II. LA RECEPCIÓN DEL ARISTOTELISMO
1. LA TRANSMISIÓN A OCCIDENTE DE LOS TEXTOS DE ARISTÓTELES
La recepción de Aristóteles en el mundo latino no puede entenderse si antes no se trata la cuestión de las traducciones: ¿cuándo empieza a traducirse la obra aristotélica?, ¿desde qué fuentes?, ¿cómo y cuándo se recibe en Occidente? Estas traducciones son las que prepararán y posibilitarán el avance filosófico y científico posterior, pues llevarán a constituir y desarrollar la organización de las universidades europeas, a cambiar los planes de estudios y, con éstos, a reorganizar las distintas disciplinas o áreas del conocimiento. Sin conocer cómo tuvo lugar el proceso de traducción, no podríamos saber con exactitud cómo acontece la entrada, en el mundo latino, de un nuevo pensamiento que pronto colisionará con el pensamiento anterior y que, como se intentará mostrar en el presente trabajo, tendrá una gran influencia en siglos posteriores y en toda la Historia de la Filosofía.
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Grant, Edward, The Foundations of Modern Science in the Middle Ages. Their relligious, institutional and intelectual contexts, Cambridge University Press, NY, 1996, p. xiii.
En este punto, que abordaremos de forma breve, veremos cómo Aristóteles no llega al mundo latino exclusivamente de manos de las traducciones hechas desde el mundo árabe, tal y como se ha venido afirmando de manera generalizada. El proceso de traducción del corpus aristotélico se desarrolla paulatinamente. Además, de las distintas obras llegan a realizarse varias traducciones y, hacia finales del siglo XII, el grueso de la obra aristotélica había sido traducido al completo. Sin embargo, y al contrario de lo que ha venido sosteniéndose, en la mayoría de los casos, las traducciones que tuvieron mayor difusión no fueron aquéllas que se hicieron desde el árabe, sino las que se hicieron desde el griego.
Tenemos constancia de las traducciones de la obra de Aristóteles gracias a un
corpus de unos 2000 manuscritos que datan desde el siglo IX al siglo XVI. Durante los siglos XIX y XX, se ha llevado a cabo un estudio de la labor de traducción en el mundo medieval que ha tenido como resultado un catálogo de manuscritos medievales que contiene las traducciones de Aristóteles. Éste se ha recogido en tres volúmenes (1939, 1955 y 1962), que son básicos para entender la labor de traducción. Por medio de estas investigaciones disponemos de los distintos volúmenes del Aristoteles latinus, que contienen ediciones críticas de las traducciones de Aristóteles129.
Para tratar esta cuestión, veremos, en primer lugar, cómo tiene lugar la recepción de la obra aristotélica en el mundo musulmán y que, además de un gran movimiento de traducción, surge una especulación filosófica propia. En segundo lugar, se mostrará cómo se recibe la herencia greco-árabe en el Occidente latino para, por último, poner de relieve que en el mundo latino tuvo lugar un gran movimiento de traducción al latín directamente desde las obras griegas y que estas traducciones, por sus características, consiguieron una mayor difusión.
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Esta cuestión, así como una amplia tabla detallada de traductores de Aristóteles con sus respectivas traducciones, pueden consultarse en Dod, Bernard G., “Aristoteles Latinus”, en The Cambridge History of Later Medieval Philosophy, Norman Kretzmann, Anthony Kenny, Jan Pinborg (eds.), Cambridge Histories Online, Cambridge University Press, 2008, pp. 45-79.
a) Traducciones desde el árabe
El centro filosófico, médico y teológico más importante fue, en Siria, la Escuela de Nisibis, fundada alrededor del 350 y de carácter eminentemente teológico. Situada en el centro del mundo de habla asiria y dentro del Imperio romano, en el que, tras el Edicto de Milán, promulgado por Constantino I el Grande en el año 313, se otorgaba libertad de culto para los cristianos. Tal era su importancia, que llega a hablarse de ella, aunque de manera ciertamente anacrónica, como “la primera universidad del mundo”. Tras la caída de Nisibis, en el año 363, San Efrén de Nisibis se pone al frente de la escuela de Edesa o “Escuela de los persas”130. Allí, al principio, los sirios que se habían convertido al cristianismo traducían obras de carácter teológico y, poco a poco, fueron iniciándose en el aprendizaje de la ciencia y filosofía griegas: además de a los Padres de la Iglesia, se enseñaba a Aristóteles, Galeno e Hipócrates. Así se enseñaba teología y también filosofía, matemáticas y medicina, al mismo tiempo que se traducían las obras griegas al siríaco.
