la ciencia y el método del conocimiento
1.2 Ciencias duras y paradigma de la simplicidad
1.4.1 Tipos de conocimiento
En el campo científico, habitualmente, se distinguen dos tipos de conocimientos: el vulgar-empírico; y el científico- metodológico, ambos mutuamente excluyentes; sin embargo, desde una mirada compleja, es decir, desde su antagonismo complementario es posible adicionar un saber emergente a modo de tercero incluido, cuyo carácter relativo y multidimensional hace de dicho saber un conocimiento relacional y complejo. El conocimiento “vulgar” resulta intermedio entre el científico y el relacional y hace alusión a todos aquellos conocimientos y experiencias que tienen que ver con la cotidianidad y los hábitos populares de los sujetos. En él no se utilizan los métodos objetivos y funcionales, ni tampoco la estructura lógica y rígida usada para construir conocimiento desde el plano científico,
ya que basa sus apreciaciones en la opinión (doxa), es decir, en
percepciones individuales y sentido común, motivo por el cual ingresan en su ámbito o espectro las prácticas y técnicas legadas en el encuentro humano a través del lenguaje, los aprendizajes vicarios, la tradición oral, el pensamiento mítico, los rituales, las creencias, las opiniones, etc.
El conocimiento “vulgar”, también asociado al conocimiento bricolaje, se complementa y dialoga a la par y en igualdad de condición, frente al conocimiento científico (o propio del ingeniero, en términos de Lévi-Strauss, 1972), ya que la práctica tradicional, la cosmovisión y la vivencia performática del mito- ritual serán algunos de los elementos que utilizan gran parte de las sociedades humanas para explicar el orden, el desorden, la caoticidad y la autoorganización del mundo y del universo, tanto social como naturalmente construido y significado. Es más, existen varias evidencias etnográficas, como se revela en las obras de: Pensamiento salvaje, Mito y significado, La alfarera
celosa y Todos somos caníbales de Lévi-Strauss, donde las culturas “tradicionales, originarias y primitivas” ya incluían en sus relatos (mitos, leyendas e historias) sobre la existencia de disimiles problemas y fenómenos que las ciencias de frontera contemporáneas apenas están descubriendo.
El conocimiento “vulgar” (o bricolaje) debe complementarse con el conocimiento científico, y viceversa, ya que la supuesta superioridad de este último ha sido parte de una gran ilusión que los propios grupos científicos-académicos y autárquicos han establecido para su propia hegemonía. No sobra enfatizar que la exclusión siempre operará como dispositivo de reducción, así mientras el saber empírico llevado al extremo puede conducir a la fe ciega en lo empírico, la razón, lo comprobable y el sentido común, en contraste, el conocimiento científico en grado extremo puede conllevar al enraizamiento de ideas absolutas, al no cuestionamiento del conocimiento, a la ceguera científica, es decir, la fe ciega en la ciencia como única fuente explicativa de la multiplicidad de eventos emergentes y no lineales que componen la realidad, dando por resultado posteriores aseveraciones que retornan a un par de premisas fundamentales: ¿qué es lo que hemos estado haciendo? y ¿en dónde hemos errado del camino? Lo anterior es visible en la siguiente reflexión pronunciada por sir James Lighthill, entonces presidente de la Unión Internacional de Mecánica Pura y Aplicada en el año de 1986:
Llegados a este punto debo hacer un alto y hablar en nombre de la gran hermandad de los expertos de la mecánica. Hoy somos muy conscientes de que el entusiasmo que sentían nuestros predecesores por éxito maravilloso de la mecánica newtoniana les llevó a hacer generalizaciones, en el campo de la predicción… que hoy han resultado ser falsas. Queremos pedir disculpas colectivamente por haber introducido a error
al público culto al propagar, a propósito del determinismo de los sistemas que cumplen las leyes newtonianas del movimiento, unas ideas que después de 1960 ya no pueden sostener (Prigogine, 2017, pp. 43-44).
