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Un mismo observador, dos perspectivas diferentes

SUS HABITANTES

1. LA NOCIÓN DE BARBARIE EN ESTRABÓN: UNA REVISIÓN NECESARIA

1.8. Un mismo observador, dos perspectivas diferentes

Comprobamos, sin embargo, cómo en algunas ocasiones Estrabón utiliza con la mayor naturalidad los términos absolutos que componen la polaridad tradicional desde presupuestos propios de la nueva perspectiva cultural formulada en términos relativos. Y no nos referimos con ello a la aplicación del término bavrbaro" en la Geografía no sólo por oposición a los griegos sino también a los romanos, un hecho ciertamente no demasiado frecuente pero coherente con esa visión de Roma como tertium genus que el autor se propone transmitir incluso en el marco de la perspectiva tradicional111. Más interesante

nos parece el hecho de que Estrabón transforme en relativo el carácter absoluto de dicho término cuando juzga las costumbres de los britanos “más bárbaras” (barbarwvtera) que las de los celtas, y define como pueblos “completamente bárbaros” (televw" bavrbaroi) a los habitantes de Ariana, a aquellos pueblos del Imperio Romano que se hallan gobernados por un prefecto ecuestre —en particular a los ligios o ligures montañeses— y a todos los que habitan en regiones montañosas, tal como la situada en torno al Cáucaso112.

110 Turdetanos: Str. III 2, 15 (oiJ Tourdhtanoi; ... televw" eij" to;n ÔRwmaivwn metabevblhntai

trovpon). Pueblos alpinos: IV 6, 6 (nuni; de; ta; me;n ejxevfqartai ta; d∆ hJmevrwtai televw"). Gentes de Ierne: II 5, 8 (ajgrivwn televw" ajnqrwvpwn). Dárdanos: VII 5, 7 (a[grioi d∆ o[nte" oiJ Dardavnioi

televw"). Montañeses de Asia Menor y heptacometas: XII 3, 18 (eijsi; d∆ a{pante" me;n oiJ o[reioi

touvtwn a[grioi televw", uJperbevblhntai de; tou;" a[llou" oiJ ÔEptakwmh'tai). Rizando el rizo de u n modo similar al expuesto en este último caso, y tras presentar a los ya citados vecinos del monte Hemo como “pueblos dedicados en extremo al bandolerismo”, Estrabón afirma que “los besos, que precisamente ocupan la mayor parte del monte Hemo, son llamados bandidos incluso por los bandidos” (VII 5, 12: tavuta me;n ou\n tau'ta lh/strikwvtata e[qnh: Bevssoi de; oi{per to; plevon

tou' o[rou" nevmontai tou' Ai{mou, kai; uJpo; tw'n lh/stw'n lh/stai; prosagoreuvontai, trad. de GRACIA ARTAL, 2001).

111 Por oposición a los romanos figuran como bárbaros en la Geografía germanos y celtas (Str. I

1, 17), los pueblos vecinos de Massalia (IV 1, 5) los galos (IV 5, 3), los vecinos de Aquileya (IV 6, 12; V 1, 8), los galos del Po (V 1, 10) y ciertos pueblos arábigos (XVI 4, 24).

112 Str. IV 5, 2: entre los britanos “sus costumbres son, por una parte, semejantes a las de los

celtas, y por otra más primitivas y bárbaras” (ta; d∆ e[qh ta; me;n o{moia toi'" Keltoi'" ta; d∆

aJplouvstera kai; barbarwvtera). II 5, 32: “si volvemos desde la India hacia las regiones occidentales y mantenemos las montañas a nuestra derecha, llegamos a un extenso país que, debido a la pobreza del suelo, proporciona sólo una existencia miserable a hombres que son completamente bárbaros y pertenecen a diferentes razas; denominan a este país Ariana” (meta;

de; th;n ∆Indikh;n ejpi; ta; eJspevria neuvousin, ejn dexia'/ d∆ e[cousi ta; o[rh cwvra ejsti; sucnhv, fauvlw" oijkoumevnh dia; luprovthta uJp∆ ajnqrwvpwn televw" barbavrwn oujc oJmoeqnw'n: kalou'si d∆ ∆Arianouv"); cf. I 4, 9 y la valoración eratosténica de estas mismas gentes como “bárbaros educados”

