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137trol» (Grings et al., 2001; Alexander et al.,

2002). Por otra parte, Chagas et al. (2006) trabajando en pastoreo encontraron una dis- minución del período anestro posparto con una mejora de la nutrición durante los últi- mos 42 días de gestación en vacas lecheras con condición corporal moderada.

En nuestras condiciones, existía escasa información sobre el efecto de una mejora nutricional preparto de corta duración sobre parámetros reproductivos. Trabajando con vacas lecheras suplementadas con concen- trados energéticos durante los últimos 21 días de gestación, Meikle e t a l . (2004) y Cavestany et al. (2009a, 2009b) encontraron que vacas multíparas ovularon 12 días más temprano pero que la duración del intervalo del anestro posparto no fue modificada en vacas primíparas. No obstante, estas estra- tegias tienen implícito un aumento de la concentración de energía y/o proteína en la dieta de las vacas preparto a través de uso de suplementos.

Suplementaciones de 93 a 45 días preparto no afectaron el peso vivo al nacer de los terneros y o el peso al destete (Small et al., 2004; Stalker et al., 2006; Larson et al., 2009). Sin embargo, existen reportes de mayor peso al nacer de los terneros hijos de vacas suplementadas durante un mayor pe- ríodo (últimos 100 a 122 días preparto; Corah et al., 1975; Houghton et al., 1990; Radunz et al., 2010).

En relación al efecto de una mejora ali- menticia durante la gestación y su efecto en la producción de leche en vacas para carne, existen pocos reportes. Trabajos recientes (Banta et al., 2006; Carriquiry et al., 2009; Radunz et al., 2010) no encontraron diferen- cias en la producción de leche entre vacas con y sin suplementación preparto. Sin em- bargo, reportes más antiguos observaron menores producciones de leche en vacas que se encontraban en un 70% de restricción energética en el último tercio de gestación (Corah et al., 1975).

Existe información contradictoria respec- to al consumo de materia seca (MS) de va- cas en gestación dado que Ingvartsen et al. (1992) observaron que el consumo de MS disminuye 1,5% por semana durante las úl-

timas 14 semanas de gestación en vaquillas alimentadas con dietas altas en fibra, valor que coincide con la disminución del 2% por semana durante el último mes de gestación que propone el National Research Council (NRC, 2000). Pese a ello, Stanley et al. (1993) en un trabajo con vacas cruza Hereford × Angus de 568 kg de PV encontraron que el consumo de MS de heno de alfalfa ofrecido «ad libitum» aumentó de 8,8 a 11,1 kg/d des- de el día -61 hasta el día -6 (Día 0=parto).

Diskin et al. (2003) destacaron que no existe un nutriente específico requerido para la reproducción que no sea necesario para otras funciones fisiológicas. Por lo tanto es difícil determinar mecanismos específicos por los cuales la nutrición afecta las funciones reproductivas. Sitios potenciales de acción de la nutrición incluyen los siguientes siste- mas: i) a nivel de la región preóptica- hipotalámica mediante la secreción de hor- monas que controlan la secreción de las gonadotropinas y somatotropinas (Chagas et al., 2007); ii) a nivel de la hipófisis anterior a través de la síntesis y secreción de la hor- mona folículo estimulante (FSH) y de la hor- mona luteinizante (LH); iii) a nivel ovárico mediante la regulación del crecimiento folicular y de la síntesis de esteroides. Sin embargo, también se ha visto que los tejidos que no componen el eje hipotálamo-hipófisis- ovario, como el hígado, el tejido adiposo y muscular, también vinculan el metabolismo y la reproducción a través de la producción de varios metabolitos y hormonas (Chagas et al., 2007).

Según Blache et al. (2006) el regulador más poderosos de la reproducción de los animales es el estado metabólico, definido como la disponibilidad de nutrientes y ener- gía para los tejidos. Por lo tanto las concen- traciones plasmáticas de metabolitos como la glucosa, ácidos grasos no esterificados (AGNE), colesterol y urea, así como hormo- nas como la hormona de crecimiento (GH), insulina y del factor de crecimiento similar a la insulina tipo-I (IGF-I), han sido propuestas como señales que actúan en la interacción nutrición- reproducción (Bossis et al., 2000; Diskin et al., 2003; Webb et al., 2004; Hess et al., 2005; Castañeda-Gutiérrez et al., 2009).

