Capítulo I. Marco Referencial Teórico
1.5 Las unidades funcionales Su importancia en el estudio de las dificultades en el
Numerosas investigaciones señalan que la edad escolar es crucial para la formación en el cerebro de sistemas funcionales que conllevan al desarrollo de capacidades superiores, ya sean comportamentales o cognitivas. Los sistemas funcionales, en la teoría psicológica de Luria, resultan ser un conjunto de áreas cerebrales que interactúan entre sí para poder producir una conducta determinada. Por tanto, “cualquier daño en el cerebro, que aparezca en la edad escolar o como secuela de daños precedentes, puede incapacitar al niño en
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distintos grados para responder normalmente a las demandas educativas” (Álvarez & Conde, 2009, p. 15).
En relación al supuesto anterior, Luria (1978) refirió que existen sólidos fundamentos para distinguir tres unidades funcionales del cerebro cuya participación es necesaria para todo tipo de actividad mental. De este modo se describen: la unidad para regular tono y vigilia, y estados mentales; la unidad para recibir, analizar y almacenar la información y la unidad para programar, regular y verificar la actividad.
Los procesos mentales del hombre en general y su actividad consciente en particular, siempre tienen lugar con la participación de las tres unidades, cada una de las cuales tiene un rol que ejercer en estos procesos y aporta su contribución a su realización (Portellano, 2008).
Quintanar y Solovieva (2000) demostraron que los niños y adolescentes con Retardo en el Desarrollo Psíquico presentan un predominio de alteraciones en la tercera unidad funcional, o sea, la unidad para programar, regular y verificar la actividad y en menor medida se pueden manifestar alteraciones en la primera y segunda, lo que justifica las características distintivas en estos menores. Por tanto, se considera pertinente para la caracterización neuropsicológica de los niños con RDP tener en cuenta los procesos afectados y conservados. Para lo anterior es fundamental el estudio de las unidades funcionales que son organizadas de la siguiente forma:
Unidad para regular tono y vigilia, y estados mentales
El adecuado curso de los procesos mentales está relacionado con el estado de vigilia. Sólo bajo condiciones óptimas de vigilia es posible que se reciba y analice la información, que los sistemas selectivos de conexiones puedan ser llamados a la mente, que su actividad sea programada y que el curso de los procesos psíquicos sea comprobado, corregido y mantenida su actividad por la vía correcta.
Esta unidad está relacionada con la expresión de emociones básicas tales como: la alegría, la ira, el miedo, el desagrado y la tristeza (Izard, 1991, citado por Herrera, 2010). Por tanto, cuando la persona implicada en una tarea no tiene un adecuado control de estas emociones sus resultados pueden afectarse. De aquí la necesidad que el docente valore el estado
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La unidad que regula el tono y la vigilia, y estados mentales es la primera en formarse, siendo importante para desarrollar la actividad humana. Tiene su base en las complejas estructuras de la Formación Reticular, en las áreas más antiguas de la corteza y el tallo cerebral. Es una estructura que actúa como si fuera un filtro, por lo que está muy relacionada con la atención y memoria y por ende, con las bases del aprendizaje. Permite estar atento, en tono y regular el estado emocional para el desempeño óptimo del individuo. La formación reticular tiene vías ascendentes y descendentes donde hay un flujo permanente de información. Esta se activa mediante la acción de tres fuentes:
I. La economía interna o funcionamiento metabólico. Es conocido que cada individuo se percata de algún desajuste funcional o somático de un órgano o sistema del cuerpo cuando tiene un dolor. De igual manera esta fuente informa la presencia de hambre, sed, frío, etc. II. El reflejo de orientación: permite estar a tono con el ambiente, situarse y reaccionar acorde con las circunstancias y es importante para la memoria.
III. Los pensamientos, las ideas y planes, influyen en el funcionamiento de la psiquis e incluso del organismo.
Estas fuentes de activación demuestran que los seres humanos viven en un mundo de información y necesitan de esta, en ocasiones, tanto como del metabolismo orgánico.
Unidad para recibir, analizar y almacenar la información
La compleja actividad humana nunca ocurre con respecto a una modalidad aislada como la visión, la audición, el tacto, la percepción y el olfato, sino que se da de manera integrada.
Esta unidad permite categorizar la información recibida, almacenarla y emplearla apropiadamente. Se sitúa en la zona posterior de los grandes hemisferios cerebrales. También abarca las áreas occipitales, temporales y parietales, donde se encuentran los centros analizadores. Predominan las áreas corticales secundarias con sus capas de neuronas asociativas que poseen especificidad.
