2.1. Acercamiento socio-histórico
2.1.5. Aproximación a la Comunidad del Discípulo Amado
2.1.5.2. Tradición del Discípulo Amado
Es importante reconocer que la tradición del DA por sus características se distancia del concepto de tradición apostólica que se refleja en la mayoría de escritos neotestamentarios, donde la visión que se consolida de Iglesia es la que ha nacido de una experiencia cuyos primeros sujetos y los encargados de transmitirla, son los apóstoles, concretamente “los doce apóstoles”.
Es así, que la condición de “apóstol” da una relevancia singular dentro de la Iglesia por esta vinculación con los acontecimientos originarios, que culminan en la experiencia
pascual.66
El Discípulo Amado versus el Apóstol. En el periodo sub apostólico no aparece la
palabra apóstol y la vinculación del Cuarto evangelio con los orígenes ha acontecido a
través de un discípulo -el discípulo Amado de Jesús-. Según Brown “el cuarto evangelio no presta virtualmente ninguna atención a la categoría de „apóstol‟, y hace del „discípulo‟ la categoría primaria cristiana, de forma que la continuidad con Jesús viene a través del
testimonio del Discípulo Amado”.67
66
Pedro se va convirtiendo en la figura principal por haber sido el primer testigo de la resurrección del Señor. Pablo reivindica su condición de “apóstol” porque también él ha visto, a su manera, al Resucitado, y ha sido enviado por el a una misión muy personal entre los gentiles. Así se va configurando la Iglesia “apostólica”, fundada en esos acontecimientos originarios que vienen de los apóstoles. Cf. Velasco, La Iglesia de Jesús, 63.
47 Adicionalmente, la Comunidad reconoce que la vinculación del DA con Jesús es mayor y más profunda que la tenida con otro testigo. El Cuarto evangelio resalta esta situación de contraposición con Pedro, este no representa a todos los cristianos:
En 13,23‐26, el Discípulo Amado descansa sobre el pecho de Jesús, mientras que Pedro tiene que hacer una señal a este último para pedir una información; en 18,15‐16, el Discípulo Amado puede acompañar a Jesús al palacio del sumo sacerdote, mientras que Pedro no puede entrar sin su ayuda; en 20,2‐10, el Discípulo Amado llega antes que Pedro al sepulcro, y solamente de él se dice que creyó por lo que vio allí...; en 19,26‐27, donde el discípulo aparece al pie de la cruz, el contraste es implícito: Pedro es uno de los que habían abandonado a Jesús (16,32).68
La figura del DA configura la tradición de la Comunidad al vincularla a Jesús no en la condición de apóstol sino en la de discípulo -no hace parte de “los Doce”-, al ser testigo en fidelidad y permanencia, al representar el vínculo directo de intimidad y amor con Jesús, y al penetrar en el misterio de salvación que Dios estaba realizando en Jesús.
En este sentido se entiende la autoridad y autonomía que asume la Comunidad del DA en
relación con las otras tradiciones cristianas.69 Pues, esta Tradición reconoce la realidad
cristiana más a fondo y se ordena con un enfoque teológico, cristológico y eclesial distinto, lo cual va a generar una situación de conflicto.
La cristología en la Comunidad del Discípulo Amado. La cristología que asume la Comunidad del DA configura su conciencia e identidad, es decir, sus principios, criterios, organización y praxis que se refleja en un estilo de vida. De igual modo, va a determinar la relación con Dios, la manera de relacionarse entre los miembros de la Comunidad y el desarrollo de la misión.
La cristología del Cuarto evangelio afirma la preexistencia de Jesús -Jn 1, 1 y 14-: Jesús es
la palabra existente antes de la creación, que ha venido de Dios y, porque ha visto a Dios,
68 Brown, La Comunidad del Discípulo Amado, 80.
69 Brown ha distinguido, en la era sub apostólica en que se produjo la gran mayoría de los escritos del Nuevo
Testamento, cuatro grandes tradiciones que muestran perfectamente la gran diversidad con que se hizo conciencia refleja la experiencia pascual en las primeras comunidades cristianas. La tradición paulina, la tradición del Discípulo Amado, la tradición de Pedro, y la tradición de Santiago. Cf. Brown, Las Iglesias que los Apóstoles nos dejaron, 19‐30.
48 puede revelar cómo es Dios. Puede aplicarse así mismo el titulo divino “yo soy” -8,24 y 28; 13,19-, y provocar a los judíos diciendo: “Antes que naciese Abrahán, yo soy” -8,58-. Situación que genera una reacción violenta por parte de los judíos: “No queremos apedrearte por ninguna obra buena, sino por una blasfemia; porque tú, siendo hombre, te
haces a ti mismo Dios” -10,33-.70
Siguiendo al autor Velasco, la anterior afirmación se amplia y se concretiza en la vida comunitaria, al definir a Dios como “Dios es amor” -1 Jn 4,8 y 16-, que amo tanto al mundo que dio a su único Hijo –Jn 3,16-. La consecuencia eclesiológica es clara:
“Si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros” -1 Jn 4,11-. Pasando a ser un principio de vida, un mandato divino “el amor al hermano” y signo visible de los que han de ser discípulos de Jesús “dar la vida por los hermanos” -Jn 13, 34-35; 15,12-, tal como lo hizo Jesús, en los necesitados -1 Jn 3,16‐18; cf. Jn 15,12‐13-. Esto delata a aquellos que realmente no asume este principio pues “quien no ama a su hermano no es de Dios”- 1Jn 3,10- y “quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve” -Jn 4,20- . De esta manera, creer en Jesús implica un “estar en comunión” (en koinonía), que es “comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo”, y, a la vez, “estar en comunión unos con otros”. Este es el fundamento último de la eclesiología de esta tradición. Esta convicción de la Comunidad del DA, la pone en contacto directo con los orígenes, y puede hablar los que ponen por escrito esta tradición -1Jn 1,1; cf. Jn 19,35; 21,24-.71
Este principio teológico, cristológico se hace también eclesiológico que se concretiza en la imagen de la Vid verdadera y los sarmientos -Jn 15,1-6-, es la vinculación del creyente a
la vida que viene de Jesús, “la vid verdadera” -Jn 15,172
- y en consecuencia la circularidad de la vida entre el Padre, el Hijo y la Comunidad unidos por el amor del Espíritu Santo.