La totalidad de la actividad humana que es relevante para los sistemas naturales en su conjunto, se define como la antroposfera (Zonneveld 1989). Esta actividad se puede dividir en sus dimensiones tangible / intangible (presiones o impactos // factores de cambio -‘driving forces’).
En la actualidad, la urbanización se considera un factor de cambio planetario con un componente intangible (los fundamentos económicos mismos del desarrollo urbano expansivo o metropolinización), que tiene por resultado unos impactos y presiones tangibles en el territorio (Wiggering et al. 2003). Así mismo, los cambios en las políticas de usos del suelo por la globalización económica, están influyendo en el desarrollo de la planificación y la ordenación territorial.
4.2.1.- La urbanización extensiva
En las sociedades más industrializadas, el crecimiento de las actividades humanas se ha correspondido con una urbanización extensiva del territorio, utilizando el recurso del suelo como un valor de cambio más, sometido a las leyes del mercado. Ello ha ido ligado
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La competitividad de los territorios depende entonces de los factores locales principalmente: la cohesión social, nivel de educación, formación vocacional, colaboraciones entre el sector público- privado, relaciones entre universidad y empresa, el entorno cultural, la calidad de los servicios públicos, la calidad del medio rural, la provisión de servicios de ocio, la calidad de los parques industriales, la implicación de los políticos, etc. Ello añadido a la existencia de los factores habituales como recursos naturales, un medio ambiente atractivo y las dotaciones en infraestructuras, son lo que se denomina ‘economías externas’, consideradas hoy en día los requisitos fundamentales en medio de la creciente competencia entre territorios, que se ha visto acelerada con el fenómeno de la globalización económica (ICTD 2002).
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La región se considera igualmente como el nivel eficiente para invertir en nuevas tecnologías, como se requiere desde el Directorado General de Política Regional de la UE a las regiones, para implementar estrategias de innovación regionales. Algunas regiones han decidido incluso preparar estrategias de innovación regional propias, por lo que los ‘clusters’ empresariales no son ya la única herramienta para el desarrollo regional (ICTD 2002).
a la adopción o no de limitaciones a la urbanización del territorio, mediante regulaciones de las administraciones.110 El problema de la urbanización creciente del territorio se ha convertido por si solo, pues, en uno de los principales problemas relacionados con la conservación medioambiental en las sociedades desarrolladas111 -con ritmos de crecimiento de la urbanización cercanos al 12% anual, en países como EEUU.112 Igualmente, en los países menos industrializados, las concentraciones urbanas y las migraciones del campo a la ciudad se han convertido en consecuencia y causa de la crisis medioambiental que vive el planeta.
Desde la perspectiva del impacto ambiental de los estilos de vida, la consideración de la ‘huella ecológica’ de las sociedades o países (el impacto espacial relativo de las actividades humanas), refiere entonces a la desigual distribución de riqueza, especialmente a nivel mundial.113 Además, aunque la urbanización es un agente importante en el cambio de usos del suelo, los desarrollos de baja densidad pueden tener incluso efectos nocivos mayores sobre los sistemas naturales. En este contexto, los impactos de las políticas existentes (caso de la CAP) sobre el medio y las condiciones naturales son muy significativas (Schanze 2003).
Por otra parte, buena parte de las aproximaciones al análisis espacial que se han extendido dentro de disciplinas como la Ecología o la Biología de la conservación (ap.2.1), pretenden evidenciar y definir la magnitud real de los problemas medioambientales que
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En cualquier caso, el modelo de crecimiento urbano ha acabado por romper las diferencias formales entre ciudad y campo (ruptura formal y jurídica iniciada con la revolución francesa), y las transformaciones económicas y tecnológicas han acabado por integrar física y funcionalmente los dos espacios. Las actividades económicas y las formas de vida urbanas han acabado por dominar la totalidad del territorio, creando una ciudad ‘sconfinatta’ o sin límites aparentes (Longo, 1992). Pero que por carecer de ellos es precisamente carente del antiguo significado dado a la ciudad tradicional (Bookchin 1974, Nel·lo 1999).
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Es de rigor considerar que ya no existen áreas sin influencia humana en Europa: se da habitualmente tanto una expansión horizontal (usos del suelo) como vertical (intensidad). Como resultado, el territorio rural europeo ha tomado funciones adicionales en relación con las demandas realizadas desde la Ecología y las propias demandas de las sociedades, especialmente por las áreas urbanas (Wiggering et al.2003).
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En EEUU, la proporción de población considerada ‘metropolitana’ se incrementó del 66% al 80% entre 1960 y 1990. Sin embargo, los barrios residenciales periféricos de baja densidad (‘suburbs’) crecieron más que las áreas centrales: el 71.1% frente al 15.2% (Platt 1996). Además en la huída de la población de las áreas centrales a las periferias, el desarrollo entorno la linde exterior urbana-rural consume más suelo proporcionalmente, provocando así un desarrollo extensivo en áreas cada vez más alejadas de los núcleos urbanos. Por todo ello, en EEUU el total de territorio de uso urbano creció en la década de 1982-1992 de 21M ha. a 26M ha.
