• No se han encontrado resultados

1. TEXTOS-FUENTE DE LA LITERATURA DE VISIÓN DEL CIELO Y DEL

1.1. TEXTOS-FUENTE DE VISIÓN DEL CIELO Y DEL INFIERNO DEL

1.1.1. Introducción

A continuación exponemos y desglosamos aquellas fuentes del Antiguo Oriente Próximo y Egipto que constituyen las bases referenciales indirectas más primigenias de los relatos europeos medievales de visión del cielo, infierno y purgatorio. De ellas se derivaron igualmente más adelante muchos textos mitológicos grecolatinos y judíos (apocalípticos especialmente). De cada fuente destacaré las referencias al infierno (inframundo) y al cielo o paraíso (terrenal), así como aquellos motivos literarios trasladados indirectamente a los relatos de visión europeos siglos más tarde a través de los textos judíos, cristianos, gnóstico-cristianos y árabes.

Las obras del Antiguo Oriente Próximo abarcan aquellos textos que están vinculados a Mesopotamia (a los sumerios, acadios, babilonios, y asirios), a los hititas, y cananeos (o cananeos procedentes de Ugarit). La concepción que tiene cada una de estas culturas del infierno o del inframundo y del cielo se encuentra muy arraigada en su propia cosmogonía y mitología. Los dioses viven en el cielo y en el inframundo. Una de esas regiones infernales del inframundo se denomina Kur y suele asociarse con los ciclos de fertilidad en la tierra. En algunos relatos del Antiguo Oriente Próximo los dioses de la fertilidad descienden al inframundo. Allí son retenidos hasta que su rescate y vuelta al mundo de la superficie trae consigo la vida y la abundancia.

El inframundo Kur servía también como una morada oscura y sombría para los difuntos, especialmente para aquellos que habían sido grandes señores en la tierra antes de morir. Y aunque no es del todo evidente aún, sí se aprecian algunas sugerencias en ciertos textos de que allí podía juzgarse y castigarse a los muertos. Por otra parte, en otros textos antiguos aparece la idea de que los regentes de la tierra y figuras sociales más relevantes se reunían después de morir con los dioses en el cielo mientras que los simples mortales se dirigían a las regiones del inframundo sin importar su conducta moral en la tierra. Con el paso del tiempo, la cuestión moral más que la clase social en la tierra determina que los hombres vayan al cielo o al infierno.

Sin embargo, los textos vinculados con Mesopotamia (sumerios, acadios, babilonios y asirios) presentan algunas veces versiones diferentes y contradictorias respecto al inframundo y al Más Allá o la 'otra vida'. En general, hace aproximadamente unos 4000 años en Mesopotamia se creía en la existencia de un reino celestial de vida eterna para los dioses, donde no se permitía la entrada a ningún mortal excepto al mortal Utnapishtim. El resto de los mortales habitaba en el inframundo Kur después de morir.

59

Kur era un lugar lleno de polvo o arcilla que estaba ubicado geográficamente debajo de la superficie de la tierra, pero encima de las aguas inferiores denominadas “apsu”. Allí había también un palacio de sietes puertas llamado el palacio de Ganzir. Hay que destacar que Kur no era ni un lugar donde los difuntos purgasen los pecados ni un lugar donde fuesen condenados, sino simplemente el lugar donde iban a parar los mortales después de morir. Los que no habían sido grandes señores en la tierra comían y bebían polvo, y aquellos que pertenecían o habían pertenecido a las élites o clases sociales altas traían sus propias viandas así como a su propio séquito.

No sabemos lo que pensaban los hititas del destino de los simples mortales después de morir pero sabemos que creían que los reyes y las reinas iban a gozar de una existencia placentera tras su muerte. Los cananeos y los habitantes de Ugarit (también cananeos) creían en un reino situado en el inframundo que estaba regido por Mot o la Muerte. Esta región es descrita como un lugar húmedo, oscuro y siniestro a la que todos los mortales accedían después de morir.

