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Capítulo II. Marco teórico

2.2. Bases teóricas

2.2.1. Las tecnologías de la información y comunicación

2.2.1.2. Las TIC en la sociedad

Los términos sociedad y comunicación no se comprenden el uno sin el otro. La actividad social lleva implícita la comunicación y en general cualquier actividad humana de tipo social está inmersa en un proceso de intercomunicación.

Los avances tecnológicos han complementado y modificado, con el tiempo, la forma en que se produce esta intercomunicación. Se ha pasado de una comunicación directa, físi- camente persona a persona, a una comunicación indirecta y a distancia gracias a las TIC.

Estos medios tecnológicos han supuesto una transformación cultural y social que afecta a áreas tan importantes como las relaciones humanas, el mundo laboral, el estudio y el entretenimiento, favoreciendo además la difusión y compartimiento de la información.

De forma paralela a estas transformaciones ‘positivas’, aparecen, se difunden y agrandan una serie de problemas sociales que desbarata el hipotético modelo de sociedad que parece propugnar Internet.

Las TIC en general e Internet en particular, se manifiestan como herramientas de doble filo. Por un lado, facilitan la obtención y compartimiento de información y, por otro lado, precisamente por esas mismas facilidades, se pueden convertir en elementos que no favorecen al proceso educativo y formativo de los menores.

En nuestra sociedad, también llamada sociedad de la información y de la

comunicación, se considera que Internet es un bien cultural que proporciona un beneficio económico, genera oportunidades de negocio y gran cantidad de servicios directamente relacionados con ella.

Es importante que todas las facilidades y ventajas que proporciona el acceso a Internet sirvan para mejorar la sociedad, favorecer el acceso global a la cultura y al desarrollo, derribar aquellas barreras que separan y segregan al ser humano. Es decir, privilegiar la utilización de Internet como herramienta integradora y vehículo para minimizar el des- equilibrio cultural existente.

En este sentido y considerando la red como un medio de acercamiento y difusión de la cultura, que facilita las relaciones sociales, nos planteamos la necesidad de favorecer al alumnado a dicho acercamiento, el cual busca la formación de ciudadanos responsables y capacitados para el acceso a las TIC. (Mifsud. E. 2012:12)

a) Las TIC en la familia.

La utilización de las TIC, por parte de los jóvenes, se plantea como una necesidad que surge de su entorno social, se extiende a la escuela y llega al domicilio familiar en el que los padres y madres, muy a menudo, se encuentran en una situación de franca desventaja para hacer frente a los nuevos retos que se les presentan. Sin embargo, sus hijos e hijas se

pueden considerar ‘nativos digitales’ y la utilización del ordenador y otros medios como el móvil, los videojuegos o las cámaras digitales forman parte de su vida cotidiana.

De manera inversa, la responsabilidad del desarrollo de una actitud responsable frente a la utilización de estos medios y en concreto el acceso a Internet, comienza en la familia. Es en el seno familiar donde se comienza a aprender conductas, pautas de comportamiento y formas de reaccionar ante situaciones conflictivas. Esta tarea educativa tiene su

continuidad en la escuela, en la que los docentes dan una dimensión más social a las normas aprendidas dentro de la familia, como la toma de decisiones, el control sobre las emociones, la capacidad de reflexión, el refuerzo sobre la valoración de actitudes socialmente reprobables, etcétera.

El modelo de hogar está sufriendo un proceso de remodelación a partir de la inclusión de las TIC, prácticamente como un miembro más de la familia. En este sentido, a los padres y madres se les plantea la disyuntiva entre la protección a sus hijos de los riesgos que conlleva el acceso a la información y el aprovechamiento de las ventajas que ofrece para su formación y entretenimiento. Desde el punto de vista educativo, la prohibición a ultranza e indiscriminada no es aconsejable, ya que se limitaría al ámbito familiar. Pero tampoco lo es la permisividad total, sin llevar ningún tipo de seguimiento y control por parte de los padres y madres. En el ámbito familiar la finalidad sería educar en el uso de las TIC, y más concretamente Internet, de forma responsable.

