3. EL CAMPESINADO COMO RECEPTOR DEL CONFLICTO Y CREADOR DE
3.2 Transformaciones en las dinámicas sociales y territoriales en Tierralta
Con estos planteamientos se evidencia que el conflicto armado ha generado cambios importantes dentro de las comunidades campesinas de Tierralta no solamente en la manera que se han relacionado históricamente con la tierra sino también en sus construcciones culturales. Estas dinámicas se centran en cambios mediados por la violencia sociopolítica agenciada en estos territorios, entendida en esta investigación como “aquella ejercida como medio de lucha Político – Social, ya sea con el fin de mantener, modificar, sustituir o destruir un modelo de Estado o de sociedad, o también para destruir o reprimir a un grupo humano con identidad dentro de la sociedad por su afinidad social, política, gremial, étnica, racial, religiosa, cultural o ideológica, esté o no organizado” (CINEP, 2014, pág. 7)
En el apartado anterior vimos con cifras cómo en cada periodo analizado fueron afectadas las comunidades campesinas según el actor armado que dominó el territorio durante los momentos que tuvieron la posibilidad de ejercer el control territorial de distintas formas en Tierralta. En
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relación a esto, se puede determinar que al ser formas de control que recaían sobre la población, incluso llegando al adoctrinamiento del cuerpo, la alimentación y las prácticas cotidianas, los individuos de estas poblaciones terminaron sujetos a una autoridad superior que mantiene su posición de poder mediante la violencia. Desde los planteamientos de Foucault (2007) sería entonces un ejercicio de biopoder.
Sobre este aspecto es importante señalar que las percepciones de las comunidades en cuenta a la forma de ejercer el control desde su posición de poder variaban en relación al proyecto político y económico que cada actor buscaba implementar. Uno de los entrevistados manifestaron que “CLARO resalto las veredas donde habitaban las FARC CON ELLOS SE PODIA HABLAR y hasta llegar algunos acuerdos con ellos de como manejas nuestras situaciones como JAC”. Otro sostenía que “con las guerrillas el campesino se sentía más seguro y con los paramilitares no. Explico; la guerrilla Asia investigación antes de actuar. Mientras que los paramilitares actuaban de inmediato”
Sin embargo, a pesar de existir una aceptación social generalizada a las prácticas de las FARC-EP luego de la desmovilización del EPL, principalmente entre 1991 y 1996, el control ejercido por el paramilitarismo, desde 1997 hasta su desmovilización, llegó a posicionarse culturalmente en el imaginario colectivo de los cordobeses:
“Recuerdo que cuando las AUC dominaban la zona, muchos hombres querían ser paramilitares y, si no podían, fingían serlo: se rapaban, usaban bolsos terciados en el pecho, exhibían motocicletas grandes y ropa de marca, se inventaban llamadas en las que hablaban con supuestos comandantes que les mandaban a hacer vueltas imaginarias, tomaban en las cantinas, se iban sin pagar e irrespetaban las mujeres ajenas. Ser paraco era lo último, porque a las mujeres les generaba curiosidad, y a los hombres, envidia.” (Marín, 2013)
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En este punto es fundamental preguntarnos por la manera en que se ha ejercido el control territorial en Tierralta. Para realizar un análisis acerca de la dominación que sobre las poblaciones y sus tierras han impuesto los actores armados, sabiendo que tiene implicaciones políticas, sociales, culturales y económicas, es fundamental tener en cuenta que este fenómeno se explica desde la ausencia y la debilidad de las instituciones del Estado para abarcar la totalidad del territorio nacional. El papel que han cumplido los diferentes Gobiernos colombianos puede entenderse desde los planteamientos de Gayraud (2007) como una ficción, una realidad virtual o un autoengaño, pues la fuerza de las agrupaciones ilegales ha reposado en la debilidad del Estado de posicionarse como el poder territorial debido a su poca capacidad de garantizar los derechos a las poblaciones, y en varias ocasiones ha apoyado el proyecto contrainsurgente desde los poderes estatales, como sucedió con el paramilitarismo más claramente desde 1997.
Partiendo de la ausencia y omisión del Estado reconocemos la definición dada por el Observatorio de Seguridad Humana de Medellín (2012) que es “el control del espacio físico en donde el grupo armado ilegal ejerce su poder de manera permanente para generar dinámicas de territorialización o de apropiación del territorio”. Dentro de esta definición podemos mencionar prácticas como la creación de fronteras invisibles, el control para el ingreso y salida de personas, los enfrentamientos donde quedaba la población civil en medio, la adquisición de armas incluso de uso privativo de la Fuerza Pública, el reclutamiento infantil, el constreñimiento a los habitantes de la población por apoyar a un determinado grupo armado o el uso del desplazamiento forzado de manera masiva para la expansión y conservación del poder sobre el territorio.
En relación a la manera en que se ha ejercido el control territorial en Tierralta, los entrevistados, como señalamos anteriormente, percibían y reconocen una fuerte diferencia entre las guerrillas y los grupos paramilitares en las acciones de cada grupo. Para el caso de las AUC
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ratifican la idea de las operaciones conjuntas entre las autodefensas y las instituciones del Estado: “La base militar del batallón Junín operaba en conjunto con los paramilitares. El silencio era la constante. Veíamos matar sentíamos la dominación social, política y militar pero nadie podía hacer nada. OBEDECER era la orden sin preguntar razones. Los alcaldes, concejales, presidentes de acción comunal eran impuestos por los paramilitares.” Agregaría una entrevistada el siguiente testimonio: “las fuerzas públicas acusaban a mi papa y a mis tíos de ser guerrilleros. Un día el ejército se llevó a mi tío de la casa y lo golpearon mucho para que diera información sobre la guerrilla; por ese motivo cuando mi tío volvió a casa nos tocó salir del pueblo”
Al indagar por la relación de las guerrillas con las poblaciones mencionan las siguientes: “Bueno en la época solo había EPL y esa estructura guerrillera era más compatible con el campesinado, es decir no intervenían mucho en las iniciativas del campesino en lo negativo veían el desarrollo comunitario como una buena opción. Pero los paramilitares nunca se entendían que era lo que querían era una organización contra-insurgente y contra- campesino que causo mucho daño a la población.” En cuanto a la disposición de respetar las exigencias de las comunidades sostenían que “sí eran respetadas por las Farc-ep, respetaron bastantes las normas, porque era el único actor armado que estaba en parte del área y por donde operaban los paramilitares ellos también respetaron un poco estas normas, claro está donde las comunidades exigentes.”