Aparentemente estas fórmulas sugieren la existencia de una gradación en la aplicación del término bavrbaro", pero en realidad se limitan a expresar, bajo una forma insólita, lo que en cualquier otro pasaje es definido mediante los términos relativos propios de la perspectiva cultural. De hecho, el comparativo de superioridad barbarwvtera aparece únicamente en la ocasión mencionada y actúa en ella calificando determinadas costumbres —disponer de leche en abundancia y no fabricar queso, desconocer la práctica de la agricultura— de un modo similar a como se dijo más arriba que lo hacía bavrbaro" en grado positivo a propósito de ciertos caracteres, costumbres y prácticas ajenos al marco de referencia helénico, y tal como podrían hacerlo ajgriwvtera o

qhriwdevstera por oposición a hJmerwvtera o politikwvtera. Por su parte, la

fórmula televw" bavrbaroi, que se explica ya sea por una existencia miserable debido a la pobreza del suelo en el caso de los arianos o por la vida en las montañas en los de ligios, vecinos del Cáucaso y montañeses en general, se revela calcada sobre la ya citada a[grioi televw" y en tanto que opuestas ambas al resultado expresado por hJmevrwtai televw"113.

Con todo, más allá de casos como éstos, en los que la transformación se limita al plano meramente terminológico y no al de los contenidos, un último pasaje delata hasta qué punto Estrabón llega a convertirse en víctima de su propia esquizofrenia dado su empeño en mantenerse aferrado a la polaridad tradicional y, simultáneamente, plantear una visión cultural en términos relativos en lugar de sustituir definitivamente aquélla por ésta, una posibilidad que el arraigado complejo de superioridad helénico propio de cualquier intelectual (pollou;" ga;r kai; tw'n ÔEllhvnwn ei\nai kakou;" kai; tw'n barbavrwn ajsteivou", kaqavper ∆Indou;" kai;

∆Arianouv"). IV 6, 4: “de los ligios instalados entre el Var y Genua, los que están junto al mar tienen un estatuto idéntico al de los italiotas, mientras que a los situados en las montañas se envía un prefecto del orden ecuestre, como a los demás pueblos completamente bárbaros” (tw'n de;

metaxu; tou' Oujavrou kai; th'" Genouva" Liguvwn oiJ me;n ejpi; th'/ qalavtth/ toi'" ∆Italiwvtai" eijsi;n oiJ aujtoiv, ejpi; de; tou;" ojreinou;" pevmpetaiv ti" u{parco" tw'n iJppikw'n ajndrw'n, kaqavper kai; ejp∆ a[llou" tw'n televw" barbavrwn). XI 11, 8: “debo mencionar asimismo ciertas costumbres extrañas ... de pueblos completamente bárbaros, por ejemplo los pueblos que habitan en torno al Cáucaso y las regiones montañosas en general” (ejpimnhstevon de; kai; tw'n paradovxwn ejnivwn, a}

qrulou'si peri; tw'n televw" barbavrwn, oi|on tw'n peri; to;n Kauvkason kai; th;n a[llhn ojreinhvn).

113 ∆Agriwvtera: Str. II 5, 26; IV 5, 4; V 2, 7; IX 2, 2; XI 2, 4. Qhriwdevstera: III 3, 8.

ÔHmerwvtera: VII 4, 6; IX 2, 2; XI 11, 3; XVI 2, 11; 4, 18. Politikwvtera: VII 4, 6. “Agrioi

televw": II 5, 8; VII 6, 7; XII 3, 18. ÔHmevrwtai televw": IV 6, 6. En este sentido podemos recordar cómo posteriormente Plutarco se referirá en su Vida de Timoleón a un doble fenómeno, el proceso de barbarización que amenazaba a Sicilia con el dominio cartaginés y su posterior inversión gracias a los éxitos de Timoleón, mediante las expresiones ejkbarbavrwsin (Plu., Tim. 17, 3) y ejkbarbarw'sai (20, 7) por un lado y ejxhgriwmevnhn (35, 1) por otro para designar la primera parte del mismo, por oposición a la de ejxhmevrwse con la que define la segunda (35, 1).