Los egipcios creían que al morir los hombres y las mujeres conservaban intactas y latentes el alma (llamadas “ba” y “ka”). Además creían que, tras su muerte, estaban destinados a ir a un lugar ubicado en el inframundo (o en la “otra vida”) donde se les iba a juzgar y que, en caso de ser condenados, irían al infierno o serían destruidos y aniquilados. Esta idea de un juicio y de una posible condena (y castigo) de las almas en el infierno pudo haber llegado a la literatura cristiana a través de los coptos. El período Egipto abarca unas 18 dinastías en 1700 años, de modo que existen diferentes perspectivas o tratamientos en torno al infierno egipcio. No obstante, los pocos textos egipcios que se conservan apenas abordan el tema del infierno porque se considera tabú o porque el verdadero propósito de tales textos era ayudar al alma a través de la “otra vida” y evitar el infierno.

El viaje en la “otra vida” comienza en un lugar llamado Tuat o Duat, la tierra de los muertos, una región circular que rodea el mundo conocido. El propósito del viaje después de la muerte era que el alma accediera al reino de Osiris con el fin de gozar de la vida eterna. El viaje se lleva a cabo en una barca que navega a lo largo de un río en el que hay dispuestas un cierto número de puertas (generalmente ocho) a las que pueden acceder tan solo los justos. Y en este viaje incluso las almas nobles y justas han de hacer uso de todos sus encantamientos e invocaciones con el fin de evitar caer en manos de las fuerzas de la destrucción. Cuando llega el momento del juicio, el alma confiesa (en la llamada “confesiones negativas” o “doble confesión negativa”) las ofensas y agravios que no ha cometido ante un tribunal de cuarenta y dos jueces divinos. Thoth, el dios de la escritura y de la sabiduría con cabeza de ave deja constancia por escrito del testimonio del alma.

60

En otros textos o inscripciones hallados en tumbas se pone de manifiesto la existencia de un segundo juicio en el que los jueces son Ma'at, la diosa de la verdad, y Anubis, el dios del embalsamamiento. Meskhenet y Renenutet personifican al difunto cuando éste ha de dar su testimonio de sus actos cuando estaba vivo. Una balanza trata de equilibrar el corazón del difunto, símbolo del intelecto y de las emociones con una pluma, símbolo de la verdad. Si no se alcanza un equilibrio entre ambos elementos, entonces se condena al difunto a la destrucción.

Los pecados que suelen condenarse en el Tuat son aquellos que se han cometido contra el culto religioso, contra los dioses, o contra otras personas. Los castigos se establecen en función de la gravedad de cada pecado o agravio cometido en el mundo de los vivos. En los textos más antiguos leemos que el destino de los condenados en el infierno era caminar al revés. Este acto era probablemente simbólico y significaba la separación eterna de Ra, el sol. En otros textos, el cuerpo del condenado se pudre y muere por completo (para la vida eterna). Los textos más tardíos son más explícitos y detallados en sus descripciones del destino de los condenados y del infierno. Este último lugar es descrito como un reino subterráneo oscuro, sombrío y lleno de peligros y obstáculos en el que hay un río divido en regiones ardientes en las que abundan cuevas siniestras, lagos de fuego infernal y calderas de agua hirviendo. En esta región tenebrosa los pecadores reciben sus castigos a manos de serpientes, horribles demonios y de los propios justos que no han sido condenados. Los pecadores son atados o encadenados a postes para ser desmembrados, despedazados, quemados con hierros ardientes, decapitados y, finalmente, aniquilados con el fin de que dejen de existir y evitar así que resuciten o renazcan y vayan al Aaru, paraíso terrenal egipcio gobernado por Osiris.

