En el Prólogo a la primera edición, Marx formula el objeto general de su libro: 'Lo que he de investigar en esta obra es el modo de producción capitalista y las relaciones de producción e
intercambio a él correspondientes' (p.6). Se trata entonces de un objeto históricamente acotado.
Pero también lo es espacialmente, como lo anuncia inmediatamente después, al decirnos que se referirá a Inglaterra (aunque, todavía más abajo (p.7), nos amenace con que la experiencia inglesa es la potencia actualizada de la de otros países -Alemania-).
¿Cuál es por otro lado el tema del primer capítulo?. Se titula "La mercancía". Y es lo primero a considerar para entender al capitalismo porque todo lo que hace entendible al fenómeno de la mercancía hace entendible la 'célula' básica que compone al 'organismo' social del capitalismo. Esta analogía de la ciencia social con la química (p.6), que prescribe para la primera el efectua r una 'anatomía micrológica' de su objeto como la segunda lo hace con el suyo, es lo que obligaría, según el Prólogo en cuestión, a Marx a comenzar el estudio del capitalismo por la mercancía.
Sin embargo, en el primer párrafo del capítulo 1, Marx parece indicarnos que comienza por la mercancía por una razón de índole pedagógica. Puesto que nos 'parece', prima facie, en la consideración inmediata de lo que sería para nosotros (profanos) el componente principal de 'la riqueza de las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista': 'nuestra investigación, por consiguiente, se inicia por el análisis de la mercancía'.
Por tanto, en principio no queda claro si el objeto de este primer capítulo (el fenómeno -¿o la categoría?- de la mercancía) es lo ontológicamente primero de la formación social capitalista, o es sólo lo gnoseológicamente primero. En rigor, habría que decir, tras una lectura del capítulo entero, que la mercancía es sólo lo que aparece gnosceológicamente como lo ontológicamente primero desde un punto de vista inmediato o abstracto, pero que resulta ser lo segundo ontológicamente una vez que hemos progresado en la indagación hasta ganar un punto de vista mediato o concreto. Esto nos conduce directamente a la cuestión del método.
El método.
Por lo dicho más arriba, entonces, la 'investigación' (p.43) presente en El Capital, procede partiendo de 'lo que aparece' (p.43), para dirigirse, por medio del 'análisis' (p.43), hacia lo que está prima
facie oculto (lo esencial).
Aquí se hace mención de la estructura de la heurística de la investigación marxiana. A su vez, a juzgar por la presentación de las diversas secciones del capítulo, esta estructura parece ser también la de la exposición de aquella investigación (la profundización en las determinaciones de los fenómenos aparentes). Pero, sin embargo, en el Posfacio a la segunda edición, Marx nos señala que debemos hacer una diferenciación 'formal' entre 'modo de exposición' y 'modo de investigación' (p. 19):
La investigación debe apropiarse pormenorizadamente de su objeto, analizar sus distintas formas de desarrollo y rastrear su nexo interno. Tan sólo después de consumada esa labor, puede exponerse adecuadamente el movimiento real. Si esto se logra y se llega a reflejar idealmente la vida de ese objeto, es posible que al observador le parezca estar ante una construcción apriorística. (p.19)
Más abajo, Marx nos comenta su posición ante la filosofía hegeliana. Nos dice que sostiene su esquema dialéctico, pero sólo en cuanto a su 'núcleo racional', y no en cuanto a su 'envoltura mística' (p.20). Así, si bien sostendría aún el gran descubrimiento hegeliano (el de 'las formas generales del movimiento' de la 'dialéctica' (p.20)), por otro lado, nos precave, concibe su 'método dialéctico' (p.19) como diverso respecto del de Hegel, e inclusive 'antitético' (p.19) respecto a él, por cuanto sus 'fundamentos' (p.19) divergen en cuanto a la relación entre 'lo material' y 'lo ideal' (p.20): si Hegel ponía el principio en lo segundo, Marx hará lo propio con el primero.
