Fizvos pequeño libro de testo, mas la glosa Non creo que es chica, ante es bien grand prosa, Que sobre cada fabla se entiende otra cosa Sin la que se alega en la razón fermosa.
Juan Ruiz Arcipreste de Hita (LBA, estrofa 1631).
A la Edad Media ibérica llegan dos grandes corrientes fabulísticas antiguas: por un lado, las fábulas esópicas del origen griego y, por otro, fábulas de origen indio, filtradas por el mundo árabe. En presente capítulo de la tesis se analizarán algunas obras capitales en lo que al desarrollo de la fábula europea se refiere, con especial atención a las colecciones de fábulas medievales en sus traducciones castellanas o portuguesas, así como también a las obras originales que integran fábulas procedentes de esas dos fuentes principales. Nuestras consideraciones no se limitan solo al modo en que se introdujo la fábula antigua al medievo europeo como una formación genérica individual, sino también a su incorporación en una unidad mayor; es decir, el procedimiento de integración en estructuras superiores y qué repercusión pudo haber tenido esta integración en cuanto a la adquisición de un cierto estatuto de la fábula en la cultura occidental. Se hará especial hincapié en los tipos y las formas de integración de las fábulas individuales en una unidad mayor, en la intención de la fábula medieval y en las relaciones que se establecen entre la fábula y los géneros afines importantes en el medievo.
Para efectuar este análisis hemos escogido siete obras que se pueden considerar representativas en cuanto a los puntos arriba expuestos, enumeradas según su cronología de aparición: Disciplina clericalis, de Pedro Alfonso; la colección de fábulas conocida como
Bestiarium, de Odón de Cheriton; Libro de Calila e Dimna en su versión española antigua;
otro libro de procedencia árabe conocido como Sendebar; dos obras originales pertenecientes al siglo XIV español: Libro de buen amor, de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, y El Conde
Lucanor, de Don Juan Manuel; y, finalmente, una colección de fábulas en su traducción
47 Como ya se ha podido ver, los límites entre la fábula y algunos géneros didáctico-narrativos próximos, como el apólogo67, son imprecisos, y en muchas ocasiones sus diferencias se muestran más teóricas que reales. Platas Tasende (2007: 46) considera que los autores de la fábula parecen preferir un humor liviano68, el verso y los animales, mientras que los del apólogo, una cierta severidad, la prosa y los protagonistas humanos. No obstante, en la literatura crítica es bastante común que las palabras se empleen como sinónimas (Barba, 1966: 91). La Fontaine ya hizo una pequeña distinción entre ambas palabras: para él, la fábula era una parte del apólogo; aquella el cuerpo, éste el alma o la moraleja.69 Posteriormente se han ido ofreciendo múltiples diferenciaciones teóricas entre ambos términos, si bien en la práctica se entremezclan las características de una y otro hasta el punto de que en muchos casos no pueden diferenciarse.
En el medievo ambos se cruzan con el tercer género épico-narrativo (García Berrio, 2006: 175), utilizado por los oradores eclesiásticos para sustentar los argumentos de una determinada tesis, que representa el núcleo de la prosa medieval de ficción. Se trata de
exempla70 que suelen venir reunidos en los libros medievales y cuyo origen se remonta a las colecciones de apólogos o fábulas orientales. El ejemplo71, que sería lo que hoy en día denominamos refrán, proverbio y fábula, consistía en un relato del que se valían los predicadores, particularmente dominicos y franciscanos, para ilustrar la fe cristiana frente a las herejías. Derek Lomax lo ve de este modo:
El predicador necesitaba recopilaciones de historias de las que pudiera extraer relatos que ilustraran sus temas, y si bien al principio recurrió principalmente a narraciones cristianas, procedentes de la Biblia, los Padres de la Iglesia y las vidas de santos, no tardó en incorporarse la antigüedad pagana – Esopo, Valerio Máximo, Ovidio y, a nuestro propósito, el Physiologus–, y desde comienzos del siglo XII, historias traducidas del árabe (Lomax, 2001: 184).
Según Francisco Martín García, estos corpus de exempla que contienen fábulas, cuentos, chistes y otros géneros próximos se difunden y enseñan en todas las escuelas de
67 De los tres términos griegos (αυμος, μυτϑος y λόγος) que designaban la 'fábula' en la época arcaica, el último se solía traducir al latín como apologus.
68 Cuando Platas Tasende lanzó esta afirmación, posiblemente se refería a las palabras de La Fontaine proferidas en su prefacio a la obra Fable choisis mises en vers, donde este destaca: «C'est qu'on demande aujour'hui. On veut de la nouveauté & de la gayeté. Je n'apelle pas gayeté ce qui excite le rire; mais un certain charme, un air agréable qu'on peut donner à toutes sortes de sujets, même les plus serieux» (Tome I, XVIII).
