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Originalmente el artículo 259 del Nuevo Código Procesal Penal, reguló la flagrancia de acuerdo con las características de inmediatez temporal y personal, así en su numeral 2 prescribía: "Existe flagrancia cuando la realización del hecho punible es actual y, en esa circunstancia, el autor es descubierto, o cuando es perseguido y capturado inmediatamente de haber realizado el acto punible o cuando es sorprendido con objetos o huellas que revelen que acaba de ejecutarlo."

Con la dación del Decreto Legislativo Nº 983, de fecha 22 de julio de 2007 se amplió la noción de flagrancia delictiva. A partir de esta norma, y su posterior modificación mediante Ley Nº 29569 de fecha 9 de junio de 2009, se contemplan cuatro supuestos de flagrancia. Además de la flagrancia en sentido estricto, se regula la cuasi flagrancia, y dos supuestos de flagrancia presunta.

El fundamento 8-A del Acuerdo Plenario Extraordinario de la Corte Suprema Nº 2-2016/CIJ-116 precisa:

Lo expuesto comprende lo que la doctrina procesalista reconoce como tres tipos de flagrancia: 1. Flagrancia estricta: el sujeto es sorprendido y detenido en el momento de ejecutar el hecho delictivo. 2. Cuasi flagrancia: el individuo es capturado después de ejecutado el hecho delictivo, siempre que no se le haya perdido de vista y haya sido perseguido desde la realización del delito. 3. Flagrancia presunta: la persona es intervenida por la existencia de datos que permiten

intuir su intervención -en pureza, que viene de ‗intervenir‘- en el hecho delictivo.

a) Flagrancia en sentido estricto

Se encuentra en flagrancia sentido estricto el agente que es descubierto en el momento mismo en que realiza el hecho delictivo, o cuando acabe de cometerlo y es sorprenderlo en el mismo lugar de los hechos, o muy cerca de él.

Este tipo de flagrancia exige la inmediatez personal, la inmediatez personal y la necesidad de la intervención policial.

El Tribunal Constitucional (2004) mediante Sentencia recaída en el Expediente Nº 2096-2004-HC/TC estableció en su fundamento lo siguiente:

Según lo ha establecido este Tribunal en reiterada jurisprudencia, la flagrancia en la comisión de un delito, presenta 2 requisitos insustituibles: a) la inmediatez temporal, es decir, que el delito se esté cometiendo o que se haya cometido instantes antes; b) la inmediatez personal, que el presunto delincuente se encuentre ahí, en ese momento en situación y con relación al objeto o a los instrumentos del delito, que ello ofrezca una prueba evidente de su participación en el hecho delictivo.

El Tribunal Constitucional (2013) mediante Sentencia recaída en el Expediente Nº 04630-2013-PCH/TC-La Libertad (Caso Fermín Maqui Salinas), estableció en su fundamento 3.3.4 lo siguiente:

70 En este sentido, se tiene que la flagrancia es un instituto procesal con relevancia constitucional que debe entenderse como una evidencia del hecho delictuoso respecto de su autor. Así, la flagrancia se configurará cuando exista un conocimiento fundado, directo e inmediato del hecho punible que se viene realizando o que se acaba de realizar instantes antes, situación en la que, por su particular configuración, es necesaria la urgente intervención de la Policía para que actúe conforme a sus atribuciones. En este sentido, lo que justifica la excepción al principio constitucional de la reserva judicial para privar de la libertad a una persona es la situación particular de la urgencia que, en el caso, concurriendo los requisitos de la inmediatez temporal e inmediatez personal de la flagrancia delictiva, comporta su necesaria intervención policial.

En tal sentido, Herrera (2017) señala:

(...) Esta verificación de la inmediatez temporal o personal solo puede darse a través de la percepción sensorial directa. Como ha afirmado el Tribunal Supremo español "la flagrancia se ve, se observa, no se demuestra, y aparece vinculada a la prueba directa y no a la indirecta, circunstancial o indiciaría" (p. 106).

Neyra (2016) citando a De Llerena Suárez – Barcena precisa que:

El requisito de sorprender al delincuente no exige el asombro o sobresalto del mismo, se trata que sea descubierto, su acción delictiva en fase de ejecución

o inmediatamente después de la misma. El descubrimiento ha de producirse precisamente mediante la percepción sensorial del hecho, por parte del sujeto que dispone la detención, es decir, este ha de tener conocimiento del hecho a través de sus sentidos, normalmente la vista (p. 47).

Por su parte Gaceta Jurídica (2010) sostiene que:

El hallazgo del agente de un ilícito penal en circunstancias que configuran flagrancia supone que aquel ha superado con su actuación las fases internas del ítercriminis y, por ende, que ya ha iniciado la fase ejecutiva o externa del delito, esto es, que lo está en plena ejecución o a punto de consumar el hecho delictivo.

En este caso de flagrancia resulta definitoria que el agente policial perciba el hecho ilícito y al agente. En un momento posterior al inicio de la ejecución del delito se presenta la coincidencia temporal entre la realización del hecho ilícito y la aparición sorpresiva del policía (...) (pp. 16-17).

b) Cuasi flagrancia

Peña Cabrera (2017) refiere que para la Corte Suprema, en la cuasi flagrancia ―el individuo es capturado después de ejecutado el hecho delictivo, siempre que no se le haya perdido de vista y haya sido perseguido desde la realización del delito" (p. 65).

Si al agente del delito se le pierde de vista, la cuasi flagrancia se convierte en flagrancia presunta, por lo tanto, no es susceptible de sustentarse la incoación del

72 proceso inmediato.

Complementando lo ya indicado, el mismo autor citando a Araya Vega señala que:

La diferencia entre la flagrancia clásica y la cuasiflagrancia se centra en que en la primera el perpetrador es detenido por quien lo percibió lo percibió directamente en el hecho, mientras que en la segunda el sujeto es detenido luego de una huida sea por el tercero o cualquier otro que tenga que tenga una percepción directa o indirecta del hecho. En la segunda figura, el sujeto aprehendido en flagrancia cuenta en su poder con evidencias de haber cometido el hecho punible (cuerpo del delito), empero se da una suerte de relativización temporal en su efectiva materialidad (pp. 65-66).

c) Flagrancia presunta

Peña Cabrera (2017) sostiene que:

No siendo el agente capturado en el decurso de la realización típica o ni bien haberlo cometido, se hace alusión a un acto de identificación del agente, sea por el sujeto pasivo de la acción o por un tercero (testigo). (...)

Se sale notoriamente del sustento material del delito flagrante, en lo concerniente a la temporalidad delictiva, esto es, el decurso de la realización típica, para ingresar a otros planos de valoración, sostenidos en la percepción, en la visualización que puedan dar indicativos valederos de que una persona acaba de cometer un hecho punible. Es por

ello que Sánchez Velarde anota que esta fórmula constituye en sí una presunción legal de flagrancia en atención a la identificación del agente, lo que hace viable la detención de la persona, no en el momento que comete el delito, sino luego de haber sido identificado por los medios ya indicados y siempre que la captura se realice dentro de las 24 horas siguientes.

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