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1. No queda claro si Marx habla del método de exposición o del de investigación, cuando se refiere a su comunión con Hegel. Por un lado nos dice que 'coquetea' en el capítulo 1 con el 'modo de expresión' (p.20) hegeliano, pero por el otro ordena su expresión (su exposición) como una investigación (como vimos cuando consideramos el primer párrafo del capítulo 1).
2. Esto nos obliga a preguntarnos acerca de cuál es exactamente la diferencia entre método de exposición y de investigación en Marx. Su pasaje no nos lo aclara. Inclusive, implica el peligro de que el 'reflejo ideal de la vida del objeto' acabe identificándose, como exposición, en cuanto a su estructura, con la vida real misma del objeto, en cuyo caso se recaería en el apriorismo hegeliano del cual se pretendía escapar.
Para Hegel la "exposición" de un objeto es isomórfica a su vida misma: así por ejemplo, la exposición de la estructura de nuestro pensar en la Ciencia de la Lógica se identifica con la estructura de todo lo que es (naturaleza incluida), pues lo segundo es modo de expresión de lo primero así desplegado (desde su universalidad abstracta como Idea, hacia su universalidad concreta captada en la filosofía del Espíritu absoluto, para cuya historia es condición de posibilidad la aparición de lo material natural de lo que luego pueda surgir el hombre autoconciente). En este sentido, 'coquetear' con el modo de expresión (de exposición) de Hegel tiene el riesgo de implicar una consumación amorosa con la ontología hegeliana, que es precisamente lo que Marx quiere evitar.
Para Hegel la investigación y la exposición no divergen ni formal ni sustancialmente, porque el mismo devenir de lo supremamente real (el Espíritu, la Idea) tiene la estructura de un conocer, consistente en ponerse y tematizar(se en) lo puesto de un modo cada vez más autoconciente. Para Marx, como vimos, sí habría una distinción formal. Sin embargo, se traiciona a sí mismo al presentar su exposición como una investigación (en el primer párrafo del capítulo 1). 3. A su vez, la sugerencia de que la exposición 'refleja idealmente la vida del objeto' tiene la peligrosa implicación de que la vida de los conceptos y la de sus objetos referidos, su devenir, es isomórfico, lo que de nuevo nos conduce a la ontología hegeliana y a una contradicción de Marx con sus propias esperanzas de haberla rechazado. Esto se agrava cuando leemos en Marx frases como 'derivación del valor' (p.11), donde lo lógico corre el riesgo de ser confundido con lo real, en una melodía típicamente hegeliana.
Lo dicho hasta aquí parece conducirnos a la insalvable conclusión de que Marx se ve arrastrado a sostener la ontología hegeliana, junto con su método. Podríamos evitar esta conclusión si no prestáramos atención a las confusas y más bien inconsistentes palabras de Marx en los pasajes considerados del Posfacio, y nos concentrásemos sólo en lo que Marx dice en el primer párrafo del capítulo 1 y, sobre todo, en lo que hace en él. Aquí, Marx reproduce más la vida de la investigación del objeto que la vida del objeto mismo (a excepción de cuando presenta ciertos puntos de convergencia entre los pasajes conceptuales entre las figuras de la exposición de la investigación y ciertas sucesiones históricas efectivas -lo que, a su vez, implica sintomalmente que se trata de cosas distintas en principio-): así, estaríamos más frente a un enfoque fenomenológico que lógico (en el sentido hegeliano de ambos términos -según el cual el primero es rigurosamente gnosceológico en principio, mientras que el segundo es rigurosamente ontológico en principio). Según esta hipótesis interpretativa, entonces, Marx estaría relatando la "experiencia de la conciencia" del hombre inmerso en la vida social capitalista, mostrando sus diversas "figuras", cada una de las cuales representa un estadio más alto en el nivel de comprensión de lo real. Es, así, plausible elegir una interpretación del modo expositivo e investigativo de Marx en el capítulo 1 como uno formado en el esquema de la Fenomenología del Espíritu y no en el de la Lógica. Claro que, en rigor de verdad, ambas interpretaciones nos obligan a decir que Marx se contradice. En el primer caso, no es en principio seguro que la exposición "refleje idealmente la vida del objeto", sino sólo la de la investigación de él. En el segundo, sí habría tal reflejo, pero como consecuencia de ese esquema
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"derivativo", Marx estaría sosteniendo, lo quiera o no, la ontología hegeliana, que es precisamente de lo que pretendía haber escapado. Finalmente, en ambos casos cae la pretensión de Marx de una veracidad en su afirmación de la distinción entre los modos de exposición y de investigación, puesto que en ambos esquemas hegelianos éstos coinciden.
