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Utilizar el mindfulness para reducir la rumiación

In document Mindfulness Para La Felicidad (página 68-71)

Si has estado utilizando la ficha de actividad de la rumiación, ya has em- pezado a aplicar las técnicas mindfulness para reducir la rumiación. Has estado observando tus pautas de pensamiento con una actitud amistosa, curiosa y no valorativa. Para empezar a desarrollar esas técnicas, acuda- mos de nuevo al poema del capítulo anterior, «La casa de huéspedes», de Rumi. (Si no lo recuerdas bien, regresa al final del capítulo 2 y léelo otra vez.)

Según el poema, los pensamientos y emociones indeseadas son nuestros huéspedes. Pensemos de qué manera el mindfulness se aplica a la rumia- ción. ¿Qué significa eso de tratar a cada invitado con «honradez», como sugiere el poema, aunque preferiríamos librarnos de alguno de ellos?

Imagínate que regentas un hostal. A algunos de tus huéspedes les gus- ta demorarse en tu acogedor comedor a la hora del desayuno, lo que les lleva a conocerse entre sí y a hablar de todo tipo de cosas: el tiempo, las

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atracciones locales, las noticias del día. Unos cuantos huéspedes tienen opiniones firmes sobre la situación mundial. A algunos les enfurece, a otros les produce tristeza o angustia. Estos huéspedes hablan incansable- mente sobre las dificultades del momento y las causas de que todo vaya tan mal; sobre por qué no somos capaces de resolver nuestros problemas; sobre los problemas de la sociedad; sobre lo que deberían hacer nuestros líderes al respecto, y sobre por qué jamás se tomarán las medidas cons- tructivas necesarias. Estos huéspedes están rumiando. Y a ti te resulta desagradable.

Como anfitrión, ¿qué puedes hacer? ¿Puedes decirles que se vayan, disfruten de los lugares de interés turístico y te dejen en paz? Tal vez pue- das, pero sería poco hospitalario y podría no dar resultado. Algunos huéspedes preferirían quedarse en el hostal todo el día y continuar con la conversación. ¿Podrías convencerles de que hablaran de temas más agra- dables? Probablemente no, y a ellos no les haría gracia que lo intentaras. Las personas inmersas en sus preocupaciones suelen resistirse a dejarse desviar a otros temas. Una casa de huéspedes en la que se impida que sus clientes conversen podría perderlos. Este hostal es tu medio de vida y te gusta el ambiente acogedor que ofrece.

En consecuencia, y como anfitrión cortés que eres, te muestras educa- do y jovial con todos tus huéspedes. Todas las mañanas les sirves un de- sayuno estupendo; les preguntas si han dormido bien; les ayudas a pla- near su jornada… Después, ya puedes volver a tu trabajo. No tienes por qué participar de las conversaciones desagradables, ni tienes que estar de acuerdo con todo lo que se dice; puedes centrar tu atención en otros huéspedes más agradables o en las tareas que hay que hacer en el hostal. Sigues oyendo a los huéspedes más vocingleros, pero sus voces se desva- necen al fondo mientras atiendes tus obligaciones en la cocina, las habi- taciones y el jardín.

Ahora, apliquemos esta idea a tu experiencia. Tú eres el hospedero; tus pensamientos y emociones son los huéspedes. Probablemente, algu- nos sean desagradables (como le pasa a todo el mundo). Unos cuantos son gritones, críticos y poco razonables, y desearías que se marcharan o

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se estuvieran callados, pero es imposible controlarlos. En vez de eso, agradeces que tienes muchos más. Discutir con los desagradables no pa- rece práctico, así que centras tu atención en los demás huéspedes. Conti- núas con tus actividades. Miras a tu alrededor; todavía eres capaz de dis- frutar del mundo y de hacer un buen trabajo, aunque los huéspedes desagradables sigan rumiando al fondo.

Es importante darse cuenta de la dificultad de todo esto. En lugar de en tu casa, los pensamientos de ruminación están en tu «cabeza». Los sientes muy cerca y, además, los pensamientos de este tipo suelen versar sobre ti. Te dicen que eres un idiota, que has vuelto a estropear las cosas, que eres incapaz de salir adelante, que las demás personas no te tratan bien. Los pensamientos sobre nosotros mismos acostumbran a parecer imperiosos e importantes.

Con la práctica, sin embargo, es posible considerar estos pensamien- tos como huéspedes desagradables de tu hostal interior, tratarlos con res- peto (brevemente) y permitirles que sean como son, mientras centras tu atención en otra parte. Esto puede suponer un gran alivio. Intentar que los huéspedes rumiadores se vayan o hablen de otra cosa es agotador. La práctica del mindfulness nos enseña que la casa de huéspedes interior es más espaciosa de lo que percibimos, y que hay sitio para muchos huéspe- des. Con ella aprendemos a darle la bienvenida a todos, con independen- cia de que nos guste lo que tienen que decir; aprendemos que no tenemos que combatirlos ni tratar de controlarlos, y que podemos permitirles que vayan y vengan a su antojo, mientras dirigimos nuestra atención a lo que decidamos, dedicándonos a actividades que valoremos y apreciando la anchura y profundidad del momento presente.

¿Qué significa esto para Ellen? Cuando se encuentra en presencia de pensamientos de ruminación («¿Cómo he podido ser tan negligente?», «Soy una pésima conductora»), los identifica. «Ah», dice, «ya están aquí los huéspedes rezongones otra vez.» Se da cuenta de que es natural sentir arrepentimiento después de un accidente de tráfico, que cometer errores forma parte del ser humano. Así que acepta el sentimiento de arrepenti- miento como a un huésped incómodo, pero que tiene una finalidad útil:

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le recuerda que tiene que estar atenta cuando conduce. Durante un ins- tante, podría preguntarse si puede hacer algo más respecto al accidente. «No», se dice. «Aparte de estar atenta mientras conduzco —y hago todo lo que puedo—, ya he hecho todo lo que está en mis manos.» Se da cuen- ta de que rumiar las cosas con espíritu crítico no le servirá de nada. Así que vuelve la atención poco a poco hacia lo que esté haciendo en ese momento.

Pasos que hay que seguir cuando te sorprendes

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