Conocemos gran parte del proceso de traducción gracias a un tratado llamado
Fihrist “Catálogo”, escrito en el siglo X por Muhammad ibn Ishaq al-Nadîm (ca.†998), en el que se describe una lista de autores y obras que tienen que ver con las distintas áreas del conocimiento, incluyendo traducciones hechas desde el persa, el griego, el copto, el hebreo, el asirio y el hindi131. Por él sabemos que, con toda probabilidad, las obras aristotélicas se traducían por partes: o bien varios traductores se encargaban de la traducción, o bien uno lo traducía del griego al asirio y otro del asirio al árabe, por ejemplo.
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La Escuela volvió a Nisibis en el 489, después de una crisis teológica en las Escuela de Edesa. Para las relaciones entre ambas Escuelas, vid. Reinink, G. J, “Edessa Grew Dim and Nisibis Shone Forth: The School of Nisibis at the Transition of the Sixth- Seventh Century”, Centres of Learning: Learning and Location in Pre-Modern Europe and the Near East, J. W. Drijvers, A.A. MacDonald (eds.), Brill, Leiden, 1995, pp. 77-90.
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Grant, Edward, A History of Natural Philosophy. From the Ancient World to the Nineteenth Century, Cambridge University Press, Cambridge, 2007, p. 63. El Kitâb Al-Fihrist está disponible en línea en archive.org https://archive.org/details/KitabAlFihrist (consultado en octubre de 2015).
Un importante traductor fue Hunayn ibn Ishâq (*808-†873), que conocía el griego, el asirio y el árabe. Junto a su hijo, su sobrino y otros discípulos, estableció una escuela de traductores en la que se tradujeron Sobre la generación y la corrupción, por él mismo, y en la que también se realizan paráfrasis, traducciones y elucidaciones de las Categorías, los Analíticos, los Tópicos, la Retórica, la Física y la Metafísica entre otras obras de Aristóteles132.
Cuando el islamismo reemplaza paulatinamente al cristianismo, alrededor del siglo VIII, los sirios continúan su labor de difusión de la filosofía helénica. La dinastía de los califas abbasidas o califato de Bagdad, fundada en el 750, tiene a su servicio a los sirios, que continúan enseñando y traduciendo, bien del griego al asirio, bien del griego al árabe. Entre los años que transcurren del 790 al 900, gran parte del Corpus aristotélico había sido traducido. En un periodo que transcurre entre los años que van del 900 hasta el 1020, las últimas traducciones tienen lugar en Bagdad. Para realizarlas, consultaban a menudo las traducciones ya disponibles. Entre los traductores, encontramos nombres como los de Abu Bisher Mattâ b. Yunus (†940), Ibn al Kammâr (*942-†1017) o Costa ben Luca (†ca.912). Entre las obras traducidas no sólo las hay de Aristóteles, aunque su influencia sea la más fecunda, pues también se traduce a Ptolomeo, Arquímedes, Hipócrates, Euclides, Teofrasto y Alejandro de Afrodisia, así como la República y las Leyes de Platón.
De este movimiento de traducción, añadido al intercambio cultural y a la necesidad de entendimiento mutuo, surgió una especulación filosófico-religiosa musulmana133. Tomando la especulación helénica y, en muchos casos, apartándose
de la especulación teológica, los filósofos árabes iban construyendo sus doctrinas. Si bien existe una gran parte de teología en sus especulaciones, también son ellos los que recogen, principalmente, la filosofía natural aristotélica, comentándola y ampliando en cuanto a nuevos conceptos se refiere. Sin embargo, para el mundo
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Grant, Edward, A History of Natural Philosophy, p. 66.
