PRISMA DE UNA HISTORIA
BEATRIZ EUGENIA ENCISO B.
8.6 Una Sonrisa de Resiliencia
“La gente olvidará lo que les dijeron, la gente olvidará lo que les hicieron, pero la gente jamás olvidará como los hicieron sentir.” Maya Angelou
Lo que pasó ese día ya nos lo habían anunciado mucho tiempo antes, ya estábamos acostumbrados a ver la muerte pasarse ante nuestros ojos, ese día empezaron en mi vida los dolores, porque a pesar de que era demasiado pequeña para entenderlo, ese día “la chusma” alejó de mi a la familia Giraldo, los obligaron a irse, como no lo hicieron los mataron a casi todos y nos sacaron a nosotros, las familias que dependíamos de ellos también. Esa familia me había curado de mi desnutrición, raquitismo y el sarampión cuando era apenas una recién nacida, habían intentado hasta meterme en un buche de vaca, pero como no funcionó mi mamá me dejó tirada por ahí y fue la mamá de los Giraldo la que a mí me sanó, mientras la mía trabajaba para ellos como sirvienta.
Cuando apenas tenía 6 años, los de “la chusma” los mató a todos. Llegaron a buscarlos un día cualquiera, y como se habían escondido para que no los mataran, la chusma decidió quedarse ahí en la finca en Sevilla hasta que
128 aparecieran, nosotros fuimos sus sirvientes nos pedían que peláramos a nuestras gallinas, cerdos e incluso una vaca que la patrona nos había dejado para que tomáramos leche, para que ellos pudieran comer. La violencia se apoderó de nuestra vereda, mataban inclusive a los niños. Decidimos huir por nuestras vidas, nos fuimos a Cali. Ahí aprendí a seguir adelante a pesar de los problemas y dejar atrás los malos tiempos, que aunque yo era muy niña para entenderlos estaban afectando todo a mí alrededor.
Mi vida siguió, entre juegos y risas hice hasta primero de primaria, siempre me ha encantado reírme de todo, aún hoy a mis 63 años soy muy risueña, sin embargo, cuando tenía 14 años mi mamá creyó que era hora de regresar a Trujillo, ahí mi infancia tomó un vuelco, era hora de convertirme en señorita pues se acostumbraba en esas épocas casarse temprano. Así llegamos a una nueva hacienda donde empezamos a trabajar, ahí en esa finca conocí un señor de edad, que con un saludo quedó enamorado de mí. Así fue como mi vestido de primera comunión me sirvió para casarme. Tuve entonces mi primera ilusión de amor, el único problema es que no era la persona con la que mi mamá me iba a casar. Por debajo de cuerdas había encontrado a Luis Ángel, con quien supuestamente me iba a volar antes de mi boda, pero como todo no es color de rosa, mi mamá se dio cuenta de mis planes. Ahí ella me advirtió sobre quien era realmente él, me dijo que él tenía mujer y que le pegaba, que yo no tenía por qué meterme en eso. Dejó todas mis ilusiones de haber encontrado al amor por el piso, con la decepción de una mentira. Él lo negó todo y yo decidí seguir con mi plan; sin embargo, fue imposible ocultárselo a ella, pues estaba empeñada en casarme con el señor mayor, al cual yo no quería, y me hacía preferir cualquier cosa antes que estar con él, pero mi voluntad no fue suficiente y me casaron a la fuerza.
Mi tristeza era tan grande que no dejé de llorar desde que subí al altar hasta que nos fuimos a Cali, pensaba en todas las posibilidades que había para escaparme y salir de ese infierno en el que mi mamá, por deshacerse de mí, me había metido.
129 Yo aún no estaba preparada para casarme, no sabía hacer de comer, ni arreglar la cocina ni nada de eso, decidí no aprender y seguir donde me había quedado, recuperar mi anhelada infancia, yo me la pasaba jugando todo el día mientras que él estaba trabajando y cuando llegaba a pedirme almuerzo, no había nada y él se lo preparaba, pero yo no comía nada de lo que él hacía, yo nunca lo quise y cada día pensaba en una forma para no estar ahí, lo cual parecía no importarle.
Eso creía yo, sin embargo, un día tras un matrimonio al cual nos habían invitado, el estaba totalmente borracho. Llegamos a la casa y yo vi cuando el guardó la barbera debajo de la almohada, lo único que se me pasó por la cabeza fue que ese señor me iba a matar. Cogí la barbera y la boté por la ventana antes de que el regresara a la cama, cuando intentó cogerla yo me paré de la cama y el me cogió del pelo, nos fuimos contra un armario y ahí él me rasgó la blusa por la pelea, yo corrí afuera disque a llamar a la policía pero eran las 12 de la noche y nadie atendía mi llamado de auxilio. Yo gritaba, - ¡Ese señor me va matar, me va a matar!-. Por fin la patrona me preguntó, -¿Pero quién?- y yo le dije -el marido mío me va matar- y ella me dijo -pero ¿por qué?- y yo le dije –Porque es que yo no le quiero, yo no quiero ir con él, no lo quiero! Yo salí corriendo y cogí la primera Buseta que pasó y ahí bajé hasta donde vivía mi amiga y ahí amanecí.
