LA RESPUESTA ESTÁ EN EL MAR
TRES AÑOS DESPUÉS
Tres años después su mujer, ya madre de una preciosa niña, trataba de encontrar una respuesta a sus miles de preguntas. Alguien que le diera noticias de Celestino. Porque Fátima, mujer enamorada de su marido, no renuncia a que un día pueda abrazarlo de nuevo. Que vuelva junto a ella y vea cómo es su hija. Escribió solicitando que averiguáramos lo que había pasado y que divulgáramos su fotografía para que si alguien lo hubiera visto o supiera algo sobre él se lo comunicara.
Me puse en contacto con sus compañeros de trabajo e intenté que me informaran sobre el lugar donde vivió durante su estancia en Fuerteventura y las personas con quienes compartió piso y vivencias. Mi primera sorpresa fue descubrir que no sabían casi nada de la vida de Celestino en Fuerteventura. Con los datos recibidos decidí empezar la investigación saliendo de Puerto del Rosario y desde allí viajar en el ferry hasta Las Palmas y tratar de reproducir paso a paso el viaje que supuestamente realizó Celestino para volver a su casa.
(1) EDICTO. En el Juzgado de Primera Instancia número 1 de Santa María de Guía, a
instancia de doña Fátima Quintana Guerra, se sigue expediente número 205/97 para la declaración legal de ausencia de don Celestino Pérez Díaz, nacido en Gáldar, Gran Canaria, el día 6 de abril de 1962, habiendo contraído matrimonio el 19 de septiembre de 1987 y que desapareció el día 13 de febrero de 1990 durante el trayecto marítimo que efectuaba el ferry “Ciudad de la Laguna” desde Puerto del Rosario hacia Las Palmas de Gran Canaria, sin que desde la citada fecha se haya vuelto a saber ni tener noticias de él.
Lo cual se hace público en cumplimiento del artículo 2.042 de la Ley de Enjuiciamiento Civil. En Santa María de Guía, a 13 de octubre de 1997.- El secretario (ilegible).
http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1997/11/1 7/115.html
Con este reportaje yo debutaba en la búsqueda individualizada de desaparecidos. El tema, a priori, ofrecía muy pocas garantías en cuanto a encontrar gente que conociera a Celestino. Compañeros de trabajo o alguien que de alguna manera se acordara de este obrero que apenas si pasó tres meses en la isla.
También me sorprendió comprobar que, cuando existe un caso de desaparición, la impronta y la memoria que deja en la gente es más fuerte que la que cualquier otro suceso puede producir. Todos se acordaban tres años después de este caso, y más gente de la que yo esperaba había conocido y tratado a Celestino.
La empresa donde trabajaba era una filial de Telefónica llamada Entel Servicios, que tenía sus oficinas y almacén en la calle Cardenal Cisneros del Puerto del Rosario. Allí me dirigí para comprobar en los libros la existencia de este trabajador. Para mi sorpresa, me encontré con unos locales vacíos cuyas ventanas tenían adherido un cartel grande con el rótulo de: “SE ALQUILA”. Enfrente se encontraba el bar La Oficina, cuyas señas me había facilitado Fátima; el teléfono de este bar era el que Celestino le había dado para que si se adelantaba el parto lo llamase allí y así se enterara cuanto antes.
El dueño del bar La Oficina se acordaba de Celestino y me aclaró que no era cliente asiduo ni del bar ni del restaurante, que se había llegado allí y le había pedido el favor de que le tomara el recado de la buena nueva, porque su mujer estaba esperando dar a luz y quería dejar un teléfono de contacto.
Nada más sabía de estos obreros que hacía más de dos años que se había marchado de la isla. Nuevamente se desvanecían las pistas sobre la vida de Celestino en Fuerteventura. No obstante, el dueño del bar me dijo que el administrativo de la empresa se había quedado en la isla y trabajaba de encargado de obras en un complejo turístico que se estaba construyendo por encima del aeropuerto. Me indicaron un camino que se dirigía hacia el sur de la isla y allí me encaminé.
Santiago era un hombre joven al que conocían como el Negro, por ser un hombre de color. Efectivamente, había trabajado como encargado de obras de este complejo hotelero, pero a primeros de mes se había despedido y se había instalado por su cuenta. De nuevo parecía perderse la única pista que nos acercara a la gente que convivió con el joven obrero poco antes de que éste desapareciera. Me dieron unas señas que curiosamente apenas si estaban a doscientos metros de donde había sido domiciliada la empresa. Después de muchas gestiones pude contactar con Santiago, y las dudas que me había ido tejiendo ante las graves dificultades que estaba encontrando para contactar con el administrativo se fueron difuminando en cuanto cruzamos dos palabras. Por supuesto, nos iba a contar todo lo que él sabía sobre la vida de Celestino en la isla, que no era poco, y además nos iba a aportar los datos que necesitáramos para entrevistar a la gente con la que alternó Celestino durante su estancia allí. Nos citó para el día siguiente en las obras de una casa que se estaba haciendo en un pueblecito muy cercano a Puerto del Rosario.
Al dejar a Santiago nos dirigimos a la brigadilla judicial de la Guardia Civil y a los funcionarios de policía de Fuerteventura. Repasamos los archivos de unos y otros y no apareció ningún dato sobre el caso. Cosa nada extraña, porque las denuncias, que fueron dos, una puesta en el aeropuerto de Gando y la otra en el Puerto de la Luz, ambas por el padre de Fátima, se hicieron porque en un principio no se sabía qué medio había utilizado Celestino para realizar el viaje. Curiosamente, una semana antes de la desaparición Celestino había denunciado la pérdida de sus documentos, entre ellos el carnet del ciclomotor y el de identidad. Ahora sabíamos que, cuando desapareció, estaba indocumentado.