EL TIANGUIS A TRAVÉS DE LOS TIEMPOS
1.4 El tianguis como enclave étnico en una sociedad estamentaria
Las mestizas y mulatas, que componen la mayor parte de México, no pudiendo usar manto ni vestir a la española, y desdeñando el traje de las indias, van por la ciudad vestidas de un modo extravagante que hace que parezcan otros tantos diablos. G.F. Gemelli Careri, Viaje a la Nueva España
Los tianguis, desde cierta historiografía, han sido vistos como parte del legado prehispánico en México (Damián, 2004, p.35) es decir, como un reducto indígena que sobrevivió a la conquista. A esta perspectiva, que podríamos llamar tradicionalista, no le falta cierta razón si la miramos de forma extemporánea. Efectivamente, durante la colonia, espacios como el tianguis eran exclusivos de los indígenas y algunos mestizos. Los peninsulares, más o menos respetaban estos espacios, aunque intentaran regularlos, pero siempre y cuando se mantuvieran lejos de su ámbito cotidiano. Esto permitió que, a más de cinco siglos de la conquista, esta práctica siga existiendo.
Mientras los indígenas compraban en tianguis, los tapatíos peninsulares compraban en los mercados “establecidos” –municipales- o mandaban traer
mercancías finas de todo Europa, como perfumes, ropa, muebles, calzado y telas (González Casillas, 2010, pp. 51-61). En regiones del sureste del país, se tiene documentado que los españoles mandaban traer de la península una gran cantidad de alimentos, como vinos, vinagres, higos, pasas, aceitunas y aceite (Gage,1980, p.109). Por su parte, y casi con toda seguridad, a los indígenas y mestizos de la Colonia les estuvo reservado el tianguis como su único espacio de consumo (Torres, 1999, p.03), lo cual terminó por demarcar “dos espacios de encuentro social” (Flores, 2005, p. 92).
Es decir, que en los espacios de consumo y socialización coloniales hubo una especie de apartheid no escrito. En la actualidad se habla de “enclave étnico” (Laguerre, 2009) para hablar en clave académica de aquellas micro comunidades surgidas en el contexto multicultural de las grandes ciudades globales occidentales. Se reconocen como “enclaves étnicos” sitios como el Chinatown o el Russian Hill de San Francisco, el Spanish Harlem de Nueva York o el “East of L.A” mexicano. Aunque se utilice el término enclave étnico para fenómenos urbanos contemporáneos, en el caso de la Guadalajara colonial barrios como Mexicaltzingo o Analco ya poseían esta característica marginalidad racista “tan actual”.
La diáspora mexica en Guadalajara formó Mexicaltzingo o “Pueblo de Mexicas” e instaló uno de los primeros tianguis de la zona (González Casillas, 2005:38). En Ciudad de México, por ejemplo, se formaron “Pueblo de Indios” similares como “Tepito” donde igualmente se desarrolló un tianguis que sobrevive hasta la fecha, siendo el más celebre a nivel nacional. Así como refieren Aceves, De la torre y Safa (2004) para el caso de Guadalajara (p. 280) y Barbosa (2006) respecto a la Ciudad de México, la organización colonial urbana otorgaba características especiales a lo que se denominaba “Poblaciones Indias” y así, a pesar de que participaban de la vida económica de las ciudades, no pertenecían a estas de manera formal. Así como “lo étnico” florece en los guettos marginados de las ciudades del mundo industrializado, los tianguis sobrevivieron en el aislamiento impuesto por la cultura dominante.
El tianguis estaba etnificado y eso es perceptible en la llamada Pintura de Castas , la cual fue un género artístico-informativo que reproducía las distintas declinaciones estamentarias que formaban cada una de las castas de la Nueva España. La Pintura de Castas consiste en una representación gráfica, en series de 16 cuadros, organizada de acuerdo a los nombres dados por los españoles a cada una de las mezclas posibles entre Españoles, Indios y Negros. La primer serie corresponde a los Españoles y de ahí se van formando todas las declinaciones.