En general, para los sumerios, acadios, babilonios, asirios, cananeos e hititas, el “otro mundo” o Más Allá reservado para los difuntos mortales y para algunos dioses específicos (como Nergal y su esposa, Ereshkigal) es el inframundo o mundo subterráneo. El concepto de “cielo” se reserva para el resto de los dioses. Para los egipcios, los condenados sufren castigos y tormentos en el Duat/Tuat (Más Allá) ubicado en un mundo debajo de la tierra antes de que sus almas sean destruidas y aniquiladas con el fin de que no puedan resucitar nuevamente en el Aaru, lugar paradisíaco lleno de tierras y valles fértiles reservado para los que han superado con éxito su recorrido por el “otro mundo” y no han sido condenados al carecer de malas acciones en sus vidas.

Eileen Gardiner (2006 y 2007), a quien mencionamos más arriba, apunta que las primeras pruebas literarias existentes en el Antiguo Oriente Próximo acerca del inframundo se hallan en unas tablillas de arcilla que dan testimonio de la cultura escrita de aquel lugar: El Sueño de Enkidu y los relatos de El Árbol Huluppu en el poema épico de Gilgamesh, la obra sumeria El Descenso de Inanna al Inframundo, la historia cananea/ugarítica de Baal y el Inframundo, el texto acadio de El Descenso de Ishtar y el relato asirio de La Visión de Kumma.

61

Alvaro Cruz García (2012) hace referencia en general a textos literarios de Sumer y Acad depositados en bibliotecas o archivos y menciona la cifra de 250 títulos contenidos en diversos catálogos. Cruz García (2012) explica que en una primera etapa (hasta aproximadamente el 2600 a.C.) los sumerios tuvieron acceso a la literatura oral. A partir de esa fecha los sumerios comenzaron a disponer de un tipo de literatura escrita. Uno de los temas más populares era la que abordaba la mitología. Éstos narraban relatos fantásticos de los dioses sumerios y acadios como el Mito del Diluvio. También pueden hallarse relatos sobre héroes como Enmerkar o Lugalbanda. En honor de los dioses se concibieron numerosos himnos como el escrito por la poetisa Enkheduanna dedicado a la diosa Inanna.

Diane Wolkstein (1983 y 2012) considera los relatos e himnos de Inanna como narraciones sagradas y exploraciones espirituales sobre el lugar de los dioses y la psique humana en el universo. En tales relatos, sobre todo, subyace un profundo interés por el destino del hombre. Wolkstein (1983 y 2012) fecha los relatos entre el año 1900 a.C. al 3500. En algunos de tales relatos a Ereshkigal se le asigna la “Casa de la Muerte”, “de la Oscuridad”, “del Deterioro”, “del Polvo”; lugar designado para albergar a toda la humanidad tras su fin. Los relatos indagan acerca del propósito de la vida y la conciencia si todas las cosas al final van a desmoronarse en la “Casa del Deterioro”.

Samuel Noah Kramer (1983 y 2012) menciona más de treinta mil líneas de texto en la literatura sumeria. Esta literatura está muy arraigada a las creencias de los sumerios, los cuales estaban convencidos de que las almas de los muertos iban al inframundo y que la vida continuaba allí de alguna manera como en la tierra. Por esa razón los muertos eran enterrados con sus ollas, herramientas, armas y joyas. Algunos de los reyes más antiguos se hicieron enterrar con sus cortesanos, sirvientes y ayudantes, así como con sus carrozas y los onagros aún uncidos a ellas. Respecto al hombre, los sumerios pensaban que éste había sido formado de arcilla y creado con la finalidad de servir a los dioses y que cuando moría tenía que descender al sombrío y lóbrego inframundo.

Alejandra Agustina Orozco Segatori (2012) afirma que el mundo de los muertos en la Antigüedad puede entenderse como complementario al mundo de los vivos. En este caso ambas regiones se hallan plenamente integradas. En la mitología egipcia el mundo de los muertos involucraba numerosos peligros, sin embargo, existía la probabilidad de que el difunto pudiera alcanzar la eternidad en una vida en el Más Allá que reproduciría las delicias de la vida terrestre. Orozco Segatori (2012) añade que la confianza egipcia en torno a una venturosa vida de ultratumba se manifiesta en los preparativos realizados en vida a fin de dotar al muerto de lo necesario para su viaje así como en la compleja simbología que rodeaba el proceso de momificación y enterramiento: adecuación de una tumba, en lo posible amplia y decorada con imágenes religiosas y alusivas a la vida del reciente difunto, entrega de ofrendas, amuletos y fórmulas mágicas, preparación de todo lo necesario para el bienestar del Ka y el Ba (y/o) la construcción de una estatua funeraria.

