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TRINIDAD Y MISTERIOS DE LA VIDA DE CRISTO

TRINIDAD Y MISTERIOS DE LA VIDA DE

CRISTO

Este Párrafo está constituido por dos bloques: el primero es temático y establece los marcos generales (CCE 512–521); el segundo bloque es narrativo y analiza los misterios de la infancia, vida oculta y vida pública de Jesús, siguiendo el hilo de los relatos de los Evangelios.1

En relación con nuestro tema, los números del CCE en que aparecen juntas las Tres Personas divinas se pueden agrupar en torno a tres temas: Bautismo (CCE 535-537), Transfiguración (CCE 554-556) y repulsa de Satanás, incluyendo en este último ítem tanto “las Tentaciones de Jesús” (CCE 538), como los exorcismos que son “signos de Reino de Dios” (CCE 550).

La palabra “Trinidad” –en particular– sólo aparece una vez, cuando se expone el misterio de la Transfiguración (en el citado CCE 555).

1. El Bautismo de Jesús (CCE 535-537).

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1.1. Texto y análisis.

“El comienzo 3 de la vida pública de Jesús es su bautismo por Juan en el Jordán.4 Juan proclamaba «un bautismo de conversión para el perdón de los pecados» (Lc 3,3). Una multitud de pecadores, publicanos y soldados,5 fariseos y saduceos,6 y prostitutas 7 viene a hacerse bautizar por él. «Entonces aparece Jesús». El Bautista duda. Jesús insiste y recibe el bautismo. Entonces el Espíritu Santo, en forma de paloma, viene sobre Jesús, y la voz del cielo proclama que él es «mi Hijo amado» (Mt 3,13-17). Es la manifestación («Epifanía») de Jesús como Mesías de Israel e Hijo de Dios” (CCE 535).8

Este primer número expone el hecho del Bautismo de Jesús. Con abundancia de referencias bíblicas –tomadas del evangelio de Mateo y de la obra de Lucas–se detalla el momento del Bautismo de Jesús y sus entornos, indicando que con este hecho comienza la vida pública de Jesús. En este contexto –como sucede en el Evangelio– aparecen las Tres Personas divinas:

1

El hilo de la narración sólo se vuelve sintético en medio de la exposición sobre “la vida pública”, pues apelando al esquema del “triplex munus” se resume la actividad de Jesús (CCE 543-553).

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CCE 523 –que habla del Bautista– podría incluirse aquí (como un texto más que presenta a los Tres) si tomáramos el título “Altísimo” como adjudicado al Padre; pero esto no se deduce claramente del texto bíblico citado allí.

3 Cf. Lc 3, 23. 4 Cf. Hch 1, 22. 5 Cf. Lc 3, 10-14. 6 Cf. Mt 3, 7. 7 Cf. Mt 21, 32. 8

– “Jesús”, que “viene” para “hacerse bautizar” por Juan, e “insiste y recibe el bautismo”.

– “El Espíritu Santo”, que “viene sobre Jesús” “en forma de paloma”. – El Padre, que desde el “cielo proclama” a Jesús como su “Hijo amado”.

De este modo, se realiza la “manifestación de Jesús como Mesías de Israel e Hijo de Dios”.

“El bautismo de Jesús es, por su parte, la aceptación y la inauguración de su misión de Siervo doliente (patientis). Se deja contar entre los pecadores;9 es ya «el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo» (Jn 1,29); anticipa ya el «bautismo» de su muerte sangrienta (cruentae).10 Viene ya a «cumplir toda justicia» (Mt 3,15), es decir, se somete (submittit) enteramente a la voluntad de su Padre: por amor acepta el bautismo de muerte para la remisión de nuestros pecados.11 A esta aceptación responde la voz del Padre que pone toda su complacencia en su Hijo.12 El Espíritu que Jesús posee en plenitud desde su concepción viene a «posarse (maneat)» sobre él.13 De él manará este Espíritu para toda la humanidad . En su bautismo, «se abrieron los cielos (aperti sunt Ei caeli)» (Mt 3,16) que el pecado de Adán había cerrado; y las aguas fueron santificadas por el descenso de Jesús y del Espíritu como preludio de la nueva creación” (CCE 536).14

El número anterior exponía el hecho; este número indaga su sentido. Aquí siguen abundando las referencias bíblicas, pero se abre el abanico de libros bíblicos citados o aludidos: están presentes todos los evangelios y tres referencias a Isaías (que se amplían a cuatro si recordamos que la figura del “Siervo doliente” también procede de Isaías). El contenido del número es rico –y mejorando el texto del PR– pone el amor, como la motivación que tiene el Hijo en su entrega.

