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Tratamiento psicopedagógico

Parte I: MARCO TEÓRICO

2. Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad

2.17 Tratamiento del TDAH

2.17.3 Tratamiento psicopedagógico

Si como señala Barkley (1998), el Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad se debe a un fallo en el proceso de inhibición conductual, serán aquellas familias y ambientes estructurados los que favorezcan un mejor desarrollo evolutivo en los diferentes ámbitos del niño. Por este motivo, el papel de los familiares y los educadores que están alrededor del niño con TDAH será fundamental para que la manifestación de los síntomas sea la menor posible. Un buen proceso psicoeducativo tanto con los padres como los niños ayuda a entender qué le ocurre al niño y por qué se comporta de esa manera, eliminando posibles malas atribuciones a la conducta del niño y ajustando las expectativas futuras de su conducta y rendimiento. Son numerosos los estudios que ponen de relieve la relación entre los padres y los niños con TDAH. Así, por ejemplo, Barkley, Fischer, Edelbrock y Smallish (1991) llegaron a la conclusión de que las madres de niños con TDAH suelen ser más controladoras, con un estilo más coercitivo y menos responsivo que las madres de niños que no tienen TDAH.

Son numerosas las estrategias que se han propuesto para trabajar de manera efectiva con los alumnos con Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad en el aula, entre las cuales destacamos las señaladas en las investigaciones de Miranda, García y Roselló, (2001), Miranda, Presentación, Gargallo, Soriano, Gil y Jarque (1999) y Miranda, Roselló y Soriano (1998):

Enseñar de una manera activa y continua las reglas de clase y los hábitos de trabajo, entre los que se destacan explicarle al alumno con TDAH lo que tiene que hacer de una manera clara, sencilla y explícita, recordarle las normas sociales de forma breve pero regular, pedirle al niño que nos explique las reglas que deben seguirse ante situaciones concretas que pueden resultarle

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problemáticas, plantearle en clase preguntas frecuentemente para mantenerle activo y atento.

Modificaciones relativas a la organización del espacio físico del aula. Estructurar las mesas y sillas de la clase de tal manera que favorezca la comunicación entre los alumnos, colocar a los alumnos con TDAH cerca del profesor y alejados de aquellos lugares donde sean más vulnerables a la distracción (ventanas que den al patio, puertas que den al pasillo) y estar pendientes de que en sus mesas sólo tengan el material necesario para la tarea que tienen que llevar a cabo.

Modificaciones en el currículum y en los procedimientos instruccionales. Algunas orientaciones para los profesores de alumnos con trastorno con déficit de atención con hiperactividad son asignarles un compañero que le ayude a apuntar los deberes, trabajos y exámenes en la agenda, simplificarle las instrucciones de las diferentes tareas o trabajos que tenga que realizar, dividir las tareas o exámenes complejos en partes o en días diferentes y no realizar pruebas y/o exámenes demasiados largos.

Favorecer la utilización de estrategias organizativas. Algunas de las tareas que se pueden realizar en clase para favorecer la organización de los alumnos en general, y en concreto los alumnos con TDAH, es dedicar unos 5 minutos al día para organizar las cajoneras, las taquillas, los cuadernos, las estanterías y poner al día la agenda revisando que no hay nada pendiente sin anotar. Todos los alumnos deben utilizar la agenda como medio de

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comunicación entre el colegio y sus familiares. Otro aspecto relevante es explicarles a los alumnos cambios que vaya a producirse en un futuro cercano, como pueden ser la llegada de un alumno nuevo a clase, la visita de un profesor o jefatura de estudios a clase, etc.

Según Herrera Gutiérrez, Calvo Llena y Peyres Egea (2003) el comportamiento del niño con trastorno por déficit de atención con hiperactividad está en función de las características del ambiente y de las habilidades y destrezas del niño en cuestión, y por tanto, la manifestación de los síntomas del TDAH, no es consecuencia directa de un trastorno inherente al individuo. Es por ello que estas autoras aconsejan la puesta en marcha de las siguientes pautas en el contexto educativo:

a) Evaluar y determinar si el niño en cuestión tiene las habilidades y destrezas necesarias para llevar a cabo un comportamiento correcto y adaptativo en el aula.

b) Identificar cuáles son los factores del ambiente que mantienen las conductas disruptivas o desadaptativas del niño o que dificultan que el niño ponga en marcha una serie de conductas que sean más positivas y adaptativas.

c) Establecer cuáles son las causas o raíces que le llevan al niño a comportarse de la manera que lo hace en el aula en relación a sus compañeros, profesores y respecto a sus tareas académicas.

d) Reforzar las conductas del niño que hacen que le permitan alcanzar las metas que se establecen con él y se adapte al contexto escolar.

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En cuanto a la comprensión lectora, el trabajo con los alumnos con TDAH, utilizando estrategias autorregulatorias suelen tener muy buenos resultados para guiar la ejecución y que el propio alumno evalúe los resultados antes, durante y después de la tarea. Algunas de las tareas autorregulatorias que han resultados efectivas son el autocuestionamiento, el automonitoreo y las autoinstrucciones (Soriano, Ygual y Pinto, 2014).

Ejemplo de cómo se aplicaría las autoinstrucciones en la comprensión de un cuento:

Vale, he aprendido tres cosas importantes que he de tener en mi mente antes de leer un cuento y mientras lo leo. Una consiste en preguntarme cuál es la idea central del cuento. ¿De qué va la historia? La segunda es aprender detalles importantes sobre la historia mientras leo. Un detalle muy importante es el orden de los acontecimientos o la secuencia que siguen. La tercera cosa es saber cómo se sienten los personajes y por qué. Vale: Buscar la idea principal. Analizar las secuencias. Y aprender cómo se siente cada personaje y por qué.... Mientras leo, tengo que pararme de vez en cuando. Debería pensar en lo que estoy haciendo. Y también escuchar lo que me voy diciendo a mí mismo. Lo que digo, ¿es correcto? Recuerda, no te preocupes por los errores. Vuelve a intentarlo. Mantente tranquilo, calmado y relajado. Cuando tengas éxito, siéntete orgulloso. Pásalo bien. (Tomado de Meichembaum y Asarnow, 1979; pp. 17-18).

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Como ejemplo de cómo se aplicaría la estrategia de autoinstrucciones para activar el conocimiento exponemos el siguiente (tomado de Miranda, Soriano, Ygual y Roselló, 1997; p. 718):

1.- ¿Qué tengo que hacer?

Tengo que recordar todo lo que ya sé sobre lo que voy a leer. 2.- ¿Cuál es mi plan?, ¿qué truco voy a utilizar?

Leo el título atentamente.

Pienso en lo que conozco sobre este tema.

Me hago preguntas que estén relacionadas con lo que yo conozco sobre este tema.

Leo el texto y compruebo si efectivamente puedo responder a las preguntas que he formulado anteriormente.

3.- ¿Cómo lo estoy haciendo? Me está saliendo bastante bien. 4.- ¿Cómo lo he hecho?

Fenomenal, he respondido a todas las preguntas y he entendido muy bien lo que dice el texto o, verdaderamente, hay preguntas a las que no puedo contestar. Eso significa que debo prestar más atención y aplicar con más cuidado mi truco.

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