69 «L'Apologue est composé de deux parties, dont on peut appeller l'une le Corps, l'autre l'Âme. Le Corps est la Fable, l'Âme la Moralité» (Le Fontaine, Tome I, XXIV).
70 Menéndez Peláez habla de enxiemplos, mientras que Barba se refiere a los apólogos.
71 «Exemplum» es el nombre genérico que engloba distintas formas breves como el cuento, la fábula o el apólogo, cuya extensión conceptual resulta dificil de delimitar por su ambigüedad semántica.
48 Europa en el siglo XIII y duran hasta bien avanzado el XVII (1996: 19-20). Y no solo ellos; la fábula, en el contexto medieval, entrecruzaba sus caminos en múltiples ocasiones con otro género medieval donde los animales jugaban el papel determinante y que servía para acercar la doctrina cristiana al pueblo. Nos referimos al bestiario, que, como la fábula, alcanzó gran popularidad en el medievo europeo. Es curioso observar que los dos géneros antiguos viven su nuevo apogeo en la actualidad en el ámbito de la minificción, expresión literaria que se caracteriza por la extrema brevedad, especialmente en el contexto iberoamericano.
Los exempla a los cuales nos hemos referido suscitan nuestro interés tanto por tratarse de textos inscritos en otros textos, como por constituir una formación genérica fronteriza que vemos como el posible punto de partida para la posterior observación de tipo de integraciones e hibridaciones genéricas que se encuentran en la última producción fabulística iberoamericana. Otro elemento relevante lo encontramos en la intención supuestamente didáctica o moralizante, que en numerosas ocasiones es sustituida por otras, como se ha notado anteriormente. Se intentará demostrar que en las colecciones paradigmáticas de la época, el elemento crítico fue en realidad el que llevaba la primacía sobre la intención declarada. En vez de educar o enseñar, el ejemplo se convierte en un poderoso instrumento de crítica y subversión.
Entre los primeros libros de ejemplos orientales de origen indio traducidos en España, aunque no al castellano, está la Disciplina clericalis, que consiste en treinta y tres apólogos orientales. El autor de la traducción del árabe al latín es Rabí Moisés Sefardí, judío procedente de Huesca, convertido y bautizado con el nombre de Pero Alfonso72. Su contenido es una mezcla de sentencias procedentes de filósofos árabes y cuentos orientalizantes a modo de fábulas, a las que se añade una ejemplificación de claras resonancias orientales que el autor conocía por su dominio de las literaturas hebrea y árabe. Los relatos de Pero Alfonso carecen de un marco estable, pues, aunque están estructurados en diálogos, el narrador se muestra inconsistente: en algunas ocasiones es el maestro que aconseja a sus discípulos; en otras, un padre en el lecho de muerte que instruye a sus hijos. No obstante, María Jesús Lacarra sostiene que existe una cierta cohesión, ya que el esquema dialógico se respeta a lo largo de la obra entera y los ejemplos se encuentran agrupados siguiendo una afinidad temática73. Por esta razón, Anna Coons Pyeatt reconoce en la Disciplina Clericalis un marco, aunque sea deliberadamente impreciso y errático (2005: 50). Aparte del marco dialógico, en Disciplina
72 Se convirtió al cristianismo en 1106 y adoptó el nombre Pedro Alfonso ya que según algunas fuentes históricas su padrino fue el rey Alfonso el Batallador.
73 Los cuentos se encuentran agrupados según los ejes temáticos: sobre la maldad de las mujeres, sobre la muerte, sobre los poetas y los reyes, el paso del tiempo, etcétera.
49 también se emplea la inserción directa, el procedimiento común en la inserción de ejemplos utilizado por los compiladores medievales, que consiste en atribuir el relato a un narrador ficticio que lo refiere en el estilo directo. El propio autor explica su método, la intención y los materiales que tuvo a mano en el acto de composición:
He aquí la razón por la cual he compilado esta modesta obra, hecha en parte de sentencias de filósofos y de sus comentarios, en parte de proverbios y fábulas árabes y en fin de comparaciones tomadas de animales y pájaros. He también respetado la justa medida, ya que si escribiera más de lo necesario mis escritos serían más una carga que una ayuda para el lector. Yo quisiera que esta composición sea –tanto para los que la leen como para los que la escuchan– una ocasión para instruirse. Que gracias a lo que contiene, se acuerden de lo que han olvidado (Disciplina clericalis, 2).
La difusión de esta obra fue amplísima, y se debió en gran parte a que su autor la compuso en lengua latina, lo que abría a toda la Europa cristiana las puertas al apólogo oriental. De ello son testimonio los manuscritos conservados, que superan el medio centenar. Según Tolan (1993: 74) se preservan setenta y seis manuscritos, ninguno de ellos en castellano medieval. Serafín Bodelón afirma que:
La obra del español Pedro Alfonso se convierte en el modelo del género para toda la literatura europea, a deducir por el número de manuscritos (unos cincuenta), el número de citas y derivaciones que de él hacen otros autores como Jacques de Vitry y Thomas de Cantimpré, por ejemplo; e igualmente el número de traducciones y adaptaciones es múltiple y variado en lengua vulgar (Bodelón, 1989: 100).
