3.2. Ansiedad educativa en adolescentes
3.2.3. Tratamiento de la ansiedad:
El abordaje de la ansiedad ha sido estudiado desde la corriente médica y psicológica y, en menor medida, se ha dado en ambientes educativos. Los tratamientos se han enfocado en desde lo farmacológico (medicamentos), hasta lo psicológico con técnicas como la desensibilización sistémica (en casos de ansiedad fóbica) y la propuesta bastante aceptada de la teoría tridimensional de Lang (1958), citado por Martínez et al. (2012), quien describe tres sistemas de respuesta que deben ser evaluados por separado y de diferentes maneras para llevar a cabo la elección del método de tratamiento más apropiado.
La propuesta es realizar la evaluación desde lo conductual o motor, fisiológico y cognitivo, donde el tratamiento obliga a observar cambios en las otras dos áreas si se modifica una de ellas.
Este modelo tripartito puede ser usado para el abordaje de otras emociones humanas (Martínez et al., 2012) y el tratamiento se da para cada una
55 de las manifestaciones fundamentales (fisiológica, conductual o subjetiva). Para el tratamiento fisiológico se da la relajación, como la relajación sistémica o las técnicas de biofeedback. En el tratamiento conductual se da la práctica reforzada y el entrenamiento en habilidades sociales. Mientras que en el tratamiento cognitivo se dan la reestructuración cognitiva y las autoinstrucciones positivas.
Aun cuando estas técnicas han estado en manos de expertos en el tema, como psicólogos y psiquiatras, sin embargo, a nivel educativo se trabajan como un eje transversal las habilidades sociales y en muchas ocasiones se tiene que hacer uso de las técnicas de relajación. Lo interesante de esta propuesta es que el tratamiento debe ser un asunto individualista con técnicas que favorezcan la reducción de la ansiedad de acuerdo con cada tipo de respuesta y las técnicas deben concordar con cada uno de los tres sistemas.
Una situación que produce ansiedad en una persona puede presentarse en diferente intensidad en cada uno de los tres sistemas de respuesta. En las evaluaciones los expertos han observado que “las personas con baja reactividad cognitiva y fisiológica presentaban menos conductas de evitación que aquellas con alta reactividad cognitiva y fisiológica” (Martínez et al., 2012, p. 203).
Las respuestas cognitivas o subjetivas han sido considerablemente medidas en los cuestionarios e instrumentos, las respuestas motoras se evalúan en menor medida y se le presta menos interés a las respuestas fisiológicas, siendo que los tres sistemas de respuesta son relevantes para entender las manifestaciones de ansiedad y así ofrecer una solución más integral al problema.
La mayoría de los inventarios y cuestionarios que evalúan la ansiedad son del ámbito clínico y de la salud. Algunos que evalúan el ámbito educativo son el Cuestionario de Ansiedad ante los Exámenes (CAEX) (Álvarez et al., 2012) y el Inventario de Ansiedad Escolar (IAES) (García et al., 2011).
56 a. Las respuestas son de diferente naturaleza; por ejemplo lo
subjetivo se diferencia de lo fisiológico.
b. El método para evaluar depende de lo que se va a medir; por ejemplo, lo cognitivo se evalúa con autoinformes y lo fisiológico por medio de registro fisiológico.
c. Las respuestas deben ubicarse de acuerdo con cada sistema; por ejemplo, los pensamientos negativos en lo cognitivo y el incremento del ritmo cardíaco en lo fisiológico.
Esta teoría de Lang (Martínez et al., 2012), es un soporte para otras investigaciones que se pueden extender para evaluar la ansiedad en áreas educativas, como en el presente caso, en el que se van a identificar las manifestaciones que provocan ansiedad ante los exámenes y las posibles respuestas de intervención y prevención que el centro educativo puede tomar en cuenta para ayudar a las y los estudiantes que presenten estas crisis.
Para enfrentarse a la ansiedad por parte de las y los estudiantes es necesario fortalecer en ellas y ellos una serie de competencias que les ayuden a enfrentarse ante estas situaciones de una mejor manera. El siguiente apartado viene a aclarar este concepto y su aplicación en el manejo adecuado de las situaciones de ansiedad.
