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Una mirada eclesial del trabajo desde la modernidad

2. EL TRABAJO DESDE EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA Y LAS

2.1 Una mirada eclesial del trabajo desde la modernidad

La Rerum Novarum está escrita inicialmente desde unos horizontes históricos en los

que se reconocen las profundas transformaciones y grandes conquistas del trabajo. Ofrece una reflexión sobre la explotación de los trabajadores y las ofensas a su dignidad. Es la problemática crucial de la revolución industrial. La Iglesia la asume y el magisterio de León XIII reafirma los principios de validez universal en favor de los derechos del hombre trabajador.

Durante siglos el mensaje de la Iglesia se dirigía a una sociedad de tipo agrícola, caracterizada por ritmos regulares y cíclicos. En esta coyuntura es preciso anunciar y vivir el Evangelio en el nuevo contexto de acontecimientos de una sociedad más dinámica, teniendo en cuenta la complejidad de los nuevos fenómenos y de las increíbles transformaciones que la técnica ha hecho posibles. El punto focal de la Encíclica es la cuestión obrera, es decir el problema de la explotación de los trabajadores, producto de la nueva organización industrial del trabajo de matriz capitalista, y el problema, no menos grave, de la instrumentalización ideológica socialista y comunista, de las justas reivindicaciones del mundo del trabajo.

La Rerum novarum busca defender la inalienable dignidad de los trabajadores. A ella se une principalmente la importancia del derecho de propiedad, del principio de colaboración entre clases, de los derechos de los débiles y de los pobres, de las obligaciones de los trabajadores y de los patronos, del derecho de asociación. En consecuencia esta expresión del magisterio pontificio ilustra claramente sobre la oportunidad de dirigir las cartas sobre el poder político, sobre la libertad humana, sobre la

cristiana constitución de los Estados, ante los adelantos de la industria y de las artes, el cambio operado en las relaciones mutuas entre patronos y obreros, la acumulación de las riquezas en manos de unos pocos y la pobreza de la inmensa mayoría

La intencionalidad de esta reflexión es que resplandezcan los principios que estén orientados hacia la verdad y la justicia tanto humana como divina, pues es urgente proveer de manera oportuna al bien de las gentes de condición humilde, que constituyen la mayoría de las personas afectadas por las condiciones de miseria. El Papa considera que este problema que afronta la sociedad mundial es fruto de hombres codiciosos y avaros, bajo una apariencia de bien. Una razón de peso es que las relaciones comerciales de toda índole se hallan sometidas al poder de unos pocos, hasta el punto de que un número sumamente reducido de opulentos y adinerados ha impuesto el yugo de la esclavitud a una

muchedumbre infinita de proletarios32.

La Encíclica es clara en afirmar como los socialistas creen que van a responder al problema de manera acertada acabando con la propiedad privada de los bienes y estimando que es mejor que todos los bienes sean comunes y administrados por las personas que rigen el municipio o gobiernan la nación. Piensan que con este traslado de los bienes de los particulares a la comunidad, distribuyendo por igual las riquezas y el bienestar entre todos los ciudadanos, se podrá curar el mal presente. Ahora bien, la Rerum Novarum considera que esta medida que es tratada desde medios externos como los bienes o el capital es tan inadecuada para resolver la contienda, que incluso llega a perjudicar a la propia clase trabajadora. Además es sumamente injusta, pues ejerce violencia contra los legítimos poseedores. Por otra parte los mismos socialistas pensaron que transfiriendo los bienes de los particulares a la comunidad alcanzarían una pronta respuesta al problema.

En consecuencia la Encíclica afirma que el hombre, al abarcar con su razón cosas innumerables, enlazar y relacionar las cosas futuras con las presentes y ser dueño de sus actos, se gobierna a sí mismo con la previsión de su inteligencia. En efecto, sometido

además a la ley eterna y bajo el poder de Dios tiene en su mano elegir las cosas que estime más convenientes para su bienestar, no sólo en cuanto al presente, sino también en relación con el futuro.

Por otro lado se considera la necesidad de que se halle en el hombre el dominio no sólo de los frutos terrenales, sino también el de la tierra misma, pues se advierte que de la fecundidad de la tierra le son proporcionadas las cosas necesarias para el futuro. Por tal razón los socialistas deben tomar conciencia de que el Dios que dio la tierra para usufructuarla y disfrutarla a la totalidad del género humano no puede oponerse en modo alguno a la propiedad privada.