Conviene precisar que, en la praxis científica, es habitual excluir los saberes empíricos y cotidianos como fuentes sólidas de construcción del conocimiento científico, motivo por el cual toda apreciación no implicada en la lógica discursiva del método cientificista resulta inapropiada para la elaboración
del discurso y de un ethos científico. En cambio, se encuentra
el conocimiento relacional y complejo, cuya característica principal es el cuestionamiento a las formas clásicas del saber, a través de un antimétodo planteado por Morin (1998) como propuesta de cambio de la forma jerárquica, objetivista, lineal y positivista propia de un saber especializado; así, el antimétodo incluye otras formas del conocer y saber, al no perseguir despiadadamente al error sino que aprehende de esos detalles y eventualidades a favor de una oportunidad para la reformulación y limita el papel de la ciencia como un desarrollo insular y compartimentado. Es relevante especificar que la mirada relacional no excluye totalmente la reducción y la excepción de aquello que crítica, ya que antes que ello, busca integrar y superar sus limitaciones, al reconocer sus aportes, pero orientar su interés hacia el diálogo de saberes y la transdisciplinariedad.
Figura 6. Interrelaciones entre tipos de conocimiento.
Fuente: elaboración propia.
El saber relacional, más que generar procesos, modelos, técnicas, saberes o experiencias equidistantes entre sí, lo que propone es el desafío de coproducir entre los conocimientos un estado de complementariedad constante entre saberes antagonistas, lo que incluye a los conocimientos excluidos y a las posibilidades emergentes de su reunión dialógica, es decir, aquellas cosas que resultan impensables desde una lógica vertical, horizontal y lineal. Esto es importante porque de dicha interrelación pueden emerger nuevos saberes, conocimientos, metodologías, diseños, técnicas, herramientas, instrumentos, intereses o estrategias de investigación, a razón de que el diálogo de saberes y la visión transdisciplinar permitan que el conocimiento científico acoja la diversidad y que esta se complemente a su vez de las múltiples representaciones, acciones, historias, vivencias y factores socioculturales que le
han dado forma al torbellino de inter-retro-acciones en que la investigación se moviliza (Delgado, 2015).
Desde una mirada funcional y conductual, Tamayo (2004) opina que la investigación tiene como quehacer principal observar, explicar, descubrir, anunciar o aproximarse a una predicción de la realidad, de modo que el conocimiento científico, tal como se conoce, responde a una lógica mecanicista y experimental, es decir, un conocimiento sistemático de la realidad que privilegia el control, el pronóstico y la manipulación de la existencia y afirma, además, que el hombre de a pie siempre buscará la fidelidad que este tipo de conocimiento otorga, puesto que está en su ser la propensión a observar, descubrir, explicar y prever la realidad. En consecuencia, en el conocimiento científico se operará de forma esquemática y metódica, mientras que en el saber empírico (vulgar) la opinión no sistemática definirá la construcción de un saber sobre la realidad; a partir de actividades como por ejemplo, la observación, el registro experimental,
la sistematización y la experimentación, el científico logra
contrastar los fenómenos implicados en las variables de la realidad que investiga. Tal como es visible en estos argumentos, la visión de Tamayo (2004) resulta reduccionista y limitada para lo propuesto en este libro, puesto que responde a una mirada positiva y objetivista de la ciencia, aunque no por ello dejen de ser importantes y reflexivos sus aportes, de modo que antes de excluirlos, estos deben ser acogidos y complementados. Desde nuestro punto de vista y al tomar algunos de los aportes de Tamayo (2004), el hombre de a pie usa una lógica no lineal y se imbuye en ella para aprender y aprehender el mundo y sus relaciones y lo hace a menudo de forma indirecta y no planificada, como parte de su proceso de socialización, identidad e individuación, a diferencia del científico, quien
intencionalmente buscar concebir un conocimiento que supere la opinión y el sentido común y que permita replicar, experimentar, contrastar, predecir las trayectorias de eventos que le dan forma al suceso o al fenómeno y que pueda ser usado para explicar fenómenos análogos, de allí que el control de la naturaleza y la explicación de la realidad constituyan la fuente genésica de sus motivaciones. Pese a esta buena intención, la mirada científica resulta restringida y lineal si tiende a la simplicidad, es decir, cuando no puede transitar de la explicación a la comprensión y por esto su beneficio como aparato político e interinstitucional no debe superar
o anular el beneficio de la comunidad humana en pro de
su supervivencia como especie en interacción con otras
especies, ergo, el conocimiento científico no puede ahogarse
en la cavilación individual o grupal excluyente, pues antes que nada debe dirigirse a la reflexión colectiva en torno a la interrelación significante entre vida, cotidianidad, experiencia, ciencia, epistemología y método científico, relación donde el conocimiento científico resulta ser una emergencia compleja y relativa, en constante cambio y metamorfosis.