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EL TIEMPO FINAL

Manuscrito 2, de 1858.-

Vi que nos espera un tiempo de angustia, cuando una severa necesidad obligará al pueblo de Dios a vi- vir de pan y agua, pero vi que Dios no requiere que su pueblo viva así ahora. Dios ordena que todos aquellos a quienes él no ha llamado para trabajar especialmente en palabra y doctrina, deberían trabajar con sus manos en cosas buenas para así suplir sus propias necesidades y tener lo necesario para dar a otros... Pero en el tiempo de angustia, nadie trabajará con sus manos. Sus sufrimientos serán mentales y Dios les proveerá de alimento.

Carta 38, del 28 de Marzo de 1886.-

Juan vio en visión (en Apocalipsis 7), cuatro ángeles poderosos que retenían los cuatro vientos para que no soplasen sobre la tierra, hasta que los siervos de Dios fuesen sellados en sus frentes. Una vez termi- nada esta obra, se llamará a los ministros de venganza y se les ordenará derramar tempestades, truenos, pestes y calamidades sobre la tierra.

Carta 21, del 9 de Julio de 1886.-

La crisis está precisamente frente a nosotros, cuando todos desearán la fortaleza y el poder de Dios, pa- ra estar en pie contra las asechanzas del diablo que se introducirán de cualquier forma imaginable. Aquellos que se han permitido ser presa de las tentaciones de Satanás, no estarán preparados para adop- tar una postura correcta... Necesitamos vivir muy cerca de Jesús, para discernir lo auténtico de lo espu- rio...

Cristo viene pronto. ¿Lo encontrará preparado y esperándolo? Las lámparas nupciales deben mantener- se adornadas y ardiendo. Las ruedas de su carroza se han demorado por su gran longanimidad hacia no- sotros, pues no desea que nadie perezca sino que todos procedan al arrepentimiento y tengan vida eter- na. Cuando estemos con los redimidos, en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios y las coro- nas de gloria y estemos frente a una eternidad inconmensurable, veremos entonces cuán corto fue el tiempo de angustia y de espera.

Manuscrito 11, del 25 de Julio de 1886.-

Cómo entró el pecado en nuestro mundo es un misterio. Si uno pudiera comprender cómo se originó ya no sería pecado. No hay excusa para el pecado. Ni siquiera hay una insinuación del porqué de su exis- tencia...

El hombre de pecado es el poder que dice tener derecho de cambiar los tiempos y la ley. Pero, ¿tiene en verdad ese poder? No, porque la ley de Dios está escrita en tablas de piedra, esculpida allí con su pro- pio dedo y está en el templo de Dios en el cielo; y esa gran norma moral será el criterio que juzgará a cada ser humano sobre la faz de la tierra, tanto muertos como vivos...

Cuando él (Cristo) venga por segunda vez, no llevará la corona de espinas, no tendrá esa vieja túnica de color púrpura sobre su cuerpo divino. Las voces no clamarán: ¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo! Las huestes angélicas y aquellos que lo esperan exclamarán: ¡Digno, digno, digno es el Cordero, que fue inmolado, el divino Vencedor! En lugar de una corona de espinas, llevará una corona de gloria. En lugar de aquel viejo manto de grana que le pusieron los que lo escarnecieron, llevará un manto más blanco que el blanco más blanco. Y esas manos traspasadas con los crueles clavos, brillarán como el oro. Sus ojos se- rán como llamas de fuego escudriñando su creación; los justos muertos se levantarán de sus tumbas y los que estén vivos y hayan quedado, serán arrebatados con ellos para encontrarse con el Señor en el ai-

re y así estarán siempre con el Señor. Oirán la voz de Jesús, más dulce que ninguna música que hayan sentido alguna vez los oídos mortales, diciéndoles: „Vuestra guerra ha terminado. Venid, benditos de mi padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo‟”.

Al mismo tiempo que casi todo el mundo esté invalidando la ley de Jehová, él tendrá un pueblo que guardará su ley... él requiere obediencia de todos. La gente está dispuesta a aceptar todas las ideas fal- sas que se propugnan contra Dios y su ley, ya que la mente mortal prefiere las fábulas en vez de la ver- dad de Dios. Prefiere algo que sea más fácil que tener que resistir el mal y ser obediente a las exigen- cias de Dios...

Así como Cristo se negó a sí mismo y se sacrificó a cada instante, nosotros también debemos hacerlo si queremos sentarnos con él en su trono. Y luego ¿qué recibiremos? La vida eterna, un eterno peso de gloria. Las calles son de oro puro, transparente como vidrio; y allí está el árbol de la vida, cuyas hojas son para la sanidad de las naciones. Todo es bello. Allí no hay enfermedad, tristeza, dolor ni muerte. Nuestra vida allí será semejante a la vida de Dios.