En esta tarea las familias se pueden sentir desbordadas y desorientadas. Son temas nuevos para los padres y madres, que es muy posible que no controlen y desconozcan los riesgos y las posibles pautas a seguir para conducir las situaciones que se planteen. En este sentido, se hace necesaria su progresiva adaptación a las TIC, que adquiera, al menos, un

mínimo de conocimientos que les permita hacer un seguimiento de la utilización que hacen sus hijos e hijas de las herramientas TIC a su alcance, y, en concreto, del teléfono móvil e Internet.

Son buenas soluciones, para intentar suplir estas carencias, la promoción y creación de Escuelas de padres y madres en las que se aborden estos temas bajo la dirección y

coordinación del gabinete de psicopedagogía. Poder compartir inquietudes, problemáticas y posibles pautas de actuación ante ellas es un buen comienzo para eliminar la brecha digital que todavía se cierne sobre grupos muy numerosos de padres y madres. Las Administraciones Educativas están promoviendo actuaciones en ese sentido. (Mifsud. E. 2012:15)

La función educadora de la familia es vital para la construcción del individuo y, como tal, de nuestra sociedad. De la misma forma que esta función se sustenta en una serie de valores, conocimientos y saberes prácticos que la familia, de forma intencional o no, lega a sus nuevos miembros, hoy en día la familia cuenta con la ayuda de la tecnología para ejercer este deber y derecho. (Hernández, J., Pennesi, M., Sobrino, D. y Vásquez, A. 2011:387).

b)Las TIC en la universidad.

Las universidades y los Ministerios de Educación deben trabajar juntos en pos del cambio. En algunos países, la formación docente no se cuenta dentro de la jurisdicción del Ministerio de Educación, lo que crea una barrera que impide implementar cambios en la totalidad del sistema educativo. A pesar de ello, los Ministerios de Educación tienen poder indirecto sobre las universidades y pueden influir en el plan de estudios de los programas de capacitación docente. El Ministerio a menudo decide quiénes son contratados, qué

habilidades deben tener los nuevos profesores, y dónde trabajarán. Si se utiliza este plan de estudios como modelo, los Ministerios de Educación podrán guiar la formación de

educadores capaces de utilizar tecnología y asegurar que todos los niños del país se beneficien de un plan de estudios enriquecido por medio de la tecnología, que haya sido adaptado especialmente para adecuarse a su idioma y a su cultura. (Unesco. 2004:119)

Por ahora, lo único cierto es que nuestro deber y nuestro reto, desde la formación inicial del profesorado, sea que más docentes del futuro piensen en el aula como una realidad compleja en la que las TIC han dejado de ser una opción hace mucho tiempo y han pasado a ser parte de esa realidad en que se educan nuestros ciudadanos. Y debe ser también nuestro empeño buscar que sean capaces de desarrollar sus habilidades

profesionales. Hernández et al. (2011:248)

c) Las TIC en la escuela

Se debe realizar un esfuerzo intenso de clarificación y formación en el profesorado. Se trata de romper estereotipos y prejuicios, promover la innovación pedagógica y facilitar una visión amable y flexible del uso de las TIC en la educación. El problema principal es que muchos docentes no están capacitados en las nuevas tecnologías; esto les impide aprovecharlas y terminan haciendo la clase de manera tradicional. (Pérez, J. y Pi, M. 2013:27)

Estoy plenamente de acuerdo con el uso de las TIC en educación, siempre que se pongan al servicio de un proyecto con una sólida justificación pedagógica y se empleen sobre todo como potentes herramientas de trabajo del alumnado para: buscar

informaciones, analizarlas críticamente, seleccionarlas y elaborarlas; relacionar esos datos con sus conocimientos previos y añadirlos a ellos, dándole una nueva estructura y creando

así nuevo conocimiento, además de utilizarlas como otro medio más para comunicarse con sus compañeros y compañeras y con el profesorado, medio que por muchos aspectos es más adecuado al trabajo colaborativo.

