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4. The Tower : el orden de lo poético

4.2. THE TOWER

El tríptico poema homónimo al poemario crea imágenes más misteriosas que las del poema de apertura. Fue escrito un año antes que su predecesor y lo cuadruplica en

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extensión. Su primera parte es el lamento del poeta por la insuficiencia de su imaginación, oído y ojo: para él, es decepcionante seguir envejeciendo sin tener claridad de sentidos. Sin embargo, no se refiere a una lucidez física puesto que no anda en búsqueda de lo material. Por el contrario, necesita reconocer la plenitud de la madurez que no se liga necesariamente a la vejez, aludiendo al poema anterior. Yeats desea alcanzar la más extenuante de las cacerías: pedirle ayuda a sus referentes culturales y filosóficos para que lo guíen “Until imagination, ear and eye,/Can be content with argument and deal/In abstract things” (Yeats,

1928, p. 5). Las Musa, Platón y Plotino serán sus compañeros iniciales de este viaje en busca de la captura de ese abstracto.

La segunda sección, escrita en pentámetros yámbicos, cuestionan cómo se debe desarrolla dicha madurez. La metáfora de la torre –la cual no es mencionada como tal- contribuye a esta formación: los hombres tienen cimientos culturales y experienciales que no pueden eludir. La torre es aquel pilar vigilante que se instala en el suelo y que entre más viejo se hace más se engancha a él. Su asentamiento es tanto benéfico como peligroso: el hombre está tan cerca de ella que se ciega a sí mismo y olvida por completo que desde su altura se proyecta y se ilumina tanto el devenir como la condena.

Lo primero que Yeats poetiza son sus asentamientos: él evoca desde las ruinas de

las casas y de los árboles a su imaginación para preguntarles a sus “images and memories”

por la absurdidad que padece. Dos leyendas destellan en su cabeza: Mrs. French y la pequeña niña –Mary Hynes, de acuerdo con Finneran- pertenecen al folklore irlandés en el que los hombres son encantados por éstas hasta la subordinación y locura. Ellas atraen a sus sirvientes a través de iluminaciones de candelabros o de cantos para que pierdan sus horizontes, como ocurría con las sirenas de la leyenda troyana. Estas seducciones hacen que

los débiles e impulsivos dejen todo tras de ellos y perezcan porque “they mistook the

brightness of the moon/For the prosaic light of day”. También se debe recordar que para Yeats la luna es el símbolo más abstracto y maravilloso cognoscible al hombre, y no

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escatima en alabanzas hacia ella en A Vision12. Sin embargo, también suele señalar que la

mayoría de ocasiones la aprehensión de ella y de todos estos seductores encantos son inútiles y sus búsquedas desembocan en la locura. La obstinación y el desenfreno es una condena cuando todos los cimientos –incluyendo a Homero y Helena- recuerdan cuán ciegos son los hombres.

Yeats abole dicha condena en el reconocimiento del problema. Además se percata de la salida que él mismo contribuyó a forjar con sus proyectos tempranos, su The Celtic Twilight y una de sus creaciones más creíbles: Hanrahan. Él es una de las leyendas de su

autoría y que aparece principalmente en The Stories of Red Hanrahan. Fue Yeats quien lo

creó y quien lo dotó de cultura veinte años antes de la escritura de este poema (el libro es de 1905). Tan sólida es su creación que en un punto logró desprenderse de su autor y ahora es un hombre independiente que posee recuerdos y reminiscencias. Yeats no lamenta tanto su

independización como el despojamiento de su proyección; ahora Hanrahan es “An ancient bankrupt master of this house”: la casa de los recuerdos de Yeats.

La reunión de todas las dudas de Yeats es una acumulación de experiencia tanto

trasmitida como vivida. Los “men-at-arms” que bien pueden ser las leyendas o las hordas

de británicos colonizadores, son interrogados por el poeta, quien a la vez se cuestiona si alguien más se ha preguntado por los mismos y si lo amerita. Su revelación consiste en que

todos son superfluos mientras Hanrahan permanezca: “But I have found answer in those

eyes/That are impatient to be gone ;/Go therefore ; but leave Hanrahan/For I need all his

mighty memories”. Las últimas dos estrofas del segundo apartado son crípticas pero reveladoras. La primera es directa: Yeats le pide a Hanrahan -que es una de sus máscaras así él crea su desprendimiento- que abra sus memorias y le ayude a reconocer el laberinto de los otros seres. Hanrahan se separó de su creador para regresar a él vigorizado después de pasar a hacer parte de la cultura irlandesa y, una vez inmersa en ella, puede contribuir a develar cuál es dicho laberinto. De la última estrofa se puede concluir que, a pesar de que

12A Vision

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hable de un ente femenino, la imaginación se despeja de su eclipse siempre y cuando se reconoce sobre qué está parada.

El tercer y último fragmento es la comunión de todas las imágenes míticas anteriores bajo un único llamado: la declaración de independencia irlandesa en nombre de Yeats a través de un simbólico testamento. Aunque nunca mencione la palabra Irlanda, el contexto de la obra permite comprender que éste exalta el orgullo y la valentía de sus camaradas. Sin embargo también recuerda que, así como se puede rechazar a los guías iniciales –Plotino y Platón- no se debe olvidar su influencia constructiva. Las estrofas más esclarecedoras de este poético obituario corresponden al anuncio del próximo meollo literario de The Tower:

después de resaltar sus ideales culturales –Grecia, Roma, la imaginación, el amor, la perseverancia, entre muchos más- proclama que “All those things whereof/Man makes a

superhuman,/Mirror-resembling dream”. Por último, estipula en su políticamente cargado

escrito que sus seguidores deben conservar la fe y el orgullo de perseguir dichos ideales. Con este poema Yeats reconoce que alcanzó la madurez intelectual para encargarse de las riendas culturales de su pueblo. Dicha madurez se alimenta de estudio, de persistencia y de la trasmisión del ideal que está ayudando a desarrollar.

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