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Una problemática particular: política turística y desarrollo socioeconómico

2. El turismo y su dimensión política

2.2. Una problemática particular: política turística y desarrollo socioeconómico

En el siguiente apartado, relacionaremos al turismo con hechos concretos y con las ideas de desarrollo socioeconómico. Esto resulta pertinente en la medida que, tal como se ha mencionado anteriormente, con la consolidación del turismo de masas, el turismo va transformando diferentes lugares a escala global y, por tanto, es de interés creciente su apropiación por organismos gubernamentales para “guiar” y controlar dichos cambios.

En otras palabras y como idea macro, el turismo es utilizado desde la esfera Estatal para alcanzar diferentes objetivos del desarrollo socioeconómico, por tanto, merecen ser explicitadas de forma sintética ciertos vínculos entre la política turística y el desarrollo socioeconómico. De esta forma podremos establecer cómo han sido sus cambios y continuidades a lo largo de los últimos años, y cuál ha sido el rol del Estado en cada ocasión.

Situándonos nuevamente en el contexto de posguerra, las ideas de Desarrollo adoptan formas específicas. Según Esteva, el comienzo del cambio de paradigma del desarrollo, como clave para las políticas y modelos implementados en los distintos países, se refleja puntualmente en 1949, con el discurso de Harry S. Truman, presidente de los Estados Unidos, quien construye por primera vez el binomio desarrollo – subdesarrollo7. Hasta ese momento se hablaba de economías periféricas o productores de materias primas. Es la primera vez que se asume desde los países centrales, la condición de marginación de los “otros” (de las periferias poco o nada industrializadas).

7 En su discurso dice: “Debemos embarcarnos en un programa completamente nuevo para hacer accesibles los beneficios de nuestros avances científicos y de nuestro progreso industrial, de tal forma que las áreas subdesarrolladas puedan crecer y mejorar.” Se ve aquí reflejado la invención del término “subdesarrollo” bajo el contexto de su campaña política, con el fin de legitimar la hegemonía estadounidense. Para más información ESTEVA, Gustavo (2000): Desarrollo.

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En este contexto, el turismo pasa a jugar un rol fundamental dentro de los Estados Nación, tanto de los países centrales como periféricos. Los primeros, junto a organizaciones internaciones, formulan y postulan las políticas turísticas. En los países en desarrollo, el turismo internacional implica establecer e instituir un cuerpo administrativo nuevo en el Estado, instruido en las escuelas profesionales de turismo de categoría internacional (Lanfant, 1980).

A partir de ahora,

“La política turística aspira a articular el desarrollo potencial de las sociedades subdesarrolladas con el desarrollo relativo de las sociedades industrializadas, inscribiendo a unas y otras en una misma lógica unificadora.” (Lanfant, 1980: 39)

Los Estados Nación de los países “desarrollados” y otras entidades como: el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, la OMT, la Organización de las Naciones Unidas, van a tratar de controlar y producir un proceso de cambio en áreas periféricas en pos de llegar a la transformación de los países centrales, considerando al turismo como una herramienta potente y adecuada para “modernizar” las periferias.

“Tanto fue así que estos y otros organismos internacionales optaron por su promoción, declarando 1967 Año Internacional del Turismo, y predicando de él una serie importante de ventajas:

1. Permitir que los países ricos colaborasen con su gasto en ocio para el desarrollo de los países pobres.

2. No requerir grandes inversiones en infraestructuras, al depender mayoritariamente de los recursos naturales.

3. Inducir la «tercerización» (predominio del sector servicios, frente al sector secundario - industrial y de la construcción - y primario - agrícola, ganadero o pesquero -) de las sociedades ancladas en el primer sector.

4. Crear empleo.

5. Contribuir a que los países pobres por influencia de los visitantes y la industria turística se modernizasen.” (Rubio Gil, 2003: 273)

Desde los países centrales van a emitir un Know How, conocimientos técnicos, tecnológicos y ayuda económica de entidades financieras, que van a proponer controlar la manera de transformar diferentes territorios. En este contexto es que el turismo va a funcionar como lo venía haciendo la industria. Los Estados Nación de los países “subdesarrollados” tomaran las ideas y los recursos financieros, para utilizar al turismo como

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factor de desarrollo socioeconómico. Surgirán nuevos destinos turísticos que serán consumidos por las clases medias de los países centrales.

Desde el discurso oficial, se dice que el turismo va a funcionar como un “puente” entre los países subdesarrollados y desarrollados. El ideal establecía que en la medida que se produzca una ganancia desde la clase media de los países centrales y éstos, se trasladen a los periféricos y allí la gasten, se especulaba con que ese provecho iba a ser redistribuido desde áreas centrales a periféricas. Éste era un argumento central a la hora de postular las virtudes del turismo para impulsar procesos de transformación social en pos del desarrollo socioeconómico, contribuyendo al equilibrio territorial de un Estado-Nación periférico.