Otro argumento que asume la Encíclica es que la problemática del trabajo humano ha sido fruto de la instrumentalización que se le ha dado a la actividad humana y del sentido que ha recibido el capital en función de lo que para el hombre significa la técnica. Por este motivo es claro que ni el capital puede subsistir sin el trabajo, ni el trabajo sin el capital. El magisterio de la Iglesia busca llamar a ambas clases al cumplimiento de sus deberes respectivos y, ante todo, a los deberes de justicia y equidad. Con respecto a los proletarios estos deberes son: Cumplir íntegra y fielmente lo que por propia libertad y con arreglo a justicia se haya estipulado sobre el trabajo; no dañar en modo alguno al capital; no ofender a la persona de los patronos; abstenerse de toda violencia al defender sus derechos y no promover sediciones; no mezclarse con hombres depravados, que alientan pretensiones inmoderadas y prometen artificiosamente grandes cosas, lo que lleva consigo arrepentimientos estériles y las consiguientes pérdidas de fortuna. En cambio los deberes de los ricos y patronos se refieren a no considerar a los obreros, como esclavos; a respetar en ellos, como es justo, la dignidad de la persona, sobre todo ennoblecida por lo que se llama el carácter cristiano. Que los trabajos remunerados, si se atiende a la naturaleza y a la

filosofía cristiana, no son vergonzosos para el hombre, sino de mucha honra, en cuanto dan

la honesta posibilidad de ganarse la vida33.

Tampoco debe imponérseles más trabajo del que puedan soportar sus fuerzas o una actividad que no esté conforme con su edad y su sexo. Pero entre los primordiales deberes de los patronos se destaca el de dar a cada uno lo que sea justo. Cierto es que para establecer la medida del salario con justicia hay que considerar muchas razones. Ahora bien, en general tengan presente los ricos y los patronos que oprimir para su lucro a los necesitados y a los desvalidos y buscar su ganancia en la pobreza ajena no lo permiten ni las leyes divinas ni las humanas.

En consecuencia la sociedad explotadora debe reconocer que la codicia representada en la riqueza no aporta para nada a la felicidad eterna, sino que más bien la obstaculiza. Por el contrario, los que carezcan de bienes de fortuna deben aprender de la Iglesia que la pobreza no es considerada como una deshonra ante el juicio de Dios y que no han de avergonzarse por el hecho de ganarse el sustento con su trabajo. Esta afirmación la confirmó de hecho Cristo, quien por la salvación de los hombres se hizo pobre siendo rico y, siendo Hijo de Dios y Dios Él mismo, quiso con todo aparecer y ser tenido por hijo de un artesano y no rehusó pasar la mayor parte de su vida en el trabajo manual.

A la luz de este ejemplo divino, se comprende muy fácilmente que la verdadera dignidad y excelencia humanas radican en el sentido y valor que le demos a la actividad humana desde los designios de Dios; que la virtud es patrimonio común de todos los

mortales, asequible por igual a altos y bajos, a ricos y pobres34.

Por otro lado la Encíclica nos permite comprender que quienes siguen los preceptos de Cristo se unirán por el amor fraterno, pues verán y entenderán que todos los hombres han sido creados por el mismo Dios, Padre común; que todos tienden al mismo fin, que es el

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http://justiciaypaz.dominicos.org/kit_upload/PDF/jyp/Documentos%20eclesiales/Rerum_Novarum.pdf

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mismo Dios, el único que puede dar la felicidad total a los seres humanos, quienes, además, han sido igualmente redimidos por el beneficio de Jesucristo y elevados a la dignidad de hijos de Dios, de modo que se sientan unidos, por parentesco fraternal, tanto entre sí como con Cristo.

Como los bienes naturales, los dones de la gracia divina pertenecen a todo el linaje humano. Por este motivo, una curación efectiva de la sociedad humana sólo será posible por el retorno a la vida y a las costumbres cristianas, ya que cuando se trata de restaurar las

sociedades decadentes, hay que hacerlas volver a sus principios35.