Dicho todo esto, y puestos a elegir, considero que la elección más prometedora es la de interpretar el esquema heurístico de investigación y exposición de Marx a la manera fenomenológica, por cuanto ésta satisfaría la intuición anti-hegeliana central de Marx: la de recusar su ontología idealista. Esto no quiere decir el denegar lo que Marx dice al terminar el segundo prólogo acerca de la dialéctica como elucidando el 'movimiento contradictorio de la sociedad' (i.e, captando en el objeto lo que tiende a su reproducción pero también a su subversión). No es necesario asumir los supuestos del enfoque onto-teleo-teo-lógico hegeliano para seguir hablando de contradicciones reales. Asumamos, así, que el 'coqueteo' de Marx con Hegel no ha pasado de una conversación animada acerca de cómo dirigir la indagación hacia el mundo.
Creo que la elección que acabo de presentar es en gran medida, además, consistente con la perspectiva metodológica que Marx presenta en el apartado 3) de la Introducción de 1857 a los Grundrisse251. Creo que allí Marx nos plantea lo siguiente:
1. El 'método científicamente correcto' no es el que parte de lo concreto a la vista o a la mano (una posición ingenua que se disuelve apenas analiza sus objetos aparentemente atómicos), sino el que 'asciende de lo abstracto a lo concreto', en una secuencia que incluye los siguientes momentos: (i) captación del 'todo viviente' en su 'universalidad abstracta'; (ii) identificación de las 'determinaciones más simples'; y (iii) captación final de la 'rica totalidad con múltiples determinaciones y relaciones'. Se va de lo abstracto ((i)) a lo concreto ((iii)), de lo 'simple' ((ii)) a lo 'complejo' ((iii)), a través del 'análisis' (que lleva de (i) a (ii)) y el 'viaje de retorno', la 'síntesis' (que lleva de (ii) a (iii)).252
2. Debe diferenciarse el uso de este método de:
__su aparente aplicación en la economía política: porque ésta transpone categorías halladas en la especificidad histórica de la sociedad capitalista y pretende inadmisiblemente que valen para toda la historia social.
__su versión en Hegel: porque éste identifica erróneamente el curso mental de formación categorial de la consideración de la cosa con el curso real de formación histórica de la cosa misma (convirtiendo a (i), que sólo es un universal del pensamiento de un hombre en coordenadas espacio-temporales específicas, en una fuerza efectiva que genera históricamente a (ii)). Tanto en Marx como en Hegel aparece la tríada (i)-(iii), pero en el primero, a diferencia de en el segundo, ésta es sólo una heurística del pensamiento, y no también una estructura fáctica de lo pensado.
