1.
EL HÉROE PRIMORDIAL Y EL HÉROE
HUMANO
[282] PODEMOS hacer la diferenciación entre dos etapas: la primera, de las
emanaciones inmediatas del Creador Increado a los personajes fluidos pero fuera del tiempo de las edades mitológicas; la segunda, de los Creadores Creados a la esfera de la historia humana. Las emanaciones se han condensado, el campo de la conciencia se ha restringido. Donde anteriormente eran visibles los cuerpos causales ahora sólo sus efectos secundarios llegan a ser el foco de la estrecha pupila del ojo humano. El ciclo cosmogónico, por lo tanto, ha de seguir adelante no por medio de los dioses, que se han vuelto invisibles, sino por los héroes de carácter más o menos humano y por medio de los cuales se realiza el destino del mundo. Ésta es la línea donde los mitos de la creación empiezan a dar lugar a la leyenda, como en el libro del Génesis después de la expulsión del Paraíso. La metafísica cede su lugar a la prehistoria, que es vaga y opaca en un principio, pero se vuelve gradualmente precisa en los detalles. Los héroes se vuelven menos y menos fabulosos, hasta que al fin, en los estadios finales de las diversas tradiciones locales, la leyenda desemboca a la luz del día del tiempo hecho crónica.
Mwuetsi, el Hombre de la Luna, fue liberado, como un ancla que se abandona; la comunidad de sus hijos flotó libremente en el mundo diario de la conciencia despierta. Pero se nos dice que estaban entre ellos hijos directos del padre ahora submarino, quienes, como los hijos de su primera concepción, habían crecido de la infancia a la madurez en un solo día. Estos portadores especiales de la fuerza cósmica constituyeron una aristocracia espiritual y social. Llenos con una doble carga de energía creadora, ellos mismos fueron las fuentes de la revelación. Tales figuras aparecen en el estado primario de todos los pasados legendarios. Son los héroes culturales, los fundadores de ciudades.
Las crónicas chinas declaran que cuando la tierra se [283] había solidificado y los pueblos se establecían en las orillas de los ríos, Fu Hsi, el “Emperador Celeste” (2953-2838 a. C.), gobernó sobre ellos. Enseñó a sus tribus a pescar con redes, a cazar y a criar animales domésticos; dividió la gente en clanes e instituyó el matrimonio. De una tablilla sobrenatural que le fue confiada por un monstruo en forma de caballo que salió de las aguas del río Meng, dedujo los Ocho Diagramas que permanecen hasta nuestros días como los símbolos fundamentales del pensamiento chino tradicional. El emperador nació de una concepción milagrosa, después de una gestación de doce años; y su cuerpo era de serpiente, con brazos humanos y cabeza de buey.1
Shen Nung, su sucesor, el “Emperador Terrestre” (2838-2698 a. C.), tenía ocho pies y siete pulgadas de alto, con cuerpo humano pero con cabeza de toro. Había sido concebido milagrosamente por medio de la influencia de un dragón. La madre avergonzada había dejado a su hijo en la ladera de una montaña, pero las bestias salvajes lo protegieron y lo alimentaron, y cuando la madre lo supo fue a buscarlo y lo volvió a su casa. Shen Nung
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Giles, op. cit., pp. 233-234; Rev. J. MacGowan, The Imperial History of China (Shanghai, 1906), pp. 4-5; Friedrich Hirth, The Ancient History of China (Columbia University Press, 1908), pp. 8-9.
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descubrió en un solo día sesenta plantas venenosas y sus antídotos; a través de una cubierta de cristal sobre su estómago, pudo observar la digestión de cada hierba. Entonces compuso una farmacopea que todavía se usa. Fue el inventor del arado y de un sistema de trueque; es adorado por los campesinos chinos como el “príncipe de los cereales”. A la edad de ciento sesenta y ocho años se reunió con los inmortales.2
Esos reyes serpientes y minotauros hablan de un pasado en que el emperador era el portador de una especial fuerza creadora y sostenedora del mundo, mucho mayor que la representada en la psique humana normal. En esa época se llevó a cabo un pesado trabajo de titanes, el establecimiento grandioso de los fundamentos de nuestra civilización humana. Pero con el avance del ciclo, vino un período en que el trabajo por hacer ya no era ni protohumano ni sobrehumano; era una labor específicamente humana: dominio de las pasiones, cultivo de las artes, elaboración de las instituciones económicas y culturales del estado. [284] Ya no se requiere la encarnación del Toro de la Luna, ni la sabiduría de la Serpiente de los Ocho Diagramas del Destino, sino un espíritu humano perfecto, alerta a las necesidades y esperanzas del corazón. Por lo tanto, el ciclo cosmogónico genera un emperador en forma humana que permanecerá frente a todas las generaciones del porvenir como el modelo del rey del hombre.
