• No se han encontrado resultados

n uria t ovar v elázquez (Iniciativas de Cooperación Internacional para el Desarrollo ICID)

3. Una mirada al turismo con enfoque de género

El turismo responsable entendido como movimiento social es una buena plataforma para situar y trabajar en profundidad el enfoque de género en este ámbito. Desde esta concepción de turismo responsable es más fácil transversalizar el enfoque de género de forma más integral en los ámbitos relacionados con el turismo y de esta manera fortalecer la incidencia política con “gafas de género”.

(...) hacer incidencia política para la equidad de género supone “poner en el foco de nuestra propuesta el desarrollo de cambios que erradiquen las desigualdades de género.”. Obviamente esto implica incorporar una mirada distinta a las problemáticas sociales y a las políticas públicas para visibilizar que las desigualdades en general tienen una lectura de género (Foro virtual América latina Genera).

El análisis del turismo desde el enfoque de género ha sido uno de los menos solicitados y cubiertos en las investigaciones y en los proyectos relacionados con el desarrollo de

políticas turísticas, restauración, hostelería, desarrollo sostenible, cooperación, docencia, etc. Todavía queda un largo camino por recorrer para entender y abarcar los puntos de encuentro y de desencuentro que existen a la hora de incidir en cualquier ámbito del turismo desde la perspectiva de género. Por tanto, los estudios sobre sostenibilidad para un turismo responsable todavía están incompletos, a pesar de las brillantes contribuciones que se han realizado al respecto.

Si incorporamos el enfoque de género, se podrían explicar y comprender con mayor claridad ciertas situaciones de desigualdad y discriminatorias, aquellas que por lo general son invisibles por el sólo hecho de estar legitimadas y promovidas en el nombre del desarrollo, la cultura, la tradición, aún cuando esta última sea visiblemente perjudicial para las mujeres. De ahí que todavía haya retos, a veces básicos, como por ejemplo aceptar que las “decisiones turísticas” no son neutras desde un punto de vista de género (Kinnaird, 1994 y Swain, 1995). El turismo se desarrolla sobre la base de las relaciones de poder (altamente influenciadas por las desigualdades de género) de cada destino turístico, por lo que al momento de planificar y gestionar el turismo sin tener esto en cuenta se fortalece la desigualdad de género que está condicionada por factores tales como el sexo (hombre o mujer) y también por la clase social, la etnia, la religión y el idioma. Aunque no lo parezca, la suma de cada uno de dichos factores constituye la marca turística de los destinos.

El mundo se define en masculino y al hombre se le atribuye la representación de la humanidad entera. Eso es el androcentrismo: considerar al hombre como medida de todas las cosas. El androcentrismo ha distorsionado la realidad, ha deformado la ciencia y tiene graves consecuencias en la vida cotidiana. Enfocar un estudio, un análisis o una investigación desde la perspectiva masculina únicamente y luego utilizar los resultados como válidos para todo el mundo, hombres y mujeres, ha supuesto que ni la historia, ni la etnología, la antropología, la medicina o la psicología, entre otras, sean ciencias fiables o, como mínimo, que tengan enormes lagunas y confusiones (Varela, 2008:175). El turismo con enfoque de género analiza cómo las mujeres y los hombres contribuyen, experimentan y se ven afectados, de forma individual y colectiva, por el desarrollo del turismo (Moreno, 2011). Amplía las posibilidades para que las personas, sobre todo mujeres y niñas, elijan con autonomía lo que quieren llegar a ser y hacer (ver Nussbaum, 2011 y 2012) , lo que conlleva a considerar, entre otros, los siguientes puntos:

• Identificar las causas de las discriminaciones acontecidas de forma directa e indirecta por el desarrollo del turismo.

• Mejorar los procesos de planificación y gestión turística. Por ejemplo, analizar cómo la planificación y gestión del turismo basada en roles y estereotipos aumenta los impactos negativos del turismo.

• Alinear la agenda global en Género y Desarrollo con el análisis y las propuestas promovidas por el sector del turismo.

Es notoria la participación de las mujeres en el turismo. Según el informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicado en 2013, la participación de las mujeres en el empleo turístico alcanza alrededor del 55,5% a nivel global, llegando a ser en algunas regiones el 70%. Por ejemplo, en España dicho indicador corresponde al 55,9%, en México al 58,5%, en Tailandia al 65%, en Perú al 76,3% y en Lituania al 85,6%. En cuanto al número de turistas, viajan más mujeres que hombres a algunos sitios. Según la Fundación CODESPA, en Perú, del total de turistas, las viajeras representan el 59%, en Ecuador el 68% y en Bolivia el 56%.

Sin embargo, la realidad es que las mujeres suelen participar pero no toman decisiones en el turismo. Según el estudio de Equality in Tourism5 publicado en 2013, de un total de 78

encuestas realizadas a las directivas de diferentes organizaciones turísticas (operadores turísticos, asociaciones, aerolíneas, etc.), las directoras representan el 15,8%. En el Reino Unido, de un total de 17 operadores turísticos, sólo el 12% cuentan con directoras o de las 21 asociaciones de profesionales de turismo incluidas en el estudio, ninguna tiene una directora. Ante esta situación podría ser interesante analizar, por ejemplo, las barreras de género con que se que enfrentan las pocas mujeres que conforman las directivas.

En cuanto al ciclo de los proyectos de turismo con enfoque de género, siguiendo a Ferguson y Moreno (2013), las dificultades se presentan porque no se comprenden los siguientes puntos complementarios:

• Cómo el enfoque de género debe ir integrado: situación que afecta a la metodología, indicadores, herramientas y tiempos v/s presupuesto necesario para cada una de las actividades.

• Cuándo debe ser integrado el enfoque de género: muchas veces se pretende incorporarlo tan solo en una determinada fase de un proyecto o con una actividad puntual. Esto impacta, por ejemplo, en el contenido de una formación en turismo y género, pues si no se hace correctamente puede dejar la puerta abierta para muchas interpretaciones que no estimulan un debate centrado en cómo el enfoque de género transforma y mejora la sostenibilidad aplicada al turismo. Por otro lado, de forma recurrente se cae en el error de fortalecer roles y estereotipos a lo largo de las formaciones debido a esta idea tan abstracta de que el turismo es un espacio inmejorable para el desarrollo de las mujeres. O también sucede que

éstas toman un rumbo diferente al inicialmente diseñado. A modo de ejemplo, en un debate sobre Tecnología, Mujeres y Turismo de cara al desarrollo de una política de turismo en África, el debate terminó en torno a la importancia de la tecnología para promover el turismo, diluyendo así todos los puntos relacionados con el enfoque de género. Esto sucedió principalmente debido a la carencia de herramientas para conducir el debate, a pesar de las buenas intenciones, por lo que una vez más el discurso fue más allá de los hechos, tal como se comentó al inicio del documento.

• Dónde el enfoque de género debe ser discutido: no suele haber una estrategia de turismo y género que sirva como herramienta inicial para realizar las actividades del proyecto y así definir el presupuesto y los tiempos.

• Quién y cómo debe integrarlo: se precisa que al menos haya una persona experta que consolide a lo largo del proyecto la red de trabajo en turismo y género. De esta manera se garantiza que todas las personas implicadas deben integrarlo a lo largo del proceso.