133
Vid. Gilson, Étienne, La filosofía en la Edad Media. Desde los orígenes patrísticos hasta el fin del siglo XIV, Gredos, 2ª edición, Madrid, 2007, p. 336.
islámico, la filosofía griega se consideraba una “ciencia extranjera” y el término “filósofo”, “failasuf”, había adquirido también un matiz peyorativo, con lo que los filósofos árabes se encontraban con una dificultad añadida134.
Así, los filósofos árabes no gozaban de popularidad dentro del orden intelectual establecido en el mundo musulmán, encontrándose ellos por debajo de los estudiosos de la ley y de los tradicionalistas mutakallimûn, quienes, si utilizaban la filosofía griega, era para defender la religión. Salvo los filósofos, el resto de los intelectuales islámicos utilizaban poco o nada la filosofía por considerarla una amenaza contra la fe, por lo que se creó una tensión entre ellos. Pese a todo, y dentro de esta nueva tendencia filosófica que surge entre los siglos IX al XII en el mundo árabe, destacan algunos filósofos que tendrían un gran impacto en el Occidente latino: Alkindi, Alfarabí, Avicena y Averroes.
Alkindi (†873), es el primer hombre célebre en la filosofía musulmana. Reconocido como el primer filósofo del Islam, Alkindi entiende que su primera tarea ha de ser la de introducir en el Islam la especulación filosófica. Distingue la filosofía de la teología como ámbitos bien diferenciados, pues en la teología interviene la revelación, hecho que no ocurre en filosofía. Pese a todo, la filosofía permanece como sierva de la teología, pues en ésta última está la verdad135. Alkindi
era un gran enciclopedista cuya obra alcanzaba a casi todos los ámbitos del saber griego. Sin embargo, sólo una pequeña parte de su extensa obra llegaría al Occidente latino.
Otro de los filósofos árabes destacados es Alfarabí (†950), que es el fundador del neoplatonismo en el Islam a la vez que un gran estudioso de la obra aristotélica, principalmente la obra lógica, pues Alfarabí traduce y comenta el Órganon136.
Muchos musulmanes le llamaban “el segundo maestro”, considerándole la mayor
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Vid. Grant, Edward, A History of Natural Philosophy, p. 69.
135
Vid. Grant, Edward, A History of Natural Philosophy, p. 71.
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autoridad en filosofía después del Estagirita. A Alfarabí se le atribuyen más de cien obras, incluidos sus comentarios a Aristóteles, de entre las que destaca su Catálogo de las ciencias, donde clasifica las ciencias de su tiempo. También escribe la
Concordancia entre Platón y Aristóteles, un intento de conciliación entre ambos autores que es una muestra de que los árabes estaban convencidos de que, en el fondo, Platón y Aristóteles estaban de acuerdo137. De ahí que llevaran a cabo
diversos esfuerzos por conciliarlos. Éste es uno de ellos.
Con especial atención, hemos de referirnos a Avicena (*980-†1037). Él, cuenta en su autobiografía, releyó la Metafísica de Aristóteles hasta cuarenta veces, sin entenderla, hasta que leyó un tratado de Alfarabí sobre el sentido de la
Metafísica y, entonces, “cayeron las escamas de sus ojos y se sintió tan feliz por haber comprendido, que al día siguiente distribuyó a los pobres abundantes limosnas para agradecer a Dios el prodigio”138.
De gran influencia en la Edad Media gracias a su Canon, obra que, durante siglos, sirvió para el estudio y enseñanza de la medicina, también fue una gran autoridad en filosofía hasta el siglo XVII y especialmente durante los siglos XII y XIII. Asimismo, su Metafísica es más que un mero comentario a la Metafísica de Aristóteles, llegando a modificar conceptos aristotélicos tales como los de materia y forma, e incluso a introducir nuevos elementos, como la distinción entre esencia y existencia. Otra de sus grandes contribuciones es el Libro de la curación, que es una enciclopedia del saber greco-árabe del siglo XI en el que se tratan diversas materias como lógica, física y matemáticas.
