1. MARCO TEÓRICO
1.4 Unidades Domésticas Campesinas
Tal y como lo sugiere la propuestas conocida como Género, Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable, las unidades domésticas deben ser consideradas en el análisis, porque en ellas se estructuran y mediatizan las relaciones sociedad-naturaleza; también se consideran las relaciones de género porque es una unidad de análisis básicas de la sustentabilidad social, ya que permite entender los procesos y los patrones de acceso y control a partir de los cuales hombres y mujeres usan y manejan los recursos económicos, sociales y naturales mediante los cuales satisfacen sus necesidades básicas (Velázquez, 2003).
El concepto de unidad doméstica (UD) ha sido retomado en diferentes áreas, por ejemplo, en la antropología se utilizó desde tres aproximaciones: a) las familias se consideraron como grupos estables, tutelados por reglas matrimoniales y de residencia; b) estas familias fueron vistas como agrupaciones modeladas por etapas de acuerdo a su ciclo de desarrollo; c) y finalmente como unidades encuadradas dentro de la economía campesina que respondía a factores internos de su propio desarrollo, donde el tamaño y la composición de la familia eran determinantes de la actividad económica del núcleo familiar (Lazos, 2005:117).
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Durante la década de los ochenta, las investigaciones retomaron diferentes conceptos tales como familia, unidad doméstica y hogar para explicar procesos de formación, desarrollo y fusión de las unidades domésticas, por lo que se hace necesario diferenciar estos términos. Mientras que la familia es una institución definida por las relaciones de parentesco establecidas entre los miembros por nacimiento, adopción y matrimonio, sin tomar en cuenta si comparten o no la residencia familiar o si colaboran o no con las tareas conjuntas, la unidad doméstica se distingue por dos ejes básicos: el espacio y las relaciones desarrolladas por las personas que lo definen, por lo tanto los miembros de un grupo comparten residencia y actividades de producción y consumo, sin importar su relación por parentesco (Carter y Oliveira y Salles, citadas en Lazos, 2005:125) y el hogar es un espacio privado, donde se da la satisfacción de diferentes necesidades materiales y afectivas.
La definición de unidad doméstica ha sido utilizada para diferentes fines aun en la literatura relacionada sobre género y desarrollo. La más común es aquella que se refiere a la UD como el grupo de personas que viven bajo el mismo techo y comparten los alimentos y un presupuesto común; esta concepción de unidad doméstica ha sido puesta en entredicho por Agarwal (1997), Kabeer (1998), Oliveira y, Salles (1988), Velázquez (2003), Lazos (2005), entre otras personas.
Velázquez (2003) y Lazos (2005) señalan que las unidades domésticas son unidades heterogéneas compuestas por diversos individuos, de edades y sexos diferentes, y que el definirla como un todo homogéneo no permite observar los procesos de negociación y de toma de decisiones que se dan en el interior de la misma. Oliveira y Salles (1988) subrayan la necesidad de no mitificar los lazos de colaboración y cohesión dentro de ella, ya que se trata de relaciones ambivalentes: la solidaridad coexiste con los conflictos, la violencia física y psicológica y además de que estas unidades son heterogéneas.
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En este contexto Kabeer (1998) compara el concepto de unidad doméstica que utiliza el análisis microeconómico con el que emplea la antropología feminista para demostrar que en el interior de la unidad doméstica se llevan a cabo relaciones y actos que ponen en desventaja a las mujeres y desmitifica los lazos de cooperación y altruismo que el análisis microeconómico otorga a la misma, mientras que la antropología feminista la considera como un lugar de negociación y conflicto.
Con la finalidad de tener elementos para sustentar su postura, la antropología feminista retoma tres temas en el análisis de la UD: primero niega la maximización de un bienestar colectivo dentro de la unidad doméstica que propone el análisis microeconómico, ya que no toma en cuenta los puntos de vista de los miembros subordinados o sojuzgados respecto a su propio bienestar y esto genera desigualdades de distribución; en segundo lugar, analiza el género y los ingresos domésticos y con base en diferentes investigaciones encontró que la distribución de los ingresos no es igual para todos/as los miembros de la unidad doméstica, al contrario el aumento de los ingresos en ésta favorece a los hombres y no mejora la alimentación ni la salud de mujeres, niños y niñas, por lo que sostienen que los miembros de la UD tienen diferentes preferencias -obligaciones- que les llevan a asignar recursos de manera desigual; y tercero, con respecto a la fuerza de trabajo doméstico, observó que el trabajo familiar no es simplemente otro factor de la producción, tiene género, edad y nivel social, y posee conciencia, intereses, preferencias, obligaciones y cantidades diferentes de poder y agencia, lo que refleja características sociales.
Ante esto, Kabeer (1998) propone ver a las unidades domésticas como una “especificación dual”, es decir como instituciones diversas que están insertas e interactúan en una gama más amplia de redes en instituciones más allá de sus fronteras. Un aspecto de esta especificación dual tiene que ver con las estructuras internas de normas y recursos dentro de la unidad doméstica y la
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otra trata de las instituciones de mercado y no mercado que constituyen el contexto externo dentro del que las unidades domésticas se reproducen o transforman.
También Agarwal (1997) sostiene que las unidades domésticas son espacios de consumo, producción e inversión en el que se toman decisiones sobre la distribución del trabajo y de los recursos y que están constituidas por diferentes actores/as con intereses y preferencias múltiples (frecuentemente conflictivas); así como diferentes habilidades para alcanzar estos intereses.
Estos señalamientos a favor de la categoría de unidad doméstica hace su concepción más amplia e integradora, ya que ayuda a entender cómo a partir de los roles de género asignados se toman las decisiones en el interior de ésta a partir de la existencia de desigualdades entre los miembros y por su carácter de heterogeneidad (Kabeer, 1998).