62

Los griegos consideraban que era posible también la felicidad en el Más Allá si lograban alcanzar los Campos Elíseos. No obstante, pensaban que la muerte era tenida como una desgracia y no como un mero paso hacia otra vida igualmente feliz. En Mesopotamia la muerte implicaba el fin del hombre y mientras su cuerpo se desintegraba, su etemmu se mantenía como una silueta gaseosa y fantasmal y sólo perceptible, en determinadas condiciones, por la vista a modo de sombra y por el tacto como una especie de soplo cuyas condiciones de existencia en el inframundo eran lúgubres. Los egipcios comparecían ante un tribunal presidido por Osiris e integrado por Isis, Neftis y cuarenta y dos dioses asesores. Anubis, después de conducir al muerto ante los jueces, se encargaba de pesar el corazón de los hombres (otras veces leemos que los Tasadores de Osiris, incorruptos, estrictamente justos e imparciales, eras quienes pesaban el corazón de los hombres en la “Gran Balanza” de la verdad) colocando el corazón del difunto y la estatua de Maat en cada uno de los platillos de una balanza, mientras Thot registraba por escrito lo que acontecía y el muerto pronunciaba la doble confesión negativa ante los jueces, es decir, confesaba todo lo que no había hecho de malo o reprobable en vida.

Los griegos comparecían ante Minos, Radamantis y Éaco en la encrucijada de los tres caminos: Radamantis juzgaba a los asiáticos, Éaco a los europeos, y Minos resolvía los casos difíciles. Si el juicio era desfavorable para el difunto egipcio su destino era la Devoradora. Si, por el contrario, se era declarado "justo de voz", podía entonces reunirse con los dioses e ingresar en el reino de Osiris. Éstos creían, además, que la decisión de los jueces los conduciría por uno de los tres caminos de la encrucijada: El que llevaba a las Praderas de Asfódelos donde se hallan las almas que no han sido ni virtuosas ni criminales, el que llevaba hacia el Tártaro, lugar de castigo para los culpables, o el que llevaba a los jardines del Elíseo gobernado por Cronos, donde nunca cesan la música y la alegría y donde las almas pueden pedir su reencarnación sobre la tierra.

Los habitantes de Mesopotamia no creían en la existencia de un juicio y de una posteridad acorde con sus méritos en vida. Los moradores del "País sin Retorno" estaban condenados a permanecer en una región fría, oscura y tétrica en un estado de semi-adormecimiento, bebiendo lodo y comiendo cieno, desnudos de todo y mendigando de los vivos recuerdos y ofrendas. Considero de gran interés la afirmación de Orozco Segatori (2012) cuando apunta que la dependencia de los muertos con respecto a los vivos a fin de pasar felizmente al mundo inferior y mantenerse allí en las mejores condiciones posibles, es otro de los contrastes con relación a la vida en la tierra.

Los egipcios, los mesopotámicos y los griegos deseaban que los funerales se llevasen a cabo adecuadamente y acordes con una serie de pautas relacionadas con la provisión de ofrendas además de que se mantuviese la memoria del difunto. En el Antiguo Oriente Próximo, en Egipto y en Grecia fundamentalmente, el mundo de los vivos y el mundo de los muertos se complementaban en la medida en que estaban integrados a un orden cósmico común. De esta manera el inframundo constituía un reino independiente encabezado por su propio soberano: Osiris en Egipto, Ereshkigal en Mesopotamia, y Hades en Grecia, pero no se hallaba desvinculado de la organización común que regía el cosmos divino.