Carta 53, de 1887.-

Cuando la verdad que apreciamos fue reconocida por primera vez como verdad bíblica, ¡cuán extraña parecía y cuán fuerte era la oposición que tuvimos que afrontar al presentarla a la gente al principio, pe- ro cuán fervientes y sinceros eran los obreros obedientes que amaban la verdad! Éramos realmente un pueblo peculiar. Éramos pocos en número, sin riqueza, sin sabiduría ni honores mundanales, pero creíamos en Dios y éramos fuertes y teníamos éxito, aterrorizando a los que obraban mal. Nuestro amor mutuo era firme y no se conmovía fácilmente. Entonces el poder de Dios se manifestaba entre nosotros: los enfermos eran sanados y había mucha calma y gozo santo y dulce.

Pero mientras la luz ha continuado aumentando, la iglesia no ha avanzado proporcionalmente. El oro puro se ha empañado gradualmente, y la muerte y el formalismo han venido a trabar las energías de la iglesia. Sus abundantes privilegios y oportunidades no han impulsado al pueblo de Dios hacia adelante y hacia arriba, hacia la pureza y la santidad. Un fiel aprovechamiento de los talentos que Dios le ha confiado, aumentaría grandemente estos talentos. Donde mucho ha sido dado, mucho será pedido. Los que aceptan fielmente y aprecian la luz que Dios nos ha dado, y toman una decisión elevada y noble, con abnegación y sacrificio, serán conductos de luz para el mundo. Los que no avancen, retrocederán, aun en los mismos umbrales de la Canaán celestial.

Carta 58, de 1887.-

También vea MAR 264.

La vista de Jesús, al mirar a través de las edades, se fijó en nuestro tiempo cuando dijo: “¡Si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz!” Este es aún tu día, oh iglesia de Dios, él te ha hecho la depositaria de su ley. Este día de oportunidad y gracia está llegando a su fin. El sol se está ocultando rápidamente. ¿Es posible que se esté ocultando y tú no conozcas “lo que es para tu paz”? ¿Habrá de pronunciarse la irrevocable sentencia, “mas ahora está encubierto de tus ojos”? (Versículo 42).

Carta 3, de 1890.-

También vea el evangelismo, 208, 264.

La Palabra de Dios declara claramente que su ley será desdeñada y pisoteada por todo el mundo. Habrá un predominio descollante de la iniquidad. El profeso mundo cristiano formará una confederación con el hombre de pecado, y la iglesia y el mundo estarán en corrupta armonía. Una gran crisis está sobrevi- niendo al mundo. Las Escrituras declaran que el papado recuperará su supremacía perdida, y que los

fuegos de persecución se volverán a encender, a través de las concesiones transigentes del llamado mundo protestante. En este tiempo de peligro, podemos permanecer fieles sólo si tenemos la verdad y el poder de Dios. Los hombres sólo pueden conocer la verdad siendo partícipes de la naturaleza divina. Ahora necesitamos más que sabiduría humana, al leer e investigar las Escrituras y, si con corazones humildes nos acercamos a la Palabra de Dios, él levantará en alto un estandarte contra los elementos desenfrenados...

Porque no hay persecución, han entrado en nuestras filas hombres elocuentes de un cristianismo apa- rentemente incuestionable, pero quienes, si se levantara una persecución, se apartarían de nosotros por- que frente a la crisis darían empuje a razones especiosas que han tenido una influencia en sus mentes. Satanás ha preparado diferentes trampas para mentes diferentes.

Cuando se invalide la ley de Dios, la iglesia será zarandeada por tremendas pruebas y una proporción mayor de la que ahora anticipamos, prestará atención a espíritus seductores y doctrinas de demonios. En vez de fortalecerse al enfrentar dificultades, muchos demuestran que no son ramas vivas de la Vid Verdadera, no llevan fruto y el agricultor las quitará. Pero cuando los poderes de iniquidad traten de in- validar la ley de Dios ¿cuál será el efecto sobre los que son verdaderamente obedientes y leales? ¿Se dejarán llevar por la fuerte corriente del mal? Porque muchos se alistan bajo el estandarte del príncipe de las tinieblas, ¿se desviará de su obediencia el pueblo que guarda los mandamientos de Dios? ¡Nun- ca! Ninguno que permanezca en Cristo fallará ni se desmoronará. Sus seguidores no se postrarán en obediencia a ningún potentado terrenal.

Mientras que el menosprecio a los mandamientos de Dios, hace que muchos supriman la verdad y de- muestren menos reverencia hacia ellos, la falta de respeto hacia la ley de Jehová hace que los fieles eleven sus verdades distintivas con mayor ahínco...

