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Una lista de verificación para el pacificador

In document Pacificadores - Ken Sande - Esp (página 135-138)

Cada vez que se encuentre involucrado en un conflicto, podrá aplicar los cuatro principios básicos de la pacificación haciéndose las siguientes preguntas:

Glorificar a Dios: ¿Cómo puedo agradar y honrar al Señor en esta situación?

Sacar la viga de su propio ojo: ¿Cómo puedo mostrar la obra de Jesús en mí asumiendo la responsabilidad por mi contribución a este conflicto?

Restaurar humildemente: ¿Cómo puedo servir a otros amorosamente ayudándolos a asumir la responsabilidad por su contribución a este conflicto?

Ir y reconciliarse: ¿Cómo puedo demostrar el perdón de Dios y alentar una solución razonable de este conflicto?

La siguiente lista de verificación, que resume los principios presentados en este libro, está ideada para ayudarlo a contestar las cuatro preguntas.

Glorificar a Dios

Con la ayuda de Dios, buscaré glorificarlo de las siguientes formas:

• Dependiendo de su gracia y llamando la atención a su gracia –es decir su amor, misericordia, perdón, fuerza y sabiduría inmerecidos– que Él nos da a través de Jesucristo

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• Haciendo todo lo que está en mi poder para vivir en paz con los que me rodean.

• Recordando que la reputación de Jesús se ve afectada por la forma en que me llevo con los demás • Pidiendo a Dios que me ayude a confiar en Él, a obedecerlo, imitarlo y reconocerlo en medio del

conflicto

• Cuidándome de las maquinaciones de Satanás y las falsas enseñanzas, que buscan promover el egoísmo y estimular el conflicto

• Usando el conflicto como una oportunidad para servir a los demás

• Cooperando con Dios mientras me poda de deseos y hábitos pecaminosos, y me ayuda a crecer más a la imagen de Cristo

• Viéndome como un mayordomo y manejándome a mí mismo, mis recursos y mi situación de forma tal que Dios pueda decir: “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel!”

Sacar la viga de su propio ojo

Para decidir si realmente vale la pena pelear por algo, con la ayuda de Dios haré las siguientes cosas: • Definir los temas (personales y materiales), decidir cómo están relacionados, tratar sólo con los conflictos

que son demasiado importantes como para pasar por alto, y comenzar en general con los temas personales • Pasar por alto las ofensas menores

• Cambiar mi actitud, regocijándome en el Señor y recordando cuánto me ha perdonado, siendo amable con los demás, reemplazando la ansiedad por la oración y la confianza, pensando deliberadamente en lo que es bueno y correcto en los demás, y poniendo en práctica lo que Dios me ha enseñado a través de la Biblia • Considerar cuidadosamente cuánto costará (emocionalmente, espiritualmente y financieramente)

continuar un conflicto en vez de simplemente dejarlo pasar

• Usar mis derechos sólo para promover el reino de Dios, servir a los demás y mejorar mi capacidad de servir y crecer según la imagen de Cristo

Para identificar deseos que se pueden haber convertido en ídolos y contribuido a este conflicto, examinaré mi corazón haciéndome las siguientes “preguntas de rayos X”:

• ¿Qué me preocupa? (¿Cuál es la primera cosa en mi mente por la mañana y/o la última por la noche?) • ¿Cómo completaría este espacio en blanco? “Si tan sólo ___________, entonces me sentiría feliz,

realizado y seguro”

• ¿Qué deseo preservar o evitar a toda costa? • ¿Dónde pongo mi confianza?

• ¿Qué temo?

• Cuando cierto deseo no es satisfecho, ¿siento frustración, ansiedad, resentimiento, amargura, ira o depresión?

• ¿Hay algo que desee tanto que estoy dispuesto a desilusionar o lastimar a otros para obtenerlo? Antes de hablar a otros acerca de lo que han hecho mal, con la ayuda de Dios me examinaré a mí mismo haciendo las siguientes preguntas:

• ¿Soy culpable de palabras imprudentes, mentira, chismes, calumnias o alguna otra palabra de poco valor? • ¿He tratado de controlar a otros?

• ¿He mantenido mi palabra y cumplido con todas mis responsabilidades? • ¿He abusado de mi autoridad?

• ¿He respetado a quienes están en autoridad sobre mí? • ¿He tratado a los demás como me gustaría ser tratado?

• ¿Estoy motivado por las lujurias de la carne, el orgullo, el amor al dinero, el temor de los demás, o por desear excesivamente cosas buenas?

Cuando veo que he pecado, le pediré a Dios que me ayude a:

• Arrepentirme; es decir, cambiar la forma en que he estado pensando, para alejarme de mi pecado y volverme hacia Dios

• Confesar mis pecados usando los Siete Elementos de la Confesión: dirigiéndome a todos los que he afectado, evitando usar las palabra si, pero o tal vez, reconociendo específicamente lo que hice mal,

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reconociendo cómo he lastimado a otros, aceptando las consecuencias de mis acciones, explicando cómo alteraré mis actitudes y comportamiento en el futuro y pidiendo perdón

• Cambiar mis actitudes y comportamiento pidiendo la ayuda de Dios en oración, deleitándome en el Señor para poder superar mis ídolos personales, estudiando la Biblia y practicando un carácter piadoso

Restaurar humildemente

• Cuando me encuentre distanciado de otra persona, pediré a Dios que me ayude a discernir la forma más eficaz de acercarme a ella para confesar mis pecados o mostrarle su falta