A priori, hay una positividad muy grande que se le asigna al turismo para transformar las áreas periféricas, y que esa reorganización contribuiría a la redistribución de beneficios e iba a traer un montón de oportunidades para todos. Sin embargo, a medida que dichos procesos se iban materializando, y que la actividad turística crecía y tomaba mayor importancia, tanto en el plano económico como en el social y cultural, comenzaron a surgir estudios, desde distintas disciplinas para analizar sus impactos reales. Los mismos, arrojaron que no trae necesariamente un mejoramiento en la calidad de vida, sino un empeoramiento, no sólo sigue la misma desigualdad, sino que genera nuevas.

Esta situación comienza a plasmarse en paralelo con el fin del apogeo del sistema económico antes mencionado. Para la década de 1970, las ideas de desarrollo comienzan a reconfigurarse. La fuerte noción de progreso, con la que se lo vinculaba, empieza a perder peso.

“Todo esto ha llevado a apelar a la noción de desarrollo y a cuestionarse sobre los modos del mismo. Ya no se acepta fácilmente la idea de un camino único y progresivo en el marco de un horizonte sin límites. Hoy están planteadas importantes preguntas sobre la pertinencia de las formas que hasta hace poco tiempo se habían considerado las únicas. En esta nueva mirada hacia la problemática del desarrollo, las tendencias a la descentralización y a la valoración de la iniciativa local han cobrado una fuerza especial” (Arocena, 1995: 29).

Se vive un cimbronazo en el mundo de las ideas. Ya no se valoriza positivamente la división entre países desarrollados y subdesarrollados. Las mismas se empiezan a disgregar y se comienzan a tomar en cuenta las especificidades de los países periféricos que antes no entraban en las nociones de desarrollo. Se destaca el hecho de que reconocer la diferencia es también ser desarrollado. Se establece que el control no venga desde afuera, sino que

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las lógicas de desarrollo empiecen a ser pensadas desde los propios lugares que se ven involucrados en los procesos de transformación.

El termino desarrollo, de nuevo, vuelve a emplearse profusamente para describir una estrategia de crecimiento de las regiones conocida como desarrollo local, pero esta vez con una mayor preocupación por conciliar los aspectos económicos, culturales y territoriales – medioambientales. Bajo estos principios, por desarrollo local se entiende un complejo proceso de concertación entre agentes que interactúan dentro de los límites de un territorio determinado con el propósito de impulsar un proyecto común que combine la generación de crecimiento económico, equidad y cambio territorial, con el fin de elevar la calidad de vida y el bienestar de cada familia y ciudadano que viven en ese territorio (Rubio Gil, 2003:281).

Ante esta nueva situación, se toma al turismo como un sector excepcional en el marco del desarrollo local, al establecerse en un agente potenciador de aspectos relacionados con el desarrollo desde un enfoque territorial, así como la conservación del patrimonio cultural y medioambiental, que caracteriza la sostenibilidad (Rubio Gil, 2003).

En este escenario que se vive en las décadas del ´80 y 90, el Estado también se reconfigura. Pasa a redefinir sus funciones a partir de tener cada vez menos presencia en el funcionamiento económico de un país y en la economía global. Bajo las ideas neoliberales se postulaba que la mejor forma de organización social iba a ser dada a partir de dejar funcionar libremente a las fuerzas del mercado. El mercado como institución iba a ser quien asigne mejor los recursos. La reconfiguración del Estado se va a centrar en dos procesos: por un lado, procesos de privatización, ya no se ocupará al cien por ciento de las cuestiones, como por ejemplo salud y educación, sino que se vivirá un proceso de retirada por parte del Estado, y éstos servicios estarán mercantilizados; por el otro, una re funcionalización, lo cual se va a plasmar dentro de los procesos de descentralización del poder, sus organismos y funciones; es decir, lo que antes se ocupaba el nivel nación, se va a ocupar el nivel provincia, y lo que antes era de la provincia será del nivel local, municipal.

Aquí el tipo de turismo que va a primar va ser, tal como lo denomina Marchena, el “turismo Post-Fordista”, o en términos de Bertoncello, el “turismo de nichos”. Lo importante que nos interesa resaltar es que, el turismo como factor de desarrollo sigue estando presente, pero ya no es visto exclusivamente como un factor de modernización, sino como una estrategia para superar contextos locales de crisis socioeconómicas. Se piensa que para que verdaderamente funcione, debe producir beneficios que deben integrarse y diversificarse en la población local, la cual debe tener una participación activa. Que el control

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no venga sólo de afuera, por las ideas impuestas por organismos internacionales como la OMT, con el fin de estandarizar, sino por el contrario, contemplar las especificidades locales.