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3. La metamorfosis del difunto

3.2. Eídōlon: el muerto despersonalizado

3.2.2. Los usos del eídōlon

La presencia del eídōlon en la iconografía griega plantea un problema de interpretación que destaca en mayor medida en las representaciones en lécitos de fondo blanco.

El eídōlon es un trasunto del difunto, su imagen descarnada, pero en algunos vasos existe una clara dificultad para reconocer si en la misma escena conviven el eídōlon esquemático y la imagen en plena figura del muerto. Éste es el caso en las escenas de psicostasia, de la que resulta ejemplar un ánfora campana de Leiden306 (ilustración 3.24): los eídōla que aparecen en cada

platillo de la balanza se corresponden con los hoplitas armados que se representan en combate en la parte inferior de la imagen. La explicación para la coetaneidad de ambas representaciones radica en que corresponden a ámbitos diferentes (el real y el divino), como ya vimos.

El problema se complica en otros ejemplos en los que la simultaneidad del difunto en figura plena y su eídōlon se produce en el mismo plano. En un lécito de Jena307 (ilustración 3.25) un joven que se encuentra ante una tumba tiene a

la altura de sus ojos un eídōlon esquemático que recuerda en algo su postura. Mucho más evidente es el ejemplo de un vaso de Nueva York308 (ilustración

3.26) con una escena parecida a la anterior, pero con un eídōlon que se sitúa encima de la cabeza del personaje en figura plena y realiza el mismo gesto hacia la estela que realiza éste. El alma del muerto parece representarse de dos maneras diferentes en un juego de coetaneidades que más parece una licencia pictórica.

Ilustración 3.24: Escena de psicostasia (Leiden, Rijksmuseum AMM1). [Pág. 85]

Ilustración 3.25: Joven y eídōlon (Jena). [Pág. 85]

Ilustración 3.26: ¿Imágenes coetáneas del muerto? (Nueva York, Norbert Schimmel Collection). Con la excepción de estos pocos casos, la figuración habitual del eídōlon es independiente de la de los otros personajes de la escena en la que aparecen. Por ejemplo, en un vaso de Viena309 (ilustración 3.27), en el que aparece

representada una escena de próthesis, revolotean sobre el muerto tres eídōla; las personas que acompañan al difunto en el lecho mortuorio realizan gestos de lamentación funeraria, por lo que queda descartado que se trate también de difuntos; así en este caso los eídōla no representan al alma del muerto, dado su número310, sino que deben provenir del inframundo y simbolizar que el

mundo de la muerte está invadiendo la escena y que incluso los habitantes del más allá deploran la defunción. En la mayoría de las escenas de paso al más allá en lécitos de fondo blanco en las que se figuran eídōla tampoco es posible relacionar las almas voladoras con los difuntos en plena figura allí presentes. Salvo en el caso de un vaso de Viena311, en el resto o aparece más de un

eídōlon en la escena312, por lo que no se corresponde su número con el de los

difuntos representados, o aparece el eídōn pero no se dirige hacia difunto en plena figura sino hacia Caronte313. Algunas escenas de visita a la tumba en las

que aparecen eídōla pueden presentar problemas de interpretación, ya que en varios casos coinciden con la presencia de un personaje sentado en la grada de la estela, en una posición que para algunos investigadores pudiera indicar

que se trata de difuntos; de todos modos, el eídōlon suele situarse en las inmediaciones de la estela en una posición independiente de la del personaje sentado. Un ejemplo lo ofrece un lécito de París314 (ilustración 3.28) en el que

la desconexión del eídōlon con los otros personajes es bastante notoria. Otro vaso de París315 (ilustración 3.29), con una escena de visita a la tumba en la

que se figura a un joven con doble lanza, muestra un eídōlon en un papel aún más marginal, en el extremo derecho de la representación. Pero hay otros casos en los que los eídōla se integran plenamente en la acción de los personajes en plena figura, como en un vaso de Viena316 (ilustración 3.30),

aunque en éste caso no podamos conectarlos entre sí (los personajes cumplen la tarea de engalanar una tumba sin que nada indique que se trate de difuntos).

