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Valoración del pecado a partir de la Torá, la Alianza y los Profetas

In document Conciencia de pecado y de culpa (página 46-67)

I. Aproximación al concepto de pecado en el Antiguo Testamento

1.3 Valoración del pecado a partir de la Torá, la Alianza y los Profetas

Después de haber hecho la aproximación al Antiguo Testamento y después de haber analizado el significado de la Torá, la Alianza y los Profetas en el pueblo de Israel119, intentaremos ahora, hacer una valoración del pecado a partir de los tres ejes que hemos seleccionado. Al abordar la cuestión del pecado a partir de la Torá, la Alianza y los Profetas es necesario tener presente, por una parte, que el Antiguo Testamento nos habla sólo en raras ocasiones del pecado en términos de una teología teórica. En cambio sí sobreabundan las referencias a pecados cometidos por toda clase de individuos, en diversos lugares y épocas. Es decir, que en el Antiguo Testamento difícilmente encontramos una reflexión teológica sobre el pecado.120 “Así pues, el Antiguo Testamento prefiere la forma más apropiada para expresar el pecado, es decir, la confesión”.121 Sin embargo dice Von Rad que:

(…) el gran tratado yahvista en Gen. 3,11 sobre la irrupción del pecado y su crecimiento arrollador, es un caso particular; pues Israel no volverá a hablar del pecado de una manera tan universal, tan plástica en sus modelos típicos y a la vez tan extensos. Sin embargo el autor no se dedica en este caso a hacer teoría; su interés se concentra más bien en mostrar una cadena de sucesos reales, un camino que recorrieron los hombres y los condujo a una situación irreparable. El J escribe este proceso con el único lenguaje y estilo capaz de abarcar esa historia intima entre Dios y la humanidad.122

119 Las razones por las cuales hemos seleccionado estos tres aspectos y no otros, es porque consideramos que son

especialmente significativos en la consecución de nuestros objetivos, ya que por una parte son elementos de fundamental importancia para hacer una aproximación al concepto de pecado y de culpa y por otra parte nos permitirán conocer el espíritu que movió esta experiencia en el pueblo de Israel.

120 Cfr. Rad, Teología del antiguo Testamento. I 204. 121 Ibid., 205.

122 Ibid., 205. Sobre este aspecto aclara que aunque es verdad que muchos de los materiales de los relatos del Génesis

sobre el pecado provienen de antiguos mitos también es verdad que les anima un espíritu tan lúcido y sensato que deben de haber recibido su impronta intelectual de la sabiduría antigua y esto representaría la antítesis de cualquier forma de pensamiento mítico primitivo.

Por otra parte también es necesario tener en cuenta lo que señala Sicre:

Es frecuente entre nosotros hablar del Antiguo Testamento como «historia de la salvación». Y es exacto. Pero hace falta evitar un equívoco. «Historia de la salvación» no significa historia ideal, maravillosa, pletórica de portentos. Significa que Dios, a pesar de las infidelidades continuas de su pueblo, permanece fiel a él y siempre termina salvándolo. Ambos aspectos son esenciales: el amor de Dios y el pecado del pueblo. Porque sólo así se da auténtica historia de «salvación».123

Por tanto, intentaremos hacer una valoración del pecado a partir de la Torá, la Alianza y los Profetas teniendo en cuenta por una parte la forma como el Antiguo Testamento nos habla del pecado y por la otra el contexto en el cual acontece este pecado.

El pecado en el Génesis corresponde al aspecto Torá. Hemos afirmado antes que la Torá es comprendida en Israel de acuerdo con la tradición de Moisés, como el vínculo entre Dios y el pueblo. Entonces el pecado consistió en que, por voluntad de éste, el vínculo de amor y fidelidad se rompe. Podemos ver entonces que el Génesis en sus narraciones nos muestra cómo irrumpe y crece el pecado.Así pues el Génesis afirma que “Él replicó « ¿Quién te ha hecho ver que estabas desnudo? ¿Has comido acaso del árbol del que te prohibí comer?»” (Gen 3, 11). A propósito de la narración de Génesis Sicre señala:

Con vistas a unir las tradiciones de la creación con la del pecado-castigo, el autor convierte el jardín en un lugar maravilloso. (…) En el relato del jardín, el problema principal lo constituyen los dos árboles. El de la ciencia reaparece en 2,17. El de la vida en 3,22.24. Pero en el relato de la caída no se usan estos nombres sino que habla del árbol que está en medio del jardín no es el que da la vida (como dice 2,9) sino el que da el conocimiento de lo bueno y lo malo.124

123 Sicre, Los profetas de Israel y su mensaje, 6. 80.

124 Sicre, El Pentateuco. Introducción y textos selectos, 93. Aclara Sicre que es posible que existan dos

tradiciones distintas, centradas en temas distintos: el árbol de la vida y el árbol prohibido. El árbol de la vida es un tema que se encuentra en Gilgamés relacionado con la angustia ante la muerte y el deseo de inmortalidad.

Por tanto, el conocimiento del bien y del mal no está limitado sólo al aspecto intelectual sino que indica a la vez el conocimiento y dominio de las cosas y sus secretos. Si comiese de ese árbol el hombre sería como Dios (Gen 3,22). “El verbo yada indica a la vez el conocimiento y el dominio de todas las cosas y de sus secretos, pues aquí no debemos entender el mal y el bien en sentido moral, sino en el significado de «todo»”.125 De esta

manera el J, de forma narrativa, nos presenta el proceso que lleva al pecado. Para ello utiliza la imagen de la serpiente como enemiga del hombre. La tentación comienza con una mentira en la que exagera y falsea la prohibición de Dios. (Gen 2,16-17). Presenta a Dios como inhumano y cruel que impone al ser humano algo terrible. La tentación es insistente y niega la existencia de peligro. Entonces surge la apetencia y atracción por lo prohibido. Los frutos de este nuevo conocimiento son vergüenza y miedo al verse desnudos, sentimiento de culpa y ansia de descargar en otro la propia responsabilidad y como consecuencia de esta ansia está la ruptura de la solidaridad.126 “El tentador en efecto insinúa: «(…) seréis

como dioses conociendo el bien y el mal» (Gén 3,5 ) El pecado de Adán provoca inmediatamente la ruptura dentro de la primera pareja, porque no se quiere compartir la culpa del pecado cometido, sino que se le echa la culpa al otro (Adán a Eva, Eva a la serpiente)”.127

En resumen, podemos ver que en primer lugar estas narraciones nos muestran la entrada del mal en el mundo como culpa del ser humano y no como parte de los planes iníciales de Dios. En segundo lugar nos muestran también que el fenómeno del pecado presenta las siguientes características: al pecado lo precede la tentación, un proceso psicológico en el que lo más importante es la debilidad humana ante lo que atrae (caso de Eva); esta debilidad es tan grande en el caso de Adán que ni siquiera formula la menor objeción ante la propuesta de la mujer; el hombre se resiste a admitir la propia culpa y descarga al

125 Rad, Teología del antiguo Testamento I, 206. H.J. Stoebe interpreta el ‘bien y el mal’ en el sentido de todo

aquello que favorece u obstaculiza la vida. (ZAW 1953, 188s)

126 Cfr. Sicre, El Pentateuco. Introducción y textos selectos. 95. 127 Lafranconi, Pecado. En Nuevo diccionario de teología moral. 1350.

responsabilidad sobre otros; los resultados son funestos, aunque a veces parezca que con el pecado so obtiene algo positivo.128 Al respecto von Rad dice que:

El yahvista presenta la tentación como un proceso de enmarañadas solicitaciones (Gen. 3,6). El pecado aparece sobre todo en relación con sus repercusiones en el hombre: la vergüenza es el primer signo instintivo de una ruptura misteriosa, que recorre todo el cuerpo; el temor es la segunda marca siniestra del pecado129.