Estas pinturas son interesantes por que representan, de forma muy teatral, a cada una de las castas en sus actividades cotidianas, su forma de vestir, las herramientas que usan, los espacios que habitan y otros detalles interesantes sobre la vida colonial. Las representaciones tienen un estilo que busca la estereotipación de las castas, por lo tanto son interesantes no por su carácter objetivo o neutral, sino por que reproducen el imaginario dominante de la época respecto a cada uno de los ordenes estamentarios. Al ser pinturas con alta difusión en America y Europa, ayudaron a asentar los estereotipos acerca de los pueblos americanos. En opinión de García Saíz (1989) existen más de 50 series, y en cada una hay “entre cuatro y seis cuadros donde los vendedores ambulantes aparecen”, es decir no menos de 250 casos donde aparecen representaciones tiangueras.
En un trabajo histórico sobre la representación gráfica de la venta callejera (De Alba, Exbalin y Rodríguez, 2007), se nos muestra, a través del análisis de diversos lienzos de la pintura de castas, como los vendedores callejeros aparecen representados como miembros de las castas “bajas”. Sobre todo de la casta de “los indios” y sus declinaciones, es decir, los distintos mestizajes a partir de los “indios”. Como los investigadores muestran, la venta en el espacio público aparece representada en las pinturas de las castas referidas como los “Lovos” (sic) (Indio y Negra), “Cambujo” (Chino e India), “Barsino” (“Arravasado” (sic) e India) y “Canpa Mulato” (“Varsino” (sic) e India).
En estas pinturas, las mercancías ofrecidas a través de la venta callejera son prácticamente alimentos: tamales, atole, agua fresca, dulces, frutas y verduras.
En algunos casos es sorprendente la similitud con la forma de organización de la mercancía de los tianguis contemporáneos, pero lo que me interesa resaltar es que “El vendedor de la calle pertenecía a la plebe urbana y mestiza de los suburbios” (De Alba, Exbalin y Rodríguez, 2007, p.21). Estos suburbios, que no eran otra cosa que Los Pueblos de Indios, pasarían a ser progresivamente integrados en la dinámica urbana a partir del “Siglo de las Luces”, proceso que continuará hasta entrado el siglo XX.
¿Cómo afectará a los tianguis el proyecto de higienización e integración urbana de la modernidad ilustrada? Por un lado, el tianguis, pasará a formar parte del proyecto urbano. En este sentido se emitirán normas que vigilaran su funcionamiento. Ya no tendrá ese fuero que las autoridades virreinales reservaban para todo el entorno indígena. Los pueblos indios se transformarían en barrios de unas ciudades que empezarán a ser pensadas en términos de movilidad, orden e higiene. El tianguis, se des-etnificará progresivamente, pero eso no implicará su aceptación sino, su marginalidad, ya no étnica, sino marginalidad urbana y de clase.
Con la culminación del proyecto independentista, el México recién creado como nación intentará crear un imaginario socio-cultural propio. Y quizás por que el bagaje indígena era innegable, quizás por que los propios indígenas participaron en la guerra de independencia o quizás por convicción, en el proyecto de creación de México se instituyó un discurso que hablaba de México como nación fundacionalmente mestiza, mezcla de lo indígena y lo español. A diferencia de otros países latinoamericanos, el pasado indígena en México fue incorporado como parte de la definición oficial de nuestras señas de identidad.
Pero antes de la independencia y la paradójica institucionalización del mestizaje, el mundo del arte y las formas estéticas se adelantaría a este proyecto de mixturización cultural gracias a las obras barrocas en su versión mexicana. Es del barroco que México adoptará una estética que se volvería estilo e identidad. Una forma de ser barroca que trasciende los cerrados límites del arte muta en una cultura que tendrá en su enorme capacidad de absorción
una de sus principales características vitales. El tianguis es sacado de su origen indígena y transplantado en territorio moderno gracias al aval de una cultura barroca que permitía la paradoja de mezclar las nuevas ideas iluministas con las particularidades prehispánicas. El reto del tianguis, después de haber sobrevivido aislado en una sociedad clasista, será el de cambiarse a si mismo para sobrevivir a los embates modernizadores de un México ilustrado.