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Ugo S pirito , Machiavelli e Guicciardini, Florencia,

ría comparada: «Cuánto se engañan quienes a cada palabra invocan a los romanos; seria preciso tener una ciudad condicionada como era la suya y luego gobernarse según este ejemplo; tal cosa, para quien tiene las cualidades desproporcionadas, ¡es tan des­ proporcionado como querer que un asno haga la carrera de un caballo!» (Quanto si inganno coloro

che a ogni parola allegarlo e romani. Bisognerebbe avere una cittá condizionata como era loro e poi go- vemarsi secondo quello essempio: el quale a chi ha le qualitá disproporzionate é tanto disproporziona- to quanto sarebbe volere che un asino facessi el cor­ so di un cavallo.)2

Guicciardini desconfía de todas las generaliza­ ciones y se opone a la óptica de Maquiavelo, quien quería, en provecho de la historia comparada, juz­ gar la sociedad por causas generales. Estima que es un gran error «hablar de las cosas del mundo in­ distintamente y absolutamente y, por decirlo así, por regla, porque todas las cosas tienen distincio­ nes y excepciones debidas a la variedad de las cir­ cunstancias».3 Las dos fuentes del conocimiento po­ lítico de Maquiavelo, la historia y la experiencia práctica, se reducen para Guicciardini a una sola; puede decirse que está en el origen del historicismo, de un relativismo histórico: el discurso de cada his­ toriador está limitado por las evidencias de su tiempo: «Todos los historiadores se han equivocado porque han omitido hablar de muchas cosas que eran conocidas en su tiempo; cosas que ulterior­ mente cesarán de ser conocidas.»4 Guicciardini ex­ trae a la vez de tales observaciones el carácter ina­ gotable de la historia, porque lo que es esencial para el historiador deja de serlo ulteriormente, y la va­

2. Guicciardini, Opere Ed par De Vittorío de Capraria,

Milán, 1953. Ricordi, p. 110. Nuestras citas de Guicciardini se refieren a esta edición.

3. Ricordi, p. 6. 4. Ricordi, p. 143.

nidad de una reflexión fundada sobre el testimonio de los historiadores. El relativismo y el sentido de la particularidad y de la diferencia pueden conside­ rarse como la expresión de una visión del mundo aristocrático y al mismo tiempo liberal de las rela­ ciones sociales que modificarán, en Guicciardini, la lectura de la sociología del conocimiento de Maquia­ velo.

La actitud política de Guicciardini, mil veces re­ petida, es el rechazo del Estado popular. La igno­ rancia política del pueblo es su axioma. No se ten­ drá en cuenta el juicio del pueblo, pues «posee poca distinción, poco pensamiento, poca memoria».8 A causa de la incapacidad del pueblo, es preciso que éste no tenga ningún papel de consulta o de delibe­ ración.8 La oposición de Guicciardini es, pues, la oposición entre el vulgar ignorante y el «hombre de bien» sabio, que no tiene en cuenta a aquél.5 6 7 8

Esta posición ideológica es retenida como punto de partida de un cierto número de reflexiones que afectan a la sociología del conocimiento: el primer tema es la ausencia de comunicación entre los diri­ gentes y el pueblo: existe «entre el palacio y la pla­ za una neblina tan espesa o un muro tan grande» que el pueblo no sabe «lo que hace quien gobierna ni la razón de lo que hace».8 Sobre la interpretación de ese proverbio (de creer a Mannheim), se llega al meollo de la reducción de Maquiavelo operada por Guicciardini. Maquiavelo partía de un reparto social del conocimiento político sobre el cual pergeñaba en forma de proverbio una representación ideológica consistente (con error) en explicar por la psicología de interés y por la corrupción la mentalidad del gobernante o del gobernado; Guicciardini, por el

5. Guicciardini, Opere. Reggimento di Firenze, p. 265.

6. Ibid., p. 266.

7. Guicciardini, Opere. Consolatoria, p. 79.

contrario, toma por su cuenta la máxima como ex­ presión justa de la ausencia de conocimiento polí­ tico y de comprensión del pueblo.

Otra idea es que el conocimiento científico se opone al conocimiento práctico; es el tema plató­ nico del conocimiento gratuito que se persigue du­ rante el otiurn. Guicciardini escribe que no entien­ de por otium el hecho de no hacer nada, sino el de no verse empujado por la ambición; para él, la ambi­ ción, como se verá, es el motor de la vida civil.

La ciencia, por el contrario, es un conocimiento desinteresado; es placer por sí misma; el otium con­ siste en «ocuparse cuando se quiere de las letras y cuando se quiere de la agricultura, conversar y razonar con virtuosidad con amigos, en no enajenar­ se (ne si alienare) enteramente en la vida civil, sino en participar en la misma con toda libertad, seguri­ dad y dignidad».9 El conocimiento científico se opo­ ne pues al conocimiento político tanto como a la ignorancia popular; está reservado a una élite aris­ tocrática situada al margen de la vida civil: en la jerarquía de los conocimientos ya no domina, como en Maquiavelo, el conocimiento político, sino el co­ nocimiento literario y científico. La objetividad, aquí también, se encuentra en el desprendimiento del mundo, pero ya no se trata de un esfuerzo político de la burocracia que trata de escapar a los golpes de las luchas políticas entre el pueblo, el principe y la aristocracia y que quiere sobrevivir en tal bati­ burrillo, se trata de la autonomía de la aristocracia que sólo se digna ocuparse de política cuando está en juego su interés y que en tiempo normal delega sus poderes a otros.

En lo que atañe al conocimiento sociológico y el conocimiento de los demás, se desarrolla una idea muy original: es la idea de que este conocimiento no se desarrolla, dejando aparte el caso de la rela-