3. De modo que hay que diferenciar claramente en las categorías dos cuestiones: (a) el que son productos y unidades de actividad mental de individuos espacio-
251 Cf. Marx (1857-8): vol. 1, pp. 20-30.
252 Una manera de entender El Capital (al menos en su capítulo 1)es la de ver que, a grandes rasgos, en él se
ve que (i) corresponde a la 'riqueza', (ii) a la 'mercancía', y (iii) al trabajo social en sus formas determinadas. En la visión inmediata, la "riqueza" aparece como un conjunto de singulares "mercancías": el análisis de lo primero lleva, inmediatamente, al de lo segundo, lo que, a su tiempo, se trueca sintéticamente en una visión histórico-social de los diversos procesos de producción e intercambio, de los cuales la "riqueza como conjunto de mercancías" es sólo un momento específico, aun que así explicado: lo natural resulta ser social, lo eterno contingente, lo concreto abstracto, lo eterno histórico, lo inmediato mediato, lo directo indirecto, etc.
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temporalmente circunscriptos; y (b) el que tienen un referente en la realidad extra- mental del que las piensa. Marx no acepta la reducción de (b) a (a): lógica e historia no coinciden para Marx como sí lo hacen para Hegel. Tampoco existe en Marx la coartada que permitía a Hegel aquella reducción: la suposición desde el vamos de la existencia de entidades holísticas totales deviniendo teleológicamente como sujetos: la Idea, el Espíritu (en definitiva: el Dios que se busca a sí mismo)
4. Las sociedades más desarrolladas nos dan claves para comprender a las menos desarrolladas, porque la anatomía de las primeras es desarrollo de la de las segundas. Pero esto no quiere decir que exista una conexión lógico-teleológica entre ellas. En suma: Marx retoma de Hegel la visión anti-empirista ingenua según la cual el conocimiento procede por elaboraciones categoriales que van de lo abstracto a lo concreto (en un sentido inverso al del sentido común), de lo más indeterminado a lo más determinado, a través de un proceso de análisis y síntesis. Pero no concuerda con la tesis de que este proceso mental-conceptual y cognitivo-empírico sea también un proceso ontológico. En un lenguaje más moderno, podríamos decir que Marx retiene la lógica de la investigación que propone Hegel, aunque no así sus concepciones
sustantivas.
Puede objetarse que toda lógica de la investigación supone algún conjunto de supuestos ontológicos acerca de la cosa a investigar. Estoy totalmente de acuerdo. Pero aquí el acuerdo de Marx con Hegel es parcial. El punto central en que las ontologías marxianas y hegelianas coinciden es el relativo a una visión historicista y
relacionista de las entidades consideradas. El punto grave de discrepancia, sin
embargo, aparece cuando notamos que Marx no acepta el status que Hegel asigna a la estructura relacional e histórica del universo: en Marx existe una crítica a las teleologías idealistas hegelianas. Ser y Pensar no se identifican en Marx. Y en este sentido se acerca en parte a las ontologías de lo múltiple del empirismo (no olvidemos a Demócrito y Epicuro, buenos amigos de Marx, después de todo). Creo que en Marx hay una síntesis peculiar entre el singularismo y el universalismo, entre el pluralismo y el monismo: los universales se reducen a individuos conectados en situación histórica: el todo es mayor que la suma de las partes, pero no es otra cosa que ellas mismas en tanto que entidades conectadas e históricamente devinientes, por fuera de cualquier plan que "el Todo" pueda tener para ellas. Por esto también tampoco coincide Marx con todo el esquema metodológico de Hegel: para Marx sí, y para Hegel no, la indagación empírica tiene su lugar como momento de testeo de las sucesivas elaboraciones categoriales253.
253 Sobre la valoración de Marx de la investigación y testeo empíricos, pueden considerarse los siguientes
pasajes de dos cartas. En la primera, Marx se refiere críticamente al intento de Lasalle de deducir las teorías modernas de la economía política de un aforismo de Heráclito, en la medida en que 'con algunas frases, como "unidad abstracta" y otras fórmulas por el estilo, tiene la pretensión de emitir juicios sobre cosas empíricas que hay que estudiar, y durante mucho tiempo into the bargain para poder hablar de ello' [Carta de Marx a Engels del 25.2.1859]. En la segunda, donde Marx quiere desairar a quienes interpetan sus teorizaciones de
El Capital como si éstas se tratasen de una filosofía general de la historia aplicable a cualquier contexto,
sostiene que 'sucesos notablemente análogos pero que tienen lugar en medios históricos diferentes co nducen a resultados totalmente distintos. Estudiando por separado cada una de estas formas de evolución y comparándolas luego, se puede encontrar fácilmente la clave de este fenómeno, pero nunca se llegará a ello mediante el pasaporte universal de una teoría histórica-filosófica general cuya suprema virtud consiste en ser suprahistórica' [Carta de Marx al director de El Memorial de la Patria, fines de 1877].
