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Por la argumentación delineada hasta aquí, el trabajo es aquella actividad humana singular que media el inter- cambio orgánico del hombre con la naturaleza, transfor- mando objetos materiales en objetos sociales. Por medio de este acto singular el hombre realiza la síntesis entre previa ideación (teleología) y realidad natural (causali- dad), dando origen a una causalidad puesta (ser social). En este sentido, originario y preciso, el trabajo es una po- sición teleológica primaria por medio de la cual el hombre actúa sobre la naturaleza con la finalidad de producir va- lores de uso. Lukács comenta:

Con razón dice Marx, pues: “Como creador de valores de uso, es decir como trabajo útil, el trabajo es, por tanto, condición de vida del hombre, y condición independiente de todas las formas de sociedad, una necesidad perenne y natural sin la que no se concebiría el intercambio orgánico entre el hom- bre y la naturaleza ni, por consiguiente, la vida humana”. (Marx, apud Lukács, p. 14/2004, p. 58-59).

En el tratamiento ontológico del ser social, Lukács atri- buye un lugar central y decisivo al trabajo, como resalta el propio filósofo:

Puesto que aquí se trata del complejo concreto de la sociali- zación como forma del ser, puede presentarse legítimamen- te la pregunta de por qué, de todo este complejo, destacamos precisamente al trabajo, y le atribuimos una posición tan privilegiada en el proceso y en lo que respecta al salto de la génesis. La respuesta, considerada ontológicamente, es más simple de lo que parece ser a primera vista: porque todas las demás categorías de esta forma del ser ya poseen, de acuerdo con su esencia, un carácter puramente social. Sus propiedades, sus modos de influencia, solo se desarrollan dentro del ser social ya constituido; por primitiva que sea su

forma de aparición, esta presupone el salto como un hecho ya consumado (Lukács, 1981, p. 14/2004, p. 58).

Luego enseguida, el mismo autor afirma: “Solo el trabajo posee, de acuerdo con su esencia ontológica, un carácter expresamente transicional: es, según su esencia, una inte- rrelación entre el hombre (sociedad) y la naturaleza y, por cierto, tanto con la inorgánica (herramienta, materia pri- ma, objeto de trabajo, etc.) como con la orgánica, que, sin duda, en determinados puntos, puede figurar igualmente en la sucesión recién indicada, pero ante todo caracteriza en el propio hombre que trabaja la transición desde el ser meramente biológico al social” (14/58). Ahora bien,

[...] el ser social, hasta en el estado más primitivo, repre- senta un complejo de complejos, donde hay interacciones permanentes, sea entre los complejos parciales, sea entre sus partes. A partir de aquí se desarrolla el proceso repro- ductivo del complejo total en cuestión, en el cual también los complejos parciales se reproducen como factores autónomos -aunque sólo relativamente-, pero en cada uno de tales pro- cesos es la reproducción de la totalidad que, en este múltiple sistema de interacciones, constituye el momento predomi- nante (138).

Así, el trabajo es la protoforma de la actividad humana porque en él “se hallan contenidas in nuce todas las de- terminaciones que [...], constituyen la esencia de lo nuevo dentro del ser social” (14/59). Debido a la importancia del trabajo para la aprehensión ontológica del ser social, al tratar aisladamente este complejo Lukács hace una nece- saria abstracción teórica, no obstante, según el autor, “la socialización, la primera división del trabajo, el lenguaje, etc., surgen sin duda del trabajo, pero no en una sucesión temporal puramente determinable, sino simultáneamen- te, de acuerdo con la esencia” (14/59). Lukács enfatiza, en

otro momento, sobre el trabajo como protoforma de la ac- tividad humana:

[...] el carácter dialéctico del trabajo en cuanto modelo para la praxis social, se revela precisamente en que dicha praxis, en sus formas más evolucionadas, muestra muchos desvíos respecto del propio trabajo. [...], el trabajo es la forma funda- mental y, por ende, la más simple e inequívoca de aquellos complejos cuyo enlace constituye la peculiaridad de la pra- xis social. Precisamente por ello, es necesario señalar una y otra vez que los rasgos específicos del trabajo no deben ser trasladados sin más a formas más complejas de la praxis social.(...), el propio trabajo realiza materialmente la rela- ción radicalmente nueva de metabolismo con la naturaleza, mientras que la enorme mayoría de las otras formas –más complejas– de la praxis social, presuponen ya ineludible- mente este metabolismo con la naturaleza, el fundamento de la reproducción del hombre en la sociedad (65-66/114-115).