Debemos tener presente que la teología yahvista sobre el pecado no se contiene sólo en Gn 3, sino también en los otros relatos de la historia de los orígenes (Gn 4-11) que revelan el avance del mal en el mundo.130 De esta manera tenemos en Gén. 4,8 el homicidio cometido por Caín a su hermano Abel: “Caín, dijo a su hermano Abel: «vamos afuera.» Y cuando estaban en el campo, se lanzó Caín contra su hermano Abel y lo mató.” Haciendo referencia al texto dice von Rad que:

El hijo de la primera pareja mató a su hermano porque envidiaba al benevolencia que Dios le manifestaba. (…) La historia de Caín completa con nuevos rasgos este cuadro del hombre marcado por el pecado: el odio al hermano empieza incluso a desfigurar su fisonomía (Gen 4,5) y la sed de venganza se hace desmesurada entre sus descendientes.131

De igual manera podemos ver que el mal se propaga hasta el punto que Dios se arrepiente de haber creado al ser humano. “Le pesó a Yahvéh de haber hecho al hombre en la tierra, y se indignó en su corazón” (Gén 6,6). Sin embargo, dice von Rad que:

El pecado capital de Israel, presentado una y otra vez con una formula casi estereotipada, consistió en haber «tentado a Yahvéh», es decir, en haberle provocado con su incredulidad y descontento. (Ex 17, 1s; Núm. 14,22; Sal 78,17s 40s; 95,8s; 106,14; Is 7,12. (…) En nuestro caso, es decir, en la descripción de la marcha por el desierto que siguió a los

128 Cfr. Sicre, El Pentateuco. Introducción y textos selectos, 97. 129 Rad, Teología del antiguo Testamento I, 209.

130 Cfr. Sicre, El Pentateuco. Introducción y textos selectos, 93. 131 Rad, Teología del antiguo Testamento I, 206. 209.

acontecimientos del Sinaí, el capítulo 33 del Éxodo ocupa a nuestro parecer, una posición clave. Le precede la historia del “becerro de oro” Ex 32; el pecado de Israel cambia profundamente sus relaciones con Yahvéh recién establecidas en el Sinaí. De este modo se llegó a una ruptura entre Yahvéh e Israel, cuya consecuencia más sensible fue que Yahvéh se negara a seguir guiando personalmente al pueblo (Ex 32,34 E; Ex 33,2 J).132

El hecho que debemos enfatizar de las narraciones que nos presenta el Génesis sobre el origen de la humanidad es la perspectiva de las relaciones originales con Dios, rotas en condiciones dramáticas, en definitiva rotas por el pecado.133 Por tanto, desde esta perspectiva el pecado es construir la propia historia al margen de Dios; el pecado es oposición a la voluntad de Dios y se expresa en términos de infidelidad. Se expresa como no escuchar la voz de Dios. (Dt 8, 20; 9,23; 18,16; 28,15.45.62). En definitiva es oponerse a su plan de salvación.

Sin lugar a dudas la Alianza constituye un elemento esencial para poder valorar el pecado en el Antiguo Testamento, ya que es el marco desde donde podremos comprender con un poco más de claridad cómo se vivencia el pecado en el pueblo de Israel.134 Puesto que

como señala Vidal:

El pecado es la ruptura y la negación de la Alianza. Esta visión va implícita en el vocabulario veterotestamentario para designar el pecado. (…) La Alianza, en cuanto realidad religiosa y en cuanto categoría teológica, da la perspectiva exacta para enmarcar la culpabilidad en el mundo bíblico del Antiguo Testamento. Se trata de un elemento decisivo en la teología del pecado.135

Por tanto, a la luz de la Alianza podemos ver que Israel comprendía el pecado como: una pérdida de la salvación ya que si el pecado es la ruptura de la Alianza con Dios, entonces quien peca se encuentra alejado de la presencia de Dios, y de espaldas a la salvación que

132 Rad, Teología del antiguo Testamento I, 356-360. 133 Cfr. Ibid., 205.

134 Cfr. Vidal, Moral de actitudes Tomo I, 588.

este ofrece;136 es construir la propia historia al margen de la historia de la salvación ya que “El pecador es el que confía en su propia valía y no acepta los planes de Dios”; 137 es

oposición a la voluntad de Dios. Dentro del clima de la Alianza el pecado aparece como una desobediencia. Pero no se trata de una trasgresión de un ley fría o de un mandato sin rostro, fundamentalmente se trata de no escuchar la voz de Dios, (Dt 8, 20; 9,23; 18,16; 28,15.45.62).138