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Es por esto que el enfoque fenomenológico, que toma categorías (universales), analiza sus casos simples extensionales, y los reconecta globalmente en el vector de la historicidad, es un método aceptable para Marx: pero ni parte de ni desemboca en las preguntas y respuestas hegelianas, que hasta cierto punto no son totalmente intrínsecas al método fenomenológico, sino a su lógica ontológica: pues todo proceder fenomenológico se recorta en el horizonte de un preguntar con supuestos...
Esquema expositivo y figuras.
No es fácil reconstruir el esquema expositivo de Marx en este capítulo. Y no lo es sólo porque el "esfuerzo del concepto", como decía Hegel, es doloroso. Lo es también porque Marx no se esfuerza lo suficiente, o no logra satisfacer los objetivos de su esfuerzo, de modo de comunicarnos de manera rigurosa y clara su propio camino indagatorio.
Podemos encontrar sin embargo un esquema como el siguiente: En primer lugar, Marx nos comenta (el fenómeno de) la mercancía tal como inmediatamente se nos aparece (I). En segundo lugar, se refiere a la condición causal y de posibilidad de esa apariencia (II). Luego, intenta explicar cómo lo esencial se expresa en lo aparente (III). Finalmente, acaba presentando un esquema más basto en el cual se inserta la dinámica anteriormente vista como un momento específico (IV).
1254. En esta primera figura de la indagación acerca de la mercancía, Marx nos la presenta como
una cosa que es útil e inmediatamente cambiable por otra. Estas dos son las propiedades que, de un modo inmediato, se nos aparecen como predicables de eso que llamamos mercancías: son, por un lado, un objeto material que puede satisfacer necesidades (un valor de uso); también son, por otro, un conjunto de entidades socialmente existentes que se cambian entre sí en eso que llamamos "mercado" (un valor de cambio).
Entonces, en esta figura, la riqueza en nuestra sociedad aparece como un conjunto material de valores de uso y un conjunto social de mercancías. Pero entonces surge la pregunta: ¿en virtud de qué se decide la proporción en que una cantidad determinada de una mercancía se cambia socialmente por otra cantidad determinada de otra mercancía?. Esta pregunta se vuelve problemática cuando arribamos a la conclusión de que el valor de uso de las mercancías no puede jugar de piedra de toque para compararlas respecto de su valor de cambio cuando éstas son entidades materiales que divergen cualitativamente (como un libro y una cierta cantidad de papas). En efecto, en esta figura de nuestra indagación de la naturaleza de la mercancía, no encontramos ninguna relación relevante entre la propiedad de ser un valor de uso y la de ser un valor de cambio. Es cierto que nos parece que toda mercancía no puede no tener las dos propiedades a la vez (si no fuera útil, una mercancía no sería cambiable por otra, pues nadie la querría a cambio de la suya; y si no fuera intercambiable, entonces no estaríamos hablando de "mercancía" siquiera). Pero si bien el ser un valor de uso aparece como una condición necesaria para la existencia de un valor de cambio en una cosa puesta en relación con otra, esta condición no logra convertirse en eficiente a la hora de descubrir qué es lo que determina ese valor de cambio en cuanto a su estructura proporcional. El abismo que aquí aparece entre lo material y lo formal, entre la propiedad de utilidad de las mercancías y su propiedad de intercambiabilidad, nos obliga a ir más allá de la figura