Hay razones sobresalientes para respetar el verdadero sábado, para defenderlo y oponernos al falso, porque es la señal que distingue al pueblo de Dios, del mundo. Por la misma razón que el mundo inva- lida el mandamiento, el pueblo de Dios le dará mayor honra. Cuando los incrédulos menosprecien la Palabra de Dios aparecerán los que, como Caleb, serán fieles. Entonces estarán firmes en el puesto del deber, sin ostentación y sin desviarse a causa del reproche... El Salmista dice: “Es tiempo de que ac- túes, oh Señor, porque han invalidado tu Ley. Por eso he amado tus Mandamientos más que el oro, más que el oro muy puro” (Salmos 119:126, 127).

Es justo el momento en que se debe presentar el verdadero sábado ante las personas, tanto por la pluma como por la voz. Mientras se ignora y se desprecia el cuarto mandamiento del Decálogo y a los que lo observan, los pocos fieles saben que no es tiempo de esconderse, sino de exaltar la ley de Jehová des- plegando el estandarte en el cual está inscrito el mensaje del tercer ángel: “¡Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los Mandamientos de Dios y la fe de Jesús!” (Apocalipsis 14:12).

Aunque llegará el momento en que sólo podremos contender a costa de la pérdida de bienes y de la li- bertad, aún así, tendremos que enfrentar el conflicto con un espíritu de humildad y con la mansedumbre de Cristo. La verdad debe ser afirmada y defendida como está en Jesús. La riqueza, la honra, la como- didad, las casas, todo lo demás debe ser de secundaria importancia. No se debe esconder la verdad, no se la debe negar ni ocultar, sino debe ser totalmente aceptada y audazmente proclamada...

El Señor le permitió al enemigo de la verdad, que hiciera un esfuerzo determinado contra el sábado del cuarto mandamiento. Su plan es despertar por este medio, un definido interés en esa cuestión que será la prueba para las personas que estén viviendo en estos últimos días. Esto abrirá el camino para que se proclame el mensaje del tercer ángel con poder...

Si en la tierra que se jacta de su libertad, un gobierno protestante se prepara para sacrificar los princi- pios de su constitución y promulgar decretos para suprimir la libertad religiosa, y forzar falsedades y engaños papales, entonces el pueblo de Dios con fe, debe presentar sus peticiones al Altísimo. Hay aliento en las promesas de Dios para aquellos que ponen su confianza en él.

La perspectiva de tener que enfrentar peligros personales no debe causarnos desaliento, sino que debe reanimar el vigor y las esperanzas del pueblo de Dios, porque el momento de peligro es la oportunidad en que Dios puede concederles manifestaciones más claras de su poder.

No debemos sentarnos de brazos cruzados esperando tranquilamente la opresión y la tribulación, sin hacer algo para evitar el mal. Asciendan juntos nuestros clamores al cielo. Oren y trabajen, y trabajen y oren. Pero no se apresuren imprudentemente. Aprendan como nunca antes, que todos los que en verdad guardan los mandamientos de Dios deben ser mansos y humildes de corazón... A veces deben decirse cosas hirientes, pero esté seguro que el Espíritu Santo reside en su corazón antes de hablar la verdad clara y cortante, entonces deje que ésta corte a su manera. No es usted el que debe cortar.

No debe haber ninguna clase de componenda con los que invalidan la ley de Dios. No es seguro con- fiar en ellos como consejeros. Nuestro testimonio no debe ser menos decidido que antes; no debemos velar nuestra posición real a fin de agradar a los grandes hombres del mundo. Pueden desear que nos unamos a ellos y que aceptemos sus planes, y pueden realizar propuestas concernientes a nuestra con- ducta, que podrían proporcionar al enemigo una ventaja sobre nosotros. “No llaméis conspiración a to- das las cosas que este pueblo llama conspiración; ni temáis lo que ellos temen, ni tengáis miedo” (Isaías 8: 12). Si bien es cierto que no deberíamos buscar la polémica y no deberíamos ofender innecesaria- mente. Debemos presentar la verdad con claridad y decisión, y permanecer firmes en lo que Dios nos ha enseñado en su Palabra. No tienen que mirar hacia el mundo a fin de saber lo que deben escribir y publicar, o lo que deben hablar. Que todas sus palabras y acciones testifiquen: “Porque no fuimos se- guidores alucinados de fábulas ingeniosas... Además, tenemos la palabra profética aún más segura, a la que hacéis bien en estar atentos, como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro” (2 Pedro 1: 16, 19). El Señor ha permitido que las cosas lleguen a una crisis en nuestros días, que el error sea exaltado por encima de la verdad para que él, el Dios de Israel, pueda obrar poderosamente ennobleciendo más su verdad en proporción al error exaltado. Con su mirada fija en la iglesia, el Señor ha permitido que las cosas lleguen a una crisis una y otra vez, para que en su extrema necesidad el pueblo busque solamente a Dios como su sabiduría y su ayuda. En momentos de aprieto, sus oraciones, su fe, junto con la firme determinación de ser fieles a los principios y a los mandamientos santos del Señor, hacen que Dios in- terfiera y entonces cumple su promesa: “Entonces invocarás, y el Señor te oirá. Clamarás, y él te dirá: „Aquí estoy‟. Si quitas de en medio de ti todo yugo, el dedo acusador, y el hablar malicioso” (Isaías 58:9).

