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Toda verdad es triangular: inmanencia y relacionalidad constitutivas de la Trinidad

II. EL C OMPENDIUM : LAS POTENCIAS DEL SER, LAS REALIZACIONES EN EL ORGANISMO

2. El misterio trinitario: base hipostática de los seres y las cosas

2.2 Toda verdad es triangular: inmanencia y relacionalidad constitutivas de la Trinidad

«Toda verdad es triangular y ninguna demostración responde a su objeto más que en virtud de una fórmula triplemente triple»115. La explicación que ofrece Delsarte, aunque muy

probablemente inconclusa116, da algunas luces sobre la «triple triplicidad» de la verdad, es decir,

de aquello que podemos afirmar sobre la constitución del mundo creado:

Para penetrar el sentido de ese teorema, en principio enigmático y cuya fórmula definitiva nos reservamos a propósito, para explicarse la universalidad de sus aplicaciones y apreciar su maravillosa fecundidad, en fin, para atravesar el velo de las oscuridades en las que parece

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Al respecto es importante señalar que Delsarte no se ocupa en ningún momento de establecer correspondencias entre las facultades del hombre y las personas de la encarnación en Cristo. No afirma nunca, por ejemplo, que entre la potencia de la vida y el Hijo haya una afinidad, como tampoco lo hace con el Padre ni con el Espíritu Santo, y las potencias restantes. En ese sentido, entre las múltiples facetas del actor no podremos contar la de teólogo y tampoco la de cristólogo. Sería ya pedirle demasiado.

115

Delsarte, François. «Notre méthode», en Porte, Alain, op. cit., p. 28.

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envuelto, hay que comprender las cosas de Dios. Para ello, es necesario proseguir el estudio hasta las profundidades de sus inmanencias, y es especificando las afinidades de relación de las tres adorables personas entre ellas, como es posible elevar el espíritu a la región de las translúcidas claridades que brotan de la divina oscuridad de ese misterio. Pues cada uno de los términos de la trinidad está en los otros.117

Sin la pompa a veces fatigante del actor, lo que hay que comprender ahora es esto: que las relaciones entre las tres personas son, como ya hemos dicho, modelo de analogía con respecto al mundo, y que en el mundo –esto es, en «en las profundidades de sus inmanencias»– se encontrará invariablemente el carácter primario de la Trinidad: el hecho de que cada uno de los términos es correlativo y co-esencial a los otros dos. Éste es el origen del «criterio universal» llamado por Delsarte «acorde de novena», que, como vimos, rige la totalidad del Compendium. En este sentido, la ontología delsartiana –del hombre, para lo que nos ocupa– deberá reflejar la conformación trinitaria de la encarnación. Para ello, es necesario no sólo que se admita la existencia de tres instancias, sino que se haga evidente el modo en que se relacionan, lo cual exige ahondar en el concepto de circumincesión. En efecto, la definición de la Trinidad se juega por completo en dicho concepto, que designa el carácter de la coexistencia de las tres personas. De acuerdo con Gilles Émery, el término utilizado aquí por Delsarte tiene una vieja historia. Fue acuñado en el siglo XII por Burgundio de Pisa, traductor al latín de San Juan Damasceno, para traducir la palabra griega perichoresis, asumida primero por la cristología (Máximo el Confesor, en el siglo IV) para designar la unión y «comunicación recíproca» de las dos naturalezas –divina y humana– en Cristo, y luego por la teología trinitaria (Damasceno en el siglo VII) para referirse a la «inmanencia común» y la «interioridad recíproca de las tres personas»118.

El concepto perichoresis comprende dos aspectos fundamentales. El primero, la cosustancialidad de las personas: que a pesar de ser tres, constituyen una sola entidad. Y el segundo, que las tres instancias se compenetran de modo recíproco, están una en las otras dos. La necesidad de acuñar una noción semejante provenía, tanto para la cristología como para la teología, de la exigencia de superar la laguna conceptual producida por la combinación de estos aspectos, a los que se suma la idea de que cada persona tiene un carácter propio, que, sin embargo, no pierde

117

Delsarte, François. «Notre méthode», en Porte, Alain, op. cit., p. 28. [Las cursivas son mías].

118

Cf. Émery, Gilles. The Trinitarian Theology of Saint Thomas Aquinas, trad. Francesca Aran Murphy, Oxford University Press, 2007, pp. 298-301. El término pasó a la escolástica latina con dos grafías: circuminsessio y circumincessio. Mientras que la primera sugiere una relación más estática (circuminsessio = de circum, en torno; e insidere, sentarse, estar sobre o dentro de otro), como presencia o inhabitación mutua; la segunda (circumincessio = de circum, e incidere, avanzar), sugiere una relación más dinámica, entendida como efusión o compenetración mutua. Cf. http://www.mercaba.org/VocTEO/C/circumincesion_y_circuminsesion.htm. Delsarte utiliza la palabra francesa

79 por la interpenetración con las otras dos119. En ese sentido, la referencia a la perichoresis o

circumincesión supone que se admita la unidad, la indivisibilidad y, a la vez, la triplicidad de la naturaleza de esta unión, de suerte que cada una de las instancias conserva su propio carácter, y, simultáneamente, el de las dos restantes.

A ello hay que agregar, entonces, que la definición de la Trinidad es relacional. En efecto, si las personas son una y se compenetran recíprocamente, es preciso aceptar que cada una de ellas sólo es lo que es en virtud de su relación con las otras. Y aquí, el concepto de circumincesión aparece en toda su potencia, tanto para la elaboración de una ontología del mundo creado –así lo sostiene Coling E. Gunton120–, como para la fundamentación de una tecnogonía a la manera

delsartiana.