Las TIC, entre otras cosas, pueden ayudarnos a diseñar y realizar tareas integradas y colaborativas en las que cada alumno y alumna, independientemente de su competencia curricular en las distintas asignaturas, pueda participar activamente y mejorar el proyecto con sus aportaciones, sintiendo la satisfacción del trabajo bien realizado y el consecuente refuerzo de su autoestima, elemento imprescindible para una buena motivación hacia los estudios. Hernández et al. (2011:147-248)

Las tecnologías están presentes en todos los ámbitos dentro y fuera de las instituciones educativas. Algunos autores llaman a esto la ubicuidad de las tecnologías o contexto de inevitabilidad. Burbules sostiene que las tecnologías se están volviendo omnipresentes y se están vinculando entre sí y en red. En el campo educativo, esta noción de ubicuidad se trasluce en los modos en que las TIC crean una inteligencia extensible, tanto tecnológica como socialmente hablando. Las tecnologías expanden nuestra memoria y nuestras capacidades físicas. ¿Ellas forman parte de nuestra inteligencia? Las computadoras permiten conectarnos con otras personas para comunicarnos, pensar, discutir. Como conjunto, al poseer más capacidades, y sobre todo, capacidades más complejas, los sujetos aparecemos como un conjunto más inteligente: ¿esa red distribuida de inteligencia es parte de la inteligencia individual? Los expertos afirman que al ser ubicua, de algún modo lo es. Se establece además la idea de las tecnologías “en todo lugar, en todo momento”. Las TIC desafían, entonces, los límites temporales y espaciales. Según Burbules, un último

aprendizaje a lo largo de toda la vida; necesitamos pensar la educación como un proceso continuo y en cambio permanente.

La escuela tendría entonces el papel de formar para insertar a los futuros ciudadanos en las verdaderas demandas que exige la sociedad (¿y el mercado?) en el que se

desempeñarán los estudiantes. En este sentido, las TIC adquieren un rol protagónico que todo ciudadano debería considerar. Todo parece indicar que el papel de las TIC en los procesos de formación a lo largo de la vida cobrará cada vez más importancia. Desde esta perspectiva, la adquisición de competencias y habilidades para un aprendizaje autónomo debe contemplar necesariamente el procesamiento de la información y el acceso al conocimiento por medios digitales. (Necuzzi, C. 2013: 51-52)

d)Las TIC en el aula

Integrar las TIC en el aula es un proceso que exige paciencia y un enfoque a medio o largo plazo.

Vivimos en el siglo XXI y nuestro alumnado, queramos o no, vive rodeado de

tecnologías. Tenemos dos opciones: vivir de espaldas a la sociedad o bien tratar de ver las ventajas que nos pueden aportar.

Tenemos que perder el miedo al uso de las nuevas tecnologías dentro del aula. Mi propósito es aprovechar todos aquellos recursos, TIC o no, que permitan que nuestro alumnado siga creciendo, siga aprendiendo en cada uno de los momentos que le ofrece el día, dentro y fuera del aula, siempre procurando que todo aprendizaje esté basado en problemas y situaciones reales.

Para ello es necesario un duro trabajo por parte de todo el centro, diálogo acerca de cada una de las cosas que suceden dentro de nuestras aulas y de estar atentos a todas las necesidades y escenarios. Cada uno de nuestros alumnos y alumnas es único y

completamente diferente a los demás. Las TIC nos permiten que el aprendizaje pueda ser mucho más individualizado y personalizado, consiguiendo así que cada uno potencie aquello que más necesita y desarrolle sus capacidades al máximo. Hernández et al.

(2011:73)

“La navegación hipertextual a través del WWW es una experiencia distinta para cada uno de los alumnos implicados por lo que, en la misma aula, no se producirá un ritmo y secuencia de aprendizaje homogénea y unívoca para todos. Ello exige al docente el

desarrollo de una metodología más flexible y una atención individualizada a cada alumno o grupo de trabajo.” Moreira (2001), citado por Dussel, I. (2011:17).

Pese a las dificultades encontradas para llevar a cabo las actividades TIC en el aula (falta de recursos, conexión lenta, espacios no adaptados), el esfuerzo e ilusión por parte de los alumnos y el apoyo del equipo directivo y las familias han hecho posible su realización, con un claro efecto positivo en el desarrollo educativo del alumnado: las actividades TIC han favorecido una mayor motivación e implicación de los estudiantes, una mejora de las competencias de expresión y creatividad, la participación en trabajos colaborativos, el desarrollo del espíritu crítico, el aprendizaje autónomo y adaptado a la diversidad del alumnado y, en consecuencia, una alfabetización digital a través de los contenidos curriculares del área de la lengua y la literatura.