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Así por ejemplo, América del Norte utiliza casi el equivalente a doce unidades de superficie por individuo, mientras que Asia y África sólo usan dos (Boada & Saurí 2002).
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hasta ahora han sido analizados localmente. Estas necesidades son las que ha ayudado a vertebrar en muchos casos la aproximación pluridisciplinar, que de forma coincidente se considera necesaria para la definición del problema de este cambio global y su diagnóstico, desde diversos ámbitos.114 Este cambio es visto entonces como un proceso multidimensional lleno de incertidumbres, cuya causalidad humana es cada vez más incuestionable y para la comprensión del cual se necesita un marco de análisis nuevo (Boada & Saurí 2002).115
4.2.2.- El análisis y gestión de los cambios territoriales
La tendencia por parte de los ecólogos ha sido la de evitar los sistemas dominados por el hombre, y centrarse en cambio en los mencionados impactos extractivos y de polución.116 Usualmente los efectos acumulativos de los cambios de usos debidos a los asentamientos humanos (distintos de las actividades de extracción y polución), no se han abordado hasta muy recientemente.117 De manera especial, los efectos de los desarrollos residenciales y la extensión de las infraestructuras son evidentes ya hoy en día; pero se prevé que serán en el futuro próximo una fuente de cambios medioambientales mayor incluso que los provocados por la extracción y polución -por sus efectos acumulativos sobre los sistemas naturales.118
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Igualmente el llamamiento realizado a la prevención de una crisis biológica a escala planetaria, que desde hace décadas se perfila desde diferentes ámbitos científicos (J. Lovelock & L.Margulis 1974; R. Noss 1983; etc.), ha coadyuvado de hecho esta aproximación integrada de los medios físico y humano, que se plasma en la aproximación paisajística y regional.
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La acumulación local de impactos, y la aparición de efectos no-lineales en los procesos sobre los ecosistemas (lagunas temporales en la aparición de efectos respecto las causas que los desatan, lindares de criticalidad autoorganizada en los sistemas naturales y sociales, etc.), igualmente ejemplifican la necesidad de analizar estos efectos en base a los planteamientos de las teorías de la complejidad (Portugali 1997; Philips 1999a).
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Tradicionalmente, el estudio de los impactos humanos sobre el medio se ha centrado en los efectos de la extracción de materiales (agricultura, silvicultura, infraestructuras energéticas) y la adición de materiales de origen humano al medio ambiente (contaminación del aire y agua, adición de carbono a la atmósfera (Haeuber & Hobbs 2001).
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Es el caso por ejemplo de las diversas afectaciones sobre un curso fluvial: deforestación de la vegetación de ribera, mas aportación de sedimentos, nutrientes y contaminantes desde los sistemas humanos, mas sobrepesca. Estos impactos alteran reiteradamente el curso, con efectos aditivos o sinérgicos, en un ámbito mucho más extenso del entorno puntual donde se producen las diversas afectaciones (Haeuber & Hobbs 2001).
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En términos de modelización de los sistemas naturales, ello equivale a un cambio en el potencial natural de las áreas particulares, a causa del feed-back provocado por las acciones humanas mediante un cambio sostenido y gradual, representable en los modelos de estado- respuesta (Schanze 2003).
Desde un punto de vista espacial, pueden destacarse cuatro categorías de cambios observados recientemente en los usos del suelo en Europa (Wiggering et al. 2003):
• Disminución de la importancia de la producción agrícola y forestal, y cambio de las políticas de usos del suelo por la globalización económica -a escala nacional y europea (FAO 2000:21th FAO Regional Conference for Europe).
• Establecimiento de objetivos ecológicos a conseguir en los territorios, relacionados con los usos del suelo y la planificación.
• Medidas relacionadas con el cambio climático y las crecientes probabilidades de eventos climáticos extremos, que requieren de adaptaciones para la modificación de las combinaciones de usos del suelo y sus tipologías.
• El cambio en la percepción de los usos del suelo por la sociedad, provocando modificaciones en las políticas de subsidios (CAP p.e.).
Así, los aspectos medioambientales, de salud y éticos relacionados con la producción y los procesos agrícolas y forestales, se valoran cada vez más por parte de la sociedad. En consecuencia también, las políticas territoriales de desarrollo europeas hoy en día se basan cada vez más en un nuevo paradigma: Como objetivo, se diseñan para permitir a todos los territorios desarrollar endógenamente sus capacidades y puntos fuertes, e indicarles su potencial –limitando efectos perniciosos inducidos. La nueva misión para los gobiernos entonces es trabajar conjuntamente con los territorios y ayudarles a desarrollar su ‘capital territorial’. Ello implica diferentes tareas para los gobiernos: políticas de desarrollo local, mejora de la gobernancia y de la protección medioambiental.119