• Aun cuando trabaje inicialmente a través de otras personas, haré todo lo posible para terminar hablando cara a cara, para que ambos podamos expresar y confirmar el arrepentimiento, la confesión y el perdón • Cuando me entero de que alguien tiene algo contra mí, iré a esa persona para hablar sobre el tema, aun

cuando no considere que yo haya hecho nada malo

Consideraré que un pecado es demasiado serio como para pasar por alto si: • Deshonra a Dios

• Ha dañado nuestra relación

• Está lastimando o podría lastimar a otras personas

• Está lastimando al ofensor y está reduciendo su utilidad para Dios

Cuando necesito mostrar a otros sus faltas, con la ayuda de Dios haré lo siguiente: • Tomar de la gracia Dios para poder transmitir gracia a otros

• Hacer todo lo que pueda para traer esperanza a través del evangelio, centrándome en lo que Dios ha hecho y está haciendo por nosotros a través de Cristo

• Escuchar responsablemente, esperando con paciencia mientras otros hablan, concentrándome en lo que dicen, aclarando sus comentarios mediante preguntas adecuadas, reflejando sus sentimientos y

preocupaciones mediante respuestas parafraseadas y concordando con ellos cada vez que sea posible • Hacer juicios benévolos, creyendo lo mejor acerca de los demás hasta que tenga información que

demuestre lo contrario • Hablar la verdad en amor

• Hablar al lado de las personas, no por encima de ellas, como otro pecador que necesita el perdón y la gracia tanto como ellas

• Ayudar a otros a examinar los deseos que pueden estar gobernando sus corazones • Escoger un tiempo y lugar que serán conducentes a una conversación productiva • Hablar en persona cada vez que sea posible

• Involucrar a otros usando historias, analogías y metáforas que toquen sus corazones • Comunicarme tan claramente que no pueda ser malentendido

• Planificar mis palabras y tratar de anticipar cómo me responderán los demás • Usar declaraciones en primera persona cuando corresponda

• Afirmar información objetiva en vez de opiniones personales • Usar la Biblia cuidadosamente y con tacto

• Pedir retroalimentación (reacción y respuesta de la otra persona) • Ofrecer soluciones y preferencias

• Reconocer mis límites y dejar de hablar una vez que he dicho lo que es razonable y apropiado

Si no puedo resolver un conflicto con alguien en privado y el problema es demasiado serio como para pasar por alto, con la ayuda de Dios haré lo siguiente:

• Sugerir que busquemos ayuda de uno o más consejeros espiritualmente maduros que puedan ayudarnos a ambos a ver las cosas más objetivamente

• De ser necesario, pedir a una o dos personas que hablen con nosotros

• De ser necesario, buscar ayuda de nuestras iglesias respectivas y respetar su autoridad

• Acudir a los tribunales sólo si he agotado mis remedios eclesiásticos, si los derechos que estoy queriendo hacer cumplir son bíblicamente legítimos y si mi acción tiene un propósito recto

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Cuando alguien me ha agraviado, pediré a Dios que cambie mi corazón para que quiera perdonarlo. Cuando perdone a alguien, con la ayuda de Dios haré estas promesas:

• No me detendré en este incidente

• No volveré a mencionar este incidente para usarlo contra ti • No hablaré a otros acerca de este incidente

• No permitiré que este incidente se interponga entre nosotros o entorpezca nuestra relación personal Cuando me esté costando perdonar a alguien, con la ayuda de Dios haré lo siguiente:

• Renunciar al deseo de castigar a la otra persona, de hacer que la otra persona se gane mi perdón, o de exigir garantías de que nunca volveré a ser agraviado

• Evaluar mis contribuciones al problema

• De ser necesario, hablar con esa persona para tratar todo tema no resuelto y para confirmar su arrepentimiento

• Reconocer las formas en que Dios está usando la situación para bien

• Reconocer cuánto Dios me ha perdonado, no sólo en esta situación sino en el pasado

• Tomar de la fuerza de Dios por la oración, el estudio bíblico y, de ser necesario, la consejería cristiana Con la ayuda de Dios, demostraré el perdón y practicaré el principio de reemplazo de las siguientes maneras:

• Reemplazando pensamientos y recuerdos dolorosos por pensamientos y recuerdos positivos • Diciendo cosas positivas a la persona que he perdonado y habla bien acerca de ella

• Haciendo cosas amables y constructivas a la persona que he perdonado

Cuando necesito negociar un acuerdo sobre temas materiales, con la ayuda de Dios haré una PAUSA: • Preparación meticulosa para nuestras discusiones

• Afirmación de mi respeto y preocupación por mi oponente • Ubicación de los intereses de mi oponente

• Soluciones creativas que satisfagan la mayor cantidad de nuestros intereses posible • Evaluación objetiva y razonable de varias opciones

Cuando otras personas continúan maltratándome y oponiéndose a mí, con la ayuda de Dios haré lo siguiente:

• Controlar mi lengua y seguir diciendo sólo lo que es útil y beneficioso para los demás • Buscar consejo, apoyo y aliento de consejeros espiritualmente maduros

• Seguir haciendo lo bueno no importa lo que los demás me hagan

• Reconocer mis límites resistiendo la tentación de vengarme, y recordando que ser exitoso a los ojos de Dios depende de la fidelidad y no de los resultados

• Seguir amando a mi enemigo, esforzándome por discernir y tratar sus necesidades espirituales, emocionales y materiales.

Anexo B

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