CAPÍTULO I. FUNDAMENTACIÓN TEÓRICA
1.6. Tipos de escalas de actitudes
Como señalan Carretero-Dios y Pérez (2005) muchos de los constructos que se pretenden medir son fenómenos no directamente observables que supuestamente forman parte de un sujeto determinado. Entre estos constructos podemos incluir las actitudes ya que como señala Bolívar (1995), la actitud, como variable latente, no es susceptible de observación directa, sino que tiene que inferirse a partir de las creencias, sentimientos o intenciones de conducta.
La medición de estos constructos se lleva a cabo a partir de escalas o cuestionarios que contienen indicadores observables como las respuestas que esa persona realiza a ese cuestionario o la bondad de las mismas, que a su vez garantizarán la cientificidad del cuestionario o escala en cuestión (Carretero-Dios y Pérez, 2005).
Hay muchos tipos diferentes de escalas de actitudes que pueden encontrarse en la literatura; y en función de cómo se quiera medir el constructo habrá que elegir un tipo u otro de escala de actitudes. A continuación se presentan los tipos de escalas más relevantes en cuanto a medición de actitudes.
Las escalas clásicas de medición de actitudes se pueden agrupar según el orden de antigüedad en: diferenciales o Thurstone, sumativas o Likert y acumulativas o Guttman, cuyos nombres se deben a los autores que las describieron. Todos los tipos de escalas están formados por series de ítems y en todos los casos la puntuación final de cada sujeto es la suma de sus respuestas para situar al sujeto en el continuo de la actitud medida (Morales, 2000). Se diferencian, sin embargo, en los supuestos básicos sobre la relación entre respuesta a un ítem y la posición del sujeto en el continuo de la variable medida.
Las escalas diferenciales parten de Thurstone (1928) que concibe las opiniones como actitudes verbalizadas. El autor establece analogías de estímulos sensoriales o físicos con los estímulos psicológicos, siendo éstos más o menos intensos. Thurstone propone métodos relacionados con la intensidad para escalar o situar una serie de opiniones según sean más o menos intensas o favorables a la actitud medida. Elaboró tres modelos o tipos de escalas: las comparaciones entre pares, las escalas de intervalos aparentemente iguales (siendo este el más conocido y utilizado) y las escalas de intervalos sucesivos). Edwards (1957) los describe ampliamente en su trabajo. En la comparación por pares se requieren afirmaciones, la mitad de ellas favorables y la otra mitad desfavorables al objeto psicológico. Con estas afirmaciones se elaboran todas las
posibles combinaciones de pares de afirmaciones de manera que cada afirmación quede apareada con todas las demás, sin que estos pares se repitan. Estos pares de afirmaciones se aplican a un grupo de personas denominado sistema de jueces (al menos de 50 personas), cuyo trabajo consiste en marcar objetivamente qué afirmación es la más favorable al objeto psicológico. Con los resultados obtenidos (juicios comparativos), se procede a formar un cuadro de doble entrada (matriz) donde se indica la frecuencia con que cada afirmación fue escogida como la más favorable en su comparación con todas las demás.
Las escalas de intervalos aparentemente iguales comienzan por definir el objeto de estudio. Tras ello, se reúne la información necesaria para la elaboración de aproximadamente cien afirmaciones sobre la actitud. Se deberá cuidar que las afirmaciones se distribuyan a lo largo de todo el continuo psicológico, es decir, que representen diferentes grados de favorabilidad-neutralidad-desfavorabilidad. Tras ello, el grupo de jueces se habrá de seleccionar con cuidado, pues de este grupo depende la validez y la confiabilidad del instrumento que se desarrolle.
Otro de los tipos de escalas que propuso Thurstone son las escalas de intervalos sucesivos. En este caso, la construcción es muy similar al de los intervalos aparentemente iguales pero con algunas variaciones, como por ejemplo, que la valoración por parte de los jueces es más sencilla. Una vez que el grupo de jueces ha dado sus respuestas se les asignan números a los intervalos.