Desde la categoría de la Alianza podemos comprender el pecado como una realidad ante Dios que encuentra su fórmula más precisa en la confesión que se expresa «delante de ti» o «contra ti» (Ex 10,16; Jos 7,20; 2 Sm 12,13; Miq 7, 9; Sal 51,6;). Es una realidad ante Dios porque es ruptura de la Alianza y esta es la acusación que hacen los Profetas como veremos más adelante.139

A partir de la categoría de la Alianza el pecado no tiene una comprensión abstracta porque el pecado ocurre dentro de la historia humana. Así es como la reflexión veterotestamentaria sobre el pecado no procede de la abstracción sino de situaciones concretas, que se vivencian a través de la fe.140

Finalmente, al ser la Alianza una realidad comunitaria, el pecado se comprende también como la ofensa al ser humano, sobre todo a los más débiles. Serán los Profetas los que mejor plasmen esta dimensión comunitaria del pecado.141 En esta línea dice Von Rad que:

El pecado era una categoría social. El individuo, se hallaba tan íntimamente ligado a la comunidad por los lazos de la sangre y el destino común, que su delito no era una cuestión privada que afectase tan solo a él y sus relaciones con Dios. Todo lo contrario: allí donde se cometía una grave trasgresión del derecho divino, aprecia en primer plano el peso que

136 Ibid., 594. 137 Ibid., 594. 138 Cfr. Ibid., 594. 139 Cfr. Ibid., 588.

140 Vidal, Moral de actitudes, 589. 141 Ibid., 590.

recaía sobre la comunidad frente a Dios, pues con ello se ponía en peligro la misma capacidad de celebrar el culto.142

Por su parte, los Profetas en sus predicaciones, aun cuando resaltan conductas pecaminosas aisladas, adaptándose en ello a la mentalidad moral de su época, se adentran siempre hasta el ámbito personal de la actitud del espíritu ya que ellos consideran que allí reside el centro de toda moral.143 Por tanto, se debe resaltar que “El concebir la relación con Dios como algo que alcanza a la persona humana en toda su profundidad se traduce aquí el empeño de interpretar el pecado, en su raíz última” (…).144 De modo que podemos decir que “en la

teología de los Profetas es donde encontramos la valoración más profunda del pecado”.145 Con respecto al pecado y sintetizando al máximo, podemos decir que los Profetas denuncian con mayor insistencia:

a. La incredulidad práctica (Is 22,8-11; 30, 1-5. 15-16): confiar más en el poderío humano que en Dios; construir unos planes de salvación al margen de la historia salvífica de Dios;146

b. La contaminación del culto (Os 2,4-7. 10-15; 4,11-14): servirse de lo religioso para otros fines; instrumentalizar la fe en orden a ventajas políticas.147 Recordemos que el valor original del culto es el de memorial, rito explicativo o signo para entender, creer y amar a Yahvéh.148

142 Rad, Teología del antiguo Testamento I, 333-334. 143 Cfr. Eichrodt, Teología del Antiguo Testamento I, 340. 144 Ibid., 341.

145 Vidal, Moral de Actitudes Tomo I, 595. 146 Rad, Teología del Antiguo Testamento II, 593. 147 Vidal, Moral de actitudes. Tomo I, 593.

c. La opresión del débil, sobre este tema insisten todos de un modo dramático: (Am 2, 6-8; 8, 4-7; Os 4,1-3; Is 1.15-17.19-20; 5,8; 10,1-3; Jr 5, 26-29; 22,13-18; Is 583- 9).149

Se podría decir que son los Profetas quienes mantienen viva la idea de Alianza y en este sentido va su predicación: acusar y denunciar al pueblo que se ha olvidado de ella. Esta es quizás la idea más fuerte, que los Profetas eran ciertamente consecuentes con la Alianza aunque no era un término muy utilizado por ellos;150 con toda razón afirma Mac Carthy:

(…) Es el movimiento profético, con su «monoteísmo ético», el que desarrolla un sentido de Alianza adecuado a una religión más elevada, es decir, la idea de que la unión con Dios no es cuestión de parentesco natural ni de rito mágico, sino un asunto moral151.

En esta línea podemos ver cómo los Profetas hacen ver al pueblo su pecado, en definitiva su infidelidad a la Alianza.