Huang Ti, el “Emperador Amarillo” (2697-2597 a. C.), fue el tercero de los augustos Tres. Su madre, una concubina del príncipe de la provincia de Chao-tien, lo concibió una noche cuando contemplaba una brillante luz dorada alrededor de la constelación de la Osa Mayor. El niño pudo hablar a los setenta días de nacido y a la edad de once años subió al trono. Su don particular era su facultad de soñar: dormido podía visitar las regiones más remotas y tener tratos con los inmortales en el reino de lo sobrenatural. Poco después de haber subido al trono, Huang Ti cayó en un sueño que duró tres meses enteros, durante los cuales aprendió la lección del dominio del corazón. Después de un segundo sueño de duración comparable, regresó con el poder de enseñar a sus súbditos. Los instruyó en el dominio de las fuerzas de la naturaleza dentro de sus propios corazones.
Este hombre maravilloso gobernó China durante cien años, y en su reino el pueblo disfrutó de una verdadera edad de oro. Reunió seis grandes ministros a su alrededor, con cuya ayuda compuso un calendario, estableció los cálculos matemáticos y enseñó a hacer utensilios de madera, barro y metal, a construir barcos y carruajes, a usar el dinero y a construir instrumentos musicales de bambú. Señaló lugares públicos para la adoración de Dios. Instituyó los límites y las leyes de la sociedad privada. Su esposa descubrió el arte de tejer la seda. Plantó cien variedades de grano, verduras y árboles; favoreció el desarrollo de los pájaros, de los cuadrúpedos, de los reptiles y de los insectos; enseñó los usos del agua, del fuego, de la madera y de la tierra; y reguló los movimientos de las mareas. Antes de su muerte, a la edad de ciento once años, el fénix y el unicornio aparecieron en los jardines del imperio, como prueba de la perfección de su reino.3
2.
LA INFANCIA DEL HÉROE HUMANO
[285] El héroe cultural primitivo de cuerpo de serpiente y cabeza de toro llevaba con
él desde su nacimiento la fuerza espontánea creadora del mundo natural. Ése era el significado de su forma. El hombre héroe, por otra parte, debería “descender” a restablecer
2
Giles, op. cit., p. 656; MacGowan, op. cit., pp. 5-6; Hirth, op.cit., pp. 10-12.
3
Giles, op.cit., p. 338; MacGowan, op.cit., pp. 6-8; Edouard Chavannes, Les mémoires historiques de Se-ma Ts’ien (París, 1895-1905), vol. I, pp. 25-36. Ver también John C. Ferguson, Chinese Mythology (“The Mythology of All Races”, vol. VIII, Boston, 1928). pp. 27-28, 29-31.
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las conexiones con lo infrahumano. Éste es el sentido, como hemos visto, de la aventura del héroe.
Pero los creadores de la leyenda raras veces se han contentado al considerar los grandes héroes del mundo como meros seres humanos que traspasaron los horizontes que limitan a sus hermanos y regresaron con los dones que sólo puede encontrar un hombre con fe y valor tales. Por lo contrario, la tendencia ha sido siempre dotar al héroe de fuerzas extraordinarias desde el momento de su nacimiento, o aun desde el momento de su concepción. Toda la vida del héroe se muestra como un conjunto de maravillas con la gran aventura central como culminación.
Esto está de acuerdo con el punto de vista de que el heroísmo está predestinado, más bien que simplemente alcanzado, y abre el problema de la relación entre la biografía y el carácter. Jesús, por ejemplo, puede aceptarse como un hombre que por medio de severas austeridades y meditaciones obtuvo la sabiduría; por otra parte, también puede creerse que un dios descendió y tomó sobre sí mismo la realización de una carrera humana. El primer punto de vista conduciría a imitar al maestro literalmente a fin de traspasar, de la misma manera que él lo hizo, la experiencia trascendente y la redención. Pero el segundo afirma que el héroe es más bien un símbolo para contemplarse que un ejemplo para seguirse literalmente. El ser divino es una revelación del Yo omnipotente, que vive dentro de todos nosotros. Así, la contemplación de la vida debe entenderse como la meditación en nuestra propia divinidad inmanente, no como un preludio para precisar la imitación. La lección no es “haz esto y sé bueno”, sino “conoce esto y sé Dios”.4
[286] En la parte I, “La Aventura del Héroe”, hemos visto el hecho de la redención
desde el primer punto de vista, que puede ser llamado psicológico. Ahora debemos describirlo desde el segundo, en que se convierte en símbolo del mismo misterio metafísico que le tocó al héroe mismo redescubrir y traer a la luz. En el presente capítulo, por lo tanto, hemos de considerar primero la infancia milagrosa, por medio de la cual se muestra que una manifestación especial del principio divino inmanente ha encarnado en el mundo, y luego, en sucesión, los diferentes papeles vitales por medio de los cuales el héroe puede realizar su tarea de destino. Estos varían en magnitud, de acuerdo con las necesidades de las épocas.