57 3.3. Competencias
Ya no basta con que cada individuo acumule al comienzo de su vida una reserva de conocimientos a la que podrá recurrir después sin límites. Sobre todo debe estar en condiciones de aprovechar y utilizar durante toda la vida cada oportunidad que se le presente de actualizar, profundizar y enriquecer ese primer saber y de adaptarse a un mundo en permanente cambio.
Delors, 1996.
Las competencias son tema no solo de la actualidad empresarial, sino también existe una toma de conciencia mundial sobre la necesidad de adquirir competencias para desempeñarse positivamente en los diferentes contextos. Por esto se puede repensar el ambiente educativo como un campo donde pueden germinar los conocimientos, aptitudes, destrezas y habilidades para la vida.
La palabra competencia se deriva del griego agon y agonistes que significan que una persona “…se ha preparado para ganar en las competencias olímpicas, con la obligación de salir victorioso” (Moncada, 2013, p. 20). De esto se desprenden tres principios, el primero de los cuales es prepararse como una forma de aspirar a conocer, el segundo implica ser apto o adecuado al ganar la “batalla”, y el tercero, por último, tener la firme determinación de ganancia, es decir, de alcanzar algo positivo para la vida propia.
Las competencias son entonces un grupo de comportamientos sociales, afectivos y habilidades en lo cognoscitivo, psicológico, sensorial y motor que permite a la persona desempeñarse adecuadamente en una actividad o tarea para la cual está capacitado (Bassi, 2014).
Las competencias se engloban bajo tres aprendizajes básicos que son aprender a conocer (conceptos, conocimientos), aprender a hacer
58 (procedimientos y destrezas) para influir en el entorno, y aprender a ser y convivir (actitudes y aptitudes) (Moncada, 2013), adquiridas con la finalidad de afrontar positiva y eficientemente las situaciones personales y laborales, así como continuar aprendiendo durante la vida.
El aprender a ser encierra aspectos del conocimiento actitudinal (saber ser y convivir) como la automotivación, la iniciativa, el liderazgo, aprovechar oportunidades de asumir cambios, tomar decisiones y considerar sus consecuencias, además de resolver problemas, ser autocrítico, adaptarse a nuevas situaciones, tener habilidades de concentración y comunicativas, generar nuevas ideas (creatividad), tener espíritu competitivo y deseos de triunfar, entre otros.
Estas actitudes “…son una predisposición afectiva y motivacional necesaria para el desarrollo de una determinada acción, y poseen también un elemento cognitivo conductual” (Moncada, 2013, p. 25), ya que permite a la persona aprender a hacer frente a situaciones riesgosas, tomar decisiones consideradas exitosas en la vida personal, social y educativa de estos jóvenes.
Este saber ser implica un procedimiento de aprendizaje afectivo para accionar o tener la capacidad de enfrentarse a una situación determinada y real, aplicando los conocimientos que se han adquirido. Dicho de otro modo, es movilizar los recursos cognitivos para hacerle frente a situaciones que lo ameritan, donde la persona aprenda a hacer (habilidades), tenga un saber (conocimiento) y valore las consecuencias del impacto de este hacer (valores y actitudes) (Moncada, 2013).
De esta forma se debe aprender a ser persona, bajo el sinnúmero de actitudes que posibiliten el desarrollo positivo (entendido como crecimiento, maduración y aprendizaje) para desplegar las potencialidades y habilidades que se tengan. Este proceso debe enfocarse en la prevención de conductas dañinas, por lo que, a nivel educativo, se puede intervenir ayudando a la población
59 adolescente a desarrollar las competencias y habilidades de vida necesarias para tener una participación más positiva en la sociedad.
Existen habilidades técnicas o específicas de cada sector productivo de la sociedad, habilidades socioemocionales o de comportamiento, y habilidades cognitivas o también llamadas de conocimiento (Bassi, Busso, Urzúa y Vargas, 2012). El término habilidad es relacionado con destreza y talento.
Una persona que tiene competencias tiene tres elementos que son conocimientos, destrezas y aptitudes, dentro de las cuales se van a destacar las habilidades socio-emocionales y académicas, las cuales se describen a continuación.