Gunton afirma que la potencia de este concepto radica en que da cuenta de la relación dinámica de Dios con el mundo, esto es, del modo en que eternidad y espacio- temporalidad pueden ser pensados en sus relaciones, manteniendo sin embargo una distinción estricta de naturaleza.

En las discusiones modernas sobre la doctrina de la Trinidad en que su valor ha sido puesto en duda, el concepto de perichoresis suele aparecer como un ejemplo del modo en que la doctrina resulta más especulativa e inútil. Quiero sostener lo contrario: que éste abre toda clase de posibilidades para el pensamiento. La primera razón es que está cargado de concepciones espaciales y temporales, que involucran movimiento, repetición e interpenetración; la segunda razón es que es una implicación de la unidad-en-multiplicidad de la relación económica divina con el mundo. (…)

(…) Es una manera de expresar la unidad y pluralidad del ser de Dios cuya interacción con el

mundo es unificada y, sin embargo, diversa (…) El punto central de este concepto es que permite a la teología preservar lo uno y lo múltiple en interrelaciones dinámicas. Ello implica que

las tres personas de la Trinidad sólo existen en una relacionalidad recíproca y eterna. (…) Las tres

no sólo coexisten, sino que se constituyen la una a la otra dinámicamente.121

La tesis de Gunton extrae, para el mundo creado, las consecuencias de la «eterna y recíproca relacionalidad» de las tres personas, lo que le permite afirmar que el concepto de perichoresis sirve para dirimir el conflicto intelectivo que se produce cuando se quiere explicar la mutabilidad y multiplicidad del mundo acudiendo a principio trascendentes caracterizados por la unidad y la eternidad122. Así pues, si la acción de Dios en el mundo es a la vez, múltiple y unitaria, también las cosas del mundo lo son. En conclusión, el principio que permitiría distinguir unas de otras

119

Cf. Crisp. Oliver, op. cit., pp. 1-2.

120

Cf. Gunton, Colin E. The One, the Three and the Many. God, Creation and the Culture of Modernity. Cambridge University Press, 1993, pp. 163-166.

121

Ibídem, pp. 163-164.

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80 las cosas creadas es aquel según el cual ellas se definen por sus relaciones recíprocas. La relacionalidad [relatedness] se convierte así en el principio ontológico explicativo de la creación. En ese sentido, también Gunton, como lo he hecho yo en la elaboración del principio de correspondencia, afirma que las relaciones de la Trinidad deben ser asumidas como criterio de analogía para pensar el mundo creado123, lo cual obedece a la clara prevención teológica de

mantener de algún modo la distancia entre Dios y la creación. Aquí, una vez más, inmanencia y trascendencia deben ser pensadas en una tensión permanente, pues un aspecto central de la doctrina trinitaria que asume como concepto definitorio la perichoresis consiste en evitar toda concepción panteísta. Por esta razón no es posible afirmar que en el hombre las relaciones de interpenetración se den exactamente del mismo modo que lo hacen en Cristo, pues hay una diferencia que tiene que ver con el grado de perfección de dicha unión.

Atendiendo a esta diferencia, podemos aportar a la comprensión de Delsarte una distinción conceptual que él mismo no hace124, pero que a mi juicio resulta útil para establecer el límite de

la analogía a la que nos hemos referido, y que consistiría en restringir el uso del término «circumincesión» a la relación existente entre las personas de la Trinidad propiamente, y reservar el uso del término «reverberación» para las relaciones entre las distintas instancias del hombre – tanto ontológicas como orgánicas–. Ello no resta, sin embargo, el aporte de este concepto para pensar al hombre, siempre que aceptemos que la analogía puede ser mantenida con un límite que es, por cierto, el límite mismo del misterio125.

Para hacer el ejercicio de traducir estas consecuencias a los términos delsartianos, diremos entonces que todo lo que puede ser dicho del mundo creado, debe ser dicho de tres modos, en virtud de cada una de las instancias que constituyen la encarnación. Así pues, «toda verdad es triangular». Y a la vez, cada uno de estos modos contiene en sí otros tres: el suyo propio, y aquellos que se derivan según se considere cada instancia en su relación de mutua

123

Cf. Ibídem, pp. 166-173.

124

Para citar sólo un ejemplo, cuando el actor se refiere al cuadro en el que se sintetizan las acciones de cada una de las facultades (cf. Supra,p. 57) y lo compara con el esquema del triángulo intersectado por tres círculos en cada uno de sus ángulos (cf. Supra, p. 59), dice: «Encontramos en este cuadro las intersecciones [embrassements] que había constatado en los círculos, las circumincesiones … ». Delsa te, Alai . «Le o pe diu », e Po te Alai , op. cit., p. 122. [Las cursivas son mías].

125

Como se comprenderá, un desarrollo más profundo de la doctrina teológica de la Trinidad y del concepto de circumincesión resulta imposible en este trabajo, que, en el presente capítulo, tan sólo pretende dar cuenta de los elementos que articulan el pensamiento de Delsarte en torno a la relación entre ontología y la tecnogonía, y que, en tal medida, se vería excedido por una pretensión semejante.

81 compenetración con las otras dos, de suerte que «ninguna demostración responde a su objeto más que en virtud de una fórmula triplemente triple». Es así como podemos entender que al exponer el orden de las derivaciones de su sistema, Delsarte insista incesantemente en mantener la tripartición, y en mostrar en cada caso, cómo ésta se compone de relaciones recíprocas que la definen.

2.3 Consecuencias del principio trinitario para la ontología y la tecnogonía de