La aplicación de las TIC en las aulas

En principio, en las aulas se dan todas las premisas: profesores formados y recursos disponibles. Pero es evidente que el panorama no es tan idílico. Muchos docentes no se encuentran seguros, especialmente en Secundaria, porque son conscientes de que los alumnos saben más que ellos en el manejo de ordenadores y programas. Por otro lado, en ocasiones, los recursos fallan (ordenador que no arranca, Internet que no va, programa que no responde, etc.), lo que genera sensación de tiempo perdido de la hora de clase en vicisitudes técnicas y descontrol del grupo con alumnos que aprovechan la situación para sacar partido. En el aspecto que nos ocupa, el formativo, la solución es simple: más formación (aunque se tenga la sensación de ir siempre por detrás de los alumnos, no es así). La formación es inversión. En estos tiempos de recortes presupuestales puede pensarse que la formación es un gasto prescindible, pero debe reivindicarse la formación como un derecho que los docentes no podemos relegar, para estar al servicio de una sociedad que demanda que el sistema educativo no esté desvinculado de la realidad social, una realidad cada vez más tecnológica, y en definitiva, para no ir por detrás de los alumnos en conocimientos y técnicas. Hay que desterrar la idea de que la mayoría del profesorado es resistente a las TIC. Todos las usan, aunque sea de manera indirecta (gestión de faltas, notas, etc.), y muchos las integran en la práctica diaria del aula. Cada docente debe incorporarlas a su ritmo, como por ejemplo los profesores que utilizan presentaciones o recursos que toman de Internet para apoyar las explicaciones. Hernández et al. (2011:121- 369)

Respecto al uso didáctico de las TIC en las aulas hay que hacer hincapié en que:

- Lo importante es siempre el enfoque educativo y no el tecnológico. Es decir, el profesorado debe tener claro qué objetivo educativo pretende conseguir, qué debe aprender el alumnado y de qué forma el uso de las TIC puede facilitar este

aprendizaje.

- Las TIC no van a ‘obrar milagros’ en el proceso de aprendizaje del alumnado. Pueden incrementar la motivación por lo novedoso de la metodología didáctica utilizada, pero al final, el trabajo y esfuerzo del alumnado debe estar presente.

- Las TIC deben favorecer la metodología del ‘saber hacer’ como fundamento del proceso de aprendizaje y evaluación de conocimientos. El docente plantea un aprendizaje activo en el cual el alumnado adquiere conocimientos a partir de experiencias diversas de forma individual o colaborativa.

- La utilización de las TIC en el aula se debe plantear como recurso de apoyo en el proceso de adquisición de la ‘competencia digital’ por parte del alumnado.

- Las TIC no sustituyen al docente en el aula. La figura del docente es básica para la consecución de los objetivos didácticos planificados en su programación de aula. El docente establece las condiciones de partida, establece objetivos finales, guía y orienta.

- Las TIC favorecen tanto el trabajo individual del alumnado como el trabajo colaborativo, y tanto de forma presencial en el aula, como a distancia desde entornos virtuales de enseñanza.

- Los materiales utilizados en el aula deben estar adaptados a la utilización de las herramientas TIC. Deben además facilitar su interacción con el alumnado, la colaboración en el aula e incluir aspectos relacionados con la indagación y

exploración. Y, por último, deben ser flexibles y adaptables al alumnado en situaciones de aprendizaje diferentes.

- Con respecto a los materiales, también hay que diferenciar si van dirigidos al aprendizaje presencial o a distancia. La estructura y elaboración será diferente. En el caso de la enseñanza presencial el alumnado tiene al docente en el aula como referencia inmediata para cualquier duda o cuestión. En la enseñanza a distancia, el rol del profesorado es diferente. Guía al alumnado e interactúa con él, pero de forma diferida, por lo que los materiales deberán ser totalmente autosuficientes y dirigidos.

- Las actividades TIC deben estar estructuradas y planificadas en tiempo y forma para su realización en el aula. Es importante que no quepa la improvisación, ya que se transmite una imagen de utilización de las TIC por ellas mismas, sin objetivos didácticos concretos.

- La utilización de las TIC debe estar reflejada en la propia programación de aula de cada materia. Planificado su uso en actividades concretas y con los objetivos didácticos descritos. (Mifsud. E. 2012:18-19)