3. Obras en el momento de la Independencia
3.4 Textos independentistas en la Nueva Granada
La producción editorial en la Nueva Granada en la época de las colonias era limitada pero existente. Los productos intelectuales eran realizados por los iluminados de la época, personajes pertenecientes a la élite criolla que buscaban crear condiciones de igualdad entre los habitantes americanos y los españoles, específicamente en el ámbito político. Los textos oficiales de las élites eran normalmente pasquines y volantes, pero con el tiempo se evolucionó a productos más elaborados. Los que se analizarán a continuación son dos de ellos: el Memorial de agravios, escrito por Camilo Torres y La Bagatela, de Antonio Nariño. Los conceptos recurrentes en el Memorial de Agravios, texto independentista por excelencia, no son nuevos en lo que se refiere a discursos críticos y revolucionarios, son sus pilares esenciales. Son términos que recorrieron los continentes y que por su gran acogida se
insertaron en el inconsciente colectivo de las personas, haciendo que la visión del mundo cambiara y por lo tanto las dinámicas sociales sufrieran un giro de 180 grados.
La política adquiere una posición totalmente distinta en cuanto a su fin, a pesar de que la figura del monarca todavía tenía un peso muy grande en el ámbito social, deja de ser el único elemento importante. El pueblo que antes solo era visto como una masa de súbditos que trabajaban para el rey se desprende de esta noción de servidumbre para tomar una nueva en la que el gobierno debe trabajar para ellos.
Como consecuencia de esta nueva mentalidad, el pueblo entra a ser el personaje principal en el discurso americanista, ya no como un receptor sino como un ente activo, que no solo merece un espacio en el ámbito político, sino que se hace de la capacidad que posee para modificar la situación social en la que se encuentra.
La principal inconformidad del pueblo americano se basaba en el manejo político de la Nueva Granada; todavía se sentía un fuerte influjo de la voluntad española con respecto a los asuntos internos, a pesar de la creación de varias instituciones cuya función era representar a los locales. El elemento fundamental que se exigía para un buen funcionamiento político y social del reino era la igualdad.
“…la verdadera unión y fraternidad entre los españoles europeos y americanos, que no podrá subsistir nunca, sino sobre las bases de la justicia e igualdad. América y España son dos partes integrantes y constituyentes de la monarquía española, y bajo de este principio, y el de sus mutuos intereses comunes, jamás podrá haber un amor sincero y fraterno, sino sobre la reciprocidad e igualdad de derechos.” (Torres, 1809, p.3)
Esta igualdad solo sería alcanzada en el momento con la equidad sobre el número de diputados en la Junta Suprema instalada por la corona para el manejo de los asuntos de las provincias en España y de las colonias. Los americanos ya no estaban conformes con que las leyes fueran impuestas por un gobierno lejano y desconocedor. Como se había visto en los demás casos de territorios colonizados, estos gobiernos nunca lograrían entender las situaciones del día a día y por lo tanto nunca podrían tomar las decisiones convenientes para el pueblo americano.
Amor a la patria:
Concepto que también se trató con recurrencia, pero con significados y acepciones bastante diversas. Se sabe que tuvo gran acogida gracias a que varios autores basaron en él sus ideologías revolucionarias. Pero otros, como los vistos anteriormente, no ven sus propuestas
como positivas o siquiera posibles, le reprochan que está condicionado plenamente por los beneficios que trae el territorio y el sistema social a cada individuo sin importar de qué lugar provenga o si en donde se encuentra es su tierra natal.
Las tierras del Nuevo Mundo eran como un pozo lleno de riquezas que sus colonizadores podían extraer sin cesar para beneficio propio. Los criollos no querían que su relación con España se redujera a este factor ya que su consecuencia sería una inevitable visión de factoría – productores. Aun así en el discurso americanista fue un argumento supremamente importante, tanto que se llega a un reduccionismo impuesto en cuanto al amor a la patria.
