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A pesar de que la orientación educativa se encuentra en constante búsqueda para encontrar un perfil que mejor la defina, proponen Lázaro y Asensi que toda “actividad

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orientadora es educativa y encuadrable en un contexto pedagógico, ya que con ella se pretende realizar un esfuerzo intencional que ayuda a otro a conseguir, paulatina y constantemente, su mejora personal. Pero esta intención no es meramente actitudinal, sino que es un proceso activo que requiere apoyos técnicos (instrumentos, procedimientos, etc.) tanto didácticos como psicológicos, sociológicos u organizativos.

La orientación, en consecuencia, no es una mera propuesta teórica, sino un conjunto de procesos técnicos que facilitan la continuidad personal en la búsqueda e integración de sí mismo. Por ello la percepción inicial emana de la misma actividad y de su permanente observación y experimentación de los fenómenos. Sin embargo, no debe interpretarse que la orientación esta carente de una fundamentación teórica, ya que ésta procede de la actividad, de su misma definición orientadora, de su esquema básico que está dirigido al sujeto y de la relación empática que provoca. (Lazaro & Asensi, 1989, p.448)

Para estos autores la orientación es una actividad compleja en donde el tutor debe considerar y analizar las situaciones que se le presenten de una manera global, es decir, no puede tomar de forma aislada conductas, aprovechamiento, autoestima, presiones del medio ambiente familiar, escolar, social, historia personal, etc.; sino integrando cada una de ellas al proceso de desarrollo de la persona, en este caso del alumno. La función orientadora es percibida a través de la misma práctica docente, del análisis y evaluación constante de la misma, de la interrelación maestro-alumno, tutor-alumno; y de los procesos técnicos que ayudan al desarrollo personal continuo del alumno como persona. Por lo anterior no solo basta la intención del tutor para tratar de resolver la problemática del alumno, sino que es necesario e indispensable que

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el tutor se capacite a nivel psicológico, sociológico, didáctico y organizativo; tanto como que se habilite para manejar y evaluar apoyos técnicos como: instrumentos, procedimientos, etc.

Considero que para Lázaro y Asensi la función orientadora (tutoría) en el ámbito escolar se realiza en conjunto con la función didáctica, en donde ambas son importantes y consideradas por el docente o educador para guiar al adolescente y facilitarle “la búsqueda e integración de sí mismo”. (Lázaro & Asensi, 1989, p.448) Ambas unidas se traducen en un mejoramiento académico para el alumno, puesto que cada uno de ellos es tratado y evaluado de manera individual conforme a sus potencialidades, historia personal y necesidades tanto cognitivas como afectivas.

Para los autores el objetivo último de la función tutorial es que el alumno adquiera la madurez suficiente de forma paulatina para llegar a la auto orientación, “auto orientarse implica ser capaz de enfrentarse a la diversidad ambiental para seleccionar lo más coherente con el yo y, como consecuencia, elegir. Pero el realizar esas dos acciones (seleccionar y elegir) implica un determinado grado de autonomía personal, que será más elevado en función de la experiencia anterior y del nivel formativo alcanzado. En este sentido, ser autónomo implica ser capaz de continuar aumentando la autonomía personal, lo cual supone que se es capaz de aprender a ser y a seguir aprendiendo, esto es, que se es capaz de madurar más y mejor, y que se pueden desarrollar nuevas posibilidades para adquirir otras nociones y contenidos culturales. Desde esta perspectiva, la orientación es orientación de aprendizajes, y nos incita a definirla como el proceso de ayuda técnica, inserto en la actividad educativa, dirigido a la persona con el fin de que sea capaz de integrar aprendizajes de una manera autónoma.” (Lazaro & Asensi, 1989, p.448) Significa que la auto orientación es parte del proceso de desarrollo continuo de los alumnos como persona, en dónde hay una constante integración de diversos

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aprendizajes a través de la vida de éstos. Los cuales no se dan únicamente en la escuela, sino en todos los diferentes ambientes y situaciones con los que se relacionan como personas y de cada interrelación obtienen un aprendizaje, mismo que deciden cómo integrar de acuerdo a su yo, a su vez, desarrollado conforme a los aprendizajes anteriores. Postulan Lázaro y Asensi: “el proceso didáctico encuentra su potencialidad cuando confluye con el orientador, de manera que toda acción evaluadora de un aprendizaje encuentra su explicación en el momento que especifica un rendimiento según la situación personal de cada alumno. Y, profundizando en el análisis, el acto orientador pretende establecer las condiciones adecuadas para que cada sujeto sea capaz de superar sus dificultades y alcanzar un nivel adquisitivo que le potencie su personalidad, para lo cual todo aprendizaje recibido debe integrarse con el yo personal.

De alguna manera la orientación personal tiene como objetivo la integración autónoma de los aprendizajes y, por ello, la hemos definido como “el proceso de ayuda técnica, inserta en la actividad educativa, dirigido a la persona con el fin de que sea capaz de integrar aprendizajes de una manera autónoma.” (Lazaro & Asensi, 1989, p. 448) “En conexión con la intencionalidad orientadora es preciso destacar que el último eslabón del asesoramiento es provocar la madurez necesaria para asesorarse a sí mismo, logrando la auto orientación.” (Lazaro & Asensi, 1989, p.448) Es la función del tutor a tal grado importante y trascendente en la vida escolar de los estudiantes que pueden ellos ayudar al desarrollo de personas creativas, autogestivas, independientes, responsables y seguras. Es en este sentido que entendemos la auto orientación que nos presentan estos autores.

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