Amós por ejemplo, habla del pecado de Israel en el horizonte de la Alianza, y denuncia la explotación y el maltrato a los más débiles. “Porque venden al justo por dinero y al pobre por un par de sandalias; pisan contra el polvo de la tierra la cabeza de los débiles, y el camino de los humildes tuercen” (Am 2,6). En síntesis podemos decir que Amós denuncia el egoísmo humano. Egoísmo que se traduce en abierta y franca resistencia a ese Dios que había salido a su encuentro, que los había liberado y había sellado con ellos una Alianza152.

Oseas subraya la ruptura con Dios. Y esta ruptura es la causa de todo pecado. Las imágenes con las que el Profeta expresa esta ruptura con Dios son: prostitución (1,2; 2,4. 5.7. 15; 3; 4,10-18; 5,3; 6,10; 9,1); adulterio (2,4.15; 4,14); fornicación (9,1); infidelidad (5,7; 6,7;

149 Vidal, Moral de actitudes Tomo I, 593.

150Cfr. Mac Carthy, “La alianza en el Antiguo Testamento estado actual de la investigación”. 28. 151Mac Carthy, Dennis, S.J. “La alianza en el Antiguo Testamento estado actual de la investigación”. 21. 152 Cfr. Zimmerli, La Ley y los Profetas, 136-137.

11,7); ingratitud (7,15; 13, 4-6).153 Oseas hace denuncias muy concretas “Escuchad la palabra de Yahvéh, hijos de Israel, que tiene peleito Yahvéh con los habitantes de esta tierra., pues no hay fidelidad ni amor en esta tierra; sino perjurio y mentira, asesinato y robo, adulterio y violencia, sangre que sucede a sangre” (Os 4,1-2).

En la predicación de este Profeta se puede distinguir muy bien por una parte, la imagen de un Dios que ha salido al encuentro del pueblo en su historia concreta y, por otra parte, la imagen de un pueblo que le ha dado la espalda a su Dios y que se ha olvidado de la Alianza que había sellado con él.

Sin embargo y a pesar de las denuncias tan duras que hace el Profeta, su predicación da un giro y deja presente que este Dios a pesar de todo el pecado de Israel es fiel a su promesa y a su Alianza.154

¿Cómo voy a dejarte, Efraín; cómo entregarte, Israel? ¿Voy a dejarte como a Adamá y hacerte semejante a Seboyim? Mi corazón está en mi trastornado, y a la vez se estremecen mis entrañas. No daré curso al ardor de mi cólera, no volveré a destruir a Efraín, porque soy Dios no hombre: en medio de ti yo soy el Santo y no vendré con ira, (Os 11, 8-9).

De acuerdo con la afirmación anterior podemos ver cómo Oseas resume la realidad del pecado en la idea de ingratitud (Os 2, 10ss. 15; 4,1; 5,4; 9,17; 13,6); el núcleo de esta idea está en definitiva en que Israel ha olvidado a su Dios (Os 6,4.7; 14; 8,11; 9,8; 12,11.14s). Y cuando quiere contraponer a esa actitud la conducta recta, la llama amor, fidelidad y conocimiento de Dios.155

Por tanto, Oseas ha de ser comprendido a partir de dos factores: la descomposición de la fe patriarcal en Yahvéh por culpa del culto cananeo de la fertilidad, y la especial estructura

153 Cfr. Vidal, Moral de actitudes Tomo I, 595. 154 Cfr. Zimmerli, La Ley y los Profetas, 47.

político-estatal del reino del norte.156 Su predicación la determinan afectos muy personales como amor, cólera, desilusión, etc. Toda su predicación tiene las raíces histórico-salvíficas. Por ejemplo muestra que Yahvéh es el Dios de Israel desde Egipto. (Os 2,10; 13,4). Y que por medio de Moisés Yahvéh condujo a Israel (Os 12,14). Lo condujo con benevolencia y con lazos de amor (Os 11,4). Y es precisamente a partir de esta experiencia desde donde Oseas denuncia el pecado de Israel que consiste en la infidelidad. (Os 2,2-25). Lo característico de este profeta es la indignación por la infidelidad de Israel y el castigo inminente; pero también está presente el anuncio de un nuevo obrar salvífico, de un nuevo

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