Al día siguiente yo volví con mucho miedo, él me dijo que todo iba estar bien, yo no tenía a donde ir, entonces acepté volver con él aunque no le creía nada. Nos fuimos entonces a vivir a una casita muy bonita, tenía dos habitaciones y un taller, además quedaba al borde de la carretera donde pasaban las chivas para Unchitolo, lo cual para mí era solo una carretera a la libertad, sabía que algún día una de esas chivas me iba a salvar. Y así fue, mi mamá se fue a vivir con nosotros allí, lo cual complicaba mis planes, pero eso ya no era un impedimento, en el momento menos esperado cuando no había nadie en casa empaqué todo y me fui. Cuando estaba en la chiva me di cuenta de que no había contemplado un aspecto sumamente importante, el dinero. Me puse a llorar en la chiva, y le dije al
130 conductor que no tenía plata y que no sabía ni siquiera para donde iba, pero la vida está llena de ángeles que cuidan el camino, en eso apareció una señora que me ayudó a pagar mi pasaje y me invitó a trabajar con ella en su finca.
Entonces me bajé con ella en una finca muy bonita, ella me acogió muy bien, me enseñó a arreglar la cocina y cocinar en el fogón de leña que tenían en esa casa. Nunca supo que yo había huido de mi marido, ella siempre creyó que yo me había volado porque tenía problemas con mi mamá, quizás por eso me presentó a sus hermanos y me llevó a trabajar con ellos, aunque yo no tenía ganas de enamorarme uno de ellos me gustó mucho, pero justo ese se fue y el otro empezó a trabajar en la casa donde yo me quedaba, el intentó abusar de mí, pero yo no me dejé, y armé un escándalo, por lo cual es se fue y nunca lo volví a ver.
Los hombres en esa época eran muy abusivos, ese señor tampoco fue el último en intentar sobrepasarse conmigo, pero yo siempre me hice respetar. En la casa donde fui a trabajar después también me encontré con un señor muy abusivo, no solo quería aprovecharse de mí sino que también le pegó a la esposa, por lo cual yo también me tuve que ir de ahí.
Seguí mi camino por la vida, trabajando de casa en casa, de finca en finca, de pronto los hombres se acercaban a mí y así mismo se alejaban. Llegó Arturo al cual conocí por mi mejor amiga de la época. Me enamoré del y tuve mis primeros hijos, pero él tenía varias mujeres embarazadas, por eso yo no quería hacer planes con él ni nada, porque apenas tuviera a mi hijo me iba a ir de ahí. Pero luego quede esperando a otra niña, entonces se complicó mi salida de ese lugar. Luego me fui y me llevé a Edilson que era el mayor de todos y la niña chiquita, y deje con él al del medio y me vine a trabajar a otro pueblo. Yo me estaba quedando con ellos en una piecita, con 18 años estaba de nuevo absolutamente sola sacando adelante a mis hijos y como siempre levantándome de nuevo de mis caídas.
131 En medio de esa situación llamaron a la puerta y se metió a mi casa un amanecer llamado Marcos, no le importó que yo tuviera hijos, ni mi difícil situación, con él me junté de nuevo y volví a creer en los hombres y en el amor. Tuvimos nueve hijos juntos, y vivimos aquí en Trujillo en la vereda la Sonora algunos años.
Sin embargo, una vez más llegó la vida a demostrarme que no todo es color de rosa, ahí, empezando los años 90´s fue que empezó toda esa violencia. Marcos fue a una marcha con Arley, ahí estaba embarazada de la última niña mía y me asustaba mucho. La marcha buscaba ayudar a los trabajadores de las fincas a tener mejores trabajos, que les pagaran más, ellos solamente iba a escuchar y ver que pasaba, estoy segura de eso, sin embargo, en esa época al que decía algo le iba mal. La marcha fue interrumpida por los del ejército, les quitaron la remesa y todo lo que tenían como si fueran guerrilleros, pero era una marcha campesina nada más, dudo que hubiera un solo guerrillero entre todos los que marchaban.