En su estudio de la recepción de Disciplina clericalis en la Edad Media, John Tolan identifica algunos cambios que se producen en su intención didáctica primordial:
Alfonsi concieved the Disciplina clericalis as a piece of Wisdom literature, a didactic and moral text containing proverbs and fables. Many of Alfonsi’s readers, in all periods of the Middle Ages, see the text in the same light, as a pagan moral text similar to works of Seneca and Aesop. In the thirteenth century, however, preachers such as Jacques de Vitry begin to use the Disciplina’s stories in their sermons: the fables of the Disciplina become exempla and as such attain their greatest distribution and popularity. In the fourteenth and fifteenth centuries, scribes and authors rewrite the stories of the Disciplina once again, emphasizing neither their didactic nor their religious uses, but delighting in them simply as tales (Tolan, 1993: 132-33) (63 en Pyatt).
De ahí se puede deducir que la obra de Pedro Alfonso sufre cambios en cuanto a su propósito aun en los siglos pertenecientes al medioevo: los lectores ya no buscan en ella una finalidad didáctica, sino más bien procuran gozar de la lectura. La influencia de Pedro Alfonso se puede rastrear en muchas obras posteriores, siendo también fuente de inspiración para autores como Vicente de Beauvais, Gonzalo de Berceo, Don Juan Manuel, Juan Ruiz el Arcipreste de Hita, Boccaccio, el Arcipreste de Talavera, Chaucer y tantos otros.
50 La Edad Media no conoció ni a Esopo ni a Fedro de un modo directo, sino que lo hizo a través de colecciones latinas derivadas en verso o en prosa y, sobre todo, gracias a los numerosos imitadores directos o casi directos que tuvo. Una de las más conocidas en prosa fue el Romulus, atribuida a un tal Rómulo74, un «Aesopus latinus» que data del siglo VIII o IX y que sirvió de puente entre la fabulística antigua y la medieval occidental tanto en latín como en idiomas vernáculos. La colección recoge versiones latinas en prosa procedentes de Fedro o de distintas fábulas griegas; en concreto, una serie de ochenta y cuatro fábulas en prosa en las que se incluyen tanto las de Fedro como otras treinta y dos con otro origen.
De este Romulus, o de algunas de sus derivaciones, descienden, entre otros, las sesenta y cuatro fábulas de Gualterius Anglicus75, las ciento tres fábulas de María de Francia76 y noventa y seis fábulas de Odón de Cheriton77, que de igual modo bebió de las fuentes orientales como se verá a continuación. Alvar, Carta y Finci destacan que durante la Edad Media también se conocieron las fábulas de Aviano, que en parte pasaron a enriquecer la tradición de Romulus. Así lo atestiguan algunos manuscritos franceses de la familia de Isopet
I de Paris que, junto a cincuenta y ocho fábulas procedentes de la compilación de Gualterius
Anglicus, acoge dieciocho traducciones de Aviano. Las colecciones de fábulas reúnen textos que son en sí mismos unidades independientes, por lo que resultan fáciles las contaminaciones o la incorporación de materiales ajenos (Alvar, 2011: 236).
Las colecciones europeas escritas en latín mencionadas arriba fueron muy utilizadas por los predicadores medievales, que extraían de ellas cuentos y anécdotas a fin de ilustrar las verdades religiosas. Sin embargo, la intencionalidad de la de Odón de Cheriton, también conocida con el nombre de Bestiarium78 o Brutarium, parece distinta. Es significativo el comentario de Eustaquio Sánchez Salor en edición de las fábulas de Odón respecto a la finalidad tradicional moralizante y didáctica de la fábula. Sánchez Salor subraya que, en el
74 En la dedicatoria de varios manuscritos aparece el título de emperador junto al nombre de Romulus, y en algunos casos llega a afirmarse que el autor lo tradujo del griego al latín (Alvar, 2011: 234). Aunque esta atribución carece de fundamento, el hecho en sí no impide que la colección alcanzara gran éxito durante la Edad Media.
75 También conocido como Gualterius Palermitanus, autor anglo-normando que alrededor de 1175 compuso una colección de las fábulas esópicas en latín, tambien citado como Romulus en verso o Romulus
elegíaco debido a su composición en verso.
76 Poetisa de origen francés que vivió en Inglaterra a finales del siglo XII. Se le atribuye la primera adaptación de las fábulas de Esopo al francés, conocida como Ysopet.