griego de la época ni siquiera contempla. Se trata de aquél en el que nuestro autor afirma literalmente que los cavaros que habitan la orilla occidental del Ródano eran bárbaros pero ya no lo son, dado que han adoptado la lengua, el modo de vida e incluso el sistema político de los romanos114. A primera vista

podría relacionarse con aquel otro en el que Estrabón recordaba cómo el dominio romano había civilizado a los bárbaros vecinos de Massalia hacia la civilización al sustituir la guerra por la agricultura y la vida ciudadana115. Pero si

allí Estrabón se limitaba a constatar que ciertos bárbaros se civilizaron porque habían adoptado unos determinados hábitos, en éste nuestro autor afirma explícitamente que la adopción de esos mismos elementos por parte de otros

bavrbaroi supone el abandono de su condición barbárica.

La concepción de bavrbaro" en esos términos contrasta radicalmente con aquélla otra en función de la cual Estrabón calificaba expresamente con dicho vocablo a los miembros y rasgos característicos de determinadas comunidades no helénicas a las que, por otra parte, asociaba de un modo igualmente explícito con las nociones politikoiv y to; politikovn, tal como recordábamos a propósito de los egipcios al argumentar la necesaria revisión de la interpretación exclusivamente cultural de la noción de barbarie en Estrabón propuesta por Thollard. Dicho de otro modo: en la Geografía unos bavrbaroi son politikoiv, mientras que otros dejan de ser bavrbaroi precisamente cuando adoptan los elementos que conforman la noción de to; politikovn.

Semejante paradoja sólo se explica teniendo en cuenta, tal como hemos intentado demostrar a lo largo de esta sección, las dos maneras de ver las tierras y gentes de la ecúmene que conviven en Estrabón: una, presidida por la tradicional polaridad griegos-bárbaros desde posiciones absolutas y a partir de una diferenciación étnica argumentada por un prejuicio cultural; otra, planteada en términos relativos a partir de criterios exclusivamente culturales.

114 Str. IV 1, 12: “predomina el nombre de cavaros, y se aplica a todos los bárbaros de esta

región, los cuales ya no son realmente bárbaros sino que han asimilado en casi todo el modelo romano, tanto por la lengua como por el modo de vida, e incluso algunos por el sistema político” (ejpikratei' de; to; tw'n Kaouavrwn o[noma, kai; pavnta" ou{tw" h[dh prosagoreuvousi tou;"

tauvth/ barbavrou", oujde; barbavrou" e[ti o[nta", ajlla; metakeimevnou" to; plevon eij" to;n tw'n ÔRwmaivwn tuvpon kai; th'/ glwvtth/ kai; toi'" bivoi", tina;" de; kai; th'/ politeiva/).

115 Str. IV 1, 5: ejxhmeroumevnwn d∆ ajei; tw'n uJperkeimevnwn barbavrwn kai; ajnti; tou' polemei'n

tetrammevnwn h[dh pro;" politeiva" kai; gewrgiva" dia; th;n tw'n ÔRwmaivwn ejpikravteian. Vid. supra, nn. 80 y 81.

En función de la primera de ellas y a partir de una diferenciación étnica, nuestro autor divide el género humano en dos categorías absolutas y mutuamente excluyentes entre las que no contempla estadios intermedios ni otra transformación que la potencial degradación de los griegos como consecuencia del contacto con los bárbaros. De ello resulta un horizonte en el que Estrabón proclama la superioridad de lo helénico sobre lo bárbaro pero desde una posición estática, a la defensiva, carente de cualquier iniciativa, cuando han pasado ya tres siglos desde que la helenidad alcanzó su máxima extensión sobre la ecúmene y todas las tierras sobre las que alguna vez existió un dominio griego políticamente independiente —desde las colonias foceas de Iberia en Occidente hasta los reinos grecobactrianos e indogriegos en Oriente— se hallan bajo el control de poderes no helénicos116.

Por contra, la segunda de las perspectivas mencionadas permite caracterizar los múltiples estadios culturales en los que se sitúan las diferentes poblaciones de la ecúmene, tanto individualmente como en relación con otras, y ubicarlas a todas en una escala entre los extremos de la civilización y el salvajismo. A partir de ahí resulta posible interpretar cualquier transformación en términos culturales y ya no necesariamente negativos, dado que es precisamente el dominio de Roma, una potencia no helénica que ha llegado hasta la cima de la civilización gracias a su propia iniciativa, lo que impulsa la transformación progresiva de regiones antes salvajes y en adelante definidas por un presente civilizado y romano.