Pero a los poquitos días empezó a venir gente desconocida, entonces llegaron a mi casa y me pidieron agua y yo les di, el me dijo que si el ejército estaba por ahí que el era de la guerrilla, y yo le dije -pues ahora que lo veo a usted pero yo no se la verdad-.
Cuando llegó mi marido yo le conté; -ve, llegó gente extraña, disque haciéndose pasar por guerrilla, ese chichipato-. Yo salí a ver por un caballo que estaba ahí en la Gaviota, encontré allí un campamento del ejército, el muchacho que estuvo en mi casa se estaba poniendo el camuflado de nuevo, porque él había llegado a mi casa de civil, me señaló y dijo; -esa es espía yo estuve en la casa de ella-, y otro le dijo, -no ve que vino fue por el caballo-. Me abrieron la puerta y me preguntaron, -¿a usted es que no le da miedo?-, y yo respondí; - no a mí no me da miedo, de que, yo estoy enseñada a andar de noche-.
Esa misma semana yo había decidido ir con mi hija mayor a Candelaria por unos papeles que necesitaba para irse a trabajar a un taller a Venecia Valle. Yo desde
132 que iba saliendo de Trujillo, sentí que algo raro estaba pasando, vi la volqueta del municipio subir hacia mi vereda, ahí le dije a mi hija -¡se verraqueó esto!-. Cuando llegamos a Candelaria vimos cómo el mundo empezaba a derrumbarse de repente, en Trujillo había matado soldados y campesinos, y yo me arrepentí de haberme ido de mi pueblo, sin embargo saqué los papeles rápidamente esperando volver pronto a mi tierra pasa saber qué había pasado, la angustia inevitable se apoderó de mí, y en medio de una triste desazón rompí en llanto, pidiendo que me atendieran pronto, tenía ese horrible presentimiento de que nada estaba bien, había un enfrentamiento armado en mi vereda, la Sonora, enfrentamiento que más tarde llamaron una masacre, pues eran soldados contra campesinos indefensos.
Cuando ya llegamos a Trujillo, esto era un pueblo fantasma, carcomido por el silencio y la tristeza, un vacío enorme en el estómago me confirmó que iba a ser más grave de lo que yo creía. No había carros y todo estaba cerrado, todo el mundo estaba entre sus casas, como si no quisieran ver la realidad de un pueblo azotado por la injusticia y la violencia. Yo me fui a ver si estaba el chofer del plátano, pues creí que era el único capaz de llevarme a mi vereda desde el pueblo, me dijo; - no, yo hoy no la llevo, si quiere mañana la llevo y la dejo ahí en la entradita, pero a las 5 de la mañana, hoy no voy a ir por allá, no eso está muy verraqueado, el ejército está pidiendo papeles, eso está muy peligroso-.
El me dejó hasta la entrada de la vereda y yo seguí a pie, con la niña al hombro la otra bebe en brazos, y ahí mismo tenía la maleta en la espalda. Cuando entré me preguntaron; -¿usted pa’ dónde va?-, y yo dijo; para la Sonora-. Seguí mi camino, pero allá arriba de Alba me dijeron que tenía que dejar la maleta ahí, a pesar de mis imposiciones a hacer lo que me pedían terminé sacando el tetero de la niña. Fui subiendo y la vereda estaba totalmente vacía y muda. Cuando llegué a casa no encontré a Arley, -no mami él se fue pa’ la playa que para encerrar los terneros de Ever Prada-, inmediatamente surgió en mi la necesidad de ir a buscarlo, la playa estaba minada de ejército. Mientras que iba bajando oí un tropel, era el
133 ejército detrás de mí. Me preguntaron qué estaba yo haciendo por ahí a esas horas, les expliqué que mi hijo estaba en la Playa y que yo quería ir a buscarlo. – ¡Para allá no hay paso!
Eso no me detuvo, me escabullí por entre caminos para llegar allá pero no me dejaron pasar, escuché una voz gritando, - ¡Se llevaron a Ever y a Arley!-. Mi corazón sintió un dolor profundo, en mi garganta se hizo un nudo tan fuerte que ni siquiera tuve voz para decir algo más. Arley tenía catorce añitos, y él no le había hecho daño a nadie, la gente se aprovecha de los niños que no tienen velas en este entierro.
Busqué desesperadamente alguien que me diera razón de qué había pasado con mi hijo, nadie dijo nada. La impotencia me devolvió a la casa en la noche, don Aristizabal me dijo que las que andaban de noche eran las brujas, que aligerara mis pasos, pues no demoraba en bajar el otro ejército. Corrí entre lágrimas hasta mi casa y no dejé de llorar, no comí, sabía que algo terrible estaba pasando con mi hijo.
