¿Qué escribir cuando no sabes sobre qué escribir? ¿Qué escribir cuando sientes tanta rabia y molestia por las cosas que ocurren a tu alrededor que no quieres ni escribir? ¿Qué escribir, cuando lo único que tienes en tu mente es la molestia tóxica de situaciones que a nadie interesa salvo a unos pocos amigos y amigas que podemos contar con los dedos de una mano? ¿Qué escribir? ¿Escribir del
problema? ¡A nadie le interesa! Todos tenemos problemas. Quizás tu problema no sea tan grave como el de otro, pero como es tuyo, y te involucra, ¡para ti lo es!
Cuando era chiquita, y comentaba algún problema con una que otra persona y me decían: “¿Para qué te estresas? Hay gente muriendo de hambre, hay huérfanos sin padres, hay personas muriendo, ¿y tu preocupada por esa tontería?” créanme que esa respuesta lo que generaba en mi era un sentimiento de instinto asesino, el cual
controlaba rápidamente, porque ¡por Dios! ¡ese es MI problema! ¡para mí ERA un GRAN problema!... pero, aceptémoslo, a nadie le
importaba…
¿Qué hacer ante un problema? Generalmente, cuando estamos
pasando por un momento de molestia, primero pasamos por la etapa de “digerir” la situación… de analizar y digerir todo lo que está
ocurriendo… y pasas horas o días pensando en la situación y vas llegando a diversas conclusiones y vas entendiendo lo que ha estado ocurriendo… ¡Felicidades! Ya lo digeriste… (gran cosa…, ahora es peor porque sabes que el problema es grave) ¿Y ahora? ¿Qué ocurre después? Necesitas contarle a alguien la profundidad de tus análisis y ver si estás en lo correcto… una especie de aprobación a tu teoría… Es ahí donde entran los amigos o amigas… o la única amiga o el único amigo… -porque, seamos sinceros, “quien tiene muchos amigos, no es amigo de nadie” dice un refrán-, ya que la amistad se basa en tener pocos pero sinceros y no muchos pero farsantes y
circunstanciales.
Bueno, una vez compartida tu desdicha con esa persona que te escucha atentamente, viene la parte del “feed back”, de la opinión distinta de la persona ajena a la situación, y una vez que has
desahogado lo que tienes por dentro, de repente, milagrosamente, el peso que sentías en tu pecho, en tu corazón, en tu alma… el dolor de cabeza, de espalda… la fuerza de la rabia… de repente, pierde
ahínco. Sin ton ni son, te comienzas a sentir mejor, tu cerebro
comienza a funcionar mucho mejor de lo que pensabas, porque has descontaminado tu cuerpo y tu mente de eso que te estaba
consumiendo por dentro. He ahí lo valioso de cultivar las amistades, de ser sinceros, de darse mutuamente e invertir ambas personas en la amistad, que puede ser de 2, 3 o 4 personas… o unos que otros más… pero claro, el tema de la amistad lo dejo para exprimirlo en otra oportunidad.
Dirán que los describí perfectamente, que “la pegué”… y no, no es que “la pegué”, es que “la pasé”… y como la estaba pasando, tanta rabia dentro de mí hizo que mi “inspiración” para escribir y publicar reflexiones, sobretodo en esta hermosa época decembrina que acaba de pasar, pues, brillara por su ausencia… Y por ello les pido disculpas a todos mis lectores, pero, ¿qué les puedo decir? los escritores somos simples seres humanos como ustedes, ni mejores ni peores…
Hace días muchas personas me empezaron a escribir por diversas redes sociales y mecanismos tecnológicos, y hasta en persona me preguntaban: “¡Hey! ¿Qué pasó con tu Blog? Tienes tiempo que no
publicas”… y yo, apenada, no pude sino decir que “no me estaba inspirando”… Incluso yo misma extrañé publicar por aquí, porque escribir para mí es un catalizador. Por ejemplo, esta reflexión es un catalizador sobre ciertos momentos de molestia excesiva que estuve pasando, y por lo tanto, una vez publicado el post, me sentiré
liberada de todo lo que he plasmado aquí… porque de eso se trata el escribir, de liberarte de las cosas que te atan y evitan que puedas seguir tu camino en la vida.
Esto me recuerda a una reflexión –que antes pensaba que era muy insulsa- sobre los problemas, y la quiero compartir con ustedes. Dicen que el protagonista de la historia es el Rey Salomón, otros dicen que la reflexión sale en el libro de “Las Mil y Una Noches”… el caso es que no sé, sólo la conseguí en internet, y dice así:
“Una antigua leyenda cuenta que un famoso rey decidió reunir a sus principales sabios y eruditos en un conclave para solicitarles un favor. -Acabo de traer un gran anillo de mi última conquista -dijo el
monarca- es muy valioso y además me da la posibilidad que puedo guardar algo más valioso aun, en su interior. Necesito que ustedes, al final del día, me den una frase que sea lo más sabio que ningún
mortal haya escuchado jamás. Quiero que arriben a una conclusión de sabiduría y luego lo escriban en un papel diminuto. Luego, yo
guardare esa frase en mi anillo. Y si algún día, el infortunio permitiera que me encuentre en medio de una crisis muy profunda, abriré mi anillo y estoy seguro que esa frase me ayudará en el peor momento de mi vida.
