“La explosión actual de tecnología digital no solo está cambiando la manera como vivimos y nos comunicamos sino que está alterando rápida y profundamente nuestro cerebro”.
DR. GARY SMALL
C
uando mis hijos (de Arlene) miran la televisión, observan fijamente lo que sucede en la pantalla. Cuando mi esposo se acerca y los ve con su mirada congelada y cuerpos inmóviles, me dice: “¡Rápido! ¡Apaga el vídeo antes de que succione su cerebro!”.Seguramente has visto a tus hijos pegados a la pantalla. Aunque sabes que su cerebro está intacto, tal vez te has preguntado qué efectos produce toda esa tecnología en su cerebro. Las imágenes en movimiento son extraordinariamente estimulantes para el cerebro, ya sea en una televisión de pantalla plana o un teléfono inteligente. El cerebro en crecimiento del niño es especialmente sensible y está expuesto cada vez más a nuevas tecnologías.
Cuando un bebé nace, viene al mundo equipado con cien billones de neuronas. Durante los primeros tres años de vida, esta sobreabundancia de neuronas están activas formando conexiones entre sí. Las neuronas sobrantes son descartadas hacia la edad de tres años. Es como la poda de un árbol; al cortarse las conexiones débiles se fortalecen las más importantes.
Por medio de resonancias magnéticas, los científicos que estudian el cerebro han hecho un croquis del crecimiento cerebral en niños y adolescentes. Los circuitos del lóbulo frontal que controlan la atención crecen más rápido entre los tres y seis años. El segundo incremento de conexiones sinápticas ocurre en el cerebro justo antes de la pubertad (más o menos a los once años en las niñas y doce años en los niños). Luego ocurre una nueva poda de neuronas en la adolescencia.[1]
Algunos expertos teorizan acerca de la importancia de este momento crítico en el desarrollo que puede afectar a un niño por el resto de su vida. El doctor Jay Giedd, del Instituto Nacional de Salud Mental, dice: “Nuestra hipótesis principal… radica en el principio de ‘lo que no se usa se pierde’. Si un adolescente practica música o deportes, o estudia, estas células y conexiones quedarán implantadas firmemente. Si están sentados en un sofá con videojuegos o mirando MTV, estas son las células que van a sobrevivir”[2].
Hay niños que se crían con una dieta digital de un promedio de ocho horas diarias frente a las pantallas. Si tu hijo es uno de ellos, cuestiónate: “¿Qué clase de células y conexiones cerebrales van a determinar su futuro?”.
El doctor Gary Small, director del centro de investigaciones sobre la memoria y el envejecimiento de la Universidad de California en Los Ángeles, hizo un experimento fascinante para demostrar cómo los cerebros de las personas cambian con el uso de Internet. Seleccionó doce cibernautas expertos y doce individuos que no usaban Internet, y escaneó sus cerebros mientras realizaban búsquedas en Google. El grupo experto en computadoras mostró una amplia actividad en el lóbulo frontal izquierdo del cerebro conocido como la corteza prefrontal, mientras que los inexpertos mostraron escasa o ninguna actividad en esta área. Sus cerebros se veían muy diferentes cuando hacían búsquedas en Internet. Pero cuando ambos grupos leían un texto de un libro, las imágenes escaneadas de los cerebros de ambos grupos eran similares.
Los inexpertos recibieron luego la instrucción de pasar, durante cinco días, una hora al día buscando en Internet. Al cabo de ese período, se repitió la prueba. Las nuevas imágenes mostraron que el grupo de inexpertos ahora tenía la misma actividad en la corteza prefrontal cuando buscaba en Google que el grupo de cibernautas. Con solo cinco horas de uso de Internet, este grupo había reprogramado su cerebro.[3]
Este experimento puede servir de consuelo a los padres que se preocupan porque sus hijos pequeños se queden atrás si no abordan el tren de la tecnología. El cerebro no requiere mucho tiempo para aprender a usar la tecnología. Si has tenido a tu hijo en Internet durante cinco horas como el grupo del experimento, con razón se han vuelto expertos en búsquedas en la red, mensajería instantánea, videojuegos y tweets.
¿Qué podemos decir de la situación contraria? Si tu hijo crece con pantallas desde preescolar y la escuela primaria, ¿puede usar ese cerebro programado para adquirir la concentración que exige una clase? ¿Puede su cerebro generar empatía o leer un pasaje largo con buena comprensión? Estas habilidades son mucho más difíciles de adquirir en un período limitado de tiempo.
Con el uso cada vez más extendido de las pantallas se descuidan los circuitos neuronales que controlan los métodos tradicionales de enseñanza de la lectura, la escritura y la concentración sostenida. Jeremy, de once años, pasa su tiempo con videojuegos después de la escuela y del entrenamiento de fútbol. No se molesta en aprender sus palabras de vocabulario porque sabe que el corrector de la computadora lo arreglará y los mensajes de texto no precisan de buena ortografía.
¿No es curioso que el gerente de tecnología de eBay envíe a sus hijos a una pequeña escuela donde se prescinde por completo de la tecnología? Lo mismo han hecho los empleados de las grandes compañías digitales como Google, Apple, Yahoo y Hewlett- Packard. No usan computadoras ni pantallas en la educación de sus hijos.[4] Bill Gates solo permitía a sus hijas utilizar Internet cuarenta y cinco minutos diarios, con videojuegos incluidos. También esperó a que cumplieran trece años para permitirles tener un teléfono celular.[5]
Los niños que crecen con pantallas se vuelven dependientes de sus aparatos para comunicarse en lugar de interactuar cara a cara con las personas. El doctor Gary Small dice: “Los caminos para la interacción y la comunicación humanas se debilitan al atrofiarse las competencias tradicionales del contacto interpersonal”.[6] Los textos y las
redes sociales sirven para complementar la comunicación, pero son insuficientes como la única fuente de contacto social de tu hijo.
