En 1979, Harry Benjamin junto a otros colegas cirujanos, psiquiatras y endocrinos, fundan la Harry Benjamin International Gender Dysphoria Association (HBIGDA)[2], actualmente conocida como World Professional Association of Transgender Health (WPATH), la principal organización de profesionales que trabajan con poblaciones trans* en el ámbito sanitario y desde la que se publican los “Estándares de Cuidado” (Standards of Care, SOC)[5] en el que se basan la mayor parte de guías y protocolos de asistencia sanitaria para personas trans* en todo el mundo.
Estos estándares, hasta su última publicación de 2012 (SOC 7), articulan un cuidado de la salud trans* que pivota casi exclusivamente sobre la necesidad de tránsito físico de las personas trans* a través de un eje lineal y rígido que pasa por:
a) Valoración psico-psiquiátrica con Test de la Vida Real durante al menos un año. b) Tratamiento hormonal, al menos, durante dos años.
c) Tratamiento quirúrgico.
Este sistema de atención a la salud de las personas trans*, comúnmente conocido como Tríada terapéutica, no contempla la salud de las personas trans* en sí mismo, pues no dispone de programas o recomendaciones de prevención de salud trans* específicos, no aborda la salud sexual y reproductiva de las personas trans*, no ofrece una perspectiva bio-psico-social del cuidado de la salud trans* ni contempla las posibles concomitancias de factores de salud y enfermedad que puedan tener las personas trans* y como éstas pueden intervenir en los procesos de tránsito.
La tríada terapéutica en la que se basan la gran mayoría de protocolos de atención a la salud de las personas trans* en el mundo no es más que una mera guía de “transformación corporal”, más o menos rigurosa, en relación a los cuidados de la salud durante un proceso de tránsito, que no logra ofrecer ni por asombro unas recomendaciones no estigmatizantes sobre cómo acompañar la salud de las personas trans* de una forma respetuosa, integral y multidisciplinar.
En este sentido, cabe remarcar que desde 2010, las publicaciones e investigaciones científicas en relación a la salud de las personas trans* ha ido en aumento de forma exponencial [6]. Cada vez son más las personas del ámbito sanitario que acompañamos a las personas trans* que nos vemos abocadas a un trabajo casi a ciegas en el acompañamiento de la salud de las personas trans*, con escasa o nula evidencia científica en relación a algunas de nuestras actuaciones y las consecuencias futuras que tendrán sobre la salud integral de quienes acompañamos. Son cada vez más las publicaciones científicas de distinta índole que recomiendan ahondar de una forma urgente en el conocimiento riguroso de la salud de una población con altos índices de psicopatología secundaria a la transfobia social, con un consecuente riesgo de conductas y hábitos nocivos para sí mismas y que están expuestas a un innecesario riesgo de iatrogenia por la falta de investigación y de formación en materia de salud trans* específica por parte de muchos profesionales de la salud [7].
Es por ello que, desde este humilde texto y como médica de familia comprometida con la salud de las personas trans*, quiero desarrollar el concepto de Salud Trans* Positiva aprendido de la plataforma de asociaciones catalanas Transforma la Salut [8].
Cuando hablamos de Salud Trans* Positiva no sólo hacemos referencia a una forma de acompañar la salud de las personas trans* desde el respeto hacia el proceso de introspección sobre la identidad sexual, íntimo y personal, que cada persona debe tener derecho a poder disfrutar de una forma libre y segura. La Salud Trans* Positiva es, además, un nuevo marco conceptual desde donde construir un acompañamiento sanitario que algún día podrá ser eje y estructura para otros procesos de acompañamiento vital.
Se trata de comprender que cada persona tiene derecho a decidir sobre sus procesos de salud o de enfermedad desde el principio de autonomía, beneficencia, no maleficencia y justicia, los cuatro principios bioéticos mínimos de cualquier acto sanitario.
En este sentido, las personas trans* ven vulnerados de forma habitual todos estos principios en su relación con los servicios sanitarios.
En primer lugar, se merma institucionalmente su capacidad de autonomía para decidir sobre sus procesos de tránsito en tanto que son pre-juzgadas como personas que pueden estar “equivocadas” en las decisiones que puedan tomar en relación a las modificaciones corporales que decidan realizar, por lo que son sometidas - injustamente con relación a la población cisexual - a un proceso examinador de quienes son y basado, a menudo, en una percepción cultural subjetiva del género y su expresión.
Además, el principio de beneficencia en relación al cuidado de la salud de las personas trans* se ve sometido por el miedo de la no-maleficencia de muchos profesionales de la salud, pues la incertidumbre y la falta de evidencia científica sobre los procesos a largo plazo de los tránsitos, así como el propio desconocimiento de las realidades trans*, conducen a priorizar una no-actuación frente a otra que ha demostrado ayudar a mejorar la calidad de vida de muchas personas trans*.
Pero la Salud Trans* Positiva no sólo responde a una necesidad moral de ejercer nuestra profesión desde una perspectiva ética, sino que, además, proporciona la posibilidad de aprender a evitar posibles comorbilidades que aún a día de hoy desconocemos.
cuestiones más estudiadas sobre la salud de las personas trans* como el alto índice de contagio de VIH entre las mujeres trans*, el abuso de tóxicos como el tabaco o el alcohol, las conductas autolesivas, etc.
Se trata, al fin y al cabo, de volver a los principios de Alma Atta [9].
Se trata, de abordar la salud desde una perspectiva bio-psico-social, en la que cada uno de estos factores tiene un peso determinante en la promoción de la salud de las personas, y cuyo abordaje debe ser multidisciplinar.
Se trata de abordar la salud de las personas con responsabilidad y respeto, desde la cercanía de poder hacer accesible la información sanitaria de la que disponemos en cada momento para que cada persona pueda tomar las decisiones que considere oportunas para sí misma.
Se trata de acompañar, y no solo asistir, a quienes nos necesitan. Desde la humildad, el compromiso y la comprensión, entregando siempre lo mejor de nosotras mismas para quien deposita en nosotras la confianza sobre el asesoramiento de su salud.