Si desde la perspectiva tradicional Estrabón contempla en términos étnicos una situación estática definida fundamentalmente por su pasado griego y en la que cualquier cambio es a peor por cuanto lo bárbaro constituye una amenaza permanente para lo helénico, por su parte los términos relativos que definen la nueva perspectiva permiten a nuestro autor describir un horizonte cultural dinámico en el que predomina una transformación positiva plasmada en la acción civilizadora de Roma sobre territorios antes salvajes.

116 A partir del examen de las reacuñaciones, los monogramas y los tipos iconográficos que

aparecen en las monedas, de la progresiva degradación artística de los retratos, del empobrecimiento del metal acuñado y de las relaciones sugeridas o descartadas por el análisis individualizado de los diferentes atesoramientos conocidos, el más reciente estudio de conjunto acerca de la historia del helenismo en su extremo más oriental ha datado el final del último reducto griego independiente, gobernado por Estratón II y su hijo del mismo nombre y localizado en la región oriental del Punjab, en torno al año 10 d.C., momento en el que habría sido conquistado por Rajuvula, sátrapa indoescita de Mathura, O. BOPEARACHCHI, Monnaies

Estrabón crea de este modo una perspectiva aparentemente alternativa, pero en realidad complementaria por cuanto le permite subsanar las carencias evidenciadas por la polaridad tradicional a la hora de interpretar no sólo realidades ya antiguas como la de los egipcios a la vez bavrbaroi y politikoiv, sino sobre todo realidades presentes ubicadas sobre esa ecúmene romana en la que vive el propio autor. Porque son precisamente la definición de Roma, las consecuencias de sus acciones y su relación en el presente —y, por ello, también en el pasado— con el resto del mundo de acuerdo con la realidad impuesta por los nuevos tiempos los factores que impulsan a Estrabón a ceder espacio ante una nueva perspectiva desde la que interpretar un mundo muy diferente del contemplado por la visión tradicional, la cual se ve desplazada no sólo a la hora de describir el presente romano sino también allí donde ese presente hace necesaria la revisión “a posteriori” de una historia hasta entonces protagonizada exclusivamente por griegos y bárbaros, tal como observamos a propósito de la Roma más antigua117. Pues si, tal como ha señalado K. Clarke, para Estrabón el

pasado de las tierras habitadas interesa en la medida en que ha contribuido a construir su presente118, a partir del momento en el que el presente romano no

puede ser explicado satisfactoriamente en función de un pasado tradicionalmente contemplado desde la perspectiva griegos-bárbaros, resulta evidente la necesidad de un cambio.

117 En el marco de esa relectura de la historia pretérita de Roma evidenciada en Str. IX 2, 2,

llama la atención comprobar cómo Estrabón sitúa desde el primer momento a los antiguos romanos por encima de los pueblos con los que combaten, juzgados “más salvajes” que ellos, cuando ni unos ni otros se hallaban en posesión de las cualidades que permitirían distinguir en términos culturales entre unos y otros (ajgwghv kai; paideiva, lovgo" kai; oJmiliva th'" pro;"

ajnqrwvpou"), todavía monopolizadas por los griegos. De hecho, resulta enormemente significativo el especial cuidado que nuestro autor pone en diferenciar la naturaleza de las relaciones que la antigua Roma había establecido con las dos categorías de pueblos mencionadas, pues con los “más salvajes” los romanos “combaten” (ajgriwtevroi" e[qnesi polemou'nte"), mientras que con los “más civilizados”, esto es, con los griegos, esos mismos romanos, según el eufemismo al que recurre Estrabón, “mantienen relaciones” (pro;" hJmerwvtera e[qnh kai; fu'la th;n pragmateivan

e[cein); VANOTTI, 1992, 174. Todo ello evidencia la interpretación del pasado romano practicada por Estrabón desde el presente con vistas a individualizar a Roma ya desde el primer momento y, simultáneamente, el carácter indiscutible de la sempiterna supremacía cultural helénica; no en vano afirma Ferrary a propósito de este mismo pasaje que Estrabón “ n o abandona una terminología que justificaba la pretensión griega de ocupar una posición privilegiada dentro del Imperio Romano”, FERRARY, 1988, 508.