En este contexto se nos dice acerca de las Personas divinas:

– el Hijo tiene una misión de Siervo doliente y de Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, misión que se consumará por medio de una muerte cruenta; y cumple toda justicia sometiéndose enteramente a la voluntad del Padre por amor y para remisión de nuestros pecados.

– el Padre responde a esta entrega del Hijo poniendo en Él toda su complacencia. – el Espíritu –que es mencionado cuatro veces y siempre relacionado con el Hijo– viene a posarse sobre Jesús, quien ya le poseía en plenitud desde su concepción; Jesús será la fuente del Espíritu para toda la humanidad; y el descenso del Hijo y del Espíritu a las aguas, las santifica, preludiando la nueva creación.

“Por el bautismo, el cristiano se asimila sacramentalmente a Jesús que anticipa en su bautismo su muerte y su resurrección; debe entrar en este misterio de rebajamiento humilde y de arrepentimiento (paenitentiae), descender al agua con Jesús, para subir con él, renacer del agua y del Espíritu para convertirse (fiat), en el Hijo, en hijo amado del Padre y «vivir una vida nueva» (Rm 6,4): «(Proinde) Enterrémonos con Cristo por el Bautismo, para resucitar con él; descendamos con él para ser ascendidos (extollamur) con él; ascendamos con él para ser glorificados con él».15 «Todo lo que aconteció (consummabantur) en Cristo nos enseña que después del baño de agua, el Espíritu Santo desciende sobre nosotros desde lo alto del cielo y que, adoptados por la Voz del Padre, llegamos a ser hijos de Dios».16” (CCE 537).

Finalmente, este tercer número aplica al cristiano este particular “misterio de la vida de Cristo”, que es su Bautismo. Si bien la cita explícita de Rm 6,4 aparece sólo al final, desde la primera frase el número se inspira en este texto de Pablo; y –como Pablo– el CCE vincula la liturgia, la ética y la mística cristiana, en torno del bautismo y del 9 Cf. Is 53, 12. 10 Cf. Mc 10, 38; Lc 12, 50. 11 Cf. Mt 26, 39. 12 Cf. Lc 3, 22; Is 42, 1. 13 Cf. Jn 1, 32-33; Is 11, 2. 14

CCE corrige aquí una frase problemática de PR 1380, que decía: “(Jesús) se somete por entero a la voluntad del Padre que quiere para él este bautismo de muerte para remisión de nuestros pecados.

15

SAN GREGORIO NACIANCENO,Oración, 40, 9.

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Misterio Pascual. Además, aquí aparecen dos frases de Padres de la Iglesia –uno oriental y otro latino– para coronar la exposición.17 Y las divinas Personas aparecen fuertemente relacionadas con cada cristiano: asimilado “a Jesús” y “con Jesús”, renacido “del agua y del Espíritu”, el cristiano se convierte, “en el Hijo, en hijo amado del Padre”.

En la frase de Hilario, vuelven a aparecer las Tres Personas y –aunque con matices distintos– dice básicamente lo mismo que hemos sintetizado recién. La frase del Nacianceno, en cambio, sólo menciona al Hijo, relacionando bautismo, misterio pascual y escatología.

1.2. Comentario.

1.2.1. El hecho, su sentido y su aplicación a la vida cristiana.

El CCE usa repetidamente este “triple movimiento” –que expone un hecho (normalmente, usando numerosas citas y alusiones bíblicas), su sentido y su aplicación a la vida cristiana– para exponer los misterios de la vida de Cristo. Ya al presentar el misterio de la Navidad, el CCE usa este esquema: CCE 525 expone el hecho y su sentido –expresado en el kontakion citado allí– y CCE 526 presenta su aplicación a la vida cristiana, en este caso, una aplicación de tipo moral. El mismo “triple movimiento” –ahora claramente pautado en tres números sucesivos– lo vemos cuando el CCE presenta los misterios de la vida oculta (CCE 531-533), el Bautismo (CCE 535-537), la tentaciones en el desierto (CCE 538-540), y la Transfiguración (CCE 554-556). Finalmente, cuando el CCE expone sobre la subida de Jesús a Jerusalén indica sólo el hecho y su sentido (CCE 557s). Y vuelve a su “triple movimiento” en la escena final de este Artículo 3, cuando presenta la entrada mesiánica de Jesús en Jerusalén –aunque ahora en sólo dos números: CCE 559s–pues la última frase de CCE 560 hace una breve aplicación litúrgica a la vida cristiana.

