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Valoración cualitativa de las participantes: Satisfacción con el tratamiento, componentes del programa y cambio percibido

Por último, la valoración que hacen las participantes de su grado de satisfacción con el tratamiento permite obtener conclusiones muy positivas sobre la eficacia del mismo. La evaluación cuantitativa, a través del Cuestionario de Satisfacción con el Tratamiento, señala que las participantes están muy satisfechas con el programa de intervención recibido (se obtiene una puntuación media de 29.79 sobre una puntuación máxima de 32 puntos). Este alto grado de satisfacción significa, entre otras cosas, que las mujeres consideran que el tratamiento ha cumplido sus expectativas, que lo aprendido les ha ayudado a hacer frente más eficazmente a sus problemas, que volverían a participar en el programa o que se lo recomendarían a otra persona en sus mismas circunstancias. Esta valoración tan positiva del tratamiento recibido resulta especialmente importante, si se tiene en cuenta que la participación en el mismo exige un importante esfuerzo a estas mujeres, no sólo porque tengan que acudir a las sesiones en un momento especialmente complicado para ellas, o porque tengan que compaginar las tareas encomendadas con sus numerosas obligaciones, sino porque a lo largo de la intervención se trabajan muchos aspectos que les resultan dolorosos a nivel emocional. Sobre todo, la exposición a la grabación de voz de su propio relato de maltrato, que se lleva a cabo al final del tratamiento, y que resulta ciertamente aversivo.

Respecto a los componentes del programa, la mayoría de las participantes refirió que había sido la respiración la técnica que más le había ayudado para mejorar el sueño, el nivel de concentración y el nivel de activación en general. Dado el alto nivel de ansiedad que sufren estas víctimas, parece claro que la respiración les va a resultar de gran utilidad, al tratarse de una técnica de desactivación fácil de aprender y que produce efectos beneficiosos rápidamente. Por lo tanto, resulta fundamental que este tipo de víctimas sea entrenado en el control de la respiración desde el inicio del tratamiento y a lo largo del mismo, y que sea una de las tareas para casa semana tras semana. Es más, parece muy importante que el primer objetivo de la intervención, una vez explicado el problema, sea mejorar el estado de activación que sufren estas mujeres. Sólo si las participantes son capaces de reducir su nivel de activación, será posible la aplicación del resto de las técnicas y que éstas resulten eficaces.

En segundo lugar, la mayoría de las mujeres refirió que el haberse sentido comprendida y haber podido desahogarse con mujeres en su misma situación había sido un elemento de gran ayuda. No cabe duda del incuestionable valor de los tratamientos en formato grupal, tanto desde el punto de vista profesional como desde el punto de vista de las propias participantes. La posibilidad que otorga el trabajo en grupo de aprender y poner en práctica estrategias de afrontamiento, y también de comenzar a construir una red social de apoyo son aspectos fundamentales que no contempla una intervención individual.

En tercer lugar, las participantes destacaron las técnicas para la mejora de la autoestima como uno de los componentes del programa mejor valorados. La experiencia de malos tratos, sin duda, había deteriorado significativamente la autoestima de estas mujeres. Es lógico que estas víctimas, condenadas a una situación de maltrato, en la que durante muchos años han escuchado como único discurso los continuos ataques dirigidos por el agresor hacia ellas y privadas del contacto con otras personas que pudieran corregir su cada vez más deteriorada autoimagen, necesiten un trabajo especifico que les ayude a rescatar sus aspectos positivos. En este sentido, la autoestima es otro de los componentes fundamentales del programa que debe ser trabajado desde el comienzo de las sesiones y otra de las posibilidades terapéuticas que ofrece el grupo, ya que unas mujeres pueden ayudar a las otras a autovalorarse y a corregir esta imagen tan negativa de sí mismas. Tras la intervención, las participantes han logrado una mejora significativa en esta área, lo que les permite afrontar su situación desde otra perspectiva bien distinta; es una situación difícil, pero ahora perciben tener mayor capacidad para superarla.