A los niños les encantan las palabras yo, mi y mío. El cerebro joven no es por naturaleza empático. La empatía debe aprenderse y, a menudo, el contacto con las pantallas actúa en detrimento de esta. Cuando estás con alguien, puedes ver el cambio en su expresión cuando se hieren sus sentimientos. No se pueden ver ni sentir las emociones en línea. Los vídeos que avergüenzan a otros niños pueden volverse la próxima emoción que todos comparten en público sin considerar los sentimientos de los involucrados. Cuando un niño pasa demasiado tiempo con aparatos electrónicos, puede volverse indiferente a los sentimientos ajenos. Las búsquedas en Internet pueden con frecuencia desviarse y exponer al cerebro de tu hijo a imágenes y contenidos inapropiados.
Para ser justos, el tiempo frente a la pantalla ofrece beneficios para el cerebro. Usar Internet capacita al cerebro del niño para hacer búsquedas rápidas en la red. Los músculos del cerebro que están desarrollándose involucran la toma rápida de decisiones, la agudeza visual y la multitarea. Un niño que usa videojuegos puede ser capaz de ver algo en su visión periférica que otros que no juegan pasan por alto. Los niños que usan videojuegos pueden sobresalir en habilidades visuales y motoras como usar una palanca de juego, rastrear objetos o hacer búsquedas visuales.
Sin embargo, ¿son estos beneficios lo bastante importantes para sacrificar otras áreas del desarrollo cerebral tales como la lectura, la escritura, la concentración sostenida y la empatía?
La lectura en el siglo XXI
La imprenta inventada por Gutenberg en 1455 se convertiría en uno de los inventos más influyentes de la historia. La era de la imprenta llevó el conocimiento a todo el que quisiera aprender a leer. Leer libros fortaleció los músculos del razonamiento, la lógica y el orden. El cerebro izquierdo se convirtió en el hemisferio dominante, y muchos lectores sobresalieron en áreas como la ciencia. Los experimentos han revelado que el cerebro de personas alfabetizadas y analfabetas difiere en la manera en cómo entienden el lenguaje, procesan las señales visuales, razonan y forman recuerdos.[7]
Siglos después, nuestros hijos ya no leen de la misma forma que antes. Yo (Arlene) quedé impresionada cuando vi una cartilla de 1777, el New England Primer, considerado el más influyente en la historia de la educación en los Estados Unidos. La cartilla se usaba para estudiantes que apenas empezaban a leer y equivalía a un texto actual de primer grado.
¿Podría tu hijo leer estas frases en primer grado? La perspicacia denota agilidad en la percepción.
La melaza es el jarabe que destila del azúcar cuando se enfría. Un tribunal es una corte para resolver casos.
Tem pe ra tu ra Pa rro quia no Com pa de cer se Mis ce lá ne o
No son exactamente la clase de palabras que se aprenden hoy día en primer grado, ¿no es así? ¿Qué ha sucedido y qué ha disminuido las capacidades intelectuales de los niños? Se han inventado la radio, el cine, el fonógrafo y la televisión, que han introducido un nuevo mundo de entretenimiento para los niños. Con todo, las palabras impresas hasta hace poco se encontraban únicamente en los libros. Por medio de la revolución electrónica, las palabras aparecen ahora en computadoras, tabletas y teléfonos inteligentes. Internet es el nuevo medio predilecto para encontrar, almacenar y compartir información.
Nicolas Carr escribe: “El mundo de la pantalla, tal como lo entendemos hasta ahora, es un lugar muy diferente para el mundo editorial. Se ha establecido una nueva ética intelectual. Las rutas en nuestro cerebro vuelven a desviarse”.[8] Por ejemplo, los niños y adolescentes de hoy no necesariamente leen una página de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo. Puede que más bien salten de un lugar a otro en busca de información interesante. Internet los ha entrenado a leer de esa manera. La lectura en Internet no es lineal, está salpicada de hipervínculos a los cuales se puede saltar, y carece esencialmente de principio, intermedio y final.
Hojea nada más una revista popular para adultos o niños y te darás cuenta de este cambio evidente en artículos más cortos, fotos más grandes, titulares llamativos, breves resúmenes, avisos publicitarios y citas destacadas. Nada tiene de malo hojear revistas y explorar Internet o los libros. Pero hay algo que no funciona cuando esa es la manera predominante de lectura para tu hijo.
Mientras leen, los lectores de libros tradicionales muestran una actividad cerebral en las regiones asociadas con el lenguaje, la memoria y el procesamiento visual, pero muy poca en las regiones prefrontales asociadas con la toma de decisiones y la solución de problemas. Sin embargo, los usuarios de Internet muestran un alto nivel de actividad en estas regiones de toma de decisiones y de solución de problemas cuando están hojeando páginas en la red. Es difícil leer con profundidad en línea, porque el cerebro debe sopesar vínculos, decidir por dónde explorar y procesar las distracciones como avisos publicitarios. Todo esto impide que el cerebro entienda el texto que tiene delante. Nuestros cerebros en línea están ocupados tomando decisiones y navegando entre múltiples distracciones, pero no están ocupados en un aprendizaje concentrado.