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Tratamiento del adolescente suicida

139 Madre: Pero yo no me doy cuenta de ello.

H. Tratamiento del adolescente suicida

La depresión se considera una variable necesaria, pero no sufi- ciente en los intentos de suicidio de adolescentes (Carlson, 1981). Del mismo modo, a pesar de que los problemas principales se en- cuentren en el contexto más amplio, la familia refleja y a menudo exacerba las presiones externas existentes en el mundo del adoles- cente (Dykeman, 1984).

Uno de los patrones más frecuentes en el seno familiar de un adolescente suicida es la triangulación, la presencia de lealtades di- vididas que fuerzan al muchacho a tomar partido por uno u otro de los padres, provocándole una enorme tensión. Esto genera intensos sentimientos de culpa en el hijo, quien siente que siempre traiciona a uno de sus progenitores, reduciendo así su autoestima. Además cuando el adolescente vive en una familia caracterizada por una constante triangulación, rechazo y culpa, el rechazo del contexto social más amplio se torna intolerablemente amenazador, puesto que el muchacho no cuenta con un hogar seguro y acogedor que le brinde apoyo.

También puede suceder que el sistema familiar se encuentre prematuramente desligado, lo cual hace que el chico se sienta ex- pulsado a una edad en que todavía no está en condiciones de eman- ciparse totalmente. Ante las dificultades del medio externo, no acude a su familia porque siente que en ella se le desvaloriza y re- chaza. Una situación de este tipo aumenta su vulnerabilidad, propi- ciando que vuelque la agresividad hacia sí mismo en un acto que evitando por todos los medios que el incesto se repita. Asimismo,

el terapeuta tendrá que examinar el contexto que rodea a la madre para determinar qué factores le hacen sentirse incompetente e im- potente, con el propósito de contrarrestarlos.

G. 1.4. Estar alerta ante el peligro para el contexto exterior

El equipo terapéutico ha de mantenerse alerta porque, aun cuando se disgregue el sistema familiar, el transgresor podría mu- darse a otra parte y abusar allí de más menores. Por lo tanto, es con- veniente realizar seguimientos periódicos que informen del com- portamiento y condiciones de vida de la persona que ha cometido el incesto. Esto supone un elevado compromiso ético y social por parte de los profesionales implicados en el tratamiento.

G.1.5. Establecer y mantener límites

Se deben establecer límites excepcionalmente firmes, si es nece- sario con la ayuda de las autoridades, lo que implica quebrantar la expectativa cultural de que la familia se mantenga unida (Fishman, 1990). La meta del tratamiento es reestructurar el sistema familiar para que los padres cumplan su función de educar y proteger a sus hi- jos, pero si éstos son víctimas de nuevos abusos o de maltrato, la

obligación del equipo terapéutico es protegerlos por encima de todo.

G.1.6. Desalentar falsas esperanzas

El terapeuta ha de fomentar la cólera y la indignación de los fa- miliares contra la persona que ha cometido el incesto. Ambos as- pectos son necesarios para motivar un verdadero cambio basado en hechos reales y no en falsas expectativas. Únicamente así será po-

sible crear y mantener los límites familiares y exigir que el trans- gresor asuma la responsabilidad por su conducta incestuosa, sin que otras personas disculpen su proceder.

Terapia familiar con adolescentes

H . l . Objetivos terapéuticos

El problema del suicidio hace necesario que la terapia se enca- mine a la consecución de las metas siguientes: cambiar la estruc- tura familiar; modular la tolerancia al estrés; ayudar al muchacho a asumir la realidad existencial; evitar que los padres adopten una ac- titud excesivamente protectora o excesivamente inconmovible ha- cia el adolescente, y tener en cuenta la influencia del contexto exte- rior a la familia.

H. 1.1. Cambiar la estructura y la comunicación afectiva familiar En primer lugar, el terapeuta debe cambiar la estructura fami- liar, impidiendo la triangulación, ya sea debida a coaliciones inter- generacionales permanentes o a la utilización del muchacho como «chivo expiatorio» de los problemas de los padres. Una vez corre- gidos los aspectos organizativos, la terapia debe ayudar al ado- lescente a sentirse valorado, es decir, no sólo a ser tolerado sino también a tener voz, destacando sus aspectos más positivos y com- petentes. Por consiguiente, la labor del terapeuta es fijar límites fle- xibles que permitan una relación positiva entre los componentes de la familia, de forma que se favorezca el crecimiento del adoles- cente y el apoyo necesario para el mismo.

Tratamiento del adolescente suicida H.l.2. Modular el sistema impulsivo

Estas familias se rigen por la complacencia inmediata y la inca- pacidad para tolerar la contrariedad y el sufrimiento, haciendo que el adolescente no esté preparado para soportar las inevitables frus- traciones vitales.

Para cambiar esta situación el terapeuta debe evaluar previa- mente cuál es el grado de impulsividad del contexto familiar, averi- guando si alguno de los padres bebe en exceso, si hay miembros manifiestamente entrometidos en la familia, y si confluyen factores como pobreza o enfermedad.

H.1.3. Evitar que la familia forme un chico vulnerable

Con posterioridad a un intento de suicidio, hay ocasiones en que la familia se vuelve excesivamente protectora y otras en las que hace caso omiso de la gravedad del intento. En el primer caso, el te- rapeuta debe abordar el sentimiento de culpa de los padres que les lleva a sobreproteger a un chico que consideran totalmente vulnera- ble. El objetivo es conseguir que estimulen y apoyen a su hijo para que asuma las responsabilidades y tareas correspondientes a su edad.

