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La contribución de Miguel Fisac (1913-2006) a la imagen arquitectónica del Consejo Superior de Investigaciones Científicas es incuestionable; suyo fue el diseño de la Capilla del Espíritu Santo (1942), construida sobre lo que fuera el auditorio de la Residencia de Estudiantes, el Edificio Central del CSIC (1943), el Instituto de Edafología y Fisiología Vegetal (1944) o el Instituto de Óptica ‘Daza Valdés’ (1946), todos levantados en la plaza central del Consejo, en cuyo diseño también colaboró (Guerrero, 2007: 285). Con esta propuesta el CSIC rompía simbólicamente con la JAE, al sustituir, física y conceptualmente, la ‘Colina de los Chopos’ juanramoniana por una nueva estructura de estilo ‘nacional-imperialista’: una estilización del clasicismo, con reminiscencias de la impronta fascista italiana.

Figura 43. Miguel Fisac. Fachada del Edificio Central del Consejo Superior de Investigaciones Científicas , Madrid, ca. 1943. Biblioteca Nacional de España, signatura: DIB/18/1/6434 .

300 Carta de José María Albareda a David Vázquez. 26/06/1964 (Archivo General de la Administración, Archivo CSIC,

La construcción de los nuevos edificios del Consejo se mostró como un elemento prioritario para José María Albareda; durante la década de los años cuarenta se adjudicaron cincuenta y nueve proyectos de reformas o de construcción de nuevos edificios301. Miguel Fisac supo plasmar, en sus primeras construcciones y modificaciones de los edificios del Consejo, la idea motriz de la nueva institución; al referirse a su adaptación del auditorio de la Residencia de Estudiantes a capilla del Espíritu Santo, escribirá:

“Se quiere que esta iglesia sea, en primer término, como [un] supremo símbolo de que toda la empresa investigadora española se inspire en el afán cristiano de servir a Dios y con él a la Verdad y al Bien y, en segundo lugar, que sea como el hogar espiritual de todos los investigadores españoles y extranjeros que trabajan en este organismo (Fisac, 1948b: 199).

“Si de las basílicas romanas surgieron las primitivas iglesias cristianas, por qué de un teatro o cine, en donde se pensaba ir ensuciando y envenenando, con achaques de cultura y de arte, a la juventud española, no puede surgir un oratorio, una pequeña iglesia para que sea el Espíritu Santo, el verdadero orientador de esta nueva juventud de España” (Fisac, 1949).

A fines de la década de 1940, tras completar el ciclo arquitectónico que habrá de marcar la imagen pública del Consejo, Miguel Fisac reconoce haber atravesado una etapa de reflexión, provocada por no reconocerse en una línea de diseño propia; son los años que Eduardo Delgado denomina de ‘desorientación’ (Delgado Orusco, 2014: 84). Él mismo lo reconocerá en uno de sus artículos fechados en 1948, publicado bajo el sugerente título de “Lo clásico y lo español”:

“La Arquitectura española ha conseguido una unidad total o casi total de criterio. Esto es alcanzar un jalón importante; pero también es cierto -no diremos que innegable, porque algunos no quieran reconocerlo- que el camino por el que hoy marcha nuestra arquitectura no va a ninguna parte (...) lo clásico, lo permanente, ese perfecto equilibrio entre la idea y la

301 De estos cincuenta y nueve proyectos, prácticamente la mitad, un total de veintiocho, fueron asignados a

arquitectos afines al Opus Dei; a ellos les fueron encomendadas las obras de mayor calado económico, el 67% de las inversiones asignadas a este concepto durante la década de 1940; este dato es lo que ha llevado a ‘Daniel Arigues’ [pseudónimo de Jean Bécarud] a afirnar que, con la contrucción de los nuevos edificios del CSIC, el Opus Dei logró engrosar considerablemente sus fondos económicos (Artigues, 1971: 83). Miguel Fisac, al referirse a una de sus primeras reformas, la de la Capilla del Espíritu Santo, revela que adaptó algunas de las ideas de José María Albareda y aclara que se le adjudicó este proyecto ‘por su amigable intervención’, pero sale al paso de acusaciones posteriores: “... sé que, malévolamente, se ha dicho que mi posterior trabajo profesional se debía a la ayuda que había recibido del Opus Dei. Cosa totalmente falsa, entre otras razones porque el Opus Dei, era en aquellos tiempos, una entidad totalmente desconocida, sin aprobación canónica diocesana y sin influenca social y política” (Fisac, 1998: 335).

forma, lo que sobrevive a los gustos y a las modas, no está fracasado; esta inédito, esperando que alguien se decida a tenerlo en cuenta” (Fisac, 1948a: 197).

En esta etapa de ‘crisis’ se produce el hecho que cambiará la visión arquitectónica de Miguel Fisac: el encargo del edificio que debía albergar los Institutos ‘Ramón y Cajal’ y ‘Jaime Ferrán’, para ocupar el solar entre las calles Velázquez y Joaquín Costa de Madrid.

El encargo conlleva aparejada una ‘bolsa de viaje’ para estudiar las soluciones arquitectónicas europeas a un edificio dedicado a la investigación experimental con animales y sus sistemas de estabulación. Recorrerá Suiza (Ginebra, Berna, Zúrich y Basilea), Suecia (Estocolmo, Malmö, Uppsala y Gotemburgo), Francia, donde visitó el Institut Pasteur de París y, después, Dinamarca (Copenhague), Países Bajos (Ámsterdam) y Bélgica (Bruselas), un intenso mes que cambiaría su visión arquitectónica para siempre.

El viaje le revela dos importantes concepciones arquitectónicas: la del sueco Erik-Gunnar Asplund (1885-1940) y, muy especialmente, la del norteamericano Frank Lloyd Wright (1867-1959). Tras este viaje sus diseños abandonarán la fachada como elemento totémico en pos de una defensa del espacio interior del edificio; una visión organicista de la arquitectura, donde la utilidad había de primar. Al reflexionar sobre su trabajo en los años centrales de la década de los cincuenta, el arquitecto se mostraba obsesionado

“… con la importancia del espacio interior y la veracidad de la calidad expresiva de los materiales, que dejé bastante olvidado el aspecto exterior de los edificios, la valoración de sus volúmenes exteriores, y también los medios estructurales con los que se conseguían esos espacios…” (Delgado Orusco, 2007: 143-144).

Una estética “sin formalismos ni plástica de receta previa” (Fisac, 1998: 338); un trozo de ‘aire humanizado’ (Fisac, 2007: 27).