Respecto a la técnica de exposición, dado su carácter aversivo, ninguna mujer la valoró como un componente del programa que le hubiera ayudado. Sin embargo, desde el punto de vista técnico es un componente fundamental, probablemente el más importante para la superación del TEPT. Esto hace pensar que debería dedicarse más tiempo a explicar y a hacer ver a las mujeres la importancia de la técnica y los efectos tan positivos que tiene, de forma que relativicen los

eficacia de la exposición. Por otro lado, la aplicación de la exposición al final del tratamiento parece fundamental, puesto que hasta que no se hayan reducido los niveles de activación fisiológicos y los pensamientos irracionales relacionados con el maltrato, no tiene mucho sentido exponer a estas mujeres a una situación que les produce tanto malestar con escasas posibilidades de éxito.

Finalmente, en cuanto a la evaluación que de su propia evolución realizan las participantes, los resultados muestran que, en general, perciben un cambio progresivo y positivo en el modo en que se sienten a lo largo del tratamiento. Así pues, en la última sesión un 37.5% de las participantes considera sentirse mucho mejor y el 40.3% bastante mejor, de lo que se desprende que la mayoría, prácticamente el 80%, considera haber mejorado sustancialmente con la intervención. Si se tiene en cuenta que tan importante o más es el juicio que realicen las mujeres de su propia mejoría como el que se desprende de los instrumentos de evaluación, la percepción de cambio tan positiva que tienen las participantes al finalizar el tratamiento confirma una vez más el éxito de la intervención.

METODOLOGÍA

Si bien esta investigación presenta limitaciones metodológicas, también supera algunas de las dificultades que suelen ser comunes a las investigaciones llevadas a cabo con muestras clínicas.

Dos de las grandes limitaciones de las investigaciones con muestras clínicas, y que este estudio no presenta, son el reducido tamaño muestral de los estudios y la ausencia de un grupo control con el que comparar los resultados del grupo experimental. En este sentido, la participación de mujeres en esta investigación, en concreto 103 víctimas de violencia doméstica con diagnóstico de TEPT, es superior a la encontrada en otras estudios previos, pudiéndose considerar uno de los puntos fuertes de este trabajo y, más aún, teniendo en cuenta que se trata de una muestra clínica. Aunque resulte paradójico, si se tiene en cuenta el gran número de mujeres que se ven afectadas por este problema, la gravedad de la sintomatología que presentan y la urgente necesidad de recibir una atención especializada, el acceso a este tipo de población no resulta fácil. Como se ha señalado en más de una ocasión, son muchas las obligaciones que recaen diariamente sobre estas mujeres, tales como encontrar trabajo, cuidar a los hijos, procesos judiciales, etc., por lo que es frecuente que, a pesar de ser conscientes de su deteriorada salud psicológica, el cumplir con todas ellas sea una prioridad para estas víctimas y no el recibir la atención especializada que tanto necesitan. Asimismo, también dificulta el contacto con este tipo

de víctimas el hecho de que estén intentado ocultarse o no ser identificadas, para evitar nuevamente al agresor.

Además, esta investigación incluye el seguimiento de las participantes hasta un año después de finalizada la intervención, lo que permite estudiar los cambios en la sintomatología a lo largo del tiempo. Muchas de las investigaciones ofrecen únicamente resultados al mes, tres y seis meses, y son escasas las que llevan a cabo un seguimiento a largo plazo. No obstante, el poder contactar con las participantes al cabo de un año no está exento de dificultades. Es frecuente que estas mujeres cambien de número de teléfono, incluso de lugar de residencia, por lo que en ocasiones resulta imposible mantener el contacto con ellas.

En cuanto a las limitaciones del estudio, la más relevante sería el haber aplicado la intervención únicamente a mujeres maltratadas que piden ayuda en servicios gratuitos, principalmente de los ayuntamientos. Tal y como se ha señalado, el nivel socioeconómico medio bajo parece ser el estrato que mejor representa a la totalidad de participantes de este estudio, lo que estaría relacionado con el hecho de que hayan acudido a pedir ayuda a este tipo de centros. Por tanto, los resultados de esta investigación no se pueden generalizar a toda la población de mujeres maltratadas, como por ejemplo, a aquellas que acuden a servicios privados por este problema.