La base de esta unidad está formada por las áreas primarias o de proyección del córtex que tienen un carácter unimodal como las células ciliadas y los conos y bastones, pero también hay células multimodales. A partir de esta unidad gobiernan tres leyes básicas:
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1. La ley de la estructura jerárquica de las zonas corticales: las relaciones entre las zonas corticales primarias, secundarias y terciarias, responsables de la síntesis cada vez más compleja de la información aferente, son una ilustración de esta ley. Lo anterior deja claro que las zonas secundarias gobiernan a las primarias y las zonas terciarias a las secundarias. 2. La ley de la especificidad decreciente de las zonas corticales jerárquicamente organizada. Las zonas primarias de la corteza poseen una especificidad modal máxima. En las áreas secundarias con neuronas asociativas se nota una especificidad modal mucho menor y en las zonas terciarias se encuentran las células multimodales, que participan en varios sistemas funcionales.
3. Ley de la lateralidad progresiva de las funciones. Esta ley permite explicar cómo el hemisferio izquierdo es el dominante para el lenguaje y la actividad verbal y cómo se desarrolla la propia lateralidad existiendo personas diestras y zurdas. Por ende, un hemisferio es rector para determinadas funciones, siendo el otro subdominante.
Unidad para programar, regular y verificar la actividad
Esta permite corregir las acciones y planificar los actos. Es considerada la unidad inteligente, reguladora de las dos anteriores y está muy vinculada con la creatividad, originalidad y pensamiento creativo del individuo. Esta unidad se desarrolla en la ontogenia con la influencia que se recibe del medio, es decir, con la estimulación. Por esta razón, se destaca su enorme papel en la educación. Las estructuras están localizadas en las áreas prefrontales y frontales de la corteza cerebral.
El hombre no reacciona pasivamente a la información que recibe, sino que crea intenciones, forma planes y programa acciones, inspecciona su ejecución y regula la conducta para que esté de acuerdo con estos planes y programas. Finalmente verifica su actividad consciente, comparando los efectos de sus acciones con las intenciones originales, corrigiendo cualquier error que haya cometido.
Un aspecto relacionado con esta unidad, que se está tratando cada día con más fuerza, está dado por el papel de la motivación en el aprendizaje. La motivación es considerada como un proceso dirigido a fomentar y sostener conductas, orientado a metas.
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Según Herrera (2010) tanto la educación para la vida, como la escolarizada deben considerar el desarrollo neuropsicológico de los niños con dificultades para aprender. Es posible estimular estas áreas corticales con acciones instructivas bien organizadas, donde se precise la importancia de lo voluntario y de lo involuntario.
Se ha demostrado por Luria e investigadores contemporáneos como Xomskaya, Ardila y Portellano, que la tercera unidad funcional predomina en los procesos del pensamiento. No obstante, no se puede discriminar el funcionamiento entre ellas, sino que se debe atender a las funciones que pueden estar alteradas y en qué medida influyen en la perturbación del pensamiento. Otro elemento significativo a tener en cuenta es la unidad afectada predominante, así como la influencia de estas en las actividades de la vida diaria de los menores (Herrera, 2010).
De acuerdo a la propuesta de Luria (1973), el análisis neuropsicológico se lleva a cabo a través de una unidad particular, a la cual denominó “factor neuropsicológico”. Por este término se entiende el resultado del trabajo de una zona o de un conjunto de zonas cerebrales. A los factores también se les puede entender como eslabones del sistema funcional complejo, el cual subyace a una u otra acción que realiza el sujeto. Así, el objetivo del análisis neuropsicológico es valorar el estado funcional de estos factores como eslabones de los elementos que garantizan la ejecución de las acciones escolares.
Interacción de las tres unidades funcionales.
Evidentemente resulta claro que las tres unidades trabajan concertadamente y que sólo al estudiar sus interacciones se puede obtener una visión interior de la naturaleza de los mecanismos cerebrales de la actividad mental.
Al observar cualquier actividad consciente del ser humano se hace evidente que cada una de estas unidades es incapaz de desempeñar cualquier forma de actividad mental de forma completamente independiente. Cada forma de actividad consciente es siempre un sistema funcional complejo y tiene lugar a través del trabajo concertado de las tres unidades funcionales cerebrales, cada una de las cuales aporta su propia contribución (Pérez, N., 2009).