Ilustración 3.27: Eídōla en escena de próthesis (Viena, Kunsthistorisches Museum 3748). [Pag. 87]

En resumen, parece que los eídōla, salvo casos excepcionales, presentan un papel independiente del de los personajes en plena figura, hecho aún más evidente en las escenas en las que se figuran en solitario junto a divinidades o genios inframundanos. Caronte aparece en conversación solitaria con un eídōlon en los lécitos de Oxford o Karlsruhe317. En los vasos en técnica de figuras negras, la eschára de Francfort y el

phormískos de Tubinga se muestra, en las partes que se nos han conservado,

exclusivamente a Caronte embarcado rodeado de uno o varios eídōla antropomorfos318. En el célebre lécito de Jena319 (ilustración 2.8) la escena se torna aún más compleja, puesto que aparece representado Hermes con el kērýkeion en la mano izquierda y una varita mágica en la derecha. Parece que con la varita realiza un encantamiento en virtud del cual una serie de eídōla voladores entran o salen de la boca de un enorme píthos. En este caso es bien difícil defender que estos trasuntos voladores tengan relación con algún difunto: son las almas que habitan en el inframundo, que por la magia de Hermes emergen en el mundo de los hombres320. Otro tanto ocurre con un lutróforo de Atenas321 (ilustración 3.31): la escena, nada fácil de interpretar, presenta a dos mujeres lamentándose ante un túmulo funerario sobre el que se sitúa un lutróforo y en el que se figuran o imaginan cuatro eídōla voladores y en su parte inferior una serpiente.

Ilustración 3.29: Eídōlon y culto a la tumba (París, Louvre MNB 804). [Pág. 88]

Los eídōla voladores, por lo que podemos concluir del repaso de este material iconográfico, representan a los muertos del inframundo, a las almas que han ingresado efectivamente en el reino de Hades y que en ciertas circunstancias se aventuran en los límites del mundo de los muertos.

Ilustración 3.31: Eídōla y deploración fúnebre (Atenas, Museo Nacional 450).

Los episodios homéricos de Patroclo y de Elpenor confirman, a nuestro juicio, que la conclusión extraída de un material iconográfico del siglo V a. e. puede extrapolarse a la época anterior. En la Ilíada322 se aparece en sueños la psychě del difunto Patroclo323 a su amigo Aquiles en una imagen «parecida en todo al héroe en el porte, los bellos ojos, la voz y el cuerpo vestido con sus mismas ropas», lo que iconográficamente se resolvería con un difunto en plena figura; cuando narra lo sucedido, Aquiles emplea las siguientes palabras:

Sin duda hay algo del ser que subsiste en la mansión de Hades, alma e imagen (psychě kai eídōlon) pero en las que no persiste el espíritu (phrénes). Toda la noche el alma (psychě) del desdichado Patroclo se me apareció [...] se le parecía de un modo prodigioso.

Patroclo implora a su amigo:

Dame sepultura rápidamente para que pueda pasar las puertas de Hades. Hay almas (psychaí) que me apartan y me alejan, imágenes de los muertos (eídōla kamóntōn) me impiden pasar el río para unirme a ellas, por lo que voy errante en vano alrededor de la mansión de Hades [...] ya no volveré a salir del Hades cuando me hayáis dado mi parte de

fuego.

En la Odisea324, Elpenor es el primer muerto que se le aparece a Odiseo en la

Nékyia325, es el que está más próximo del reino de los vivos:

La primera que vino fue el alma (psyché) de nuestro compañero Elpenor, el cual aún no había recibido sepultura en la tierra inmensa; pues dejamos su cuerpo en la mansión de Circe sin enterrarlo ni llorarlo porque nos apremiaban otros trabajos.

En este caso no se dice que los demás difuntos le impidan la entrada, la necesidad de darle sepultura se justifica para combatir el olvido (lo que además Elpenor adereza con una amenaza), pero todo parece indicar que el compañero de Odiseo se encuentra en el límite del inframundo y no puede ingresar en él porque no se han cumplido correctamente sus funerales326.

La constatación iconográfica de la narración homérica la ofrece un magnífico vaso de Boston327 (ilustración 3.32): Odiseo conversa en los límites del más allá con el alma del insepulto Elpenor, igual en todo al héroe salvo en la completa desnudez, con rasgos personales y un tamaño idéntico al resto de los personajes de la escena (Hermes y Odiseo).

Ilustración 3.32: Odiseo y Elpenor en los límites del inframundo (Boston, Museum of Fine Arts 34.79).

3.3. Transmutación y desidentificación en el rito de