Otro de los filósofos árabes de mayor relevancia es Algazel (†ca. 1111), quien “profesa una especie de escepticismo filosófico del que se propone salga beneficiada
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Ramón Guerrero afirma lo siguiente a este respecto: “La reflexión sobre textos griegos facilitó la elaboración de una síntesis, de base aristotélico-neoplatónica, que dio estructura al pensar filosófico, al menos hasta Averroes”, en Ramón Guerrero, R., “Averroes: Explicación aristotélica del universo”, Filosofia Unisinos, 9 (1), pp. 25-42, (enero-abril: 2008), p. 27.
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la religión”139. Entre sus obras destaca La destrucción de los filósofos, en la que
realiza una gran crítica a la filosofía aristotélica, representada, en este caso, por Alfarabí y Avicena. Sin embargo, esta obra no fue conocida en el Occidente latino medieval.
El más importante de los filósofos árabes, junto a Avicena, es Averroes (*1126-†1198), cuya influencia se deja sentir en toda la Edad Media y hasta la Modernidad, con Spinoza. Sus comentarios a Aristóteles hacen que reciba el título de “Comentador” por excelencia. En su faceta como pensador original, encontramos un gran esfuerzo por precisar con exactitud las relaciones entre filosofía y religión. Asimismo, “el pensamiento de Averroes se presenta como un esfuerzo consciente por restituir a su pureza la doctrina de Aristóteles, corrompida por todo el platonismo que sus antecesores habían incluido en ella”140, convencido de que la
filosofía de Aristóteles era la verdadera filosofía.
La recepción de la filosofía árabe en Europa tiene lugar gracias al contacto entre musulmanes y cristianos y a las traducciones al latín de obras escritas en árabe. Las primeras traducciones del árabe al latín tienen lugar hacia el fin del siglo XI, aunque se tiene constancia de traducciones realizadas hacia la mitad del siglo X del árabe al latín en el monasterio de Santa María de Ripoll, que tienen que ver con geometría y con instrumentos astronómicos. En el siglo XI se traducen textos de medicina y de filosofía natural y la mayoría de las traducciones vienen de la mano de Constantino el Africano (fl. 1065-1085), a quien se sitúa generalmente en el centro médico de Salerno, en Italia141.
Sin embargo, la mayor actividad de traducción en el Occidente latino tiene lugar entre 1125 y 1200. Con las caídas de Toledo en 1085 y Sicilia en 1091,
139
Gilson, Étienne, La filosofía en la Edad Media, p. 347.
140
Gilson, Étienne, La filosofía en la Edad Media, p. 351.
141
Vid. Hasse, Dag Nikolaus, “Influence of Arabic and Islamic Philosophy on the Latin West”, en Stanford Encyclopedia of Philosophy, http://plato.stanford.edu/archives/fall2008/entries/arabic-islamic- influence/
Europa se hace con centros de aprendizaje árabes y los libros pasan a estar a disposición de los cristianos. Traductores de toda Europa se ponen manos a la obra para traducir la nueva filosofía o, como se ha venido llamando en numerosas ocasiones, la herencia greco-árabe. Este nuevo conocimiento disponible trajo consigo un gran entusiasmo, dado que, de muchas de estas obras, los latinos sólo conocían fragmentos y, en ocasiones, nada o sólo el título. La afluencia de traductores de distintos países puede apreciarse al considerar sus distintos nombres, que, en la mayoría de los casos, aluden a sus lugares de origen. Con la disponibilidad de las nuevas obras, les inundó un sentimiento de desconocimiento del pasado que hizo que quisieran revertir la pobreza de los latinos o latinorum penuria, recuperando los tesoros del mundo antiguo142.
El centro más importante de traducción es la Escuela de traductores de Toledo, situada en lo que devendría España. Allí, en la primera mitad del siglo XII, el arzobispo de Toledo del momento, Raimundo de Sâuvetat, que ostenta el cargo entre 1125 y 1152, hace traducir obras de Aristóteles y de Alfarabí, Avicena, Algazel y Ben Gabirol (Avencebrol). Estas obras tienen un carácter más o menos aristotélico, lo que también contribuyó a la difusión del aristotelismo. El movimiento de traducción en Toledo no sólo tiene lugar por el interés o patrocinio eclesiástico, sino también por el propio interés de los traductores, por la demanda de textos científicos desde las escuelas francesas, así como por la disponibilidad de los manuscritos árabes en las ciudades recién conquistadas por los cristianos143. Si bien
la ciudad de Toledo pasa a manos cristianas en el año 1085, el movimiento de
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Vid. Grant, Edward, The Foundations of Modern Science in the Middle Ages. Their relligious, institutional and intelectual contexts, Cambridge University Press, NY, 1996, pp. 22-23.