Al día siguiente llegó el señor que antes había llegado a pedirme agua y se había hecho pasar por guerrillero, me dijo; -doña Consuelo, usted ya sabe lo que va a pasar-, yo le dije -ya me pasó-. Ese día se llevaron a Marcos, mi esposo, aunque traté de seguirlos no me dejaron. Lo pusieron a escavar, y encontraron debajo de la tirra unos trapos rojos y unas cantimploras de la guerrilla, nosotros ni sabíamos que eso estaba por ahí. Ellos le dijeron, -¿Acá estaba la guerrilla?- a lo que el respondió;- yo no se yo voy de la casa al trabajo y del trabajo a la casa-, lo cual era verdad. Sin embargo, se lo llevaron hacia un potrero donde estaba todo el ejército.
Vieron llegar a Marquitos y a Edilson, mis dos hijos, -¡vean, guerrilleros!- dijeron, y agarraron a dar plomo. Yo creí que en ese momento los habían matado, pero
134 Edilson se alcanzó a escapar hacia el otro lado, y Marquitos alcanzó a entrar en la casa.
Eran ya las ocho de la noche y Marcos, mi esposo, nada que regresaba. A la una de la mañana latieron los perros y vi que traían a Marcos, él me dijo, -milagro de dios que no me mataron, pero me tengo que ir de acá o si no me matan porque llego la contraguerrilla pero no vaya a decir nada-.,su cara estaba llena de sangre, -me chuzaron con unos punzantes para que cantara, si no hubiera sido por un gallero que intercedió diciendo que Marcos er aun buen trabajador, lo habrían matado a puñaladas-
Al otro día empacamos todo, dejamos gallinas y dejamos perros y tres vacas, las dejamos y nos fuimos, con los hijos que me quedaron porque los dos que se llevaron no aparecieron. Conseguimos una pieza en el pueblo y dormimos en el suelo, yo no me quería ir hasta no saber que había pasado con Edilson, yo guardaba la esperanza de que al menos él apareciera. Estas esperanzas siguieron vivas hasta el miércoles, cuando estaba en la calle frente a el lugar donde nos estábamos quedando y vi a mi hijo pasar con el ejército, después de eso no volví a hablar, me desmayé inmediatamente. Cuando desperté yo estaba en el hospital, todos me decían que me calmara, que ahí estaban mis hijos, eso no me reconfortó, yo estaba destruida por dentro.
Marcos se fue agravando y agravando hasta que no hubo mas de otra y me fui para la sonora. Nos fuimos y a los 8 días llegó otro grupo armado. A los 8 días se agravó Marcos, ya no comía ni hablaba, lo llevé al hospital, y de ahí lo transfirieron para Cali. Las heridas de las torturas se complicaron. Marcos no tenía remedio estaba demasiado enfermo y malherido. En el hospital me dijeron que habían encontrado a un hermano mío, yo no lo conocía, pero fui a verlo, estaba muy malherido y no me quiso decir ni una sola palabra. En eso llegó un comandante a preguntarme por el, pero yo no sabía nada entonces me preguntó de donde venía,
135 yo solo pude decirle mentiras, porque tenía miedo de que me hiciera algo si sabía la situación por la que estaba pasando.
Al rato yo subí y oí unos tiros, yo iba a subir y no me dejaron subir, habían matado ahí en la cama a mi hermano. Me duele mucho revivir esta historia, a la mayoría de personas gracias a dios no les paso nada así, pero es muy duro, mientras que yo estuve en su entierro Marcos, mi esposo murió en el Hospital. Mi vida dio un giro completo. Todo cambió desde entonces, quedé sola cuidando a mis hijos, una vez más, en Trujillo nadie decía nada y el que hablaba le iba mal. Desde entonces llevé esta carga que llevo hoy en día, la carga de dos hijos desaparecidos un esposo muerto, por la injusticia.
En Trujillo todos guardaron reserva, e intentaron olvidar lo que había pasado, por el miedo a revivir alguna vez esos tiempos de violencia, y es así hasta hoy, pero gracias a dios pudimos encontrarnos con el padre Javier Giraldo, y nos vinculamos a la Asociación de familiares víctimas de Trujillo, así yo pude asegurarme por lo menos que nadie se olvidara de los míos, aquí les di un entierro a mis hijos aunque nunca supe qué pasó realmente con ellos, aquí resisto cada día ante el olvido, en medio de un pueblo que decidió olvidar por miedo y que se opone a reconocer sus problemas.
Mi vida siguió, así como siempre sigue a pesar de mis dolores, pero cambió todo, ahora llevo un peso que cargo cada día, un peso que cada día me hace más fuerte y que jamás va a borrar mi sonrisa, pues detrás de todo lo que ha pasado, es lo único que me queda después de las tormentas.