Con las escalas acumulativas o escalas de Guttman o escalogramas se pretende obtener una unidimensionalidad muy clara, midiendo exactamente la misma actitud con diferente grado de intensidad o dificultad, de manera que el hecho de escoger un ítem supone haber escogido también los de inferior intensidad. Sus limitaciones son: que son difíciles de construir y analizar, que el nivel de dificultad no garantiza la unidimensionalidad conceptual (Nunnally, 1978; Kline, 1993), así como otras limitaciones ligadas a la jerarquía, que en niveles de intensidad puede variar con el tiempo, además de que los escalogramas son escalas puramente ordinales.
Al tercer tipo de escalas en esta clasificación, las escalas sumativas o tipo Likert se dedica el apartado 2.4.1.
Stephenson, el diferencial semántico de Osgood, la elección entre alternativas y las listas de ordenamiento.
La Q sort de Stephenson fue propuesta por Stephenson en 1935, pertenece a la categoría de los métodos que requieren ordenar estímulos (gráficos, escritos…). La puntuación final no es de sujetos sino de estímulos. Se considera también metodología cualitativa, pues el interés de Stephenson era revelar la subjetividad presente en cualquier situación. Está en desuso actualmente, pues aplicado a grupos puede llevar mucho tiempo.
En el diferencial semántico de Osgood los ítems están formados por pares de adjetivos opuestos, con 7-9 respuestas en forma de escala gráfica, en la que el sujeto sitúa en la escala el objeto de evaluación.
La elección entre alternativas tiene también su origen en Thurstone. Los ítems se presentan con dos afirmaciones para que el sujeto elija la que mejor le describe o con la que más de acuerdo está.
Y, por último, las listas de ordenamiento son una simplificación del anterior: ordenar una serie requiere comparar todo con todo. Este método es muy utilizado para comprobar jerarquías de valores.
1.6.1. Escalas tipo Likert
Likert (1932) extendió a la medición de actitudes aquello que ya era común en la medición de los rasgos de personalidad: la suma de una serie de respuestas a ítems supuestamente homogéneos, es decir, que expresan el mismo rasgo con la misma intensidad, y que se verifican a partir de indicadores como la correlación ítem-total, comprobando si cada ítem mide lo mismo que los demás.
Los presupuestos básicos de las escalas tipo Likert son que las actitudes pueden medirse a través de preguntas de opinión que expresan pensamientos, creencias, sentimientos y conductas probables acerca del objeto de la actitud. Otras exigencias son que los ítems tengan el mismo significado para todos los sujetos, y que, para responder, los sujetos indiquen el grado de acuerdo con las opiniones. Éstos se codificarán con números sucesivos.
Según Morales (2000) las ventajas que presentan las escalas tipo Likert en relación a los otros tipos de escalas comentadas en el apartado anterior, principalmente con las Thurstone, son:
- Cuando se obtienen los coeficientes de fiabilidad en ambas escalas, éstos son semejantes o superiores cuando se emplea el método de Likert.
- En cuanto a la interpretación de las escalas, algunos autores como Selltiz, Jahoda, Deutsch y Cook (1976) señalan que con puntuaciones idénticas se pueden reflejar actitudes distintas, es decir, una persona que puntúa en tres ítems 1,3 y 4 obtendría la misma puntuación que una que solo puntúa en un ítem con 8. Esto también puede darse en las escalas sumativas, pero en este caso se presta más atención a la unidimensionalidad y el problema es posiblemente menor o se detecta más fácilmente. En las escalas Guttman este problema no existe si la escala está bien construida, lo cual es muy difícil de conseguir.
- Los valores asignados a los ítems de la escalas Thurstone dependen de las actitudes de los jueces utilizados en su construcción, y grupos distintos de personas pueden llegar a valorar los mismos ítems de manera distinta. Las escalas sumativas no necesitan que estos jueces apliquen valores a la escala, sino que ratifiquen la validez de contenido, como explicaremos en el apartado 2.6.6 Análisis complementarios y verificación de la validez.
- Con respecto a la construcción de la escala, las escalas tipo Likert son más fáciles de construir que cualquiera de las otras, por lo que se supone mejor fiabilidad midiendo el constructo que realmente se espera medir.
Algunos autores relevantes en el campo de la construcción de escalas como Spector (1992) y DeVellis (1991) han considerado las escalas tipo Likert como la técnica por excelencia para evaluar actitudes. Aunque, reconocen que son ampliamente utilizadas en las ciencias sociales para medir también opiniones, personalidades y descripciones de la vida de la gente y de su ambiente.