De este modo, el ser social no puede ser reducido al tra- bajo, siendo compuesto de otras categorías sociales ade- más del trabajo, y tampoco las categorías del ser social pueden ser deducidas de este mismo complejo: el habla, la socialización, el lenguaje, la primera división del trabajo surgen simultáneamente con él. Además de esto, entre los actos singulares del trabajo y la totalidad del ser social se desdobla la malla de mediaciones que comprende el com- plejo de la reproducción social.

La alternativa no sólo es la categoría que hace la cone- xión entre la totalidad social y el valor, sino que se hace presente en toda posición teleológica. En la praxis huma- na, como dice Lukács, “la categoría decisivamente nueva que genera la transformación de la posibilidad en reali- dad, es precisamente la alternativa” (50/97-98): en la al- ternativa, el “factor preponderante de la alternativa, [es] su carácter predominantemente epistemológico” (50/98). El hombre conoce y hace elecciones ante las posibilidades

alternativas existentes. De modo que el trabajo, también por este carácter de la alternativa, representa una victo- ria de la consciencia sobre el mero instinto biológico para responder a una necesidad reproductiva.

Todo producto humano resulta de una decisión entre al- ternativas. O sea, como las “reacciones de un individuo a su ambiente social (inclusive el intercambio orgánico de la sociedad con la naturaleza) tienen siempre un carácter alternativo, comprenden siempre en sí, inevitablemente, un sí o no (o un ‘voto de abstención’) frente a la demanda puesta por la sociedad” (263). No obstante, las alternati- vas presentes en las posiciones del trabajo propiamente dicho presentan significativas diferencias en relación a aquellas operantes en la praxis social en su forma más compleja. Observemos lo que señala el filósofo húngaro:

El trabajo en este sentido originario y restringido, contiene un proceso entre la actividad humana y la naturaleza: sus actos están orientados a la transformación de objetos natu- rales en valores de uso. En las formas posteriores, más evo- lucionadas de la praxis social, aparece además, en primer plano, el efecto sobre otros hombres, cuyo objeto es en últi- ma instancia –por cierto que solo en última instancia– una mediación para la producción de valores de uso. También aquí las posiciones teleológicas, y las series causales pues- tas, que han sido desencadenadas por tales posiciones, son el fundamento ontológico-estructural. El contenido esencial de la posición teleológica es, sin embargo, a partir de ahora –dicho en términos muy generales, muy abstractos– la ten- tativa para conseguir que un hombre (o un grupo de hom- bres) realice, por su parte, posiciones teleológicas concretas (55-56/103).

Estas consideraciones de Lukács hacen evidente que el ser social es compuesto por posiciones teleológicas de gé- nero diverso. Aspecto de importancia decisiva para nues- tras reflexiones, dado que pretendemos demostrar que el

Trabajo Social constituye una posición teleológica distin- ta a la del trabajo. Las posiciones teleológicas primarias, concernientes al trabajo en sentido restricto, son actos que se dirigen directamente a la transformación de la natura- leza, en respuesta a las necesidades de reproducción de la vida humana.

En la praxis social más elevada, Lukács destaca las posi- ciones teleológicas secundarias, cuyo contenido se vuelve hacia “la tentativa para conseguir que un hombre (o un grupo de hombres) realice, por su parte, posiciones teleo- lógicas concretas” (56/103). Nuestro autor considera que este “problema aparece en cuanto el trabajo se ha vuelto ya a tal punto social, que se basa en la cooperación de va- rios hombres” (56/103-104), pues el trabajo sólo puede ser realizado eficazmente mediante la distribución de los par- ticipantes según funciones determinadas. Dice Lukács:

Las posiciones teleológicas que aquí tienen lugar realmente, poseen, pues, desde el punto de vista del trabajo inmediato, un carácter secundario; deben ir precedidas de una posición teleológica que determine el carácter, el papel, la función, etc. de las posiciones individuales, ahora concretas y reales, orientadas a un objeto natural. El objeto de esta posición secundaria no es, pues, ya algo puramente natural, sino la conciencia de un grupo humano; la posición del fin ya no tiene por fin transformar un objeto natural, sino la ejecución de una posición teleológica que, por cierto, ya está orientada a objetos naturales; los medios, igualmente, ya no son in- mediatamente intervenciones sobre objetos naturales, sino que quieren provocar tales intervenciones en otros hombres (56/104).

Luego enseguida, el mismo autor concluye: “Tales po- siciones teleológicas secundarias se encuentran ya más próximas a la praxis social de niveles más evoluciona- dos que el trabajo mismo, tal como aquí lo concebimos”

(56/104). El surgimiento de las posiciones teleológicas se- cundarias provoca modificaciones significativas en el com- plejo del trabajo.