2. La Transfiguración de Jesús (CCE 554-556).

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2.1. Texto y análisis.

“A partir del día en que Pedro confesó que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo, el Maestro «comenzó a mostrar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén, y sufrir (et multa pati)... y ser condenado a muerte y resucitar al tercer día» (Mt 16,21)… En este contexto se sitúa el episodio misterioso de la Transfiguración de Jesús,19 sobre una montaña (supra montem excelsum)… Una nube les cubrió y se oyó una voz desde el cielo que decía (et vox de caelo dicit): «Este es mi Hijo, mi elegido; escuchadle» (Lc 9,35)” (CCE 554).

Encontramos nuevamente aquí el “triple movimiento”, mencionado en el comentario anterior. Siguiendo ese esquema, CCE 554 expone el hecho de la Transfiguración de Jesús sirviéndose –como hace habitualmente– de numerosas citas y alusiones bíblicas. En este caso, casi todas las referencias remiten a los Sinópticos –que son quienes

17

El Nacianceno e Hilario son contemporáneos, y ambos tienen trabajos sobre la Trinidad.

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La Transfiguración era el último de los misterios de la vida de Cristo que presentaba el PR, pues “la subida de Jesús a Jerusalén” y “la entrada mesiánica en Jerusalén” el PR las ponía ya en el Artículo 4, entre los preludios de la Pasión (PR 1412-1417 y 1434-1436). El CCE es distinto: cf. CCE 557-560.

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presentan este relato– salvo una alusión a 2 Pe 1, 16-18, que es el otro texto neotestamentario que habla del hecho.

En este contexto y tal como sucede en el relato evangélico, el CCE nos presenta a las Tres Personas: “Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo, el Maestro” que revela sus futuros sufrimientos, pero también se transfigura. Y –como explicitará el número siguiente del CCE– la nube representa al Espíritu, mientras se escucha la voz del Padre –de modo paralelo a lo que sucedió en el Bautismo de Jesús– pero ahora con el agregado de la importante palabra final: “...escuchadle”.20

“Por un instante, Jesús muestra su gloria divina… Muestra también que para «entrar en su gloria» (Lc 24,26), es necesario pasar (transire debere) por la Cruz en Jerusalén. Moisés y Elías habían visto la gloria de Dios en la Montaña (super montem); la Ley y los profetas habían anunciado (praenuntiaverant) los sufrimientos del Mesías.21 La Pasión de Jesús es la voluntad por excelencia del Padre (Passio Iesu est utique a Patre volita):22 el Hijo actúa como siervo de Dios.23 La nube indica (denotat) la presencia del Espíritu Santo:… «Apareció toda la Trinidad: el Padre en la voz, el Hijo en el hombre, el Espíritu en la nube luminosa».24 «En el monte (super montem) te transfiguraste, Cristo Dios, y tus discípulos contemplaron tu gloria, en cuanto podían comprenderla. Así, cuando te viesen crucificado, entenderían que padecías libremente y anunciarían al mundo que tú eres en verdad el resplandor (splendor) del Padre».25” (CCE 555).

Siguiendo con el esquema del “triple movimiento”, este número presenta el sentido del hecho. Para esto, el CCE se sirve de tres referencias bíblicas –dos de Lucas y una de Isaías– y de dos frases más: una de Santo Tomás –con su acostumbrada brevedad y precisión– y otra de la liturgia oriental. Curiosamente, vuelve a suceder lo mismo que vimos en CCE 537: la frase latina expone a “toda la Trinidad”, mientras que la frase oriental está centrada en el Hijo.