77 Eudes de Ceritón o Odo Ceritonensis, monje inglés que escribió en los años 1219-1221 una colección de noventa y seis fábulas (según Sánchez Salor son 112 porque cuenta las seis versiones de la misma fábula que se presenta al principio de la obra de Odón [1992: 211]) para incentivar la fe cristiana en el clero y pueblo corrompido. La obra de Odón fue traducida al castellano al principio del siglo XV bajo el título Libro de los
gatos.
78 En el primer capítulo de la tesis se explica la diferencia entre la fábula y el bestiario, dos géneros antiguos que alcanzan gran popularidad en la Edad Media
51 caso de Odón, se trata de «pura crítica de los vicios de las jerarquías eclesiásticas79 y sociales de la época» (1992: 6), como también de las costumbres, que se exponen a la burla. En otras palabras, se critican ridiculizando. El autor profundiza sobre el asunto:
Este ataque duro e irónico es el primer rasgo que destaca en las piezas de Odón; se trata de piezas de carácter negativo. No se pretende animar, no se pretende enseñar, no se pretende moralizar; se busca y se hace, sobre todo y por encima de todo, la crítica. Con ello la fábula deja de tener la finalidad didáctica y moralizante que tradicionalmente había tenido; deja de ser fábula para convertirse en sátira (Sánchez Salor, 1992: 212).
Por lo tanto, la novedad de esta colección respecto a las otras que circulaban por Europa en esa época la ofrece el tono de sátira con que su autor ataca a los diversos estratos sociales, especialmente a los sectores más influyentes del clero y autoridades seculares, no tanto por sus vicios o por su forma de vida, sino por el trato y el comportamiento que tienen para con los pobres. La impresión que se tiene al leer estas breves composiciones de Odón es que su autor intenta no tanto corregir y mejorar, como protestar contra las diferencias sociales. Aunque Sánchez Salor afirma que Odón introduce la ironía en la fábula, en el primer capítulo de esta tesis se ha visto que la ironía fue ingrediente muy común, si no obligatorio, en las fábulas antiguas griegas. Sea como fuere, hemos podido ver que el objetivo de las fábulas de Odón no es pedagógico ni didáctico, sino satírico.
Las fábulas de esta colección no están insertas en un marco narrativo, sino que constituyen unidades autónomas que forman parte de un repertorio y que pueden ser leídas o utilizadas individualmente con cualquier otro propósito. Otro punto relevante en cuanto a esta investigación es la inclusión en su obra de composiciones que por su estructura y su intención se parecen a las entradas del bestiario, aunque en su contenido difiera sustancialmente del
Fisiólogo, el bestiario-lapidario por excelencia80. En su tesis doctoral sobre el bestiario hispanoamericano contemporáneo Esperanza López Parada, al referirse a las colecciones de fábulas y bestiarios medievales, señala:
Antes, durante la Edad Media, la coexistencia de ambas fórmulas zoológicas será de una gran fecundidad y diálogo. Las dos tenían la propiedad de instruir y moralizar divirtiendo. En todas
79 Sírvanos de ejemplo la fábula «Sobre los ratones, el gato y otras cosas» (Apéndice 8).
80 Al respecto de los hábitos del águila Odón cuenta el ejemplo siguiente:
«El águila, cuando tiene pollos, pone sus cabezas frente al sol. Al pollo que sin rechazar los rayos mira al sol le conserva y alimenta; pero al que no puede mirar al sol le arroja del nido.
Así se porta el Señor con sus pollos en la Iglesia: A los que saben contemplar a Dios y a las cosas de Dios los conserva y alimenta; pero a los que no saben contemplar sino lo terreno los arroja a las tinieblas externas» (Odón en Sánchez Salor, 1992: 230).
Por el contrario, el Fisiólogo cuenta que el águila al envejecer vuela hacia el sol, quema sus alas y oscuridad de sus ojos, baja a la fuente, se baña tres veces en ella y sale rejuvenecida. De mismo modo, el hombre se despoja de sus pecados y costumbres viejas en el bautizo y sale rejuvenecido y renovado (Guglielmi, 2002: 74). En este ejemplo se puede observar que la estructura y la función se mantienen, pero la fuente en la que se inspira Odón no está directamente relacionada con el Fisiólogo.
52 las bibliotecas se frecuentaban títulos de una y otra modalidad. […] Estaríamos ante dominios solidarios y no enfrentados, espacios que se apoyan […] donde hay una corriente de préstamos y de deudas (1993: 307-308).
Esta proximidad de los dos géneros antiguos, como se ha notado anteriormente, se actualiza en el ámbito de la minificción contemporánea iberoamericana.
Las fábulas de Odón abundan en referencias intertextuales directas o indirectas. En sus breves composiciones aparecen dichos populares, citas bíblicas, citas de autores de la antigüedad clásica, así como también alusiones, más o menos transparentes, a los Evangelios