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Vid. Hasse, Dag Nikolaus, “Influence of Arabic and islamic Philosophy on the Latin West”, en Stanford Encyclopedia of Philosophy, http://plato.stanford.edu/archives/fall2008/entries/arabic-islamic- influence/
traducción como tal se desarrolla principalmente a partir del año 1130, pues la audiencia para las nuevas obras en un principio era bastante limitada144.
Tratando las traducciones que tienen que ver específicamente con obras filosóficas, hemos de destacar, entre los traductores que trabajan en Toledo a Dominicus Gundissalinus (Gundisalvi, fl. ca. 1150) y Ioannes Hispanus (fl. ca. 1150). También destaca Gerardo de Cremona (†1187), quien tradujo del árabe los
Analíticos segundos, la Física (De naturali auditu), el De caelo et mundo, De generatione et corruptione y los Meteoros. Él es quien realiza la versión latina del
Liber de causis, que en la Edad Media era tomado como una obra genuina de Aristóteles y que se cita frecuentemente como Liber Aristotelis de expositione bonitatis purae o Liber bonitatis purae, siendo, en realidad una parte de la
Elementatio Theologica, de Proclo. A él también le debemos traducciones de distintos tratados de Alkindi, como el De intellectu y el De quinque essentiis, así como un número considerable de traducciones de obras de astrología, astronomía, medicina y matemáticas, entre las que se encuentran traducciones de Hipócrates, Galeno y de los Elementos de Euclides. Parece ser que a Gerardo de Cremona le ayudaba un mozárabe llamado Galippo, con quien enseñó astronomía para Daniel de Morley (†ca. 1210), un inglés que fue a Toledo expresamente en busca del saber arábigo145.
A Ioannes Hispanus le debemos la traducción de la Lógica de Avicena. Otras obras de Avicena que se traducen son la Física (Sufficientia), el De caelo et mundo, el Tratado del alma (Liber sextum naturalium) y la Metafísica, todas ellas de la mano de Dominicus Gundissalinus ayudado por Ioannes Hispanus. Ellos mismos traducen la Lógica, la Metafísica y la Física de Algazel, así como la Fons vitae, de Ben Gabirol.
144
Burnett, Charles, “The Coherence of the Arabic-Latin Translation Program in Toledo in the Twelfth Century”, en Science in Context, 14, Cambridge University Press, pp. 249-288 (junio: 2001), p. 250.
145
Vid. Haskins, Charles H., Studies in the History of Mediaeval Science, Cambridge, Harvard University Press, Cambridge (MA), 1924, p. 15.
Asimismo, se traducen al latín obras de inspiración neoplatónica que pasaban por tratados originales de Aristóteles. Además del ya citado Liber de causis,
traducido por Gerardo de Cremona, se traduce la Teología de Aristóteles, tomada, fundamentalmente, de las Enéadas de Plotino (libros IV-VI). Otras obras que se traducen del árabe y que se le atribuyen erróneamente a Aristóteles son el De plantis, que de hecho era de Nicolás Damasceno, filósofo griego del s. I y que tradujo Alfredo de Sareshel (del que no conocemos sus fechas de nacimiento y muerte con exactitud); el De differentia spiritus et animae, de Costa ben Luca, traducido por Juan de Sevilla (del que no se sabe si es la misma persona que Ioannes Hispanus) y por otro traductor desconocido; y el De proprietatibus, obra árabe anónima traducida por Gerardo de Cremona. También se incluye entre estas obras el
Secretus secretorum, obra que supuestamente escribió Aristóteles para Alejandro Magno y que fue traducida por Felipe de Trípoli alrededor de 1243. El problema que trajo consigo este hecho es que, bajo el nombre de Aristóteles, se situaron ideas