Dios reserva su intervención misericordiosa para el tiempo cuando sus hijos se encuentren en necesidad extrema; con eso logra que su liberación sea más notable y sus victorias más gloriosas. Cuando fracasa toda sabiduría humana, se reconoce con más claridad la intervención del Señor y él recibe la gloria que le pertenece. Hasta los enemigos de nuestra fe, los perseguidores, perciben que Dios obra para librar a su pueblo del cautiverio.

Manuscrito 24, de Enero de 1891.-

También vea 7ABC 22, 179, 393, 427; AH 351-52; El evangelismo, p. 129; IHP 283; PM 68, 150-51, 193; OHC 79; SD 105, 194, 318; 3SM 113, 391-93.

Cuando Cristo venga por segunda vez, el mundo entero estará representado por dos grupos: los justos e injustos, los píos e impíos. Anticipando la gran señal de la venida del Hijo del Hombre, habrá señales y prodigios en los cielos... Habrá mayores crímenes que los que se hayan registrado hasta ahora. Habrá lamentación, lloro y gemidos...

Ya han caído algunas gotas de la ira de Dios sobre la tierra y el mar, afectando los elementos del aire. Pero en vano se busca la causa de estas condiciones extrañas.

Dios no ha impedido que los poderes de las tinieblas hagan su obra mortífera de viciar el aire, una de las fuentes de vida y alimento, con elementos mortíferos. No sólo ha sido afectada la vida vegetal, sino que el hombre mismo sufre de pestilencia...

Estas cosas son el resultado de gotas de las copas de la ira de Dios que caen sobre la tierra, y son páli- das representaciones de lo que acontecerá en el futuro cercano. Se han sentido terremotos en varios lu- gares, pero la confusión ha sido muy limitada... Vendrán terribles temblores sobre la tierra y los pala- cios señoriales, erigidos con grandes sacrificios, ciertamente se volverán montones de ruinas. La corte- za de la tierra será rasgada por el ímpetu de los elementos ocultos debajo de las entrañas de la tierra. Estos elementos dispersos, barrerán los tesoros de aquellos que durante años han estado agregando a su riqueza, adquiriendo grandes posesiones, pagando a sus empleados salarios inhumanamente bajos. Y el mundo religioso también será tremendamente agitado, porque el fin de todas las cosas se acerca... Toda la sociedad está clasificada en dos grandes clases: los obedientes y los desobedientes. ¿En cuál de esas clases seremos hallados?

Los que guardan los mandamientos de Dios, los que viven no sólo de pan sino de toda palabra que sale de la boca de Dios, componen la iglesia del Dios viviente. Los que prefieren seguir al anticristo, son súbditos del gran apóstata. Alineados bajo la bandera de Satanás, quebrantan la ley de Dios e inducen a otros a quebrantarla...

Satanás distrae las mentes con cuestiones baladíes, de modo que no tengan una visión clara y distinta de los asuntos de gran importancia. El enemigo hace planes para entrampar al mundo..

El llamado mundo cristiano será el teatro de acciones grandes y decisivas. Hombres en posiciones de autoridad pondrán en vigencia leyes para controlar la conciencia, según el ejemplo del papado. Babilo- nia hará que todas las naciones beban del vino del furor de su fornicación. Toda nación se verá envuel- ta. Acerca de ese tiempo, Juan el revelador declara: “Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación. Los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido con su excesiva lujuria”.

Y oí otra voz del cielo que decía: “¡Salid de ella, pueblo mío, para que no participéis de sus pecados, y no recibáis de sus plagas! Porque sus pecados se han amontonado hasta el cielo, y Dios se acordó de sus maldades. Dadle como ella os dio, pagadle el doble de lo que ha hecho. En la copa que ella os dio a beber, dadle a beber el doble. Cuanto se glorificó y vivió en deleites, tanto dadle de tormento y llanto. Porque dice en su corazón: “Estoy sentada como reina. No soy viuda, ni veré llanto‟” (Apocalipsis 18:3-7).

Éstos tienen un mismo propósito, y darán su poder y autoridad a la bestia. Pelearán contra el Cordero, pero el Cordero los vencerá, porque es Señor de señores, Rey de reyes; y los que están con él son lla- mados, elegidos y fieles” (Apocalipsis 17:13, 14).

“Éstos tienen un mismo propósito”. Habrá un vínculo de unión universal, una gran armonía, una

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