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Como se mencionó previamente, en sis- temas de producción de carne con pariciones de primavera sobre campo nativo, las vacas de cría experimentan en general períodos de balance energético negativo (BEN) durante el ciclo de gestación-lactación (Patterson et al., 2003; Freetly et al., 2006 y 2008). El consumo de pasturas naturales no es sufi- ciente para cubrir los requerimientos del últi- mo tercio de gestación e inicio de lactancia (Bell, 1995), determinando una movilización de reservas y pérdidas de condición corporal (Quintans et al., 2010).

La movilización de depósitos de grasa corporal, determina un incremento de AGNE en sangre que podrían ser captados por el hígado y empleados para resintetizar triacil- gliceroles (TAG) o fosfolípidos y recircular como lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL) u oxidarse a acetil-CoA para formar cuerpos cetónicos o producción de energía. La mayor parte de la energía obtenida de las grasas, procede la ruta de degradación más importante que es la β-oxidación, que deter- mina la reducción progresiva de las cadenas de ácidos grasos, eliminándose dos átomos de carbono en casa paso. La primera fase de la β-oxidación es la reacción del ácido graso con la coenzima A (CoA) en presencia de ATP, formando un acil-graso-CoA (acil- CoA) que se transfiere seguidamente a la mitocondria formando un complejo con car- nitina. El acil-CoA sufre una serie de reac- ciones y el proceso continua hasta que la cadena carbonada se convierte totalmente en acetil-CoA, que ingresa en el ciclo de Krebs para producir CO2, agua y ATP (Schillo, 1992; McDonald et al., 2006; Van Knegsel, et al., 2007). Por otra parte, en períodos de BEN, la gluconeogénesis es activa e induce la dis- minución en los niveles de oxalacetato, im- pidiendo que el acetil-CoA se oxide comple- tamente y es parcialmente oxidado a cuer- pos cetónicos, especialmente a β-hidroxibu- tirato que es empleado como fuente de ener- gía (McDonald et al., 2006). Sin embargo, también se ha observado un aumento de los AGNE en sangre cuando las vacas son ali- mentadas con suplementos ricos en grasa (Grummer y Carroll, 1991). Estos alimentos producen un aumento de las VLDL y de los quilomicrones en el sistema linfático, que a

su vez son hidrolizados por las enzimas (li- poproteína lipasa, LPL) que se encuentran en las paredes de los capilares liberando gli- cerol y AGNE. Los AGNE ingresan lentamen- te a las células por difusión y por lo tanto aumentan las concentraciones en sangre (Relling y Mattioli, 2003). Menores concen- traciones de AGNE en el preparto han sido reportados en vacas multíparas (Quintans et al., 2009) y primíparas (Chagas et al., 2006; Cavestany et al., 2009b) a las que se les habían proporcionado una mejora alimenticia en los últimos 42 a 21 días de gestación las mismas mejoraron la condición corporal al parto, y el desempeño reproductivo en el si- guiente servicio. Por otra parte, en el ovario los AGNE pueden afectar el crecimiento y desarrollo folicular actuando directamente en las células foliculares. Estudios «in vitro» han encontrado que el aumento de AGNE en el líquido folicular durante el BEN tiene efectos detrimentales en la viabilidad de las células foliculares y su función (Leroy et al., 2005). El colesterol, al igual que los AGNE tam- bién aumenta en sangre debido a alimentos ricos en lípidos (Grummer y Carroll, 1988; Lammoglia et al., 1996). Este metabolito, relacionado con el metabolismo lipídico, se sintetiza mayormente en el hígado y en el intestino delgado. Sin embargo, más del 90- 95% del colesterol en la sangre bovina se encuentra en lipoproteínas de alta densidad (HDL; Staples et al., 1998). Existen varios trabajos donde han encontrado un efecto positivo del aumento del colesterol en san- gre en la esteroidogénesis y en el desarrollo folicular con suplementaciones ricas en lípidos cuando la misma se realizó en el posparto temprano (Lammoglia et al., 1997b; De Fries et al., 1998; Mattos et al., 2000; Oliveira et al., 2010). Por otra parte, en los casos en que se han reportado aumentos de colesterol en sangre en el preparto, el reinicio de la actividad ovárica (Guédon et al., 1999) y el desarrollo folicular se estableció más tem- prano en el posparto (Oliveira et al., 2010).

Durante el BEN, se han reportado (But- ler, 1998) incrementos de las concentracio- nes de urea en sangre debido a que la mis- ma es producto final del catabolismo de las proteínas del cuerpo, principalmente del teji- do muscular. Sin embargo, la urea en san-

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