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Universalidad, relativismo cultural y derechos humanos

derechos humanos

La difusión mundial del régimen de los derechos humanos durante las últimas décadas ha suscitado polémicas en torno a la universalidad de su aplicación. Las posiciones que cuestionan esta posibilidad argumentan que los derechos humanos individuales corresponden a concepciones liberales de la persona, propias de corrientes de pensamiento de orígen occidental, no transferibles a una diversidad de sociedades cuyas culturas y sistemas políticos se basan en fundamentos ontológicos distintos al liberal en lo que respecta la relación entre individuo y sociedad. Agregan que estas diferencias se manifiestan en sistemas de creencias y valores distintos, a menudo expresados en términos no traducibles, lo que dificulta la transferencia de los conceptos básicos del discurso de los derechos humanos. Así, por ejemplo, en la lengua Bangla de Bangladesh, el término que más se aproxima al de “niño” hace referencia a un ser humano menor de dos años y el correspondiente a “derecho” se refiere a “necesidades”.92

Por lo tanto, para la mayoría de los habitantes de ese país, los derechos del niño se refieren a las necesidades de los menores de dos años.

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Saporiti, Angelo (1998) “The UN Convention on the Rights of the Child: Social Indicators for Children in Third World Countries”, documento presentado en la 93 Reunión Anual de la American Sociological Association, San Francisco, California, pp. 4-5.

Plantean, además, que las corrientes dominantes de la doctrina occidental de los derechos humanos subordinan los derechos sociales y económicos al ejercicio de los derechos políticos, civiles y de propiedad, postura que contrasta con la prioridad asignada a los derechos sociales por culturas más afines a principios colectivistas que individualistas.

A pesar de estas dificultades continúa el esfuerzo por establecer una concepción universal mínima sobre los derechos humanos, a partir de la premisa que, no obstante su diversidad, la humanidad comparte atributos comunes. Desde esta perspectiva, se llevan a cabo estudios comparativos entre diversas culturas a fin de identificar concepciones universales referidas a la dignidad humana, la justicia y la moral, sobre cuya base se busca establecer las equivalencias correspondientes con los términos y conceptos del discurso occidental sobre derechos humanos.93

Si bien existe consenso sobre la legitimidad y utilidad de profundizar este análisis, en ocasiones su importancia se ve opacada por el abuso que ciertos Estados hacen del concepto de la relatividad cultural para justificar el ejercicio arbitrario del poder, incluyendo atropellos a la dignidad e integridad de las personas. En estos casos, los Estados aludidos generalmente se amparan en el principio de la soberanía para declarar como improcedente la tarea fiscalizadora de los mecanismos internacionales de vigilancia, invocando, además de razones jurisdiccionales, la falta de sensibilidad cultural de la comunidad internacional, cuyo intervencionismo estaría sesgado por el desconocimiento de las idiosincracias nacionales.

Una de las variantes de esta postura, sostiene que en los países en desarrollo el intenso proceso de acumulación de capital requerido para impulsar el crecimiento económico necesario para satisfacer las necesidades básicas de la población, exige sacrificios nacionales que justifican la supresión temporal de los derechos civiles y políticos. Sobre el particular, Sen ha demostrado las fallas metodológicas de la tesis que afirma que el acelerado crecimiento económico registrado en tiempos recientes en países como Singapur, Corea del Sur y China es atribuible al carácter autoritario de sus gobiernos. Además, agrega Sen, el respeto por los derechos políticos y civiles es un elemento fundamental de la gobernabilidad responsable, que es la forma más efectiva para satisfacer los derechos sociales y evitar la ocurrencia de graves desastres sociales. Al respecto, señala que nunca se han dado hambrunas significativas en países con gobiernos democráticos y con garantías para el ejercicio de la libertad de prensa.94

Las diversas implicaciones de la polémica en torno a la primacía de la universalidad o de la relatividad cultural en la aplicación de los derechos humanos, escapa los propósitos de este trabajo razón por la cual a continuación sólo se destacarán aquellos aspectos del debate que se consideran relevantes para la implementación de la Convención sobre los Derechos del Niño. En este caso, la polémica puede plantearse en los siguientes términos: por una parte, la universalidad de la Convención supone un conjunto de normas inspiradas en una concepción global e ideal de la infancia, mientras que, por otra, el relativismo cultural cuestiona la aplicabilidad de normas universales aduciendo la existencia de una diversidad de infancias, realidades cuyos marcos normativos sólo pueden abordarse a partir de sus especificidades espaciales, temporales y socioculturales.

En las próximas secciones se intenta dar cuenta de las complejidades involucradas en el debate entre universalidad y relativismo, a partir de la consideración de los problemas que presenta la aplicación universal del principio del interés superior del niño y de los derechos referidos al trabajo infantil. Posteriormente, se analizan algunas propuestas encaminadas a la superación de los

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Véanse, al respecto, Pollis, Adamantia (1996) “Cultural Relativism Revisited: Through a State Prism” en Human Rights Quarterly, Vol.18-No.2, pp. 316-344; y Messer, Ellen (1993) “Anthropology and Human Rights” en Annual Review of Anthropology, Vol. 22, pp. 221-249.

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Sen, Amartya (1996), “Development Thinking at the Beginning of the 21st Century”, Documento presentado en la Conferencia Development Thinking and Practice, setiembre 3-5, 1996, BID, Washington, D.C., pp. 14-20.

aspectos más estériles de la polémica a fin de avanzar en la difusión y aplicación de los derechos del niño.