Y nos dice sobre las Personas divinas:

– “Jesús muestra su gloria divina” y, también, que “es necesario pasar por la Cruz”, pues “el Hijo actúa como siervo de Dios”, y como “hombre” que padecerá “libremente”, aunque Él sea el “resplandor del Padre”.

– “el Padre aparece en la voz”, y manifiesta su voluntad.26 – y “la nube indica la presencia del Espíritu”.

Además, como anticipamos en el prólogo, CCE 555 es el único lugar en donde aparece la palabra “Trinidad” en estos misterios de la vida de Cristo, lo cual sucede en la frase de Santo Tomás.

“En el umbral de la vida pública se sitúa el Bautismo; en el de la Pascua, la Transfiguración. Por el Bautismo de Jesús «fue manifestado el misterio de la primera regeneración»: nuestro bautismo; la Transfiguración «es el sacramento de la segunda regeneración»: nuestra propia resurrección.27 Desde ahora nosotros participamos en la Resurrección del Señor por el Espíritu Santo que actúa en los sacramentos del Cuerpo de Cristo. La Transfiguración nos concede una visión anticipada (praegustationem) de la gloriosa venida de Cristo «el cual transfigurará este miserable (humilitatis) cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo» (Flp 3,21). Pero ella nos recuerda también que «es necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios» (Hch 14,22): «Pedro no había comprendido eso cuando deseaba vivir con Cristo en la montaña.28 Te ha reservado eso, oh Pedro, para después de la muerte. Pero ahora, él mismo dice: Desciende para penar (laborare) en la tierra, para servir en la tierra, para ser despreciado y crucificado en la tierra. La Vida desciende para hacerse matar

20

Esta cita de Lc 9,35 –con la mención del Hijo y del Padre– fue usada un poco antes en CCE 516.

21

Cf. Lc 24, 27.

22

En esta frase PR 1400 decía: “La voz divina confirma que la pasión de Jesús es voluntad del Padre...”.

23

Cf. Is 42, 1.

24

SANTO TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica III, 45, 4, ad 2.

25

Liturgia Bizantina, Kontakion en el día de la Transfiguración.

26

Para esto último, cf. el comentario: “La Pasión de Jesús es la voluntad...”, en p. 129.

27

SANTO TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica III, 45, 4, ad 2.

28

(ut occideretur); el Pan desciende para tener hambre; el Camino desciende para fatigarse andando; la Fuente desciende para sentir la sed; y tú, ¿vas a negarte a sufrir (laborare)?».29” (CCE 556).30

Finalmente, el CCE hace aquí su acostumbrada aplicación a la vida cristiana. Recurriendo a una nueva cita de Santo Tomás –tomada del mismo lugar que la cita anterior– aúna los misterios del Bautismo y de la Transfiguración, tal como el mismo NT propone. Sólo que el CCE aquí –siguiendo a Santo Tomás– explicita la relación que estos dos misterios de la vida de Cristo tienen – respectivamente– con el bautismo del cristiano y con su futura resurrección.

Con un telón de fondo pautado por el paradojal “ya pero todavía no” de esta época de la salvación que es la Nueva Alianza, el CCE nos muestra –por un lado– que la escatología se anticipa en la liturgia; pero indica –por otro lado– que aún estamos a la espera de la venida de Cristo.

Y, con otra paradoja, el CCE –por un lado– estimula nuestra alegría pues esperamos que Cristo “transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo”; y –por otro lado– nos prepara para el dolor, advirtiéndonos que la Transfiguración también nos enseña que “es necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios”.

Finalmente, una frase de Agustín –cuya deficiente traducción merecerá un comentario–31 recalca el elemento doloroso de la vida de Cristo y del cristiano, que precede a la gloria futura.

En este contexto, aparecen las divinas Personas:

– el Padre, tenuemente insinuado en la expresión “Reino de Dios”.

– el Espíritu, que “actúa en los sacramentos del Cuerpo de Cristo” haciendo que “desde ahora nosotros” participemos “en la Resurrección” de Jesús.

– y –sobre todo– el Hijo, cuya vida humana contiene unos misterios que siguen actuando en la vida del cristiano; cuya Resurrección se anticipa en la liturgia; y cuya venida futura esperamos. Además, la frase de San Agustín abunda en títulos que se refieren al Hijo, todos ellos de inspiración joánica: Vida, Pan, Camino y Fuente.