Para decirlo en los términos ya formulados, la primera tarea del héroe es experimentar conscientemente los estadios antecedentes del ciclo cosmogónico; retroceder a las épocas de la emanación. La segunda es regresar de ese abismo al plano de la vida contemporánea, y servir allí de transformador humano de los potenciales demiúrgicos. Huang Ti tenía la facultad del sueño, éste era su camino de descenso y de regreso. El
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Esta fórmula, por supuesto, no es precisamente la de la enseñanza cristiana común en que, a pesar de que se dice que Jesús declaró que “el reino de los Cielos está dentro de vosotros”, las iglesias mantienen que, puesto que el hombre ha sido creado sólo “a la imagen” de Dios, la distinción entre el alma y su creador es absoluta, y retiene así, en el último paso de su sabiduría la distinción dualista entre el “alma eterna” del hombre y la divinidad. La trascendencia de esta pareja de contrarios no es apoyada (hasta es negada como “panteísmo” y algunas veces ha sido recompensada con la hoguera); sin embargo, las plegarias y los diarios de los místicos cristianos abundan en descripciones extáticas de la experiencia unificadora que sacude el alma (supra, pp. 43- 44), mientras que la visión de Dante a la conclusión de la Divina Comedia (supra, p. 176) va por encima del dogma ortodoxo, dualista y concreto de la finalidad de las personalidades de la Trinidad. Donde este dogma no es trascendido, el mito del Retorno al Padre se toma literalmente, como la última meta del hombre (ver supra., p. 236, nota 5).
En cuanto al problema de imitar a Jesús como a un modelo humano, y de meditar sobre Él como un dios, la historia de la actitud cristiana puede resumirse a grosso modo como sigue: 1) un período de seguir lite- ralmente al maestro, Jesús, renunciando al mundo en la forma en que Él lo hizo (cristianismo primitivo); 2) un período de meditación sobre Cristo Crucificado como una divinidad dentro del corazón, llevando la vida en este mundo como la del sirviente de este dios (cristianismo antiguo y medieval); 3) rechazo de la mayor parte de los instrumentos que sustentan la meditación, pero continuando, sin embargo, la propia vida en el mundo como sirviente o vehículo del dios que se ha dejado de imaginar (cristianismo protestante); 4) un intento de interpretar a Jesús como un ser humano modelo, pero sin aceptar su camino ascético (cristianismo liberal). Comparar supra, p. 140, nota 83.
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segundo nacimiento o nacimiento del agua de Väinämöinen lo devolvió a una experiencia de lo elemental. En la fábula de Tonga de la mujer almeja, la retirada empezó en el parto de la madre: los héroes hermanos salieron de un vientre infrahumano.
Los hechos del héroe en la segunda parte de su ciclo [287] personal han de ser proporcionados a la profundidad de su descenso durante el primero. Los hijos de la mujer almeja salieron del nivel animal; su belleza física era superlativa. Väinämöinen renació de los vientos y de las aguas elementales; su don era levantar o someter con canciones poéticas los elementos de la naturaleza y del cuerpo humano. Huang Ti viajó por el reino del espíritu; enseñó la armonía del corazón. El Buddha atravesó la zona de los dioses creadores y regresó del vacío; anunció la salvación del ciclo cosmogónico.
Si los hechos de una figura histórica real lo proclaman como un héroe, los que hicieron su leyenda inventarán para él aventuras apropiadas en profundidad. Éstas serán descritas como jornadas a reinos milagrosos y han de ser interpretadas como simbólicas, por una parte, de los descensos al mar nocturno de la psique, y por la otra, de los reinos o los aspectos del destino del hombre que se manifiestan en sus respectivas vidas.
El rey Sargón de Agade (hacia 2550 a. C.) nació de una madre de clase baja. Su padre es desconocido. Se le echó en una canasta de juncos a las aguas del Éufrates y fue descubierto por Akki, el agricultor, a quien fue traído para trabajar de jardinero. La diosa Ishtar favoreció al joven. Así llegó a ser, finalmente, rey y emperador, y adquirió renombre como el dios vivo. Chandragupta (siglo IV a. C.), el fundador de la dinastía hindú Maurya, fue abandonado en una vasija de barro en el umbral de un establo. Un pastor descubrió al niño y lo adoptó. Un día que jugaba con sus compañeros al juego del Gran Rey en el Trono del Juicio, el pequeño Chandragupta ordenó que al peor de los delincuentes se le cortaran las manos y los pies, y luego, a su orden, los miembros amputados volvieron inmediatamente a su lugar. Un príncipe que pasaba contempló el juego milagroso, compró a la criatura en mil harshapanas y en su casa descubrió por señales físicas que era un Maurya.
