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CAPÍTULO 3: VARIACIÓN DEL CAPITAL SOCIAL EN LA CORPORACIÓN

3.3 Uso del tiempo propio

El tipo de familias que aquí se describen demuestran un patrón muy común de las familias dedicadas a las actividades del campo, quienes usualmente están comprendidas por el padre, la madre y un promedio de 6 a 12 hijos. Si bien en la actualidad este patrón ha disminuido, años atrás era normal encontrarse con familias de numerosos miembros. La relación que supone el alto número de hijos y la actividad socioeconómica a la que se refieren mencionadas familias, evidencia la relación del trabajo y la concepción de la mano de obra como tal. Esto es posible notar en las actividades realizadas en los tiempos libres de las empresarias y de sus hermanos, las cuales se refieren al aprendizaje de las actividades campestres (siembra, cosecha, cuidado de animales, venta y compra de productos agrícolas, etc.) En su mayoría en ningunos de los casos, se pudo encontrar la inculcación de actividades artísticas o deportivas al interior del hogar, salvo en el caso de la

59 equitación que formaba parte misma de las actividades relacionadas con la reproducción de la vida en el campo.

“La correlación entre una determinada práctica y el origen social,…, es el resultante

de dos efectos por una parte: el efecto de inculcación ejercido directamente por la familia o por las condiciones de existencia originales; por otra, el efecto de

trayectoria social propiamente dicho.” (Bourdieu, Los Tres Estados del Capital Cultural, 1979) p. 127

Instrucción escolar (Escuela, Colegio y Universidad o Institutos Tecnológicos).

Dado que hablamos principalmente de hogares rurales, es muy común comprender que su educación escolar fue realizada en instituciones públicas y en ciertos casos en instituciones religiosas. Es importante tener en cuenta que en la época y en las zonas ubicaciones como Tulcán, no existían mayor oferta de escuelas o colegios, lo que permitía la generación de espacios escolares comunes para todos los segmentos sociales presentes de cada lugar.

“La familia y la escuela funcionan, de modo inseparable, como los lugares en que se constituyen, por el propio uso, las competencias juzgadas como necesarias en un momento dado del tiempo, y como los lugares en los que se forma el precio de esas competencias, es decir, como los mercados que, mediante sus sanciones

positivas y negativas, controlan el resultado, consolidado lo que es <<aceptable>>.”

(Bourdieu, Los Tres Estados del Capital Cultural, 1979) p. 96

La escuela es considerada como un espacio similar al del hogar en tanto ambos establecen sanciones negativas y positivas de lo que es aceptable y no. Sin embargo y en muchos de los casos, la escuela no solo tiende a homologar los principios morales, éticos y cívicos de sus estudiantes, sino que también llegan a direccionar la perspectiva que se tenga con la música, ciertas artes y los deportes. Las actividades deportivas o los acercamientos que las empresarias tuvieron con

60 las mismas, se presentó una vez asistieron a la escuela, en la mayoría de los casos no fue razón suficiente para llegar a desenvolverse en alguna rama artística, lo que por el contrario determinó una fuerte relación hacia el basquetbol en el caso de una de ellas, que llegó a ser seleccionada de la provincia del Carchi, actividad que tras migrar de la zona llegó a su fin ya que se dio prioridad a la instrucción formal universitaria. Esto nos coloca frente a la premisa dada por Bourdieu en la que dependiendo del origen del hogar como de la comprensión que se tenga del cuerpo, el deporte será entendido de varias maneras. En el caso de los sectores populares se relaciona al cuerpo como una herramienta laboral y a la cual se la cuida específicamente como una máquina que debe rendir; esta perspectiva es contraria a la concepción que se tiene del cuerpo en los sectores burgueses que asumen al cuerpo como un espacio más de representación y contemplación social, por esto el cuidado del mismo por medio de una buena alimentación y de la práctica de deportes que permitan mantener un cuerpo sano y bello.

“Enlas clases medias, (…) de las que se sabe que están especialmente ansiosas

por la apariencia y, en consecuencia, por su cuerpo para el otro, y que se entregan de manera particularmente intensiva a la gimnasia, el deporte ascético por excelencia, puesto que se reduce a una especie de entrenamiento (askesis) para el

entrenamiento.” (Bourdieu, Los Tres Estados del Capital Cultural, 1979, pág. 249)

Los procesos migratorios determinan no solo un distanciamiento del seno de sus campos de existencia sino que también determinan el inicio de un nuevo proceso de asimilación y transformación. Al trasladarse de zonas rurales, donde las prácticas se refieren a una relación estrecha con el campo, en la ciudad buscaron un desarrollo intelectual. Esto se puede notar en la búsqueda que cada una de ellas empezó al llegar a Quito, asumir costos de vida precarios y austeros con la finalidad de acceder a una educación formal, legítima y reconocida, que al momento representaba la posibilidad de “desarrollarse” en sus vidas. Siguiendo el resultado de las historias de vida, cada una de ellas ingresó a centros educativos superiores, Universidad Central, Universidad Católica, Universidad Particular de Loja e Institutos Tecnológicos. Ellas representan ese quiebre generacional tanto con sus padres como con la cosmovisión de la época, en la que los hijos heredaban los

61 oficios de sus padres y cuyo conocimiento no debía ser validado por un sistema educativo formal.

“Las diferencias entre las generaciones (y la potencialidad de los conflictos generacionales) son tanto mayores cuanto más importantes son los cambios acaecidos en la definición de los puestos o en las maneras institucionalizadas de

acceder a los mismos.” (Bourdieu, Los Tres Estados del Capital Cultural, 1979, pág. 345)

Si bien se nota una transformación en las expectativas de ellas, en comparación con sus padres, debido a la instrucción familiar recibida y al habitus incorporado en sus años de infancia y en los de instrucción escolar, se evidencia la elección de carreras tradicionales dejando por fuera carreras liberales o de carácter artístico. Las que usualmente son tomadas en cuenta por segmentos sociales que presentan mayor acumulación del capital económico y cultural, lo que a su vez significa la comprensión de los significados que las artes y sus prácticas suponen.

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