2.5 RIESGO OBSTÉTRICO.
2.5.2 Enfermedad tiroidea.
2.5.2.2 Tipos de enfermedad tiroidea en la gestación Hipotiroidismo:
Se considera la alteración tiroidea más frecuente en la gestantes, presentándose entre el 0,3-2,5% de ellas. Puede presentarse de dos maneras: clínico (TSH elevada y T4L baja) o subclínico (TSH elevada, menor de 10mUl/L, con T4L normal). Se ha observado mayor efecto negativo para la gestante y para el feto en el hipotiroidismo clínico (94). En la gestante, puede aparecer por una ingesta deficiente de yodo. Esta deficiencia es evaluada mediante la determinación de yodurias en orina de 24 hrs (31).
Hipertiroidismo:
Es menos frecuente en la gestación que el hipotiroidismo. Hipertiroidismo clínico (TSH baja con hormonas tiroideas elevadas) es causado en la gestación principalmente por la Enfermedad de Graves o bien por aumento de la HCG. Es importante sospechar la presencia de esta patología cuando no hay aumento de peso esperado o hay baja de peso aún con apetito conservado, falta de fuerza proximal o bien se constata la presencia de bocio o signos oculares a la exploración (94).
También se ha observado la presencia de bocio causado por acción de sustancias antitiroideas, las cuales actúan como inhibidoras de los procesos de captación o asimilación del yodo por parte de la tiroides, provocando un aumento de la tiroides o bocio (95).
Estas sustancias se encuentran en alimentos principalmente de origen vegetal como la rutabaga, nabo, col, mostaza, coliflor, coles de Bruselas, escarola, lombarda, kale, brócoli, zanahoria y espinacas, los cuales contienen tioglucósidos, quienes al ser atacados por la enzima tioglucosidasa o mirosinasa
contenida en los mismos vegetales, liberan isotiocianatos, tiocianatos y tiooxazolidinas, siendo éstas las agluconas activas (95).
La enzima se destruye por calentamiento de los vegetales (90ºC durante 15 minutos), sin embargo las bacterias intestinales son también capaces de liberar los principios activos (95).
Tiroiditis post parto:
Esta patología se presenta durante el primer año posterior al parto, excluyendo la enfermedad de Graves en gestantes sin enfermedad tiroidea previa. Es una enfermedad autoinmune observada en gestantes que tuvieron anticuerpos anti tiroideos positivos, anti TPO o anti Tiroglobulina en el primer trimestre de la gestación, o bien en mujeres con diabetes tipo 1 (94).
2.5.2.3 Complicaciones.
El hipotiroidismo se ha asociado con la presencia de (31):
Preeclampsia.
Desprendimiento prematuro de placenta.
Hemorragia posparto.
Recién nacido de bajo peso.
Alteración en el desarrollo neurológico del niño.
En el caso del hipertiroidismo se han visto complicaciones obstétricas como (31):
Aborto.
Hipertensión inducida por el embarazo.
Prematurez.
Retardo de crecimiento intrauterino.
Bajo peso al nacer.
Insuficiencia cardiaca congestiva en la gestante.
2.5.2.4 Prevención.
La prevención de la deficiencia de yodo durante la gestación se realiza mediante el aumento de la ingesta de este elemento con el objetivo de que la tiroides materna aumente la síntesis de hormonas y la tiroides fetal pueda producirlas (31).
El uso de sal yodada durante el embarazo no es suficiente para cubrir los requerimientos de yodo materno y del feto que favorezca la síntesis de hormonas tiroideas. Es por esto que se recomienda complementar la dieta con la administración de suplementos de yodo, una vez al día, para asegurar una ingesta de yodo de 250 µg/día en el periodo preconcepcional, durante embarazo y en la lactancia (31).