El Papa Gregorio el Grande (540?-604) nació de unos nobles gemelos que a instigación del diablo habían cometido incesto; su madre, arrepentida, lo envió al mar en una pequeña caja. Fue encontrado y recogido por unos pescadores y a la edad de seis años fue enviado a un claustro para ser educado como sacerdote. Pero él deseaba la vida de un noble guerrero. En un barco, fue llevado milagrosamente [288] al país de sus padres, donde ganó la mano de la reina, quien posteriormente resultó ser su madre. Después de descubrir este segundo incesto, Gregorio permaneció diecisiete años en penitencia, encadenado a una roca en medio del mar. Las llaves de las cadenas se echaron a las aguas, pero cuando al final de un largo período se descubrieron en el vientre de un pescado, esto se tomó como un signo de la Providencia: el penitente fue conducido a Roma en donde fue elegido Papa.5
Carlomagno (742-814), fue perseguido de niño por sus hermanos mayores y huyó a la España sarracena. Allí, bajo el nombre de Mainet, prestó señalados servicios al rey. Convirtió a la hija del rey a la fe cristiana, y los dos arreglaron secretamente su matrimonio. Después de realizar diversas hazañas el real joven regresó a Francia, en donde derrotó a sus antiguos perseguidores y triunfalmente ciñó la corona. Luego gobernó cien años, rodeado por un zodíaco de doce pares. De acuerdo con todas las noticias, su barba y sus cabellos eran largos y blancos.6 Un día, sentado bajo su árbol del juicio, hizo justicia a una serpiente, y por
gratitud, el reptil le dio un amuleto que le hizo posible tener un asunto amoroso con una mujer ya muerta. Este amuleto cayó en un pozo en Aix; por eso Aix se convirtió en la residencia favorita del emperador. Después de sus largas guerras contra los sarracenos, sajones, eslavos y hombres del Norte, el emperador intemporal murió; pero sólo duerme y ha de despertar en la hora que su pueblo lo necesite. Durante la última parte de la Edad Media,
5
Estas tres leyendas aparecen en el excelente estudio psicológico del Dr. Otto Rank, The Myth of the Birth of the Hero (Nervous and Mental Disease Monographs, Nueva York, 1910). Una variante de la tercera aparece en Gesta Romanorum, cuento LXXXI.
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En realidad, Carlos el Grande era calvo y no tenía barba.
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se levantó una vez de entre los muertos para participar en una cruzada.7
Cada una de estas biografías exhibe el tema racionalizado en varias maneras del exilio y regreso del niño. Éste es un ángulo prominente en todas las leyendas, los cuentos populares y los mitos. Usualmente se hace un esfuerzo para darle alguna semejanza con la plausibilidad física. Sin embargo, cuando el héroe en cuestión es un gran patriarca, brujo, profeta o encarnación, es permitido que los milagros se desarrollen por encima de todo límite.
[289] La leyenda popular hebrea del nacimiento del padre Abraham proporciona un
ejemplo del exilio infantil francamente sobrenatural. El suceso del nacimiento había sido leído por Nemrod en las estrellas, “pues este rey impío era un hábil astrólogo y le fue revelado que en su época un hombre habría de nacer que se levantaría en contra suya y que triunfalmente desmentiría su religión. Aterrorizado por el destino que le habían predicho las estrellas, mandó llamar a sus príncipes y gobernantes y les pidió consejo en el asunto. Ellos contestaron y dijeron: ‘Nuestro consejo unánime es que debes construir una gran casa, poner una guardia a la entrada y hacer saber a todo tu reino, que todas las mujeres embarazadas y las parteras que hayan de atenderlas deberán venir a vivir en ella. Cuando los días de la espera terminen y las mujeres den a luz, será deber de la partera matarlo, si es un varón. Pero si la criatura es una niña, ha de vivir, y la madre recibirá regalos e indumentos costosos, y un heraldo proclamará: “Ésto se hace con la mujer que da a luz una hija”.’
El rey se sintió agradado con este consejo y publicó una proclama por todo su reino, llamando a todos los arquitectos para que construyeran una gran casa para él, de sesenta codos de alto y de ochenta de ancho. Cuando estuvo terminada dictó una segunda orden, llamando a todas las mujeres embarazadas para que vivieran en ella y allí permanecieran hasta después de su parto. Fueron enviados guardas para llevar a las mujeres a la casa y se colocaron vigilantes en ella y alrededor para evitar que las mujeres se escaparan. Después envió las parteras a la casa y les ordenó que asesinaran a los hijos varones en el pecho de sus madres. Pero si una mujer daba a luz una niña se la adornaba con lienzos, sedas y vestiduras