63

En el caso de la mitología egipcia, explica Orozco Segatori (2012) parece haber existido un contacto más fluido entre ambos mundos. En la cultura egipcia los dioses parecen desplazarse libremente entre ambos mundos. Esto se hace evidente, por ejemplo, en el hecho de que diosas como Isis y Neftis, que pertenecen al mundo de los vivos y son miembros del real consejo de Re (o Ra), se hallen presentes junto a Osiris en el tribunal que juzga a los muertos. Lo mismo ocurre con Thot, quien puede desempeñar iguales funciones de escriba ante la asamblea celeste de Re (o Ra) como ante el tribunal que juzga las almas en el inframundo.

El caso de los griegos y los mesopotámicos es muy diferente. Entre los primeros, la catábasis o el descenso al Hades, como señala Orozco Segatori (2012), sólo se produce cuando es indispensable comunicar al rey alguna decisión procedente del consejo divino. Entre los mesopotámicos, tampoco el descenso a los Infiernos resulta común (sobre todo entre las divinidades), pues traía consigo numerosos peligros. De ahí la fama alcanzada por Inanna al decidirse a realizarlo (Orozco Segatori: 2012). En Mesopotamia Inanna, tras viajar al infierno, fue hecha prisionera de su hermana Ereshkigal y murió en sus manos.

En la mitología griega encontramos héroes que están dispuestos a descender al inframundo incluso siendo conscientes de que pueden padecer graves peligros en sus regiones. Odiseo, por ejemplo, descendió al inframundo con el fin de consultar al adivino Tiresias acerca de cómo regresar a su hogar y de su destino a su llegada, Eneas habría de imitarlo para hablar con su padre Anquises en el Elíseo; Heracles para cumplir su duodécimo trabajo, la captura del can Cerbero, oportunidad que aprovecharía para rescatar a Teseo, quien había descendido a su vez con objeto de raptar a Perséfone; y Orfeo para intentar rescatar a su esposa Eurídice de la muerte. Asimismo, además de los anteriores, Orozco Segatori (2012) menciona los casos de Psiké, quien iría en busca del cofrecillo de Perséfone a fin de entregarlo a Afrodita para que ésta accediera a convencer a su hijo Eros de que volviera a amarla y de la diosa Perséfone raptada por Hades, quien ambicionaba tomarla como esposa y reina del infierno.

En Francisco López y Rosa Thode (1997/2010) leemos que se conocen como “Textos de las Pirámides” una colección de textos religiosos grabados en las paredes de las pirámides de reyes y reinas a partir de la V dinastía. Éstos constituyen el conjunto de escritos religiosos más antiguos hasta ahora descubiertos que permiten conocer rituales funerarios, ceremonias religiosas, ofrendas, fórmulas mágicas destinadas a proporcionar bienestar al rey muerto en su nueva existencia en el Más Allá. Los Textos de las Pirámides se escribieron durante las dinastías V a VIII.

64

Los más antiguos fueron descubiertos en la pirámide de Unis, último faraón de la V dinastía. También se encuentran en otras pirámides como las de Teti, Meryra-Pepy (Pepi I), o Merenra-Antyemsaf (Merenra), en la necrópolis de Saqqara. Algunos de estos pasajes aparecerán con posterioridad grabados en tumbas de nobles de los Reino Medio y Nuevo y del Período Tardío. Más adelante se agregan fórmulas adicionales que dan origen al “Texto de los Sarcófagos”, en el Reino Medio y posteriormente, al “Libro de los Muertos”. Los textos escritos más antiguos pertenecen a finales de la V dinastía y representan ideas religiosas mucho más antiguas. En el año 2300 a.C. estos textos ponían de relieve un sistema religioso que, mucho antes de ser escrito en las paredes de las pirámides, los egipcios habían formulado buscando los orígenes de la vida y el futuro después de la muerte y, en opinión de Francisco López y Rosa Thode (1997/2010), los textos constituyen extractos de las teorías de la creación, de las luchas entre Horus y Seth, diferentes leyendas y,

Documento similar