“Las producciones del Nuevo Mundo, se han hecho la primera necesidad en el Antiguo, que no podrá subsistir ya sin ellas; y este Reino generalmente después de su oro, su plata, y todos los metales, con la exclusiva posesión de alguno, después de sus perlas y piedras preciosas, de sus bálsamos, de sus resinas, de la preciosa quina, de que también es propietario absoluto, abunda de todas las comodidades de vida, y tiene el cacao, el añil, el algodón, el café, el tabaco. El azúcar, la zarzaparrilla, los palos, las maderas, los tintes, con todos los frutos comunes y conocidos de otros países”. (Torres, 1809, p.10)
En cuanto a la Ilustración, los influjos de ideas que llegaban cada vez con más rapidez y el conocimiento de los fenómenos sociales que estaban sucediendo en el ámbito internacional crearon una ruptura en la visión popular. Ya no se pensaba solamente en el espacio inmediato que rodea a cada sujeto, sino que se adquiría una visión exterior, como parte de una estructura más grande, una sociedad. A pesar de que pequeñas explosiones de creación intelectual estaban manifestándose, la educación era un tema con muchos obstáculos que superar.
Los textos críticos revolucionarios daban gran importancia a la instrucción del pueblo, incluso afirmando que es directamente proporcional a su felicidad, y este elemento era un gran faltante en el Nuevo Reino de Granada. La educación era manejada principalmente por las órdenes religiosas, controladas por un gobierno temeroso de un pueblo instruido. Aunque impartían materias importantes, mantenían sesgado el umbral del conocimiento en cuanto al contenido que se podía impartir y el público al que estaba dirigido.
“En cuanto a la ilustración, la América no tiene la vanidad de creerse superior, ni aun igual a las provincias de España. A causa de un gobierno despótico, enemigo de las luces, ella no podía esperar hacer rápidos progresos en los conocimientos humanos, cuando no se trataba de otra cosa que de poner trabas al entendimiento”. (Torres,1809, p.11)
Los pequeños círculos que tenían acceso a él eran privilegiados gracias a sus conexiones con el gobierno o con el clero, y a su vez eran los productores intelectuales encargados de trasmitir sus ideas a un pueblo que en su mayoría no tenía instrucción alguna. La imprenta, elemento esencial en la época para la circulación del conocimiento, estaba prohibida por las instituciones, por lo tanto el canal de información encargado de iluminar a la sociedad estaba cortado.
“¡Bárbara crueldad del despotismo, enemigo de Dios y e os hombres y que solo aspira a tener a éstos como manadas de siervos viles, destinados a satisfacer su orgullo, sus caprichos, su ambición y sus pasiones!” (Torres 1809, p.11)
La Bagatela es la encargada de demostrar que los mismos conceptos siguen repitiéndose hasta en el discurso post independentista para reforzar sus bases. La independencia de España resulta ser la máxima prueba de patriotismo que alguna vez se pudo realizar. Esto porque hablar del amor a la patria es algo totalmente natural e inalienable del ser humano.
“Hablar del amor a la patria es hablar el idioma de la razón: hablar de sus privilegios, hablar del lenguaje de la humanidad. El hombre tiene dentro de sí quien le inspire una predilección honorífica por ella, y no necesita de otro Mentor, ni otro libro que el de su corazón mismo”. (Nariño, 1811, p. 15)
Inclusive es respaldado por la religión, que seguía siendo protagonista en la época, aunque vista desde otra luz:
“Mas no es solo el grito nunca interrumpido de la naturaleza quien nos avisa de nuestros deberes a la Patria, La Religión viene en su ayuda y consagrando el amor que la debemos, forma de él una virtud real, y una ley que no puede violarse impunemente… Nos enseña a preferir siempre el bien común a nuestros intereses personales: A mirar por él incesantemente…” (Nariño, 1811, p. 16)
A pesar de esta visión optimista y un tanto romántica del amor a la patria, la realidad era otra. Los neogranadinos esperaban con la independencia liberarse de cánones que consideraban abuso, pero estos siguieron en vigencia, aunque con fines distintos. Los tributos ya no iban directamente al bolsillo de los españoles para sus gastos personales, tenían un fin diferente: el de mejorar la convivencia general de las personas; pero algunos elementos de la mentalidad del pueblo no habían cambiado.