En el segundo caso, cuando el sistema se muestra inconmovible, el terapeuta impedirá que el adolescente sea desvalorizado por los progenitores, quienes restan importancia a la conducta suicida o re- accionan considerando a su hijo como un loco (Fishman, 1990). Tratará de destacar las facetas competentes del muchacho, pero si los padres continúan indiferentes, recomendará que una familia sus- tituta se haga cargo del chico, al menos temporalmente.

H.l.4. Ayudar al adolescente a asumir la realidad existencial Una tarea clave del tratamiento reside en ayudar al adolescente a asumir la realidad existencial de soledad, mortalidad y vulnerabi- lidad. En la lucha por aceptar esa experiencia, los padres pueden conduce al suicidio. La tarea del terapeuta con familias de estas ca-

racterísticas es lograr una mayor organización del sistema familiar, que suele estar muy desestructurado, de forma que pueda satisfacer las necesidades que faciliten el crecimiento del muchacho. En ge- neral, todos los sistemas familiares de adolescentes suicidas son extremadamente rígidos, caracterizándose por una falta de adapta- ción a los nuevos requerimientos evolutivos de sus miembros. Un ejemplo claro lo brindan las familias que insisten en la perfección, creando con ello un cuma muy opresivo para los hijos. El síntoma suicida se puede interpretar como un intento desesperado de produ- cir un cambio en el sistema.

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aportar aliento y empatia, pero no deben intervenir para rescatar al hijo. Es necesario que el muchacho luche y supere este desafío por sí mismo, aunque sintiendo que tiene una familia que lo quiere y lo respalda.

H. 1.5. Tener en cuenta el contexto más amplio

Se debe rechazar la idea de que el contexto del adolescente se reduce a los padres y que, por tanto, la familia ha hecho algo que provocó la conducta suicida. Un supuesto de este tipo genera senti- mientos de culpa que no ayudan ni a los padres ni al tratamiento (Fishman, 1990).

La terapia debe intervenir tanto en el contexto familiar como en el social, si se considera necesario, no para buscar responsables, sino para alterar aquellos factores que estén incidiendo en el man- tenimiento de estructuras inadecuadas que favorecen los episodios de suicidio.

I. Tratamiento del adolescente discapacitado

Se denomina «discapacidad» a cualquier condición, ya sea cró- nica o temporal, que potencialmente perjudique el funcionamiento del individuo (Fishman, 1990). Aunque únicamente una minoría de los niños y adolescentes con esta problemática experimenta difi- cultades graves en el desarrollo de su personalidad, sin embargo se observa que el chico discapacitado es más vulnerable durante la adolescencia que durante la infancia (Hausser, 1985).

Los resultados de las investigaciones sobre chicos discapacita- dos y sus familias permiten afirmar que los factores que disminu- yen la vulnerabilidad y aumentan la fortaleza del discapacitado son: una elevada autoestima, la capacidad para controlar el medio, la competencia social y escolar, la calidez en el hogar y una inter- acción familiar equilibrada (Fishman, 1990).

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^ Tratamiento del adolescente discapacitado 1.1. Objetivos terapéuticos

Las metas terapéuticas del tratamiento del adolescente discapa- citado y su contexto familiar consisten fundamentalmente en: alte- rar las conductas de otros familiares que impiden al chico aumentar su competencia; incrementar las expectativas con respecto a las po- sibilidades del discapacitado; reconocer que durante la adolescen- cia la familia está sometida a un fuerte estrés; emplear recursos ex- temos que puedan aliviar a los familiares de la carga excesiva que supone el adolescente, y atender las consecuencias negativas que suelen sufrir los hermanos.

1.1.1. Cambiar las conductas que refuerzan la discapacidad

Conviene que el terapeuta desde la primera entrevista actúe con rapidez para cambiar los patrones de interacción que refuerzan la dis- capacidad y los sustituya por otros que promuevan una mayor compe- tencia. En este sentido, es fundamental que observe desde un princi- pio posibles áreas de competencia en el discapacitado que la familia haya pasado por alto, centrando la atención en ellas para hacerlas pa- tentes, ampliarlas e impedir los patrones de sobreprotección.

La finalidad del tratamiento, cuando el muchacho es menor de edad y no mantiene contacto con ningún grupo de amigos, consiste en buscar un incentivo para que se supere a sí mismo o para que se relacione con otras personas de su edad. En el caso de un joven ma- yor, la meta reside en preparar al discapacitado y a su familia para la emancipación, si ésta es posible, o para el máximo grado de in- dependencia que la discapacidad permita.

1.1.2. Transformar las expectativas demasiado limitadas

Las familias perciben la discapacidad como un estado perma- nente e inmutable, sin considerar que siempre hay un margen den- tro del cual el muchacho puede mejorar. Como consecuencia, espe- ran un funcionamiento disminuido en el discapacitado y no lo

Terapia familiar con adolescentes ^ Tratamiento de la familia uniparental 1.1.4. Organizar un sistema de apoyo

En un problema de este tipo resulta adecuado que la familia se apoye en recursos extrafamiliares, evitando presiones excesivas so- bre cualquiera de sus miembros. La existencia de «sobrecargas» en la persona o personas encargadas de cuidar al discapacitado no be- neficia el funcionamiento del sistema familiar. Por el contrario contribuye a crear un clima de malestar que puede resultar muy ne- gativo para todos.

1.1.5. Abordar las secuelas en el subsistema fraterno

Uno de los aspectos relacionados con el punto anterior es que el adolescente discapacitado puede acaparar toda la atención paterna, lo que suele provocar sentimientos de abandono, hostilidad o celos en sus hermanos. Con frecuencia, los padres están sobrecargados y no pueden dar más de sí, por lo que se debe proporcionar al subsis- tema fraterno un sistema de apoyo extemo.