[...] la estructura originaria del trabajo está sometida a cam- bios esenciales en cuanto la posición teleológica ya no está orientada exclusivamente a la transformación de objetos naturales, a la aplicación de procesos naturales, sino que tiene que ocasionar que seres humanos realicen, a su vez, determinadas posiciones de este tipo. Esta transformación se torna cualitativamente más decisiva cuando la evolución conduce a que, para el hombre, los propios modos de compor- tamiento, la propia interioridad, se conviertan en objeto de la posición teleológica (56/180).

La naturaleza de las modificaciones en la estructura del trabajo se deriva del objeto que la posición debe mirar para cumplir la finalidad. No se trata más de actuar solamen- te sobre la materialidad simple, el sujeto pretende operar sobre el comportamiento de los individuos con vistas a la continuación del proceso de trabajo. Del desarrollo social del trabajo resulta que la interioridad del sujeto también termina volviéndose objeto de acción de posiciones teleoló- gicas del sujeto. Las tareas requeridas para tal emprendi- miento adquieren una cualidad diversa de la acción direc- ta sobre la naturaleza.

En cuanto –como hemos visto– el fin teleológico consiste en influir sobre otros hombres para que estos, a su vez, ejecuten posiciones teleológicas, la subjetividad del que realiza la po- sición pasa a cumplir una función cualitativamente diversa, y la evolución de las relaciones sociales entre los hombres conduce, finalmente, a que también la autotransformación del sujeto se convierta en objeto inmediato de posiciones te- leológicas que asumen el carácter de un deber ser (78/128).

En consecuencia del desarrollo de las relaciones sociales ocurren cambios en el contenido esencial de las posiciones teleológicas. El sujeto que pone, adquiere funciones dife- rentes de aquellas requeridas por el trabajo en sentido res- tricto. Por este motivo, Lukács considera la imposibilidad de derivar categorías complejas del ser social a partir de las más simples, teniendo en vista que: “No solo su modo de aparición concreto se encuentra condicionado social e históricamente, sino que también sus formas universales, su esencia, se encuentran ligadas a determinados niveles evolutivos del desarrollo social” (124-125/180).

Naturalmente, en los estadios iniciales, donde predomi- na la relación orgánica con la naturaleza, las posiciones teleológicas exigen un sistema de mediaciones mucho más simples. La posición teleológica primaria conecta de forma más directa la relación teleología y causalidad. En los es- tadios superiores, al contrario, la posición teleológica sola- mente se conecta a la naturaleza de forma intensamente mediada. Veamos por qué pasa esto.

Los hombres necesitan desarrollar actividades que ase- guren su sobrevivencia, esto se impone a ellos como hecho directamente necesario e ineliminable. En este sentido, toda práctica inmediata del trabajo responde a la necesi- dad de manutención y reproducción de la vida. Empero, Lukács dice:

Sólo que nosotros ya lo sabemos -el ser humano del hom- bre se funda precisamente en esto- tal inmediaticidad puede realizarse como base en la existencia humana solamente si supera la propia inmediaticidad. La posición teleológica que necesariamente se interpone entre necesidad y satisfacción contiene ya en sí tal superación (464).

El trabajo, en cuanto respuesta inmediata a las necesida- des requeridas por la reproducción, solamente puede ser superado porque “toda posición teleológica posee en sí la

posibilidad [...], de suscitar otras posiciones de finalidad para su prosecución y, al mismo tiempo, de adaptar, dado el carácter objetivante de los actos de realización, la facul- tad humana a las nuevas exigencias” (464). El carácter de posibilidad inherente a toda posición teleológica requiere a cada momento nuevas alternativas, impulsando la pra- xis social hacia formas cada vez más complejas. Lukács afirma:

El ámbito de la economía socialmente desarrollada contiene posiciones de valor de ambos tipos entrelazadas de diver- sas maneras; aquí, aun las alternativas de la primera cla- se, dentro de un complejo tal, se someten a cambios que las tornan diferentes, aunque sin perder su esencia originaria. A través de ello ha surgido ya, en el ámbito de la economía, una mayor complejidad en el valor y en las posiciones de valor. Pero si pasamos a los ámbitos no económicos, nos en- frentamos con cuestiones aún más complejas, que se han tornado cualitativamente diversas (91/143-144).

Las posiciones teleológicas suscitadas por aquellas origi- nales se dirigen hacia otros fines sociales que no se conec- tan directamente con la producción material. No obstante, cumplen un importante papel, tanto en la reproducción y manutención de la esfera económica, como en la reproduc- ción de la sociedad como un todo. Es en este sentido que Lukács afirma que el desarrollo de las relaciones sociales “lleva a aquellas posiciones teleológicas que intentan pro- vocar un nuevo comportamiento de los otros hombres, y las vuelve siempre más importantes, en el sentido exten- sivo e intensivo, cuantitativo y cualitativo, para el proce- so de producción y para la sociedad entera” (464). Y más adelante:

Basta recordar cómo la costumbre, el uso, la tradición, la educación, etc., que se fundan totalmente sobre posi-

ciones teleológicas de este género, con el desarrollo de las fuerzas productivas van continuamente aumentan- do su radio de acción y su importancia, terminando por formarse esferas ideológicas específicas (sobre todo el derecho) para satisfacer estas necesidades de la totali- dad social (464).

