaestra: estancias abiertas donde se realizaban ejercicios físicos y se practicaban juegos en compañía de amigos antes de entrar a los baños y piscinas. Se podría asimilar a las salas de gimnasios en la actualidad.

Por último nos queda hablar del sistema que inventaron los romanos para calentar las aguas y las estancias. Este sistema fue inventado Sergio Orata en el siglo II a. C. y tuvo tal éxito que rápidamente se extendió por todo el imperio. Evidentemente el éxito de este sistema denominado hypocaust no era para menos ya que con este sistema se conseguía tener baños de agua caliente en lugares donde no surgían aguas calientes del interior de la tierra.

El sistema romano funcionaba a través de un horno de leña que calentaba una caldera de metal la cual contenía el agua que después se introducía en los baños de agua tibia y caliente. A su vez este vapor circulaba por debajo de las estancias, las cuales estaban suspendidas sobre pilares de ladrillos llamados suspensurae (figura 2.34), dando una temperatura agradable a estas habitaciones. Para evitar la excesiva condensación se disponían chimeneas (figura 2.35) para la salida de los vapores de agua y los posibles humos que quedaran retenidos de la combustión de leña. El consumo de leña y agua de estos equipamientos era inmensa y por ello en muchas ocasiones se disponían entradas para las carretas que traían la leña. A su vez como se ha dicho anteriormente las ciudades se aprovisionaban con acueductos que les garantizasen el suministro de agua necesario y la correcta calidad de esta.

Figura 2.34 suspensurae en unas termas de Arles Figura 2.35 Chimenea en las termas de Glanum

Ramon Francesc Font Arnedo (ETSECCPB)

Capítulo IIIIIIIIIIII: