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N a d a, le respondió secamente el Cardenal de R ichelieu.

H abiendo enviado los habitantes de Perusa dos Embaxadorcs al Papa,

Urbano V . que residía en A v íñ o n , se Ies mandó expusiesen en breves palabras el m otivo de su comision. El prim ero de los Em baxadores, sin atender a la orden que tenia del Sumo Pontífice , cu ya indisposi­ ció n no le perm itía escuchar gran­ des harengas , com enzó una dilata­ da y fastidiosa o ra cio n , de que su Santidad se halló m uy incomodado. N otado por el otro Em baxador, des­ pués de haber concluido su Colega, to m ó la palab ra, y dixo con mucho respeto á U rbano V . nuestra co­ mision , Beatísimo Padre , se dirige a u n , á que si vuestra Santidad no d e ­ fiere a nuestra p e tic ió n , vuelva mi compañero á em pezar su Discurso, y añada a el otras muchas cosas , si lo juzga necesario. Nada » nada mas, d ixo el Santo Padre atem orizado, y estim o mas concederos lo que me pedís : N i h i l, n ih il amplius»

H abiendo ido un C aballero à la C o rte de F ran cia para solicitar una m erced de L u is X I se presentó pri­ m ero á algunos Cortesanos , y des­ pues á los M in istro s, que le entre­ tuvieron m ucho con buenas esperan­ zas. Fastidiado , y enojado el C aba­ llero de sus d ila cio n e s, presentó un m em orial al R e y , pidiendo lo que pretendía ; pero el Monarca escribió abaxo del m em o ria l, n a d a, man­ dando que se le volviese : L o qual v isto por dicho Caballero » se reti­ ró luego al in stan te, colmando á su M agostad de alabanzas y bendicio­ nes. Sabido por L u is X I . mandó lla­ marle , y preguntando sino habia leído la respuesta, dixo que s i , dan­ do m il gracias á su Magestad : Y aña­ d ió que si sus M inistros le hubie­ ran desengañado como acababa de hacerlo c\ R e y , no habría padecido tantas inquietudes, y cuidados, sin

contar el d in ero , que había gasta­ do en la pesquisa de nada. Encanta­ do el Príncipe de la réplica de este Caballero , ordeno se le expidiese la gracia que solicitaba.

Concluirem os este E logio de na­ da por donde lo em pezam os, va­ liéndonos de la primera Epístola de San Pablo á T h im oteo cap. 6. vers.

7 . N ih il enim intulim us in hunc mun-

dum : haud duhium quod nec auferre

quid possumus. I Q ué trae el hombre

quando viene al m undo? N a d a : Y qué se lleva quando sale de él ? Na~ da. L o mismo dice Job , cap. 1 .vers, 2 1 . nudus egressus sum de utero ma- ir is m eae, e t nudus revertar illuc. E l Eclesiastes , cap. i .v e r s . 1 4 . si^ c u t egressus est nudus de utero ma- tris suae, sic revertetur , et nihil aiiferct sccum de- labore suo.

E n Saladino , uno de los m a­ yores y mas valerosos Príncipes, que

que hubo entre los Musulma­ nes , y que poseía los mas bellos es­ tados del oriente , mandó al tiem^ po de m o r ir , se atase á la punta de una pica un pedazo del paño,

con que se le había amortaja­

do , y que los R eyes de Arm as fuesen paseando la Ciudad , dicien ­ do en alta v o z : V ¿ aquí todo lo que Saladino el Grande se lleva de sus pompas , é inmensas ri­ quezas.

E n la ceremonia de la exalta­ ción de los Pontífices en San P e­ dro de R o m a , el D iácono A pos­ tó lico , revestido de su túnica» tiene en la mano una especie de pica , á cu ya punta està atado un manojo de e s to p a , que se en­ ciende ; E n breve consumida la ma­ teria , el Diàcono le dice en alta v o z : s k transít gloria mundi : L o que repite tres v e c e s , significan­

d o , que las m ayores grandezas no son mas que un humo instantá­ neo , y que se reducen presto á nada.

P O S T F A C I O .

U n A u to r de nada supuesto que lo es de un A lm an aq u e, que es lo mismo que nada , observó juicio­ samente , que los Libros necesita­ ban mas de postfacio , que de prefa-^ ció . Y o so y de su s e n tir ; porque el prefacio es in ú t il, ó, sospechoso. E l prefacio se estableció para respon­ der á las d ificu ltad es, que pueden form ar los L e c to re s, avisados sobre la o b r a , que aun no se ha leido 2 E n lugar que suponiendo , que se ha le id o » y examinado con atención un L ib ro nuevo, el verdadero parage de colocar las respuestas á las objecio­ nes , que un A u tor provee se le po­ drán hacer , debe necesariamente estar al fin del mismo L ib ro ; y en este sentido se ha de llamar sin con- tradicion p ostfacio, y no prefacio.

Después de este p relim in ar, que me ha parecido necesario para la jus­ tificación de mi p ostfacio, debo d e­ ciros á hora, juicioso, y discreto L e c ­ t o r , lo que me ha determ inado á hacer c l elogio de nada. E l m otivo es , porque nada , y y o habitamos m ucho tiempo ha debajo de un mis­ m o techo , y que jamas nos se­ paramos ; es , porque á qualquiera d isp u ta , que so b rev en g a , he sido siempre zeloso parcial áo-nada^ y he v iv id o siempre tan bien con na^ da , que jamas nada me ha obligado á o b r a r , ó hacer nada contra mí conciencia. Nada me apartó jamas del camino de la p ro b id ad , ni me ha hecho salir del carácter de hombre de bien , en qualquiera situación que y o me h aya h a lla d o ; porque todos los intereses humanos reputo

por nada. Nada ha turbabo jamas la

tranquilidad de m i án im o, y econo­ mía

mía de mis d esign io s, los quales to ­ dos regularmente se d irigen á nadat Y porque de mi natural y o me entre­ tengo 9 y me d eleyto en m d a, estoy finalmente encantado de hacer «íí- d a , haciendo nadas, era m u y jus­ t o , p u e s , y a que ten go tantos mo­ tivos de alabarme de n a d a, que y o hiciese en agradecim iento el elogio de nada, V A L E ,

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