2.2. Comentario.

2.2.1. “La Pasión de Jesús es la voluntad por excelencia del Padre...” (CCE 555).32

La versión en español del CCE pone la frase que hemos transcripto en el título, idea que no es usual en la exposición católica de la fe. Cuando se revisa la editio typica, se advierte que se puede traducir de una manera menos enfática, pues allí dice: “Passio Iesu est utique a Patre volita...”. Y el utique latino no es necesario traducirlo como: “por excelencia”. Si bien es un adverbio afirmativo, puede ser traducido de modo menos enfático, como por ejemplo: “cierto”, “ciertamente”.33 Por eso, la traducción también –y

29

SAN AGUSTÍN,Sermón 78, 6.

30

CCE elimina una frase de PR 1401, que estaba ubicada después de “...los sacramentos del Cuerpo de Cristo”. Allí se decía que: “Por eso, la tradición de las Iglesias de Oriente reconoce en el acontecimiento de la Transfiguración la manifestación anticipada de lo que será la economía sacramental de la Iglesia”. Normalmente, el CCE enriquece al PR con aportes de la tradición oriental; esta frase es la excepción que confirma la regla.

31

Cf. “La Vida desciende para... ¿hacerse matar?”, en p. 130.

32

La frase continúa diciendo: “...el Hijo actúa como siervo de Dios”. Y cita Is 42, 1.

33

Incluso, si se revisan las acepciones de la palabra en los diccionarios, ninguna llega a la intensidad que se pone en esta traducción; a lo más, dice: “enteramente” o “principalmente”.

quizás mejor– pudiera haber sido: “La Pasión de Jesús es ciertamente querida por el Padre...”.

Más allá del problema de traducción, está el problema del fundamento de la afirmación del CCE: ¿el Padre quiere la Pasión del Hijo? Esto se complica aún más, si volvemos a la versión española: ¿el Padre quiere la Pasión del Hijo como su voluntad “por excelencia”? ¿Se puede afirmar que esta voluntad del Padre es equiparable –e incluso supera (si seguimos la traducción española)– a aquella voluntad por la cual “Dios, nuestro Salvador... quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1 Tm 2,3-4)?34

En realidad, “no hay que atribuir a Dios una causalidad positiva... respecto de la pasión”,35 pues “no puede decirse que Dios positiva y directamente deseó y predefinió la muerte de su Hijo, porque hubiera tenido que desear y predefinir simultáneamente, como medio necesario, el pecado de los que lo crucificaron; y esto es absurdo”.36 Mas bien, hay que decir –con otro texto del mismo CCE– que “del mayor mal moral que ha sido cometido jamás, el rechazo y la muerte del Hijo de Dios, causado por los pecados de todos los hombres, Dios, por la superabundancia de su gracia, sacó el mayor de los bienes: la glorificación de Cristo y nuestra Redención”.37

Y si esto vale para el NT en general, a fortiori vale para la escena de la Transfiguración. Incluso, es más difícil basar esa afirmación aquí, que en otros lugares del NT en que aparece el verbo griego “deí”, y que son clásicos para plantear la cuestión que nos ocupa.38

El PR puede orientarnos en aquello que el CCE está queriendo decir, pues –como indicábamos en la nota 22, supra– PR 1400 decía: “La voz divina confirma que la pasión de Jesús es voluntad del Padre...”. Pero esto muestra que no se está haciendo una buena interpretación del texto evangélico, pues la “voz divina” en la Transfiguración no está en relación directa con la Pasión, aunque evoque la figura del “Siervo”, como explicita el resto de la frase del CCE.

2.2.2. “La Vida desciende para... ¿hacerse matar?” (cf. CCE 556).

En rara coincidencia con la excesivamente cruenta traducción de CCE 555 enseguida CCE 556 también trae unos textos con unos defectos de traducción que se inscriben en la misma línea. Estos textos se encuentran en la frase de San Agustín que aparece al final del número, y en que se dice que: “La Vida desciende para hacerse matar”; y, también, se le dice a Pedro –y en él, al cristiano– que debe descender “para penar” y “sufrir”.

En primer lugar, la frase “La Vida desciende para hacerse matar” al estar mal traducida, se aleja de lo que expone la Palabra de Dios. Pues al poner una frase verbal

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