Por lo tanto, esferas ideológicas como el derecho no nacen para responder a necesidades de reproducción de la vida material, conforme los procesos teleológicos primarios. Su campo de actividad es mediar la relación entre los hom- bres buscando atender necesidades de la totalidad social. Estas esferas difieren esencialmente del trabajo en senti- do estricto. Lukács advierte:

Si no podemos contraponer en términos metafísico-absolu- tos, sin gradaciones, la esfera económica a la superestruc- tura, no podemos tampoco decir que el complejo de las posi- ciones teleológicas en el ser social es un conjunto uniforme indiferenciado. [...] es necesario tener presente también en la esfera económica, y con efectos significativos en los otros complejos, la distinción de gran relevancia ontológica entre fenómeno y esencia (364).

Concluyendo, el ser social es compuesto por posiciones teleológicas primarias (trabajo) y secundarias (respon- sables por la relación entre individuo e individuo y entre individuo y sociedad). El desarrollo social hace posible el surgimiento de complejos sociales ideológicos que, aunque tengan su origen en el trabajo, difieren cualitativamente de estos, especialmente en relación al objeto sobre el cual incide su acción. En su origen, estas posiciones teleológi- cas secundarias buscan poner en movimiento la conscien- cia de otros hombres, en respuesta a necesidades de la to- talidad social.

La relativa autonomía que los complejos ideológicos ad- quieren al interior del ser social adviene de poseer una le- galidad interna que les es conferida por el desarrollo de su historia particular. No obstante, su existencia se articula al contexto del ser social en cuanto complejo de comple- jos, una unidad dinámica de lo diverso, en que las proce- sualidades internas presentan determinaciones concretas muy diferentes. En el próximo capítulo nos detendremos en el problema de la ideología, como categoría ontológi- co-social cuya previa ideación es una posición teleológica secundaria.

SOBRE LA IDEOLOGÍA Bases Ontológicas de la Ideología

A lo largo de la historia de la ciencia moderna, el proble- ma de la ideología ha sido abordado bajo las más diversas acepciones. El concepto de ideología, de antiguo origen, es empleado frecuentemente, desde las expresiones más co- tidianas, en la práctica política y hasta en abordajes cien- tíficos y filosóficos, con diferentes significados. Ante esto, Michael Löwy (1978) afirma que “ha sido, en el curso de los últimos siglos, objeto de una increíble e insólita acu- mulación de ambigüedades, paradojas, arbitrariedades, de contrasentidos y equívocos” (Löwy, 1978, p. 10/1991, p. 9). Esto solo hace ver que la ideología es un tema de difícil ecualización y ha requerido esfuerzos de reflexión en el recorrido del conocimiento humano.

Leandro Konder (2002), a su vez, realiza un vasto análi- sis sobre el problema de la ideología, reuniendo la visión de prominentes pensadores antes y después de Marx, ade- más de autores nacionales e internacionales de diversas áreas de las ciencias humano-sociales. Su texto A Questão da Ideologia deja claro que una marca recurrente en el pensamiento contemporáneo es la relación entre conoci- miento e ideología, la idea de que el conocimiento, bajo la presión deformadora de la ideología, estaría sujeto a dis- torsiones. Contra esta visión distorsionada e ilusoria del mundo, los individuos lucharían en busca de afirmar sus convicciones, recurriendo a verdades para la realización de elecciones y decisiones que les permitieran mantenerse vivos y actuantes.

Además, el autor sugiere que la cuestión de la ideología es decisiva para los problemas humanos, pero su resolución

teórica permanece enigmática. Se trata de un problema cuya solución compete a la praxis, dependiendo de cada época, del propio contexto específico. Aun así pondera:

Aunque, en último análisis, la solución de problemas teóri- cos cruciales dependa de la acción práctica, conviene hacer la advertencia de que la acción práctica capaz de resolver esos problemas necesita, ella misma, de la teoría. Esto quie- re decir: necesita de una teoría mejor, más abarcadora y más rigurosa que aquella que ha tenido. Esa conclusión no implica menosprecio alguno por el trabajo de los teóricos que se empeñaron en descifrar enigmas de los períodos anterio- res al nuestro. Al contrario, el avance en el trabajo teórico que debe ser emprendido ahora presupone el examen rigu- roso – y por eso mismo respetuoso – de lo que ya fue hecho