2. METODOLOGÍA
3.2. Trauma y Urgencia subjetiva
Se tratará en este apartado de articular un concepto de la clínica psicoanalítica: Trauma, que está desde los inicios del psicoanálisis y se enuncia en relación con el tema de la angustia que se abordara más adelante, y una noción más actual que se plantea en la clínica contemporánea: Urgencia subjetiva.
Desde la teoría freudiana, observamos que no hay en su obra una conceptualización de la urgencia, desde la perspectiva que se pretende en esta investigación, pero sí del trauma y la angustia. No obstante, veremos algunas aproximaciones que nos permiten leer lo relativo a esta noción en la obra de Freud y su relación con la clínica.
Hablar de urgencia en Freud, remite a hablar del desvalimiento, como algo del orden de lo traumático, el cual lo nombra como Hilflosigkeit, un estado de dependencia donde el pequeño lactante se halla impotente para realizar una acción específica y poner fin a una tensión interna.
Este desvalimiento o desamparo se constituye en el estado originario de la situación traumática que despierta angustia. Así trae Freud en inhibición, síntoma y angustia, el estado de desamparo con relación a la pérdida o separación, una expectativa de que se produzca una situación de desvalimiento, la situación presente recuerda la vivencia traumática que antes se experimentó, lo que implica aumento de la tensión y una imposibilidad de dominar las excitaciones que ello provoca. Las marcas que deja el desamparo originario son fijadas, perdurables.
Es una situación real que se reproduce en el afecto, un estado que se origina por la separación de la madre, factor causante de la angustia, se presenta como una reacción frente a la pérdida del
objeto, se ha tornado traumática y queda como un algo irrepresentable que el sujeto repite, “La
angustia es entonces, por una parte, expectativa del trauma, y por la otra, una repetición amenguada
Pero ¿qué es en sí lo traumático? ¿De qué manera se anuda a la urgencia subjetiva? Para abordar la cuestión del trauma es preciso recurrir a la bruja metapsicología, como la nombra Freud, para explicar esa actitud tan rara y desventajosa para la vida del ser humano. Así, se pregunta si la fijación al trauma es una conducta de carácter universal en las neurosis que ha quedado rezagado en cierto período de su pasado.
El trauma en Freud sigue un camino, este es sexual, de allí parte para abordar ese origen traumático que en sus histéricas aparecía de manera tan reiterada, anudado a esto las fantasías de seducción, las cuales dicen de un intento de velar ese real.
Respecto a la urgencia subjetiva sabemos que Freud no habló de ella, pues es una noción
contemporánea, más bien aparece en sus elaboraciones teóricas el concepto de “crisis agudas”, en su texto “Análisis terminable e interminable” apunta a los estados de crisis aguda(1937, pág. 234).
En estas, el análisis es inutilizable, solo es óptimo cuando las vivencias patógenas pertenecen al pasado. Se puede leer esta concepción de la crisis en Freud del orden de la urgencia, esto remite además a la angustia, de la cual sí se ocupa en gran parte de sus planteamientos teóricos.
Así, podríamos indicar que en Freud se pesquisa una aproximación primera de la urgencia, como apremio de la vida, en el “Proyecto de una psicología para neurólogos”, dice de estímulos endógenos (pulsiones) de los que el individuo no se puede sustraer, una cantidad que actúa por acumulación, solo cesa bajo condiciones que tiene que realizar en el mundo exterior mediante una
acción específica (1895), el humano está bajo unas condiciones apremiantes, una necesidad vital
La operación ejercida por otro que ayuda a cancelar el estímulo endógeno y la descarga del mismo, constituye una vivencia de satisfacción. Aquí opera el Drang, el esfuerzo, que ha investido un núcleo por el recuerdo de una imagen, ya ligado a representaciones. El efecto placentero de la descarga hace que se repita la vivencia, por esfuerzo reaparece constante como empuje y deseo de repetir la vivencia, una demanda de acción que corresponde al factor motor de la pulsión (Drang).
En este punto habla Freud de proceso primario, que responde al empuje, quebrantamiento del principio de inercia o tendencia al placer. Así se comprende en Freud la urgencia, como un incremento de la pulsión. La urgencia tiene lugar cuando el sujeto se ve enfrentado a un exceso – se diría con Freud un exceso de cantidad– que no puede tramitar mediante sus propios recursos.
No obstante, se puede arriesgar, siguiendo a Freud, una articulación entre las llamadas crisis agudas y la noción de trauma, desde una concepción metapsicológica, ya que con relación al trauma psíquico está presente la angustia, en su texto “Más allá del principio de placer” plantea
Freud el trauma como un exceso de excitación imposible de tramitar, es “una perturbación enorme a la economía energética del organismo”(1920, pág. 29) que pone en acción todos los medios de
defensa y el cual dice que deja una perforación, en la tarea de “dominar el estímulo, ligar
psíquicamente los volúmenes de estímulo que penetraron violentamente, a fin de conducirlos después a su tramitación”(1920, pág. 29), así se refiere Freud al dolor, sin embargo lo anuda al trauma como una perforación, una ruptura de la protección antiestímulo, dice: “llamemos
antiestímulo” (1920, pág. 29), pone en evidencia la antigua doctrina del choque (shock) buscando comprender su efecto por la ruptura del órgano anímico.
La tarea planteada al psiquismo, sumergido por grandes cantidades de estímulo, es dominarlo y ligar psíquicamente estos volúmenes que penetraron violentamente a fin de conducirlos a su tramitación, así queda por fuera una energía no ligada de ningún modo, del lado del displacer, de la angustia. Esta energía no ligada, no está representada a nivel del inconsciente, por eso no se puede simbolizar, no se anuda en la cadena significante.
Aparece como apronte angustiado, dice Freud: “los sistemas no están en buena situación para ligar los volúmenes de excitación sobrevinientes y por eso las consecuencias de la ruptura de la
protección antiestímulo se producen tanto más fácilmente.”(1920, pág. 31) Esta concepción de trauma en Freud, lo ubica como parte de la estructura del sujeto, es inherente a él, constitucional, no hay sujeto sin trauma. Se entiende que en el sujeto queda un vacío inasimilable, un fragmento de agresión libre dice Freud en análisis terminable e interminable, para dar cuenta de lo irreductible pulsional en un análisis. El fragmento de agresión libre es la irrupción pulsional, lo que queda como no ligado por el representante psíquico.
En este recorrido se evidencia que no hay en la obra freudiana una conceptualización sobre la urgencia, pero sí del trauma y la angustia, y su relación con la clínica.