2.5.3 Anemia.
La anemia es un trastorno en el cual el número de eritrocitos, así como la capacidad de transporte de oxígeno a la sangre, son insuficientes para cubrir las necesidades del organismo (96). En ella se puede observar una disminución de la concentración de hemoglobina, del hematocrito o bien del número total de eritrocitos (97).
En la gestación las necesidades de hierro incrementan debido a las pérdidas basales, al incremento de la masa eritrocitaria y del crecimiento del feto, placenta y tejidos maternos asociados, provocando un aumento de la circulación y de los requerimientos de hierro causado por la expansión del volumen sanguíneo hasta en un 50% y de la masa eritrocitaria del 25%. Estos incrementos no son compensatorios por lo que disminuyen los valores de hemoglobina y del hematocrito (por hemodilución fisiológica), y aumentan las necesidades de hierro, provocando una anemia gestacional (98).
Estas necesidades fisiológicas varían según la edad, sexo, altitud sobre el nivel del mar a la que vive la persona, tabaquismo y la etapa del embarazo en curso (96).
La causa más común de anemia, es la deficiencia de hierro, sin embargo existen otras carencias nutricionales como la de folatos, vitamina B12 y vitamina
A, la inflamación aguda y crónica, las parasitosis y enfermedades hereditarias o adquiridas que afectan la síntesis de hemoglobina y a la producción o supervivencia de los eritrocitos (96).
Durante la gestación los niveles séricos de eritropoyetina se incrementan paulatinamente durante el primer y segundo trimestre para llegar al tercer trimestre aumentados. La secreción de eritropoyetina es inversamente proporcional a los valores de hemoglobina y oxígeno en la sangre, por lo que la suplementación con hierro facilita la disminución de los niveles máximos de eritropoyetina (97).
2.5.3.1 Factores de riesgo.
Se han identificado como factores de riesgo en mujeres en edad reproductiva (98):
Donadoras de sangre.
Vegetarianas.
Que consumen una dieta pobre en alimentos ricos en hierro como carnes, cereales fortificados, alubias, lentejas, pavo, mariscos, etc.
Mujeres en embarazo múltiple.
Falta de suplementos multivitamínicos.
Que consumen dieta pobre en alimentos que coadyuvan en la absorción del hierro como brócoli, fresas, pimientos, uvas, jugo de naranja.
Que consumen dieta rica en fósforo o baja en proteínas.
Que consumen dieta rica en alimentos que disminuyen la absorción del hierro como café, té, espinacas y productos de soya.
Con enfermedades gastrointestinales que impiden la absorción.
Mujeres con pérdidas sanguíneas.
También existen otros factores de riesgo relacionados con el nivel socioeconómico de las mujeres:
Inmigrantes.
Multíparas.
Control prenatal inadecuado.
Nivel socioeconómico bajo (98).
2.5.3.2 Diagnóstico.
Según la Organización Mundial de la Salud, se considera anemia en la gestación cuando se presentan valores de hemoglobina (Hb) inferior a 11 g/dl y un hematocrito menor a 33%. Clasificándose en anemia leve (Hb de 10-10,9 g/dl), anemia moderada (Hb de 7-9,9 g/dl), y anemia grave (Hb < 7 g/dl) (96).
Las concentraciones de Hb se modifican sustancialmente durante la gestación, aún en mujeres sanas y con suficiencia de hierro, haciendo adaptaciones al incremento de la volemia materna y a las necesidades fetales de hierro. En el primer trimestre disminuye la Hb, en el segundo trimestre se observa el valor más bajo y en el tercer trimestre aumenta (96).
No debe utilizarse la concentración de hemoglobina por si sola para diagnosticar la carencia de hierro (ferropenia) por lo que es recomendable utilizar otras determinaciones de la situación nutricional con respecto al hierro, que permitan identificar también la intensidad de la ferropenia (96).
Una hemoglobina baja en combinación con un nivel bajo de ferritina (menor a 15 µg/L), es considerado diagnóstico de deficiencia de hierro en la gestación (98).