Así que los sabios pasaron el resto del día debatiendo cual sería esa frase que resumiría toda la sabiduría que ningún humano había oído jamás.
Cuando cayó la noche, uno de los eruditos del reino, en
representación de todos los demás, se acercó al rey con una frase escrita en un pequeño papel.
-Aquí esta, su Majestad. Solo tiene que guardarlo en su anillo y leerlo en caso que una gran crisis golpee su vida y su reino.
El monarca guardó el papel en su anillo y se olvidó del tema.
A los pocos años, el reino era saqueado por los enemigos y el palacio reducido a escombros. El rey logró escapar entre las sombras y se ocultó entre unas rocas, en las afueras de su devastada corte. Allí, observando un precipicio, consideró la posibilidad de quitarse la vida arrojándose al vacío, antes de caer en manos enemigas. Fue cuando recordó que aún conservaba el anillo, decidió abrirlo, desenroscó el diminuto papel y leyó: “Esto también pasara”. El rey sonrió en
silencio, y cobro ánimo para ocultarse en una cueva, en medio de la oscuridad, hasta que ya no corriera peligro.
La leyenda dice que veinte años después, el rey había recuperado todo su esplendor, a fuerza de nuevas batallas y conquistas. El trago amargo había quedado atrás, y ahora regresaba triunfante de la
guerra, en medio de vítores y palmas de una multitud que no dejaba de ovacionarlo.
Uno de los antiguos sabios que caminaba al lado del carruaje real, ya anciano, le susurró al rey:
-Su majestad, creo que hoy también debería volver a mirar el interior de su anillo.
-¿Ahora? ¿Para qué habría de hacerlo? No estoy en medio de una crisis, sino todo lo contrario -replicó el rey.
-Es que esa frase no solo fue escrita para los momentos difíciles, sino también para cuando crea que todo lo bueno pareciera que ha de perdurar por la eternidad.
El rey, en medio de los aplausos, abrió el anillo y volvió a leer: “Esto también pasara”, y descubrió en ese mismo instante, que sentía la misma paz que tuvo cuando estaba a punto de quitarse la vida. El mismo sosiego, la misma mesura lo invadió por completo. Aquel día descubrió que la frase que los sabios le habían entregado era para leerla en las derrotas y por sobre todo, en los tiempos de victoria.” Así que, todo pasa. Lo malo y lo bueno. Nada dura toda la vida. Tanto los sufrimientos, los problemas, los dolores de cabeza –en pocas palabras, la época de las vacas flacas- así como los bienes materiales, las buenas amistades, la vida, la prosperidad, en fin, la época de las vacas gordas… Lo único que nunca pasa es Dios, y no lo digo yo, está en la Biblia en Marcos 13, 31 que dice “El Cielo y la tierra pasarán, más mis palabras no pasarán”… (Por cierto, hay una canción hermosa que me gusta mucho y tiene su origen en la frase de Bíblia y si
quieren escucharla, éste es uno de los tantos
Sí, sé que si estás pasando justo ahorita por esos problemas y sigues en la etapa o fase de “digerirlo”, estas palabras no son más que pañitos de agua caliente, pero ¿sabes?, todos tenemos problemas. Y no, no te voy a decir lo que a mí una vez me dijeron cruelmente: que hay gente muriendo de hambre, que hay huérfanos y pobres, no, no lo haré porque yo entiendo que Tú problema te tiene mal, te tiene en un círculo depresivo, o simplemente preocupado por buscarle una solución, y, aunque tú no lo creas, ese problema que tienes SÍ TIENE UNA SOLUCIÓN, y ese problema que tienes, ya sea con tu pareja, tu familia, en tu trabajo, económico, social, moral, ético, o cualquiera que sea el que estés pasando, PASARÁ. Pero no pasará sólo
quedándote sentado y esquivándolo… Pasará si lo enfrentas, y si no puedes enfrentarlo, pues, pasará si lo superas… pero la única manera de hacerlo: enfrentarlo o superarlo, es con Dios, quien es el amigo fiel que nunca te abandona… ni siquiera hoy.
Quizás te sientas sólo porque en tu caminar sólo estás viendo un par de huellas en la arena –como dice aquél conocido y hermoso cuento-, pero lo que no te has dado cuenta, es que Dios te está sosteniendo en Sus brazos, porque sabe que estás cansado de tanto caminar…
Déjale tu problema a Dios. Entrégaselo a Él. Pídele a Él. Aférrate a Él. Los problemas se ven más grandes porque pensamos que debemos enfrentarlos sólos, como si fuésemos una pequeña hormiga
enfrentando a un gran elefante, y eso no es así. Porque hasta la hormiga más pequeña puede enfrentar al elefante más grande siempre y cuando tenga a Dios con él. ¿Recuerdas la historia de David? ¿Recuerdas la historia Moises? ¿No? Busca tú Biblia y léelas, porque Dios siempre está ahí… sólo que hay que buscarlo y, lo más importante, confiar en Él. Eso es fe.
Me despido con una frase que corre mucho por internet: “No le digas a Dios cuan grandes son tus problemas, dile a tus problemas cuán grande es nuestro Dios”.
¡Vamos! ¡Si tiene solución, ¿para qué te preocupas?! ¡Si no tiene solución, ¿para qué te preocupas?! Total, “esto también pasará”.
Dios te bendiga. Por: Liza Moussa 14/01/2012.