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Texto 4 Política, libro I, 1252a1 1252a23 1253a5a38

7.14 La ética de Aristóteles

7.22.4 Texto 4 Política, libro I, 1252a1 1252a23 1253a5a38

I. Como vemos que toda ciudad (polis) es una comunidad, y toda comunidad está constituida para algún bien, pues todos hacen todo por lo que parece ser bueno, es evidente que todas apuntan a algún bien y sobre todo, apunta al bien más importante la comunidad más importante de todas y que abarca todas las otras: ésta es la llamada ciudad (polis) y ciudadana (politiké) la comunidad. Así, no están en lo cierto cuantos creen que el gobernante de la ciudad (politikós), el rey, el cabeza de familia (oikonomikós) y el amo de esclavos (des-

Textos de Aristóteles 101 potikós) son lo mismo, pues piensan que difieren no por lo que es propio de cada uno, sino por el número alto o bajo de los mandados, es decir, si de pocos, es amo, pero si de más, cabeza de familia, y de más aún, político o rey, como se diese lo mismo una familia gran- de o una ciudad pequeña; y en lo que pertenece a político y a rey, cuando uno esté por sí sólo en el poder, es rey, pero es político cuan- do, de acuerdo con los principios de su ciencia, es alternativamente gobernante y gobernado. Pero eso no es verdad y lo que decimos será evidente en un análisis según el método que estamos siguiendo, pues, tal como en otros ámbitos, hay que dividir lo compuesto hasta llegar a los simples, las partes más pequeñas de todo, también en el caso de la ciudad por el examen de sus componentes, veremos mejor en que difieren los unos de los otros y si es posible adquirir alguna pericia sobre cada uno de los enumerados. II. La comunidad perfecta de varias aldeas es ya la ciudad, con, por así decirlo, la perfección de toda suficiencia (autárkeia), y nacida para vivir, pero existente para vivir bien. Por eso toda ciudad lo es por naturaleza, si también lo son las comunidades previas, ya que ella es fin de estas y la naturale- za es fin. Porque lo que cada ser es, después de terminada su génesis, es lo que decimos que es su naturaleza, por ejemplo, la del hombre, del caballo, de la casa. Además la causa y el fin son lo mejor, y la su- ficiencia es fin y lo mejor. De todo eso resulta que la ciudad es de las realidades naturales y que el hombre es un animal social (zôon poli- tikón), y que lo asocial por naturaleza y no por acaso o es inferior o superior al hombre, como el censurado por Homero como hombre sin tribu, sin leyes, sin hogar, pues quién es tal por naturaleza tam- bién es deseoso de guerra, por ser como una pieza suelta en el juego de damas. Porque el hombre es animal social en mayor medida que la abeja o cualquier animal gregario es cosa evidente: la naturaleza, como decimos, nada hace en vano, el hombre es el único de los ani- males que tiene la palabra (logos). Pues bien, la voz es signo de lo doloroso y de lo placentero y por eso está presente también en los otros animales, ya que su naturaleza llega hasta tener percepciones de lo doloroso y de lo placentero y a que las signifiquen los unos a los otros. Pero la palabra es para expresar lo conveniente y lo daño- so, así como lo justo y lo injusto, porque es propio de los hombres frente a los otros animales ser el único que tiene percepción del bien y el mal, de lo justo y lo injusto, y de otras cosas. La comunidad en todo eso hace la familia y la ciudad. La ciudad está por naturaleza antes que la familia y que cada uno de nosotros, pues es de necesi- dad que el todo esté antes que la parte: muerto el todo, no habría

ni pie ni mano, si no es equívocamente, por ejemplo, si hablamos de una mano de piedra, la tal mano sería una mano muerta. Todo está definido por su función y por su capacidad, de tal manera que, cuando las cosas ya no son, no se debe decir que siguen siendo ellas, sino algo con el mismo nombre. Es evidente, pues, que la ciudad es por naturaleza y antes que cada uno, ya que, se cada uno aislado no es autosuficiente, estará en la misma posición que las demás partes frente al todo, y aquél que no tiene capacidad de vivir en sociedad o que nada necesita por su autosuficiencia, no es parte alguna de la ciudad, igual que una bestia o un dios. Por naturaleza está en to- dos el impulso hacia tal sociedad, y lo primero que la estableció es causante de grandes bienes, ya que, tal como el hombre cabal es el mejor de los seres vivos, así también, alejado de ley y justicia, es el peor de todos, porque la injusticia más intolerable es la que tiene ar- mas, y el hombre por naturaleza tiene armas para la prudencia y la virtud, pero es muy posible que las emplee para sus contrarios; por eso sin virtud el hombre es el más impío y salvaje, y el peor para las lujurias y las comilonas, mientras que la justicia es de la sociedad porque la justicia es ordenación de la comunidad política, la justicia es decisión de lo que es justo.