“Nuestro Patriotismo aumenta cada día; este fuego sagrado arde en el corazón de nuestros conciudadanos como el fuego de las Vestaies. ¿Qué he ganado yo con su revolución? Esta pregunta se oye tanto en la boca de los hombres como de las
mujeres… Lo que quieren saber con esa pregunta es: que empleo, que honores, que rentas han conseguido con su revolución”. (Nariño, 1811, p. 15)
El elemento iluminista se ve cada vez más marcado, La Bagatela tenía muchos rasgos que lo evidenciaban, tales como sus múltiples términos en latín, ejemplos de la época antigua tanto de personajes como de situaciones, también varias referencias a que el siglo que se estaba viviendo era el siglo de la filosofía, de transición al pensamiento analítico. Pero el mayor de todos eran sus argumentos y afirmaciones que apelaban a las mentes racionalistas de la época; la traducción de los Derechos del hombre trae a colación el entendimiento de
conceptos como “Derechos ciudadanos”, que se usan en la post independencia pero también son básicos para el discurso independentista.
En primera instancia, en el aspecto que se mencionaba anteriormente, la independencia es el más alto símbolo de amor a la patria, también lo es de racionalismo e iluminación. Según Nariño, seguir bajo el poder de España no habría hecho más que embrutecer a los americanos y perpetuar su estado de esclavitud.
La posición racional del hombre es la única aceptable, en razón de esto el autor desaprueba totalmente las intenciones de algunos habitantes de volver a estar bajo el dominio español, así sea fragmentariamente bajo la figura del congreso que se organizó precisamente para analizar la conveniencia de esta reunión, Nariño expone a estos personajes como enemigos de la libertad.
Este término es el antónimo de un concepto que también se usa continuamente, el de “amantes de la libertad”. En Nariño no es la primera vez que lo vemos con un significado claro de: defensores de la independencia. También en Thomas Paine es evidente que los amantes de la libertad o amantes de la humanidad tienen significados equivalentes.
Después de ser publicada por casi dos años,
La Bagatela fue descontinuada por a las múltiples contraposiciones que generó. La
conclusión que Nariño extrajo de este fenómeno fue que el pueblo no estaba preparado realmente para la independencia a causa de que su mentalidad estaba atrasada a la de su época, pero el error fue dirigirse a un pueblo sin instrucción y no como la generalidad de los habitantes, negritudes, indígenas, zambos y mulatos que formaban la mayoría de la población.
Un argumento bastante contradictorio revela una parte esencial de la situación social de la época que muchas veces es ignorada. El discurso independentista supuestamente pretendía cobijar al pueblo en general, pero lo que en realidad pretendía era igualar los beneficios de
los que los españoles gozaban en la época para los criollos, los hijos de Europa en otro territorio.
“Las Américas, Señor, no están compuestas de extranjeros a la nación española. Somos hijos, somos descendientes de los que han derramado su sangre por adquirir estos nuevos dominios a la corona de España; de los que han extendido sus límites, y le han dado en la balanza política de la Europa, una representación que por sí sola no podría tener. Los naturales conquistados y sujetos hoy al dominio español, son muy pocos o son casi nada en comparación con los hijos de los europeos, que hoy pueblan estas ricas posesiones… Así no hay que engañarnos en esta parte. Tan españoles somos como los descendientes de Don Pelayo, y tan acreedores, por esta razón, a las distinciones, privilegios y prerrogativas del resto de la nación, como los que, salidos de las montañas, expelieron a los moros, y poblaron sucesivamente la Península;” (Torres, 1809, p.7)
Esta es la realidad del discurso independentista, los criollos pensaban con total convencimiento que la razón por la que debía haber igualdad era porque ellos eran descendientes de los españoles, por lo tanto los que no lo eran no la merecían. Los “naturales conquistados” y negritudes no eran realmente ciudadanos y a pesar de tomar parte esencial en la dinámica de la independencia, nunca estuvieron realmente destinados a gozar del beneficio de la libertad que esta pretendía traer a las tierras americanas.